La «audacia de Dios»

Al crear seres con inteligencia y libertad, Dios eligió ser audaz. Se arriesgó más aún al enviar a su Hijo al mundo, que se hizo hombre y asumió un destino en esta tierra: «Jesús nunca se protegió, sino que aceptó todo lo que le venía de la voluntad de poder y la falta de escrúpulos de los hombres».

A lo largo de su existencia terrena el Señor aceptó los acontecimientos que se presentaban ante Él, fuesen más o menos gratos; expuso la verdad con claridad, y la envidia de los hombres se le vino encima. Su valentía y audacia no se manifestaron con aparato ni de forma deslumbrante, fluyeron día a día con sencillez:pasó haciendo el bien.

Jesús ha señalado con su actuar que vivir es un riesgo alto. Solo la audacia y la generosidad permiten al hombre conseguir el remate feliz de su paso por la tierra. [F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

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2 comentarios en “La «audacia de Dios»

  1. Una de las cosas que caracteriza a la amistad madura, es la familiaridad y la intimidad que hace que una relación sea sólida en lugar de temerosa. En una relación madura no hay lugar para una piedad miedosa o para la falsa reverencia. Más bien, con un amigo cercano somos atrevidos porque conocemos la mente del otro, confiamos plenamente en el otro, y tenemos un nivel de relación en la que no se tiene miedo de pedir las cosas, podemos mostrarnos tal y como somos, nos entregamos a la alegría y a la broma, y somos (como el rey David) capaces de interpretar responsablemente la mente del otro. Cuando estamos en una relación madura con alguien, nos sentimos cómodos y a gusto con esa persona.

    Esa es también una de las cualidades de una fe madura y una relación madura con Dios. Según San Juan de la Cruz, entre más profundo nos adentramos en una relación con Dios, y más madura se vuelve la fe, más audaces nos volveremos con Dios. Como el Rey David la piedad miedosa será reemplazada por una familiaridad saludable. Y esta no será del tipo de familiaridad que engendra desprecio; que toma al otro como una propiedad. Más bien será el tipo de conocimiento que se basa en la intimidad, el cual, sin dejar de ser respetuoso y sin convertir al otro en una propiedad, es más calmado y alegre que miedoso y piadoso en la presencia de ese otro.

    Sin embargo, si eso es cierto, entonces ¿qué debemos hacer con el hecho de que las Escrituras nos dicen que “el temor de Dios es el principio de la sabiduría” y el hecho de que la tradición religiosa siempre ha considerado que la piedad es una virtud? ¿El miedo y la piedad se oponen a la “Audacia” con Dios? ¿Estaba el rey David equivocado en su audaz interpretación de la voluntad de Dios?

    Hay un temor religioso que es saludable y hay una piedad que es saludable, sin embargo ninguno de estos se exhibe en una relación temerosa, legalista, escrupulosa, piadosa en exceso, o demasiado seria. El temor sano y una piedad religiosa sana se manifiestan en una relación sólida.

    No debemos dejarnos engañar por el temor y la piedad. El miedo fácilmente se enmascara como reverencia religiosa. La piedad puede pasar fácilmente como profundidad religiosa. Sin embargo la verdadera intimidad desenmascara a ambos. Una relación sana es sólida, audaz, y se caracteriza por la falta de miedo, por la tranquilidad, la alegría y el humor. Y eso es especialmente cierto en nuestra relación con Dios.

  2. Me parece que surge un símil; la sonrisa fácil y la amabilidad permanente, por supuesto cuando de la misma boca se profesan comentarios prejuiciosos sobre contemporáneos que no estan para escuchar y tampoco están para decir su verdad.

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