Somos en realidad destellos breves de la gloria de Dios

Como virtud humana, la gratitud constituye un eficaz vínculo entre los hombres y revela con bastante exactitud la calidad interior de la persona. Es de bien nacido ser agradecidos, dice la sabiduría popular. Y si falta esta virtud se hace difícil la convivencia humana. Y enseña: cuando bebas un vaso de agua, acuérdate de la fuente. Todo nos es dado. La fuente es Dios. De Él sale la vida. Cuando somos agradecidos con los demás guardamos el recuerdo afectuoso de un beneficio, aunque sea pequeño, con el deseo de pagarlo de alguna manera. En muchas ocasiones solo podremos decir gracias o algo parecido. En la alegría que ponemos en ese gesto va nuestro agradecimiento. Y todo el día está lleno de pequeños servicios y dones de quienes están a nuestro lado. Cuesta poco manifestar nuestra gratitud y es mucho el bien que se realiza: se crea un mejor ambiente, unas relaciones más cordiales, que facilitan no poco la convivencia.

La persona agradecida con Dios lo es también con quienes la rodean. Con más facilidad sabe apreciar esos pequeños favores y agradecerlos. El que solo está en «sus cosas», ensimismado, es incapaz de agradecer; piensa que todo le es debido. Toda existencia es co-existencia, la cual ya es un puro don: «vivir significa pasar de la nada al ser»[J.B. Torello]. Somos en realidad destellos breves de la gloria de Dios. Por este motivo decimos en la Misa: «te damos gracias, Señor, por tu inmensa gloria». Estamos en la tierra tan solo para brillar misteriosamente junto a la incorruptible belleza de Dios.

Si estamos atentos, apreciaremos en nuestro propio hogar que la casa esté limpia y en orden, que alguien haya cerrado las ventanas para que no penetre el frío o el calor, que la ropa esté planchada… Y si alguna vez una de estas cosas no está como esperábamos, sabremos disculpar, porque es incontablemente mayor el número de favores recibidos.

Y al salir a la calle, el conserje merece nuestro agradecimiento por guardar la casa, y la farmacéutica, porque nos ha proporcionado las medicinas, y quienes componen el periódico y han pasado la noche trabajando, y el conductor del autobús… Toda la convivencia humana está llena de pequeños servicios mutuos. ¡Cómo cambiaría esta convivencia, cómo cambiaría el mundo si, además de pagar y de cobrar lo justo en cada caso, manifestáramos nuestro sincero agradecimiento! La gratitud en lo humano es propia solo de un corazón grande.

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