El sentimiento de la propia importancia, se opone, en gran medida, a la «virtud» del humor.

Dios a David le perdonó su adulterio y asesinato; Jesús perdonó al jefe de los publicanos, que era un traidor y un codicioso; y perdonó al ladrón en la cruz. Pero hay algo que impide a Dios derramar su misericordia y que no puede soportar en ti: tu seriedad absoluta e inalterable, el hecho de […]

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