Entender es una cosa, comprender es otra muy distinta.

Disposiciones para comprender

imagesEntender es una cosa, comprender es otra distinta. Comprender con respeto a los demás no es solo un ejercicio de la inteligencia que atiende y razona. Se requieren otros factores que capten el fondo de la otra persona, su estado y situación: acogida, aceptación, interés por ella, querer hacerse cargo de lo que le ocurre y necesita.

Cuando estas disposiciones son estables y se actúa así habitualmente, la persona posee la virtud: es comprensiva.

Atención, escucha, apertura, interés, reflexión son los actos que requiere la buena comprensión del otro. Y todo ello se puede resumir en generosidad: un salir de uno mismo para acoger al otro. Cuando encontramos a alguien así, entendemos que se puede contar con esta persona si necesitamos ayuda.

Sin embargo, esta comprensión no sería virtud si la persona que comprende optara por justificar en la otra persona una actitud o una conducta equivocada por el hecho de haberla entendido bien. En este caso, tal condescendencia o exceso de tolerancia se convierte en falta de veracidad y de lealtad.

Comprender para no juzgar

Es interesante reconocer que a través de esta escucha y acogida, por la que entendemos las razones de otra persona, nos libramos de los juicios precipitados que con frecuencia concebimos: cuando no se quiere comprender se juzga negativamente a los otros. Ignoramos su verdad íntima y llegamos a conclusiones equivocadas. Comprensión y benevolencia –actitudes que están presentes en la vida de Jesús– nos ayudan a ser más justos con los demás. [F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

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3 comentarios en “Entender es una cosa, comprender es otra muy distinta.

  1. Deberíamos esforzarnos para desarrollar la empatía. Ésta constituye una de las habilidades esenciales de la inteligencia emocional que Goleman demostró, a través de muchos estudios, cómo incidía en la felicidad. Incluso Howard Gardner, el cual defiende que poseemos ocho tipos de inteligencias en lugar de una, apunta a la empatía como una de ellas; la denomina: inteligencia interpersonal.

    Uno de los puntos esenciales para desarrollar la empatía consiste en aprender a escuchar. Veamos cuatro aspectos a tener en cuenta:

    1. Cuidado con los consejos
    “Quien no haya sufrido lo que yo, que no me dé consejos” (Sófocles)

    Estamos contando nuestro problema a alguien y cuando acabamos, o incluso antes, ya nos aconseja lo que debemos hacer. Antes de exponer aquello que nos afecta, probablemente hemos estado varias noches sin dormir, le hemos dado mil vueltas y todavía no sabemos cómo saldremos de la situación. Y la otra persona, ¡zas! En cuatro segundos ya tiene la solución. En ocasiones, la persona que aconseja está tan convencida de que su idea es acertada que incluso, aunque le aseguremos que ya la hemos aplicado, insistirá. Consejo: “Lo que tendrías que hacer es hablar con él”. Repuesta: “Claro que he hablado con él, ¡si no hago otra cosa!”. Repetición del consejo: “Es que no has hablado suficiente”.
    Al tratar con alguien a quien queremos ayudar a resolver su problema, no olvidemos que habrá pensado mucho sobre cómo solucionarlo y que probablemente habrá emprendido varios caminos para lograrlo. Antes de sugerir soluciones, debemos preguntar sobre las posibilidades que se han barajado y los intentos de reparación emprendidos. Quizá nos sorprendamos y simplemente preguntando, la otra persona vea aspectos que antes no había tenido en cuenta y la solución se desprenda sola. Y sobre todo, recordemos que desde fuera todo se ve muy sencillo, pero por dentro no lo es tanto. Si lo fuera, nuestra amiga ya habría llegado a ella.
    Si estamos convencidos de que nadie puede aportar una buena solución a un problema que no ha entendido, primero deberíamos entender y luego procurar que la otra persona se sienta comprendido. Si no es así, nuestro consejo caerá en saco roto. Nunca se sigue un consejo de alguien que no parece haber entendido la situación. Así que, no nos precipitemos en aconsejar, mejor escuchar y preguntar mucho antes de hacerlo.
    No olvidemos dos puntos obvios. No sabemos si nuestro consejo será correcto, hemos de sugerirlo con precaución. Y segundo: los consejos no son órdenes, la otra persona tiene toda la libertad del mundo para no seguirlos. Y tengamos muy en cuenta que, en muchas ocasiones, simplemente debemos abstenernos de aconsejar. Nuestro interlocutor quizá sólo quiere ser escuchado y comprendido.

    2. Evitemos juzgar
    “Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar” (André Malraux)

    Juzgar es un acto casi automático. Si alguien nos cuenta el trance que está sufriendo, nuestro cerebro extrae conclusiones rápidas que suelen ser dicotómicas, con pocos matices, del tipo: ha actuado mal o ha actuado bien. Por suerte, con más tiempo solemos matizar, pero nuestra mente tiene estos arranques.
    Cuando alguien nos describa alguna situación dura por la que está atravesando, agradecerá que nos pongamos en su nivel y que no la juzguemos. Algunas veces podemos pensar: Yo no hubiera cometido estos errores”. Es una actitud muy humana, necesitamos creer que somos menos vulnerables que los demás. Si tenemos esas ideas, la otra persona lo notará aunque no las verbalicemos. Frenar nuestros impulsos de juzgar y ser humildes ayudará a que los demás se sientan más cómodos y entendidos.

    3. No relativicemos el problema del otro
    “¿Quieres que sienta dolor por niños que mueren de hambre? Yo siento dolor por ellos. ¿Quieres que proteste contra las guerras que siguen? Yo protesto. Pero el corazón tiene sus dolores privados: ni siquiera todas las grandes causas buenas de este mundo pueden impedir que llore.

    (Arnold Wesker, The four seasons)
    Ante un amigo que comparte sus tristezas, podemos caer en la trampa de intentar que relativice: “Hay gente que está peor que tú”. Probablemente ya lo sabe, pero eso no le consuela. Incluso puede sentirse culpable por sentirse mal sabiendo que existen seres humanos que se encuentran muchísimo peor. Mejor será que permitamos a nuestra amiga que se queje y explote. A veces intentar relativizar es contraproducente.

    4. Resumiendo: simplemente debemos comprender
    “En tu relación con cualquier persona, pierdes mucho si no te tomas el tiempo necesario para comprenderla” (Rob Goldston )

    La comprensión es un bálsamo muy potente. Las personas con las que más a gusto nos encontramos son las que nos comprenden. Si queremos que los demás se sientan cómodos y comprendidos por nosotros, simplemente escuchemos sin juzgar; no aconsejemos con tanta facilidad; permitamos cualquier emoción sin intentar relativizarla; y pongámonos no sólo en su piel, sino sobre todo en su corazón. Preguntémonos: ¿en estos momentos, quién necesita nuestra comprensión?

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