Si falta fortaleza, la vida se hace pequeña

No somos fuertes por naturaleza, sino débiles. El primer ejercicio que deberíamos realizar es poner todos los medios, enseguida, para no dejarnos «hundir» por las dificultades. Cuando los proyectos se vienen abajo y se cierra y oscurece el horizonte o cuando perdemos a alguien muy querido y la tristeza intenta invadir lo más profundo de nuestro ser, en estas ocasiones aparecen dos opciones ante nosotros: esforzarnos por salir a flote o dejarnos arrastrar por el desánimo y la desesperanza.

tormenta.jpegSon muchos los obstáculos que encontramos para alcanzar nuestros fines. Se oponen, por ejemplo, lo material y lo físico, que para conducirlo al orden que se pretende es necesario prestar atención para manejarlo bien. Las relaciones humanas son complicadas y sin un conocimiento de las personas y de sus circunstancias es imposible la buena comunicación. También en nuestro interior encontramos contradicciones y confusiones.

La experiencia enseña que sin valor y fortaleza es imposible lograr la felicidad, que siempre está amenazada por los reveses de la vida. Hay temporadas en las que, cuando se apaga un fuego, aparece otro.

Si falta fortaleza, la vida se hace pequeña. Sin la energía que proporciona esta virtud las personas se reducen a cumplir con lo mínimo, se crece poco interiormente y falta valor para conseguir metas grandes.

7 comentarios sobre “Si falta fortaleza, la vida se hace pequeña

  1. Deseo referirme también aquí a otro ejemplo que nos viene de hace 400 años, pero que sigue siempre vivo y actual. Se trata de la figura de San Estanislao de Kostka, Patrono de la juventud, cuya tumba se encuentra en la Iglesia de San Andrés al Quirinale de Roma.

    En efecto, aquí terminó su vida, a los dieciocho años de edad, este Santo de natural muy sensible y frágil, y que, sin embargo, fue bien valiente. A él, que procedía de familia noble, la fortaleza lo llevó a elegir ser pobre, siguiendo el ejemplo de Cristo, y a ponerse exclusivamente a su servicio. A pesar de que su decisión encontró fuerte oposición en su ambiente, con gran amor y gran firmeza a la vez consiguió realizar su propósito condensado en el lema Ad maiora natas sum. “He nacido para cosas más grandes”. Llegó al noviciado de los jesuitas haciendo a pie el camino de Viena a Roma, huyendo de quienes le seguían y querían, por la fuerza, disuadir a aquel “obstinado” joven de sus intentos.

    Sé que en el mes de noviembre muchos jóvenes de toda Roma, sobre todo estudiantes, alumnos y novicios, visitan la tumba de San Estanislao en la iglesia de San Andrés. Yo me uno a ellos porque también nuestra generación tiene necesidad de hombres que sepan repetir con santa “obstinación”: Ad maiora natas sum. ¡Tenemos necesidad de hombres fuertes!

    Tenemos necesidad de fortaleza para ser hombres. En efecto, hombre verdaderamente prudente es sólo el que posee la virtud de la fortaleza; del mismo modo que hombre verdaderamente justo es sólo el que tiene la virtud de la fortaleza. Pidamos este don del Espíritu Santo que se llama “don de fortaleza”.

    Cuando al hombre le faltan las fuerzas para “superarse” a sí mismo, con miras a valores superiores como la verdad, la justicia, la vocación, la fidelidad conyugal, es necesario que este “don de lo alto” haga de cada uno de nosotros un hombre fuerte y que en el momento oportuno nos diga “en lo íntimo”: ¡Animo

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  2. “Un Minuto”
    Reflexión:
    Un minuto sirve para ver el camino, admirar una flor, sentir el perfume de la flor, sentir el césped mojado, percibir la transparencia del agua. Un minuto sirve para escuchar el silencio. Es en un minuto en que uno dice el sí, o el no que cambiará toda su vida. Un minuto para un apretón de mano y conquistar un nuevo amigo. Un minuto para sentir la responsabilidad, pesar en los hombros, la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción, la alegría de la victoria. En un minuto se puede amar, buscar, compartir, perdonar, esperar, creer, vencer y ser. En un minuto se puede salvar una vida. Tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo. Un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar, de una vida. Minutos… cuantas veces los dejamos pasar sin darnos cuenta, pero también cuantas veces traemos a nuestra vida los recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad, de alegría y tristezas. Con frecuencia decimos es un minuto que nos parece nada, pero cómo se aprecia ese minuto al levantar la mano y saludar a un amigo que se va para siempre, como se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestro trabajo, como se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos, cómo nos llena de emoción ese minuto al que se entrega al hilo al nacer y como también que la vida otorgue más minutos a que la muerte separará físicamente y no veremos más. Un minuto parece increíble, parece tan poquito, y sin embargo, puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida.
    Lo importante no es vivir la vida por qué sí, dejando pasar el tiempo.
    Aprendamos a vivir la vida intensamente. Aprendamos a no posponer las emociones más lindas de la vida pensando que sí no es hoy, será mañana. Recuerda que tu tiempo es hoy. La vida es hoy.
    Que el reloj de tu vida marque cada minuto al compás de los latidos de tu corazón. Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
    un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para callar y un tiempo para hablar; un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz.

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  3. Aprovechemos el día. Grandes personalidades nos comentan cómo hacerlo.

    Hoy tenemos vida; la única vida segura.
    Aprovecha al máximo el día de hoy.
    Espabílate. Déjate llevar por los vientos del entusiasmo.
    Vive hoy con ardor.
    —Dale Carnegie

    Los únicos límites a las
    posibilidades de tu vida mañana
    son los peros que pones hoy.
    —Les Brown

    Aprende del ayer,
    vive para hoy
    y ten esperanza
    en el mañana.
    —Albert Einstein

    Hoy te encuentras donde
    te han traído tus pensamientos;
    mañana estarás donde tus
    pensamientos te hayan llevado.
    —James Lane Allen

    Lo que no se empiece hoy
    jamás se terminará mañana.
    —Johann Wolfgang von Goethe

    Vive, actúa y piensa hoy lo mejor que puedas.
    La preparación más segura para mañana y
    todos los mañanas que seguirán empieza hoy.
    —Harriet Martineau

    Hoy es el día más extraordinario,
    porque no lo habíamos vivido;
    nunca lo viviremos de nuevo;
    el único día que tenemos es hoy.
    —William A. Ward

    De mí, y no de las circunstancias,
    depende que sea o no feliz hoy.
    Puedo elegir una de las dos opciones.

    El ayer ha muerto,
    y el mañana todavía no llegó.
    Solo dispongo del día de hoy,
    y quiero ser feliz hoy.
    —Groucho Marx

    El hoy es alumno del ayer.
    —Thomas Fuller

    Dichoso aquel que con serenidad
    pueda afirmar con ánimo feliz:
    Si el mañana ha de traerme pesar ,
    ¡al día de hoy su jugo le exprimí!
    —John Dryden

    Jamás permitas que el ayer consuma
    demasiado el día de hoy.
    —Will Rogers

    ¡No tengo miedo al mañana,
    porque he visto el ayer
    y el hoy me encanta!
    —William Allen White

    La mejor preparación para el mañana
    es esforzarse hoy al máximo.
    —H. Jackson Brown, Jr.

    ¡Ilumina el mañana con el día de hoy!
    —Elizabeth Barrett Browning

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  4. “Mel Gibson”
    Una historia real:

    Hoy os voy a contar una historia de cómo Dios interviene en la historia de las personas.

    Hace algunos años, un hombre muy trabajador decide trasladar a su familia desde New York hasta Australia, en busca de una mejora en su pobre vida. Uno de sus hijos, mientras esperaba una oportunidad para cumplir su sueño (quería ser actor de cine), trabajaba en los puertos locales situados en las peores zonas de la ciudad. Una noche, de regreso a casa, el joven fue asaltado por 5 delincuentes. Él se resistió a entregar el poco dinero que llevaba para su familia, y fue agredido brutalmente. Una vez que lo dejaron inconsciente por los golpes, no cejaron en la paliza: Lo patearon hasta deformarlo, le desgarraron el rostro, lo golpearon brutalmente por todo su cuerpo. Cuando finalmente el joven fue encontrado por la policía tirado en la calle, lo consideraron muerto y llamaron a la funeraria.

    En el trayecto, un policía pudo ver que el joven hacia un intento por respirar y fue llevado de inmediato al hospital de emergencias más cercano. Fue horrible la impresión recibida por el equipo médico al verlo y constatar que aquel joven ya no tenía apenas rostro. Sus ojos estaban hundidos; su cráneo, piernas y brazos fracturados, su nariz estaba literalmente perdida en su cara, todos sus dientes completamente rotos y su mandíbula desprendida.

    El joven logró salvar su vida, aunque permaneció cerca de un año en el hospital. Cuando salió, su cuerpo estaba recuperado, pero su rostro era repulsivo de ver. Ya no era aquel joven bello con un bonito futuro por delante.

    Una vez recuperado empezó a buscar trabajo, pero siempre era rechazado por todos por su apariencia física. Por fin alguien le ofreció una oportunidad: Un empresario le sugirió que participara en un espectáculo de circo, en el que su nombre sería: “El Hombre Sin Rostro”.

    A pesar de encontrar trabajo seguía sintiendo el rechazo de las personas, ya que fuera del circo nadie quería ser visto con él. Por ello llegó a pensar en la muerte, aunque lo descartó y siguió con esta situación por casi 5 años.

    Un día, caminando, entró a buscar consuelo en una Iglesia, pensando que allí podía alcanzar algún alivio a su situación de angustia. Al entrar vió a un sacerdote orando de rodillas, adoptó su misma postura y también se puso a rezar.

    Al rato, el sacerdote vió a ese hombre “sin rostro”; se acercó, lo levantó y lo llevó a otro lugar para conversar. Su rostro le impresionó tanto que pensó que tenía que hacer lo posible por ayudarlo a recuperar su dignidad y su vida. El joven comenzó a asistir a la iglesia con frecuencia, siempre pidiéndole a Dios que le diera al menos paz espiritual y la gracia de ser un mejor hombre cada día.

    Después de un tiempo, el sacerdote, por medio de amistades personales, logró conseguir los servicios médicos del mejor cirujano estético de Australia y sin costo alguno.

    La cirugía fue como un milagro, se dispusieron para él los mejores servicios médicos, y su rostro pudo ser reconstruido con las fotos que el joven aportó.

    Con el tiempo, “el hombre sin rostro” recuperó una vida normal, fue escogido en un casting para hacer su primera película, se casó con una bella mujer, tuvo varios hijos y pronto llegaron sus grandes éxitos profesionales.

    ¿Quiere saber quien es este joven?

    Su nombre lo conoces de sobra, él es… Mel Gibson. Actualmente Mel es admirado por muchos y conocido como un hombre entregado a Dios, caritativo y un gran ejemplo de coraje sorprendente. Su historia personal la recogió en su primera película como director de cine, “El hombre sin rostro” (EEUU, 1993). En “la Pasión de Cristo” (EEUU, 2004) tenemos también indicios de su profunda fe y de su identificación con el sufrimiento de Cristo.
    Somos muchos los que no conocíamos esta conmovedora historia, ya que a menudo los medios de comunicación dan más importancia a lo negativo que a este tipo de experiencias gratificantes. El testimonio de Mel Gibson nos invita a confiar en Dios… para él nada es imposible.

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  5. Ana y Juan Pablo: hermanos, adolescentes y guerreros

    | Ene 13, 2018

    Les llaman los #WarriorSiblings, dos hermanos guerreros que enfrentan su propia lucha al tiempo que nos comparten grandes lecciones de vida a través de las redes sociales. Estos adolescentes tienen mucho que enseñarnos. No te pierdas sus palabras.

    A ti como a mí nos llegan a diario -por diferentes medios- historias de vida que nos mueven el corazón y nos invitan ser mejores personas.

    Esta en particular es una que sigo desde hace un par de años y que, en lo personal, cuando paso por un momento difícil, me basta con buscar alguna publicación de ellos en Facebook. para tomar aire y no rendirme.

    Cada palabra que comparten, cada frase es un bálsamo para el alma. Su historia es un ejemplo de vida, de lucha, fe y fortaleza. No en vano en las redes sociales les llaman hermanos guerreros. #WarriorSiblings

    Ana y Juan Pablo Mucharraz son un par de hermanos jóvenes en edad adolescente enfrentando su propia lucha.

    Ana desde hace casi 5 años tiene un lupus muy agresivo y el cual le desencadenó otra enfermedad llamada gastroparesia, lo que significa que su sistema digestivo está paralizado.

    A Juan Pablo, por su parte, le picó una garrapata infectada por un venado y le dio la enfermedad de Lyme, siendo él uno de los casos más extremos que se hayan visto con este padecimiento. A reserva de un brazo tiene todo su cuerpo paralizado. Su recuperación ha sido muy lenta y dolorosa.

    A continuación, te comparto uno de tantos días contado por Ana. Su forma de ver la vida, su gratitud y su fortaleza son sencillamente un himno al amor.

    Estos días han sido muy difíciles para JP y para mí. JP está sintiéndose muy mal. En su cara hay expresión de dolor y, además, está muy cansado todo el tiempo.

    Ayer vino la que le hace la terapia física y no pudo aguantar las lágrimas. Al finalizar la terapia no dejaba de llorar. Dice que está muy cansado y le duele mucho que lo muevan. Le cuesta recuperarse de cada terapia mucho.

    Mi mamá es la que más sufre con este tema pues ella lo único que quiere es que JP esté lo más cómodo y feliz posible mientras lucha contra su enfermedad. Digamos que la “batalla de la terapia física ” es muy dura para los dos (JP y mi mamá) pues JP no quiere tener terapia y es por la única razón que lo vemos llorar.

    Eso a mi mamá le parte el corazón pues ella sabe que, aunque JP sufra mucho lo tiene que seguir haciendo para que pueda volver a caminar.

    Después de que JP dejó de llorar yo ya no soportaba verlo triste y le pregunté que se le antojaba hacer. Yo estaba dispuesta a hacer lo que sea con tal de verlo sonreír.

    El me escribió que quería ver fotos y eso fue lo que hicimos. Juntos vimos fotos y videos. Yo trataba de encontrar algún defecto en las fotos que lo hiciera reír o algún video chistoso de mis hermanos, mío, de mis tíos o hasta de él mismo haciendo cualquier tontería (créanme él era muy intenso y chistoso). ¡Logré mi objetivo! ¡No dejo de reírse por una hora entera!

    Yo estaba muy feliz por haberlo logrado, pero después me entró el sentimiento de tristeza de haber visto como éramos antes de enfermarnos y me puse a pensar cuanto han cambiado las cosas.

    Cuanto ha cambiado nuestra vida en muchos aspectos, desde nuestra apariencia física, hasta nuestra forma de vivir.

    El día a día ha cambiado completamente. Ya no hay viajes ” normales “, solo viajes al hospital o por razones médicas. Ya no comemos juntos; siempre 2 personas se tienen que quedar cuidando a JP. Aunque sea una tontería mi mamá solo pone lonches escolares para 2 hijos en vez de para los 4. De traer bicis o patines en la cajuela del coche ahora traemos sillas de ruedas. En vez de que tengamos peleas normales como todos los que tienen hermanos nos tenemos que cuidar entre nosotros.

    Yo ya no puedo cuidar a mi hermanita, ahora ella es la que me cuida a mí. En vez de que suene música mía o de Gonzalo a todo volumen, en la casa suenan maquinas de sueros. En vez de repisas con juguetes/películas cada repisa está llena de medicinas. Estos son algunos ejemplos de cómo ha cambiado nuestra vida.

    Yo, en este momento, daría lo que fuera para que toda la familia pudiera tener una vida ” normal ” otra vez.

    Pero viéndolo desde otro punto de vista hemos aprendido muchas cosas de esta situación tan difícil. Como disfrutar cualquier momento de felicidad que haya, aunque sea pequeño. Hemos aprendido a no rendirnos. Hemos aprendido que nunca puedes dar nada por seguro. Que si hay gente buena en el mundo y que los verdaderos amigos existen. Bueno, no acabaría de decir las cosas que hemos aprendido de esta experiencia.

    JP y yo no nos daremos por vencidos hasta lograr estar “como éramos antes ” y para que nuestra familia sea “normal” otra vez, porque la enfermedad no solo afecta a los enfermos, sino a todos los de su alrededor.

    Recuerden esto siempre: “La felicidad se puede encontrar hasta en los momentos más obscuros, si uno recuerda encender la luz” (Albus Dumbledore)

    Como dice la frase nunca hay que olvidarnos de encender la luz porque eso puede hacer toda la diferencia en una situación difícil. Gracias a todos por su ayuda y cariño. Los mantendré informados.”

    Como ves, si Ana Juan Pa pueden, tú y yo también podemos, siempre de la mano de Dios. Y recuerda que no hay mejor ejercicio para el corazón, que inclinarse y ayudar a alguien a levantarse.

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