Ni hombres, ni palomas [día 19]

Se equivocan quienes imaginan al Señor empleándose a latigazos contra los mercaderes. Es cierto que Jesús recogió las cuerdas que encontró en el suelo, y con ellas hizo un látigo. Es cierto, también, que empleó la violencia. Pero los latigazos fueron dirigidos al suelo, a las mesas y a las reses, que son espantadas con el azote. En ningún sitio dice que Jesús azotase a los hombres. Los echó a todos del templo, ovejas y bueyes. Y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas.

Aún es más revelador lo que sigue: Y a los que vendían palomas les dijo: «quitad esto de aquí». Cuando llega Jesús a las palomas, se detiene, suelta el látigo, y ordena a los mercaderes que las saquen de allí. ¿Cómo iba a azotar a las palomas quien fue ungido en el Jordán bajo el amparo de una paloma?

No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Purifica el templo de tu alma, tan lleno de pecados que mercadean con la sangre de Cristo. Y emplea la violencia del ayuno y la mortificación. Pero, recuerda: ni hombres ni palomas. Ni dañes a tu salud, ni acalles al Espíritu. Reza [José-Fernando Rey]

2 comentarios sobre “Ni hombres, ni palomas [día 19]

  1. San Juan Pablo II concretaba desde un punto de vista celebrativo en un 31 de diciembre: «En la liturgia eucarística podemos expresar a Dios, del modo más pleno, nuestra acción de gracias y pedir perdón. Efectivamente, tenemos en realidad de qué dar gracias, pero tenemos también de qué pedir perdón. Es por esto, que se convierten en contenido particularmente vivo de nuestra participación de hoy en la Santa Misa las palabras del prefacio: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber… ¡darte gracias! A Ti, precisamente a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Darte gracias por toda la riqueza del misterio del nacimiento de Dios, Y juntamente con esta acción de gracias, se convierte en contenido particular de nuestra participación en la Santa Misa todas las palabras de propiciación, comenzando desde el Confíteor inicial, a través del Kyrie eleison, hasta el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y hasta nuestro Señor, no soy digno…. Pongamos en estas palabras todo lo que viven nuestras conciencias, lo que grava sobre ellas, lo que sólo Dios mismo puede juzgar y perdonar. Y no rehuyamos de estar aquí ante Dios con conciencia de culpa, en la actitud del publicano del Evangelio. Adoptemos esta actitud. Es precisamente la que corresponde a la verdad interior del hombre. Ella trae la liberación. Ella, precisamente ella, se une con la esperanza. Sí. La esperanza del hombre y la esperanza del mundo contemporáneo, la perspectiva del futuro realmente “mejor”, más humano, dependen del Confíteor y del Kyrie eleison. Dependen de la conversión: de las muchas, muchas conversiones humanas, que son capaces de transformar no sólo la vida personal del hombre, sino la vida de los ambientes y de la sociedad entera: desde los ambientes más pequeños, hasta los cada vez más grandes, abarcando incluso a toda la familia humana.

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