Piensa bien y acertarás

Benevolentes en los juicios

Para un cristiano no tiene cabida el consejo o refrán que dice «piensa mal y acertarás». Es una mala costumbre que –a pesar de la experiencia popular– se debe evitar: por justicia y respeto, pensar bien es el primer paso; el segundo es considerar que siempre nos faltará información suficiente; el tercero es alcanzar un juicio benevolente sobre el otro.

En bastantes ocasiones todos hemos padecido a causa de interpretaciones erróneas, inexactas, por parte de otros; y seguramente nos hemos sorprendido de que hayan podido llegar a conclusiones tan erradas sobre nuestras intenciones y nuestros actos. Existe un margen de error muy grande entre nuestras apreciaciones y la realidad, entre esta y los verdaderos motivos que mueven a las personas. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

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5 comentarios en “Piensa bien y acertarás

  1. La realidad no es única; existen tantas como personas la perciban. Y la forma en la que percibimos la realidad depende de nuestras emociones. Las situaciones por las que atravesamos en la vida generan múltiples pensamientos en nuestra mente. Estos pensamientos ocasionan emociones que pueden ser placenteras o desagradables. El tipo de emoción que experimentamos nos llevará a actuar de determinada forma, lo que provocará una nueva situación. Y vuelta a empezar.

    Es fácil ser conscientes de que no reaccionaremos de la misma forma ante la misma situación en función de cómo nos sintamos, es decir, de qué pensamientos nos ocupen en ese momento. Si antes de sentarte a la mesa durante una conversación con alguien, que percibe el mundo como una bolsa de basura, tus pensamientos no serán muy positivos y, como consecuencia, tampoco tus emociones. Los malos pensamientos se contagian (también los buenos).

    La calidad de vida viene determinada por las características de los pensamientos. Si pensamos que algo va a salir mal, probablemente saldrá fatal. Pero ¿qué hace que una emoción sea agradable? Según el proceso descrito, los antecedentes de las emociones son los pensamientos. La siguiente pregunta lógica sería: ¿puedo controlar mis pensamientos para que produzcan emociones positivas? La respuesta es «sí».

    Las preocupaciones sobre los hijos, las discusiones con la pareja, las exigencias del trabajo, los problemas económicos o incluso leer cualquier periódico que caiga en nuestras manos generan pensamientos negativos. Por otro lado, si nos detenemos un momento a analizar los miedos que más nos angustian, comprobaremos que las situaciones que los provocan tienen una probabilidad escasa de ocurrir. Y, sin embargo, las continuamos temiendo. ¿Cómo se convierten los pensamientos negativos en positivos? Con muchísima paciencia y el empleo de técnicas eficaces. El esquema mental que rige la manera prioritaria en la que pensamos se ha convertido en un hábito, en una actitud aprendida hacia los hechos que nos acontecen, por lo que costará modificarlo. Se trata de sustituir la mala costumbre mental de recurrir continuamente a una interpretación negativa de la realidad y dejar que el pensamiento crítico y el creativo comiencen a trabajar.

    Diferentes teorías psicológicas describen perfectamente el proceso de cambio: intenta ser consciente de lo que no te gusta de ti para acabar comportándote inconscientemente como deseabas. Es decir, averigua lo que quieres cambiar para convertir en un hábito automático tu conducta ideal.

    Relajación, visualización, concentración, parada de pensamiento, registro de conductas, fijación de metas realistas, refuerzo de conductas objetivo y extinción de comportamientos no deseados son estrategias psicológicas que ayudarán a modificar los hábitos que nos perjudican.
    Comer con racionalidad, hacer ejercicio con regularidad, dormir lo necesario, leer y oír música también ayudan a provocar pensamientos positivos. Estaremos más contentos con nosotros mismos.

    Pero si algo es capaz de transformar nuestros pensamientos, es disfrutar de nuestra familia y amigos. Pasad tiempo con vuestros hijos (enseñadles a pensar positivamente), con vuestra pareja, con vuestros amigos. Cuando lleguéis al trabajo, saludad a vuestros compañeros, preguntadles qué tal les van las cosas y… escuchadles. Cuando alguien te diga que la vida es una porquería, hazle ver lo verdaderamente importante y que lo malo se puede transformar. Y brinda con él; cambiará tu manera de verle.

    Y al final todo es tan simple de entender (y a veces tan complicado de conseguir) como que los pensamientos positivos son incompatibles con los negativos. En nuestra mente solo puede habitar uno de estos. Si somos capaces de generar pensamientos positivos, desaparecerán los negativos.
    Y sobre todo, seamos honestos, honrados, empáticos, humildes. Programemos nuestro cerebro para comportarnos de la forma que más admiramos en nuestros referentes.

    Valorar a los demás sin compararnos con ellos ayudará a que nos valoremos más a nosotros mismos.
    Sé que suena a sermón, pero funciona. También sé que algunos no son susceptibles de cambio, pero que no consigan ponerte de mal humor.

    Si educamos a nuestros niños y niñas en el manejo de las emociones, probablemente puedan mejorar el mundo.

  2. Estupenda reflexión y genial el comentario de Rosa. Creo que ambas cosas me serán muy útiles, pues es una cualidad que tengo que trabajar mucho todavía.
    Una costumbre muy recomendable puede ser rezar un Avemaría o un Padrenuestro, por aquella persona contra la que acabamos de sentir pensamientos negativos, por su comportamiento o actitud hacia nosotros. Aunque hayamos realizado un exabrupto o hayamos pensado muy mal, rápidamente hay que intentar rectificar y desechar ese comportamiento y cambiarlo por un deseo de bien hacia la otra persona. La calma suele sobrevenir y, al menos, se redirige un mal percibido hacia un deseo de bien. Poco a poco, se va instalando como costumbre y suaviza las respuestas de ira o de enfado incontrolado. A veces, alguien se ha saltado un semáforo o un paso de peatones perjudicándonos. Enseguida tendemos a gritar que eso no se hace y calificamos de mil maneras a quien ha realizado dicho acto, generándose un estrés y cúmulo de sentimientos negativos hacia esa persona. Sin embargo, si no juzgamos, y pensamos que a lo mejor no se ha dado cuenta de lo que ha hecho o, simplemente, lo ha hecho porque tenía una urgencia (madre o hijo enfermos, una llamada de socorro, se le ha pasado porque su mujer o su marido le ha abandonado esa mañana, su jefe le ha insultado, etc.) y rezamos para que se le solucionen sus problemas o se dé cuenta de lo que acaba de hacer no es lo correcto, transformamos de forma radical nuestros sentimientos. Desaparece ese estrés y acumulación de energía negativa y se transforma en positividad para ambos: perjudicante y perjudicado.
    Eso no quita, para que alguna vez, practiquemos la corrección fraternal,…., diciendo en bajito (muy bajito) y cariñosamente (muy cariñosamente) “¡pero qué burro!”,…, je, je.

    Buena semana a todos.

  3. Que buenos sois¡¡…
    Hace tiempo asistía ha una charla de un sacerdote,.el tema la pureza ,.-y estaba algo distraída …En eso el sacerdote levantó la voz y insinuó algo ,que ha mí me llamó la atención y me hizo levantar la mirada y mirarle con cara rara.._Entonces él al notar mi cara de extrañeza,esa que se pone,cuando entiendes más allá de lo que se oye .Me dijo esa famosa frase:”piensa mal,y acertarás “.Entonces me di cuenta que lo que yo,había pensado mal ,de su frase en esa charía,era precisamente lo que tenía que pensar ,….A veces es mejor pensar mal y luego cambiar

  4. Joaquín ,me alegro mucho de qué hayas vuelto .Se te echa en falta….igual podrías hacerle un afluente al Guadiana,para que se desviara más por aquí , piénsatelo.😃es bueno tener varios puntos de vista…

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