Cómo compaginar el rigor con la benevolencia

Rigor y benevolencia

Si sabemos reconocer que –a pesar de las apariencias– todas las personas son débiles, cometen errores y con facilidad se equivocan, tendremos más facilidad para tratar con benevolencia a los demás, con un corazón grande, una mirada buena que exprese un juicio bueno, positivo, nunca un juicio temerario. Alguien con aspecto de seguridad es, quizá, una persona enferma o preocupada, y si nos dejáramos llevar por la primera impresión, juzgando que es una persona «prepotente», que avasalla, y nuestro trato fuera frío y distanciado, habríamos cerrado la puerta para que se estableciera una relación cordial que podría proporcionar un gran bien a los dos.

Una actitud benevolente va unida a la sencillez y a la afabilidad, favorece las buenas relaciones, facilita la concordia, anima a las personas a responder con la misma moneda, que es la clemencia.

El exceso de rigor con los demás puede ser causa de un mal mayor. En toda mala conducta hay atenuantes, circunstancias que, sin justificar la acción, reducen la culpabilidad de la persona. Considerar con benevolencia todo acto ajeno ayuda a la justicia y, sin duda, a la caridad de nuestras actuaciones.

Quienes ejercen la autoridad se encuentran con frecuencia ante la necesidad de tomar decisiones difíciles ante lo que está mal hecho y, a veces, a castigar malas acciones. En estos casos, la benevolencia procura el ejercicio adecuado de la justicia. Sin ella las personas afectadas pueden quedar heridas, encerradas en una situación difícil de superar.

La clemencia es la moderación interior aplicada a la capacidad de castigar; es clemencia la mesura que perdona parte de la pena merecida. Sin clemencia se puede llegar a la crueldad, que es la tendencia a las medidas duras en exceso.

Conviene tener presente que se obedece mejor al que manda con suavidad. Y que la benevolencia es una de las semillas que hacen prosperar la paz en la familia y en la sociedad. [F. F. Carvajal en pasó haciendo el bien]

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8 comentarios en “Cómo compaginar el rigor con la benevolencia

  1. La ética se apoya en la libertad, la buena voluntad y la preocupación por el interés general. El hombre se diferencia de los animales en la medida que es libre para separarse de las exigencias de la naturaleza (naturaleza interesada, egocéntrica y particular) y pensar en los demás, mirar por ellos y tener en cuenta sus exigencias. La moral o la ética moderna se fundamentan en el desinterés propio y en la universalidad, es decir en aquello que no me beneficia sólo a mi sino fundamentalmente a los demás.

    Frente a la crisis económica, ética. Frente a la mediocridad, ética. Frente a la desidia y desinterés, ética. La crisis es una crisis ética, cuyo circulo vicioso se debe romper con el descubrimiento de los otros, de lo público y el interés por los otros y lo público por encima de las exigencias de lo particular.

    Dentro de la idea de pensamiento ampliado, Luc Ferry introduce un termino que me parece muy pertinente: la benevolencia. Necesitamos ser benevolentes con nosotros mismos y con los que nos rodean. Esta benevolencia no significa tolerancia hacia la corrupción, la mediocridad, la farsa o la manipulación; significa ante todo atrevernos a pensar en positivo, ser generosos, pacientes y positivos con nosotros mismos; benevolencia como sinónimo de buena voluntad. Que no hable de continuo el juez que llevamos dentro. Tenemos que aprender a ver el mundo con benevolencia, no como si estuviésemos continuamente guerreando con lo que nos rodea. Necesitamos relacionarnos con los demás de forma benevolente para que poco a poco vuelva a surgir una comunidad comprensiva , generosa , y sin los recelos actuales. Necesitamos benevolencia para poder reírnos, alegrarnos, vivir y tener la capacidad de desmitificarnos y aportar un poco de humor a nuestra vida diaria.

    Delimitar, poner límites: Junto con la recuperación de la ética y la actitud benevolente, otra formulación para superar esta crisis y la situación en la que nos encontramos es la de poner límites a las cosas. La crisis se alimenta de una corriente de pensamiento que postula que no hay que poner límites a nada y por tanto que todo vale. Esta corriente deriva de ciertas acepciones y significados negativos del límite, como son la imposición, la separación, la frontera; mejor movámonos en la libertad, en la tolerancia, en el dejar hacer—dicen— que no hace sino esconder una debilidad intelectual y una falta de rigor en el pensamiento. El no poner límites hace que se confunda la desfachatez y la espontaneidad, la libertad de expresión y la imbecilidad, la elegancia y lo estrafalario. La crisis se alimenta de la confusión, de la falta de límites, de la inconsistencia y la falta de rigor en el pensamiento.

    Frente al todo vale, es necesario poner límites. Pero para conseguirlo necesitamos autorreflexión, rigor y exigencia intelectual (y en esto ya podemos empezar cada uno a cambiar, para que esta sociedad cambie y progrese ) y rigor y exigencia en el lenguaje. Es fundamental que quienes se postulan como líderes políticos, empresariales, religiosos etcétera, cuiden el lenguaje, la palabra (palabra de verdad ), el discurso… no tanto para una correcta construcción lingüística cuanto como expresión de un rigor intelectual , fruto de la reflexión y la profundidad. La crisis a todos los niveles se alimenta de la superficialidad y la banalidad de pensamiento. Poner límites, delimitar no es un ejercicio excluyente y rígido. El ejercicio de limitar es precisamente lo que favorece y posibilita el que nos situarse en el límite, como lugar de superación de contradicciones y de posturas irreconciliables. Uno de los valores que más se demandan en nuestra sociedad como motor de cambio es el de la flexibilidad: flexibilidad para renunciar a la historia, al pasado, a las huellas que nuestra experiencia nos ha dejado y la capacidad para aceptar lo nuevo y diferente, cambiar de perspectiva de expectativas. El límite, lo fronterizo es el punto que mejor compagina esta doble perspectiva. Porque lo fronterizo aúna razón, incomprensión ( misterio) e imaginación.

    Situarse en el límite, en el espacio fronterizo, es adoptar una actitud de flexibilidad y apertura, salirse de la zona de confort y vivir en la inseguridad. La inseguridad es la emoción que nos hace progresar. El límite es el espacio de la fusión entre dos ideologías, territorios, ideas o civilizaciones ;supone la elaboración y la superación de dos o más realidades en una nueva, diferente, distinta : fusión de estilos musicales, fusión de estilos pictóricos y arquitectónicos, fusión de pensamientos y actitudes ante la vida, el trabajo, la naturaleza…

    Finalmente, reproduciendo el título de una de las exposiciones del Thyssen, Miradas cruzadas: Acabado/Inacabado, la concepción de una sociedad inacabada, capaz de mejorar y transformarse, perfectible, en suma, es una perspectiva, una mirada que posibilita el esfuerzo y la superación. Pienso sinceramente que actuar y vivir como si esta sociedad fuese perfecta, acabada, repetible sucesivamente, aparte de imposible, es un gran error. Todo fluye, nadie puede bañarse dos veces en un mismo río. La sociedad es el espejo de la evolución y el deseo de superación de los ciudadanos . Repetir fórmulas es un ejercicio estéril e inútil: es lo que hacen los políticos y la mejor vía para no salir nunca de la crisis.

  2. Interesante cuestión la planteada hoy. También muy interesante el comentario de Rosa (como siempre).
    Sin embargo, deseo introducir un matiz, ya que todo lo expuesto con anterioridad se puede aceptar cuando de fondo existe una intención de hacer el bien o, al menos, de no hacer el mal. No obstante, en ocasiones, uno se encuentra con personas que obran mal, porque están acostumbradas de forma egoista a elegir el mal sobre el bien, que son dañinas en sus actos y comportamiento, que buscan aprovecharse de situaciones de debilidad de otros o de vacíos legales, que tratan a las personas como mercancías para el beneficio propio. ¿Cómo actuar entonces? ¿Cómo ejercer la autoridad de manera inequívoca para la defensa de los oprimidos? En fin, en todo, hay grados para la benevolencia y el perdón, pues ambos también dependen de la actitud del transgresor y su nivel de arrepentimieno cuando se es consciente del mal realizado. Quiero decir: ¿se puede ser benevolente con Hitler?¿se puede ser comprensivo con un pederasta y asesino de niños indefensos? ¿se puede vivir al lado de quien te torturó, violó o mató a tu hijo?…. Es muy distinto que alguien se comiera los pedazos de una tarta que había en la nevera sin preguntar, que te gritara en el trabajo por una situación de estrés o los casos anteriores. Siempre me planteo el dilema de cómo obrar en ciertas situaciones donde se ve claramente un mal. Finalmente, veo que Jesucristo, todo Amor, Benevolencia y Bondad, en ocasiones fue duro con sus apóstoles y seguidores. Fue duro con los mercaderes del templo y los fariseos. Y también es duro con nosotros, cuando nos increpa para que seamos serios. El nos pide que seamos como niños para entender las cosas, pero no justifica el comportamiento infantil. Nos pide valor para mostrarnos y seguirle, defender lo que es justo para todos las personas, nos pide coherencia y gallardía. Nos pide que seamos capaces de seguirle hasta donde el llegó….. En fin, ahí dejo este dilema o punto de vista, sobre el que continuamente busco algo de luz.
    Buen finde semana!

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