Bendito el que pone su confianza en el Señor, pues no defraudará su fe. [Jeremías 17, 5]

Todo hombre necesita apoyos, refugios donde acogerse. Para perseverar en medio de las pruebas y esperar llegar a la meta, hay que tener confianza. Pero ¿en quién puede confiar?

Confiar en los demás es virtud necesaria en la vida familiar, profesional, social. Los padres han de aprender a confiar en los hijos, los hijos en sus padres, los jefes en sus subalternos, los dueños en sus empleados, aunque alguna vez engañen o mientan. La confianza engendra confianza.

El 16 de octubre de 1978, el cardenal Wojtyła aparecía como nuevo Pontífice ante miles de personas reunidas en la plaza de San Pedro. «He sentido miedo al recibir esta designación», dijo emocionado. Enseguida añadió que ponía toda su confianza en la Santísima Madre de Jesús.

Es natural el miedo ante lo que supera nuestra capacidad; por eso, buscar un punto de apoyo firme es algo necesario para cada hombre, para todos los hombres y todas las mujeres.

¿En quién confiar? En primer lugar, en Dios. Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos.

La confianza en Dios es el primer acto y el mejor de esta virtud. En Él encontramos seguridad.

Sin embargo, no es rara la actitud contraria: tener miedo a Dios, no fiarse, desconfiar.

Los sacrificios de las antiguas religiones buscaban aplacar a los dioses; les ofrecían los bienes de la tierra con el deseo de conseguir su favor, de evitar el castigo. Porque aquellos dioses –de los que se tenía una idea confusa– podían ser crueles y vengativos con los hombres: era necesario cuidar lo que se decía de ellos.

Pero Dios es bueno y se ha dado a conocer, ha hablado con los hombres, ha descendido a nuestra tierra: el Hijo de Dios hecho hombre manifiesta que Dios es misericordioso y compasivo, que su amor a cada hombre es real y verdadero.

La confianza en Dios comienza por la fe: un acto de la inteligencia que admite su existencia, un acto de la libertad que dice: creo, confío en Ti.

Es necesario conocerle para confiar en Él. En muchos casos es la ignorancia lo que mantiene la desconfianza, pues solo se cree y se confía de veras en quien se ama.

Es ejemplar la fe de Abrahán, cuyo padre servía a otros dioses en Caldea: por la fe, Abrahán, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber adónde iba. Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida como en tierra extraña, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas. Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Abrahán se fió de Dios.

Los milagros que hacía Jesús requerían la fe como condición. Y en cierta ocasión argumentó así la confianza que debemos tener en nuestro Padre Dios: no andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis: porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo, más que el vestido; fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! Fijaos en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

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Un comentario en “Bendito el que pone su confianza en el Señor, pues no defraudará su fe. [Jeremías 17, 5]

  1. Jesús hoy nos enseña lo contrario a lo que enseña el mundo. Dos mentalidades. Dos reinos. Batalla espiritual entre el Reino de Dios y el mundo.
    Jesús contrasta las dos maneras de pensar:◦Enseña que en realidad los pobres según el mundo son ricos: Poseen el reino de Dios.
    Los ricos son pobres: !Hay de vosotros! Encuentran ya su consuelo y resulta que ese consuelo que buscan en el mundo es un engaño. El egoísmo causa un gran vacio porque aparta de la verdadera riqueza que es poseer el Reino de Dios.

    Jesús invierte los conceptos de pobreza y riqueza. En verdad ser rico o pobre depende de la posesión o privación del Reino de Dios. San Francisco habla de la “Señora Pobreza” (una pobreza rica)

    Nosotros hemos crecido y vivimos en el mundo. Debemos reconocer la influencia de su mentalidad en nosotros. ◦la felicidad está en tener muchas cosas, en no tener problemas, en ser popular dependemos de lo que el mundo nos ofrece. “Todo el mundo lo hace”, “estamos en el siglo XXI”.Es una corriente que nos arrastra.
    Para ser de Cristo hay que poner todo el corazón. Es ser su discípulo.
    La palabra de Dios es profética porque hace ver ahora las cosas escondidas, tal como se verán en el juicio final. Habla a los cristianos porque nosotros facilmente perdemos el camino.
    Apocalipsis 3,17, dirigidas a la Iglesia de Laodicea: “Tu andas diciendo: soy rico, estoy lleno de bienes y no me falta nada. Y no sabes que eres desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo”
    ◦Es vivir como si el reino no existiera.

    Vayamos a la lectura, del profeta Jeremías: Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor.
    Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.
    Los primeros son como un arbusto en el desierto
    Los segundos, como una planta verde junto al agua, crece, da fruto. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche

    Pablo advierte que si han perdido la fe en la resurección. Piensan como el mundo.
    Jesús es el profeta que vive lo que enseña: el fue pobre, no teniendo donde recostar su cabeza, El lloró por Jerusalén porque no le escuchó, el fue odiado, excluido, insultado. De Él dijeron infamias. “Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo”. ¿Acaso Jesús se detiene? No. Jesus sana al hombre. Entonces los fariseos “se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra”

    Jesús pronuncia el Evangelio después de haber instituido a los 12 apóstoles. Para enseñarles que han de comenzar una nueva vida opuesta al mundo. En adelante deben aprender a ser como Jesús. Sus propias vidas serán “espada de doble filo”, que causará división porque el Evangelio pone al desnudo lo que está en el corazón.
    ¿De que lado estamos?
    ¿Buscamos primero el Reino y después lo demás?
    ¿ Buscamos primero el resto y dejamos para último el Reino?.

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