El drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación

La frivolidad consiste en vivir entretenidos con las cosas y los acontecimientos que nos rodean, con los fines apetecibles y los planes que aparecen; tan distraídos con todo ello, que se vive como si eso fuera todo. Las nuevas tecnologías, con su gran poder de captación, se apoderan de la atención y del tiempo de no pocos hasta el punto de llevarles a vivir más en el mundo virtual que en el real.

No se vive interiormente cuando los objetivos se cifran en planes inmediatos, sin trascendencia alguna.

Tampoco, si el trabajo –aunque sea intenso– se convierte en única meta, o se dirige a conseguir puestos más altos, más lucimiento personal, más dinero. «Cuando el espíritu en ella reside, no hay faena que no se vuelva noble y santa… Hay una manera de dibujar caricaturas, de trabajar la madera que revela que en la actividad se ha puesto amor, cuidado de perfección y armonía, y una pequeña chispa de fuego personal: eso que los artistas llaman estilo propio, y que no hay obra ni obrilla humana en que no pueda florecer».

No hay interioridad cuando la propia vanidad se hace el centro de la vida. Se vive con frivolidad cuando las relaciones interpersonales son superficiales. Cuando los demás no interesan de verdad, cuando no se aceptan compromisos o se rompen fácilmente.

El papa san Juan Pablo II ya denunciaba los peligros de esa falta de interioridad: «el drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación. Sin interioridad la cultura carece de entrañas, parece como un cuerpo que no ha encontrado todavía su alma. ¿De qué es capaz la humanidad sin interioridad? Lamentablemente, conocemos muy bien la respuesta. Cuando falta el espíritu contemplativo no se defiende la vida y se degenera todo lo humano. Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma integridad».

Cada día bebemos, como sin darnos cuenta, grandes dosis de frivolidad. La sociedad de consumo que nos rodea, nos inunda de eslóganes y reclamos comerciales. Nos vemos sumergidos en un entorno materialista donde no hay lugar ni tiempo para Dios.

Esta superficialidad se refleja también en la manera de enfrentarnos al sufrimiento y al dolor. Mucha gente trata de rechazarlo o ignorarlo, como si eso fuera posible. Si alguno quiere seguirme, que tome su cruz[398], son palabras de Jesús que provocan una auténtica desbandada. Sin embargo, un dolor santificado, ofrecido, puede ser el medio del que el Señor se sirva para purificar nuestro corazón, y puede hacernos madurar como personas y forjar una interioridad profunda.

A través del sufrimiento podemos crecer en esa visión honda de las situaciones y de las personas; adquirimos madurez y, con ella, fortaleza, serenidad, compasión y comprensión, misericordia… Con la aceptación del dolor se adquiere hondura. [Por F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

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10 comentarios sobre “El drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación

  1. Entrevista al profesor Wenceslao Vial, sacerdote y médico, sobre su libro, de reciente publicación

    ¿Es posible diferenciar los problemas psicológicos de las dificultades espirituales? ¿Cómo se alcanza una personalidad madura? ¿Se pueden controlar la ansiedad y el estrés? Son algunas de las preguntas a las que el profesor Wenceslao Vial (psicologiaevitacristiana.com) responde en su libro Madurez psicológica y espiritual.

    Este sacerdote y médico, docente en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, asegura que “nuestra inteligencia y voluntad se asientan en el espíritu”. Cuando vivimos de acuerdo con ellas, sin dejarnos arrastrar por impulsos momentáneos, sentimientos o estados de ánimo, “somos más libres y equilibrados”. Asimismo, indica que “gran parte de la madurez consiste en comportarnos según lo que realmente somos y crecer en la dirección de un proyecto vital hecho propio: es decir, ser buenas personas”.

    ¿De qué forma el cuidado de la vida espiritual ayuda a la serenidad y al equilibrio de las personas?

    La dimensión espiritual refuerza la estructura de nuestra personalidad, hace que tiemble menos y resista ante los vientos o terremotos de las contrariedades. En ella se despierta la búsqueda del sentido de la vida y de lo que nos ocurre, que es el primer paso de la religiosidad: del anhelo innato que tenemos por Dios. Con ella también nos abrimos a quienes nos rodean. Esta apertura es propia de quien camina hacia la madurez y ha dejado de preocuparse solo por lo inmediato, por el “mío, mío…” de los niños pequeños.

    Quien tiene la fortuna de encontrar a Dios y de aprender a quererle, ve más claro el objetivo de su vida. Se preocupa del presente con la esperanza de alcanzar una meta. Los cristianos, además, cuentan con Alguien que cambió la historia: por Él saben con certeza que Dios es bueno y misericordioso, que no pueden odiar a nadie en su nombre, que desea que le tratemos cada día y que nos espera en el cielo. Cristo es la fuente de serenidad, porque al conocer su ejemplo vemos quiénes somos y lo que estamos llamados a ser. Para muchos brilla un nuevo sol al leer el Evangelio, lo que requiere tiempo.

    ¿Y cómo se relacionan el espíritu y el equilibrio…?

    Nuestra inteligencia y voluntad se asientan en el espíritu. Cuando vivimos de acuerdo con ellas, sin dejarnos arrastrar por impulsos momentáneos, sentimientos o estados de ánimo, somos más libres y equilibrados. Y en esto se descubre, paradójicamente, que el verdadero equilibrio requiere tensión: la tensión positiva de una persona que se esfuerza por tallar su modo de ser con la razón y la voluntad, por crecer en las virtudes, por amar, por perdonar, por sacrificarse en beneficio de otros.

    ¿Cómo se pueden diferenciar los problemas psicológicos de las dificultades espirituales?

    El sufrimiento es similar. Una grieta en la dimensión física, psíquica o espiritual afecta a toda la persona. La angustia, el agobio, la pena o desconcierto de quien padece una depresión pueden ser iguales a las de quien no encuentra el sentido de su vida, o de quien solo piensa en sí mismo y cómo obtener placer; o quizá sean estos problemas, que llamaríamos espirituales, la causa de las molestias… De todos modos, quien pide luces a Dios, profundiza y estudia, conseguirá más fácilmente discernir por sí mismo y ayudará a otros con más eficacia. Este es uno de los motivos por los que he escrito el libro.

    No hay recetas prefabricadas. En ocasiones es evidente un fallo psicológico de base, otras veces la razón del malestar se descubre en un problema moral, o es la incoherencia, por ejemplo de una doble vida, la que nos rompe. En cualquier caso, habrá que tener en cuenta a la persona en su dimensión espiritual, su mundo de relación con Dios y con los demás, que puede ser normal o estar alterado por un proceso patológico o una deformación.

    “Lo suyo parece un problema de conciencia moral”, le dijo un médico a una persona que vino a verme: sí es cierto, ¡cuánto bien puede hacer un comentario así! Y lo mismo he comprobado en el otro sentido: “Mira, lo que te pasa tiene seguramente muchas causas, pero te beneficiarás de un apoyo psicológico, o al menos duerme mejor, haz ejercicio regularmente, sonríe tres veces al día…”. Ante la duda, un buen médico o psicólogo sabrá orientar hacia un sacerdote a quien le pide auxilio; y un sacerdote o director espiritual, a su vez, sabrá orientar en algunos casos hacia un profesional de la salud.

    Ansiedad, estrés… ¿Es posible aprender a controlarlo?

    Es posible y necesario. Un poco de estrés o de ansiedad puede ser útil. Muchas veces nos han ayudado a estudiar con más decisión un examen o a correr para huir de un peligro. Otras, sin embargo, hemos experimentado el freno de los nervios: el pulso se acelera, se seca la boca y las palabras no vienen en el examen oral…, el sueño no llega a causa de ideas obsesivas, los pies no se mueven por el miedo paralizante ante un coche a toda velocidad…

    El primer paso es no centrarse demasiado en el síntoma: cómo estoy, cómo me encuentro, cómo me siento; sino salir de uno mismo, mirar y servir a los demás. Luego, hay que cuidar algunos aspectos fisiológicos, como el sueño. Ayudarán la actividad física, un paseo agradable, las lecturas entretenidas (y no sólo “interesantes”), el cambio de actividades para no hacer siempre lo mismo… Es importante disfrutar de la vida sin concentrarse en el “disfrute”, en el placer fácil y de poca duración, sino en la vida misma: no dejarla pasar soñando con alternativas. Y, en lo posible, afrontarla desde la mañana con buen humor: que no parezca, nos diría el Papa Francisco, que nos lavamos los dientes con vinagre.

    Hay que identificar las causas del estrés: tal vez el activismo, una labor frenética que contamina el propio tiempo y no deja espacio para los demás. Cuando, a pesar de los esfuerzos, notamos el freno de los nervios, será conveniente una consulta médica, pues hay numerosos factores psicofísicos capaces de producir ansiedad, y muchos remedios.

    ¿Cómo se alcanza una personalidad madura?

    Somos siempre personas y tenemos una personalidad: una forma de ser, que nos define ante nosotros mismos y ante los demás. Se va impregnando en el cuerpo y en el alma. Gran parte de la madurez consiste en comportarnos según lo que realmente somos y crecer en la dirección de un proyecto vital hecho propio: es decir, ser buenas personas.

    No es como la madurez de los vegetales, que avanza sin retroceder, al calor del sol. Hay gente madura que vuelve a estar verde, buenas personas que dejan de serlo. Se requiere esfuerzo y tiempo, es un proceso que dura toda la vida. Hay que armarse de paciencia. Lo logra quien se empeña hoy y ahora por ser quien es. Si se transcurren las jornadas en el aburrimiento y la inactividad, como una fruta colgada de la mata, quizá nos sorprenderemos un día en el suelo, tristes y agrios. Aún entonces hay remedio, pero es mejor prevenir.

    Nosotros no maduramos solos. Necesitamos de cuidados, de educación, del tiempo de los demás… Primero del cariño de los padres, luego, de quienes nos rodean y de la sociedad. Cuando se pone en peligro la identidad de los niños, y se los confunde en aspectos esenciales, como hacerles dudar de si son hombres o mujeres, se les causa un daño enorme, como ha puesto hace poco de relieve el colegio norteamericano de pediatría.

    ¿Se pueden superar adicciones, como por ejemplo, a las drogas o internet?

    Se pueden superar, pero sobre todo prevenir. Muchos esclavos de las drogas o de la pornografía le darían la razón a Aristóteles. Decía el filósofo que quien lanza una piedra, podría no haberlo hecho y eso estaba en sus manos; una vez tirada, sin embargo, ya no hay vuelta atrás… El vicio esclaviza, pues impide cortar con lo que hace daño, como el borracho que es incapaz de no beber. Hay, sin embargo, medios para arrancar las cadenas: el arrepentimiento, la ayuda de personas especializadas y una motivación grande.

    Para esta motivación es clave la responsabilidad: saber que alguien espera una respuesta de nosotros. El amor a ese alguien hace descubrir medidas concretas. Quien quiere de verdad salir de una alergia, pone todos los medios: consulta al alergólogo, busca qué substancias provocan la reacción…, qué medicamentos o vacunas aplicar… Quien desea superar la adicción, identifica el problema, se aleja de él, usa lo que está a su alcance para no seguir haciéndose daño a sí mismo y a su entorno. Si uno sabe que internet le perjudica, se cuida más. Un consejo eficaz es no acceder a internet al estar cansado, pues son momentos de defensas más bajas; y terminar el día dirigiéndose a un Tú real, a Dios y a quien queremos, y no a la masa anónima de las redes.

    ¿Es el inconsciente un espacio impenetrable?

    En el ser humano no hay espacios o almacenes impenetrables. A veces se da demasiada importancia a recuerdos, imágenes, conflictos, traumas, que se dicen “reprimidos”, arrojados en un pozo oscuro de la psique. Se descuida, en cambio, el rico contenido consciente, al que todos tenemos acceso. Es verdad que en algunos casos hay elementos que desde las profundidades psíquicas hacen daño, y que en ocasiones se llega a ellos con la ayuda de expertos. Pero con mayor frecuencia, son aspectos bien claros y visibles los que causan tristeza, desasosiego, desesperanza… malestar psicológico.

    Las mismas “profundidades” pierden oscuridad cuando entra en ellas la luz de Dios, el Espíritu Santo. El examen de conciencia cristiano, que no es introspección sino esfuerzo de sinceridad con uno mismo, con Dios, revela en la mayoría de los casos qué hace sufrir. Para esto es necesario el silencio, conseguir concentrarse y llegar a esas emociones que quizá fueron enterradas vivas, o a las faltas de coherencia que hicieron descarrilar hasta nuestros pensamientos.

    ¡Qué bueno es cortar con el exceso de ruido inevitable, con los mensajes y urgencias ineludibles, la publicidad interminable, los teléfonos móviles inapagables, los videojuegos impostergables!… Tantos “ables” que impiden oír a Dios y centrarse en lo importante. Con nuestras limitaciones y miserias, alcanzaremos la madurez, formándonos bien, rezando y con la ayuda de la gracia. Y para todo esto hace falta tiempo, que es mucho más que el oro.

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  2. Gracias. Me he acordado muchísimo de todos y todas y he tenido numerosas ocasiones de poder ofrecer mis dolores. Espero poder responder cada día a las entradas del blog y sigo preguntándome, ya estamos casi en Marzo, ¿cuándo D. Rafael viene para España????????
    Saludos y abrazos para todos.

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    1. Me alegro mucho Rosa d que ya estés restablecida. Sí que se notaba tu ausencia, son muchos años ya en el blog.
      Regresaré a España, si Dios quiere, a finales de julio o primeros de agosto.Si todo lo referente a la renovación del visado se soluciona con normalidad, que parece que sí. Ya os cuento el próximo lunes a la vuelta de SAIME. Gracias Rosa por acordarte de estas cosas; se ve que estás pendiente de todo. Saludos

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  3. IMPORTANTE:

    ¡Qué alegría tan grandísima me ha dado¡ Su regreso a España. ¡Cuánto me acuerdo de su madre y hermanos lo contentos que estarán¡. Gracias Dios mío, porque haya podido superar tantas cosas, desde “la mosca” hasta la carencia de lo mas vital y necesario. A esto lo llamo yo heroicidad, disponibilidad, aceptación de la voluntad de Dios, algo de lo que Vd nos ha dado una lección magistral. Ahora mi petición será por los que quedan, que su ejemplo les ayude. Gracias D. Rafael.

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  4. Yo también estoy de vuelta, intentando ponerme al día… Se supone que ahora que cambié de ciudad tendría WiFi. Pero ahora resulta que se han robado los cables del teléfono e internet. Pero paciencia, al menos la señal es buena. Ya sabia yo que se va de Venezuela… Gracias por todo. Segura estoy de que va a seguir rezando por nosotros y por esta tierra maravillosa, pero algo maltratada. Seguiré usando de las bondades de su blog, ahora que estoy trabajando más de lleno con adolescentes. En su blog he encontrado a Rosa e Isabel que aunque no las conozco les tengo cariño, rezo por ellas y me encantan sus comentarios. Así que Rosa e Isabel, tienen una seguidora en Venezuela.
    Gracias P. Sanz por todo. Me encomiendo a sus oraciones.

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    1. Que Dios te bendiga Jordania! Y disculpa que haya tardado tanto en contestarte pero es que llevaba varios días in poder ni ponerme un rato tranquilo ante el ordenador. Encomiendo tus trabajos y seguimos unidos en la oración… y por el blog jeje. Saludos

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  5. Gracias Jordania, sigo recordándote con mucho cariño. Me alegro que `puedas trabajar de lleno con adolescentes. .Seguro que necesitaran buena doctrina, alegría y entrega y tu se lo vas a dar. En estos momentos es la oportunidad que Dios te da para que les hagas llegar esa Verdad que nosotros tuvimos gracias a personas que vivieron a tope esa realidad. Te encomiendo mucho y ya sabes, este blog es de todos y puedes contarnos tus experiencias que nos servirá siempre de ayuda.
    Gracias a Dios que D. Rafael vuelve a España, necesita recuperarse. Pido mucho para que pasen deprisa los días en el calendario y se encuentre con sus seres queridos y en su patria y al menos pueda contar con lo mas necesario para poder vivir.
    Escríbenos y cuéntanos cómo te va, esperamos tus noticias.
    Un abrazo.

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