«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)

a-winter-view-of-the-american-falls-and-goat-island-at-sunset-niagara-falls-new-york.jpg«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya». Séneca Epístolas, 66, 26

Existen en la naturaleza del hombre unos lazos que le unen con la tierra y el lugar. El carácter social de la persona imprime un vínculo con la patria donde se ha nacido y en la que se han adquirido una lengua, una historia y muchas tradiciones, una cultura, unas costumbres. Estos bienes y valores proporcionan una visión del mundo que, con las diferencias propias de cada uno, unen entre sí a los hombres y las mujeres de un mismo país.

«Patria quiere decir tierra de los padres. Nación expresa idea de nacimiento y, por tanto, de filiación, de descendencia». De esta manera, el término patria se relaciona más con la herencia que los padres dejan a los hijos mientras que nación pone más de relieve la participación de los herederos en esa herencia recibida.

También Jesús tuvo estos sentimientos hacia el pueblo de Israel, al que perteneció, y hacia Nazaret, su pueblo, donde había crecido y trabajado.

La tierra, para los israelitas, ocupó un lugar importante en su fe y en su esperanza. El exilio no hizo sino avivar el aprecio de los judíos a su patria, que tanto añoraban: a orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión. Era la tierra prometida por Dios.

Jesús amó a esta patria con todo el corazón. Al final de su vida aquí en la tierra, ante la vista de Jerusalén desde el monte de los Olivos, al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella: ¡si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Jesús amaba aquella ciudad a pesar de los pesares.

A través de los Evangelios podemos conocer cómo Jesús apreciaba de modo particular las tierras de Galilea. Se sentía allí como en casa, se identificaba con los modos de ser y de hablar de aquellas gentes, conocía muy bien los dichos propios de esta región, sus costumbres y tradiciones.

En sus parábolas se nota el gusto con que describe los detalles de la vida cotidiana, los pormenores y circunstancias de la vida familiar y del trabajo. El Señor amaba su «tierra chica», y durante los años de vida pública vuelve una y otra vez a esas tierras: en aquellos collados, en aquellas tranquilas orillas, Jesús conoció, sin duda, la dicha que se experimenta en la propia tierra y en las costumbres de siempre.

En cada uno de nosotros los vínculos con nuestra tierra y sus valores son reales. Por esto, la fidelidad a la patria es una gran virtud y el afecto a esa tierra es algo bueno, muy bueno. Santo Tomás la considera como un aspecto de la virtud de la piedad, afirma que patria y paternidad tienen la misma raíz. «La piedad se extiende a la patria en cuanto es en cierto modo principio de nuestra existencia». Y para concretar mejor el contenido de la virtud de la piedad afirma: «en sentido propio, el concepto de piedad se aplica a las relaciones con los padres naturales, los consanguíneos y la patria. En sentido amplio, se extiende también a los amigos personales, a los pueblos amigos y a todos los hombres de buena voluntad».

En ocasiones puede surgir el nacionalismo, un término que se refiere más bien a un patriotismo exaltado y, en cierto modo, agresivo, intolerante. Por el otro extremo aparecen la indiferencia, el desprecio, la deserción, la deslealtad hacia el propio país. (F. Carvajal, Pasó haciendo el bien)

13 comentarios sobre “«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)

  1. Muy interesante y actual tema!
    Estoy de acuerdo en que debemos amar nuestra tierra, costumbres, raíces, historia,… Todo ello, en realidad, condiciona, muchas veces, nuestra forma de ser y entender la vida. Sin embargo, en mi opinión, debemos ser muy conscientes de que nadie, a excepción de Jesucristo, Hijo de Dios, hemos decidido dónde nacer. Es más seguramente, muchos de nosotros, hemos nacido, de casualidad, en un lugar concreto, cuando los planes familiares, eran que naciéramos en tal o cual sitio. Se adelantó el parto, o se retrasó, o hubo un problema familiar que obligó a nuestra madre a desplazarse a otra ciudad o región y nacimos allí, etc. etc. O bien nuestros padres vivían en una región, pero las circunstancias económicas u otras, les hicieron emigrar. Y así uno es descendiente de las circunstancias, la aleatoriedad, la suerte o la desgracia. Por ello, hacer del lugar de origen un mérito propio, personal y relevante, es considerarse por encima de los demás. Cualquier lugar de la tierra poblado por personas es digno de la más alta consideración por todos nosotros y atribuirse rango y honor, por algo que es sólo un regalo de Dios, no tiene sentido.Dios nos quiso en un sitio concreto y en una época determinada, no para hacer de ello una excusa de lucha y prepotencia, sino para amar una tierra con la que acoger e integrar a cuantos transitaran a través de ella.
    Buen finde.

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  2. Las páginas de nuestra historia están llenas del heroísmo de los hombres y mujeres que dieron su vida por su Patria.
    Hoy seguimos viendo en los periódicos esos actos sublimes de quienes ofrecen su vida por darnos un mundo mejor, algunos arriesgándola en labores de rescate y salvamento, como los heroicos bomberos, otros luchando contra el crimen y, otros muchos, muchísimos, haciendo labores aparentemente humildes, pero importantísimas para aliviar el hambre de sus hermanos, como los campesinos; para sanar a los enfermos, como las enfermeras y médicos, o para enseñar al que no sabe, como los maestros.

    ¿Qué es la Patria? Más que un territorio, la Patria son nuestros seres queridos y las personas con las que vivimos y con las que compartimos una misma suerte.
    El amor a la Patria es un valor cívico que se aprende en familia, al que se le da crecimiento en la escuela y el que da fruto en la madurez cuando somos personas útiles a la sociedad.
    Es cierto que la simbolizamos en una sacrosanta bandera, en un himno que nos hace vibrar de emoción, en un escudo amado y en tantos signos que necesitamos para concretizar ese amor, pero el amor a la Patria va más allá que el culto reverente que damos a esos signos.

    La flor de lis es el signo de los scouts de todo el mundo. Es un lirio de tres hojas que representan esos tres valores en los que esos niños y jóvenes son formados: Dios, Patria y Familia. El que cultiva esos tres valores es un ser realizado y pleno, da sentido a su vida y es un factor de bienestar para los que lo rodean.
    No debemos identificar la Patria con el Estado que nos gobierna, ni con el sistema económico en que vivimos, esos pueden cambiar, pero el valor de Patria permanece.
    Ni siquiera podemos decir que la Patria la constituyen las circunstancias de raza, idioma, fe que se practica o cultura recibida de los mayores, porque en estos tiempos nuestra sociedad se ve enriquecida con aportaciones de las diferentes razas, religiones, lenguas y culturas de aquellos con los que nos toca vivir.
    Los que tenemos una misma Patria estamos unidos por nuestra historia que se sigue escribiendo día a día, por nuestra cultura que recibe las aportaciones de otras culturas y por el respeto y la tolerancia entre nosotros.
    Los niños aprenden a amar a su Patria si los padres de familia los enseñan a conocer y a amar a su país.
    En la oración familiar, no olvidemos pedir a Dios por nuestra Patria.

    Amamos a la Patria …

    • Si amamos y respetamos a nuestra familia.
    • Si nos unimos a nuestros vecinos para buscar el bien común.
    • Si colaboramos para hacer más digno nuestro barrio.
    • Si amamos nuestro pueblo o ciudad.
    • Si nos interesamos en todo nuestro país.
    • Si conocemos nuestra historia.
    • Si nos sentimos orgullosos de nuestra cultura y tratamos de conservarla y darla a conocer.
    • Si cumplimos con responsabilidad lo que nos toca hacer para el bien de los demás.
    • Si somos respetuosos de nuestros símbolos patrios.

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  3. Quería comentaros a todos que a mediados de este mes me marcho a un Centro nuevo, con nuevas personas y nuevas actividades. Haré todo lo posible por poder entrar en el blog, aunque no estoy muy segura de que pueda. Lo que sí estoy segura es que os recordaré a todos con el mismo cariño y respeto que os tengo. Mi gratitud especial es para D. Rafael. El me enseñó, animó y supo hacer de mi una pequeña bloguera. Recuerdo cuando empecé con tanta ilusión y equivocaciones que con gran delicadeza siempre rectificó, pero nunca omitió. Gracias a todos, un abrazo y saludos.

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    1. Suerte con el nuevo proyecto y mucho ánimo. Espero que encuentres el modo de seguir “blogueando”. Tus excelentes aportaciones siempre ayudan a seguir caminando. No me despido, porque estoy seguro de que, de alguna manera, seguiras participando y seguiremos disfrutando de tus textos. Un fuerte abrazo.

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  4. Rosa,..los cambios cuestan,pero te irá bien. En todos los sitios hoy en día hay ordenadores. Acuérdate de llevarte la contraseña para no perder los angelitos. .y si tienes novil ,desde cualquier sitio con Wi-fi también. Puedes,entrar,….Te Espero ,si no que hago yo aquí más sola que la una .¡¡aunque lo que más me importa es que con blog o sin blog estes bien.Un abrazo. “Odioooo las maletas “

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  5. Y que.hago yo sin ti??…no me.voy a.extender mucho. Ya he.escrito un comentario pero no.he puesto la.d.c y saldrá anónimo. Seguro que tienen ordenador . Y si no pues móvil ,mí ordenador lo tengo en el.armario como.es.portátil cuandlo voy a la.ciudad lo saco de.paseo. Pero donde.vivo tampoco tengo Wi-fi. Asique tiro de móvil y de ejercicio físico para buscar cobertura.Así he encontrado los.mejores sitios de.casa..

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    1. Pero qué es esto que leo, Rosa? Parece una despedida o qué? Llevaba un par de días sin entrar al blog y me encuentro con estos comentarios… Por favor, tu eres la esencia del blog, Rosa. Son tus aportaciones lo que da variedad y riqueza, junto con las demás, claro. Pero eres tu el alma del blog. Espero que estés de vuelta muy pronto. Dónde está ese nuevo centro? En Sevilla o en otra ciudad? Ya nos contarás. Muchas gracias por todo

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