Es importante, y a la vez difícil, ser justos en el ámbito familiar

Nos hemos acostumbrado a ver representaciones de la justicia con una venda en los ojos, es decir, ciega. Sin embargo, y pese a la intención de mostrar que lo justo es no dejarse influir por favoritismos, la justicia necesita una visión aguda, una atención muy precisa sobre la realidad para actuar como lo requieren los hechos.

A diario surgen bastantes ocasiones en las que se puede ser justo o injusto. Las circunstancias presentan constantemente disyuntivas sobre las que conviene reflexionar, hacerse cargo y dar la respuesta oportuna, la que es justa y respeta a cada persona, la que edifica la paz y trae consecuencias positivas.

Es evidente que a quienes no ejercen esta virtud en las circunstancias y en los asuntos de todos los días les será imposible la justicia en cuestiones de envergadura con repercusión pública y social.

Es importante, y a la vez difícil, ser justos en el ámbito familiar. La dificultad está en que constantemente se plantean cuestiones que reclaman una respuesta inmediata, y la valoración de los hechos y de las personas implicadas debe hacerse rápidamente. Además, siempre somos sujetos activos y pasivos en lo que ocurre, y las consecuencias de nuestra actuación también recaen sobre nosotros directamente. No podemos aislarnos: el entorno familiar es un todo del que formamos parte.

Cuando los pequeños se empeñan por un juguete y llaman a su padre –seguramente llorando o a gritos– no queda otro remedio que entrar a resolver: lo mejor es preguntar qué ha pasado, cómo empezó todo, y aclarar el asunto; y para hacer las paces decir a cada niño lo oportuno para que razone; conceder a cada cual su parte de razón y, si es posible, resolver con la fórmula «ganar-ganar», es decir, que las dos partes obtengan un pequeño beneficio que les deje en paz después de lo ocurrido.

Lo justo es que la madre reconozca que su marido llega cansado del trabajo, por eso lo oportuno será pedirle con buenas palabras que le ayude a preparar la cena o bañar a los pequeños. Y que el marido comprenda que su mujer también está agotada, responda generosamente y asuma estas tareas.

Es justo reconocer con benevolencia las buenas calificaciones de la hija de catorce años, aunque en otras asignaturas traiga un suspenso, y hablar pacíficamente con ella sobre estos resultados.

También la justicia está en escuchar al adolescente que, después de días y días de mutismo, ha decidido al fin comunicarse.

Los padres han de procurar que los hijos quieran y respeten a sus abuelos. Y tanto el marido como la mujer deben atender con cariño las necesidades de los padres del otro, como si fueran los suyos.

Es muy importante repartir bien el afecto entre los hijos, sin dejarse llevar de señaladas preferencias a favor de alguno de ellos. No ser justo en este aspecto puede acarrear malas consecuencias: celos, envidias y rencores entre ellos que se pueden prolongar mucho en el tiempo y provocar conflictos cuando sean adultos.

Los ejemplos podrían multiplicarse, porque en familia la vida es muy intensa, rica, trepidante a veces. Por eso la justicia en las relaciones familiares es exigente y reclama una actitud diligente.

A los padres corresponde un actuar coherente y una actitud de alerta. «Ser vigilantes significa saberse ante la mirada de Dios y obrar como suele hacerse ante sus ojos»: esta es una forma adecuada de proceder. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

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4 comentarios sobre “Es importante, y a la vez difícil, ser justos en el ámbito familiar

  1. La solidaridad no es un sentimiento o una actividad que realizamos para sentirnos bien, a pesar de que sea normal que tenga esta consecuencia debido a que la persona se realiza a sí misma justamente a través de la entrega. Cuando ayudamos a los demás, a menudo estamos contentos.

    La solidaridad es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común que se realiza cuando se considera la interdependencia como categoría moral. Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como virtud, es la solidaridad.

    La solidaridad familiar es la actitud moral y la virtud que mantiene unida la familia mediante la entrega recíproca de sus miembros. Juan Pablo II retoma el término “honra” del cuarto mandamiento para definir la solidaridad familiar intergeneracional, iluminando así la naturaleza de la familia como una comunidad de relaciones interpersonales particularmente intensas y de especial dignidad entre cónyuges, entre padres e hijos y entre generaciones.

    En efecto, en las distintas relaciones familiares sus miembros entregan y acogen desinteresadamente su propio ser, su propia pertenencia íntima, que los constituye en lo que son durante toda su vida. Se trata de relaciones amorosas a las que se tiene derecho y que se deben en justicia.

    En una sociedad marcada por un fuerte individualismo −basado en un concepto de libertad carente de responsabilidad, donde cada uno hace lo que quiere, estableciendo él mismo la verdad de lo que le gusta o le resulta útil se puede hacer difícil vivir las exigencias del amor auténticamente familiar.

    Para muchos, hacer de la propia familia una communio personarum basada en la reciprocidad y el don de sí mismo es una pura utopía.

    Pero Juan Pablo II nos recuerda que el amor no es una utopía sino que: “ha sido dado al hombre como un cometido que cumplir con la ayuda de la gracia divina”.

    El amor es un desafío continuo. Dios mismo tal vez nos desafía a fin de que nosotros mismos desafiemos al destino.

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  2. Yo Elegí Confiar en Dios ¿y Tú?

    “No permitas que las crisis se apoderen de ti, comienza a ver las oportunidades y de seguro vas a triunfar”.

    Se ha fijado que la palabra más popular de estos tiempos es “crisis”.

    Leemos la prensa o vemos las noticias en televisión y nos encontramos con la crisis, estamos en el trabajo o en el hogar y lo que escuchamos es crisis, esto por supuesto hace que mucha gente cristiana y no cristiana se paralicen y no avancen por temor a la crisis.

    ¿Eres tú de esas personas que se han detenido ante la crisis o eres de las que avanzan en búsqueda de lo extraordinario?

    La vida es un asunto de actitud y la actitud es un asunto de decisión, y yo elijo que actitud voy a tomar ante las crisis, los problemas o situaciones que se me puedan presentar, podemos optar por una actitud positiva o una actitud negativa. La actitud positiva hace la diferencia porque busca solucionar problemas, no es que deja los problemas así y no le importa, una persona con actitud positiva busca siempre resolver, disfruta las circunstancias, ve mas oportunidades y vive la vida con entusiasmo.

    Una persona con actitud positiva tiene presente lo siguiente:

    1. No eligió las circunstancias que le tocó vivir, pero si eligió cual actitud manifestar.
    2. Se esfuerza por desarrollar una actitud positiva y no soltarla.
    3. Sus acciones están determinadas por su actitud.
    4. La actitud de su gente o entorno es un reflejo de la suya.

    “Dios decide por lo que vamos a pasar. Nosotros decidimos como lo vamos a pasar”.

    Es tu decisión como decidas pasar el día de hoy, es tu decisión si decides confiar en Dios para todos los asuntos de la vida. Si crees que tu matrimonio tiene solución o no tiene solución es tu decisión. Si crees que puedes salir de esa deuda financiera o no puedas salir es tu decisión, todo está en tus creencias y donde pones la confianza. Los límites los tenemos nosotros en nuestras mentes.

    Hay una historia en la biblia en el evangelio de Mateo 8:5-10,13, donde un centurión romano se acerca a Jesús a pedir por sanidad para su sirviente que sufría muchos dolores y no podía moverse. Jesús le dice que él ira a sanarle pero el centurión le dice que no es digno de que El entre a su casa, que solamente ordene la palabra y el enfermo sanará.

    Jesús se asombra y dice que ni en Israel había conocido a alguien que confiará tanto como este extranjero y mas adelante Jesús le dice que como creíste así sucederá. Aquí podemos ver la actitud del centurión, el pudo haber hecho varias cosas: pedir que Jesús fuera a su casa, mandar a un soldado con el mensaje, buscar otro sirviente sin que le importara los dolores del otro, sin embargo el busco soluciones y siendo extranjero se acercó a Jesús, se esforzó en acercarse al maestro y eligió poner toda su confianza en Dios al pedirle que ordenara, que dijera la palabra de sanidad y el enfermo sanaría. Jesús puede elogiar esta actitud con asombro, se maravilla de la fe del extranjero y le afirma que como creíste así va a suceder.

    Algunas preguntas que me gustaría hacerte:
    ¿Qué es lo que estás creyendo para tu vida?
    ¿Qué es lo que esperas que suceda en tu matrimonio, en tus relaciones, tus negocios, tus finanzas?
    ¿Eres capaz de asombrar al Maestro?
    ¿Cómo es tu actitud ante la vida?
    ¿Estas confiando en Dios para tus problemas, necesidades, tentaciones?

    Mi actitud determinará mis acciones. Puedo ser víctima o protagonista, puedo ser bendición o maldición, puedo ser esclavo o libre, puedo confiar en Dios o no confiar, es mi decisión. Hay una anécdota que lo ilustra muy bien.

    Cuentan que un alpinista, con el afán por conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria solo para él, por lo que subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

    Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo… y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida. Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña.

    En ese momento, suspendido en el aire, gritó: ¡¡¡ayúdame Dios mío!!!
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-¿Que quieres que haga? – Sálvame Dios mío
-¿Realmente crees que yo te pueda salvar? –Por supuesto Señor
-Entonces corta la cuerda que te sostiene…
Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró más aún a la cuerda….
Cuenta el equipo de rescate, que al otro día encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a la cuerda… A tan solo un metro del suelo…

    ¿Cuál es la cuerda a la cual nos aferramos para no recibir las bendiciones que Dios tiene preparado para nosotros en el día de hoy?

    Hoy es el mejor día para confiar en Dios y disfrutar de todo lo que nos da, busca tu resultado extraordinario. Yo elegí confiar en Dios ¿y tu?

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