Es bueno, incluso muy bueno, el afecto a la «patria grande» y a la «patria chica»

Aprecio al propio país

Este vínculo, que es natural y social simultáneamente, reclama unos actos y un comportamiento propios y adecuados.

Como ciudadanos de un país, estamos ligados a él por las leyes, los vínculos históricos y los afectivos.

Formamos parte de esa multitud a la que se llama en ocasiones «los ciudadanos de a pie». Hemos nacido en una ciudad o en un pueblo y, salvo que nos hayamos marchado pronto de allí, guardamos recuerdos de los primeros pasos, del primer colegio, de los amigos de la infancia. Y estos recuerdos, más o menos gratos, imprimen afectos que perduran: «cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien. Quien ha crecido entre los montes, o quien de niño se sentaba junto al arroyo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio, cuando vuelve a esos lugares, se siente llamado a recuperar su propia identidad».

Con las vueltas de la vida cambiamos de lugar y, si se permanece en la misma ciudad, echamos raíces en ella, y así, sin ser este lugar la «patria chica», hace de algún modo sus veces, o la sustituye. Pero quedan siempre impresas en nuestra forma de ser aquellas circunstancias primeras, aunque sea imposible reconocer qué huella nos han dejado. El hecho de volver al pueblo despierta una multitud de sentimientos que es mezcla de recuerdos y de nostalgias. Seguir leyendo “Es bueno, incluso muy bueno, el afecto a la «patria grande» y a la «patria chica»”

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