La oración del niño que pide pan [día 9]

No es lo mismo un niño que pide pan que un niño que pide una coca-cola porque no le gusta el zumo de naranja. Peor aún si pide cerveza.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra? 

Un padre no puede negarle pan a su hijo, porque cuando un niño pide pan está pasando hambre. Y no pide un bocadillo de jamón de bellota; pide como piden los pobres, lo necesario para vivir.

Si de verdad quieres que tu oración sea atendida, es preciso que antes seas muy pobre, porque es la oración del pobre la que conmueve a Dios. Si, al pedir, tienes cubiertas las espaldas con multitud de compensaciones y consuelos, parecerá que le dices a Dios: «Señor, dame lo que te pido. Pero, si no me lo das, ya me he encargado yo de buscarme la vida y algo encontraré». Pero si, antes de pedir, has renunciado a todo lo que no sea Dios, tu oración será muy valiosa, como la de Ester: «Señor, dame lo que te pido, porque yo te lo di todo, y ya no tengo otro socorro más que Tú». Si pides así, jamás te faltará nada. [José Fernando Rey]

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