Dios es Padre, no casero [día 17]

A nadie le gusta pagar al casero. Llega fin de mes, y el precio del alquiler pesa como una losa en los castigados hombros del inquilino. Por eso estaban de mal humor los labradores: El propietario, llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Y […]

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