El lugar de la Cuaresma [día 5]

desiertoDel mismo modo que la celebración litúrgica del Adviento está marcada por el tiempo –ya sea la inminencia de la segunda venida del Señor, o los días que restan para celebrar su Natividad–, la Cuaresma está marcada por el lugar, y ese lugar es el desierto. Se trata de un escenario espiritual, pero es preciso convertirlo en escenario existencial. Durante cuarenta días, el cristiano vive sometido a las condiciones del desierto:

– La aridez: no buscaremos una oración consoladora ni sentimental. Aprenderemos a amar esa oración recia, en la que Dios parece callar y esperar mientras lo buscamos.

– El ayuno: el desierto es lugar de hambre y sed. Mortificaremos la carne, y la privaremos cariñosamente de satisfacciones, para que, libre de consuelos terrenos, recuerde que padece hambre de Dios.

– La pobreza: A través de la limosna, romperemos las cadenas del egoísmo, y nos vaciaremos de lo nuestro y de nosotros mismos, para que podamos ser llenados con la gracia divina.

– La soledad: Buscaremos el silencio, apagaremos televisores y reproductores de música, a fin de que podamos escuchar a un Dios que habla en voz baja.

El Espíritu empujó a Jesús al desierto… Vamos con Él. La travesía acaba de comenzar. [José Fernando Rey]

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