Libertad interior

salvaheb9Existen numerosos obstáculos para ser libres por dentro, y la experiencia nos dice que tales barreras no son fáciles de conocer y reconocer para poder destruirlas.

Sin embargo, la libertad interior es una conquista necesaria a la que todo hombre aspira, en muchos casos sin saberlo, sin tener la conciencia clara de este deseo.

Contamos con testimonios de personas que, en las circunstancias más denigrantes, en ausencia absoluta de libertad material, han descubierto esa forma honda y plena de ser libres; la han alcanzado, precisamente, en esas circunstancias y, cuando más tarde han sido liberadas, declaran que, sin haber pasado por esas penalidades y haber sufrido la prisión o un secuestro, no habrían descubierto a Dios, jamás habrían logrado esa libertad honda y con ella la felicidad.

Pero, sin llegar a estas circunstancias extremas y graves, esta libertad solo se alcanza a través de la madurez; no propiamente con la madurez que traen los años, sino con la adquisición de un conjunto de virtudes y de actitudes que hacen a las personas fuertes, sinceras, humildes, profundas, serenas, realistas…

Viktor Frankl afirma la necesidad de descubrir el sentido de la propia existencia, esa meta por la que merece la pena vivir. No se trata solamente de un proyecto particular ni de un objetivo profesional. Es un proyecto que abarca también la vida de otras personas a las que se ama y se desea servir, vivir para ellas.

Es una meta definida que ordena todos los ámbitos de la existencia, señala objetivos, esculpe el carácter, permite avanzar sin prejuicios y libera de respetos humanos. Establece prioridades, hace intensos los días, convierte el tiempo en el recurso clave para entregarse a los demás y amarles más, para hacer de cada tarea un servicio.

La libertad interior requiere conocimiento propio, dominio de sí, madurez: disposiciones estables que permiten contemplar la vida como oportunidad de crecimiento constante. «Mil firmes ataduras se han roto, respiro liberada, me siento fuerte y miro con ojos brillantes a mi alrededor. Y ahora que no quiero poseer nada y que soy libre, es cuando lo poseo todo, ya que mi riqueza interior es infinita».

Es el testimonio de una joven judía, que murió en el campo de Auschwitz, y expresa muy bien el modo de esta libertad.

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4 comentarios en “Libertad interior

  1. Pienso que el deseo de libertad que hay en el corazón del hombre le impulsa a traspasar los límites dentro de los cuales se siente como encerrado. Queremos aumentar nuestro poder de transformar la realidad. Pero ese ansia de libertad no siempre encuentra el modo de realizarse. Hay ocasiones en que se presentan circunstancias externas objetivas que nos oprimen, y que queremos y debemos procurar cambiar, pero hay otras ocasiones en que nos engañamos y echamos la culpa a lo que nos rodea cuando el problema (y la solución) están dentro de nosotros. Es nuestro corazón quien está prisionero de sus egoísmos y sus miedos, el que debe cambiar, el que debe afrontar la dureza de la vida, el que debe conquistar su libertad interior y no consentirse huir de la realidad para refugiarse en la fantasía o en el victimismo.

    Una de las paradojas de la libertad interior es –en expresión de Jacques Philippe– que ser libre es también aceptar lo que no se ha elegido. El hombre manifiesta la grandeza de su libertad cuando transforma la realidad, pero también cuando sabe aceptar la realidad que día tras día le viene dada. Aceptar las limitaciones personales, la propia fragilidad, las situaciones y frustraciones que la vida nos impone, son modos de hacer crecer nuestra propia libertad interior, pues en ese ámbito personal podemos llegar a ser mucho más dueños de nuestras reacciones, y por tanto más libres.

    Cuanto más dependamos de sentirnos listos o poderosos o atractivos, como ese gran genio de la televisión, o como ese multimillonario de moda, o como la última top-model del momento, más difícil nos resultará esa necesaria aceptación distendida de nuestra realidad, que ha de ir unida a una firme determinación de mejorarla. La verdadera libertad interior tiene mucho que ver con superar las numerosas “creencias limitadoras” que puedan haberse instalado en nuestra mente (jamás saldré de esto, no valgo para aquello, siempre seré así, soy incapaz de hacer tal cosa…), que no son aceptación de nuestra limitación sino más bien fruto de nuestras heridas, de nuestros temores y de nuestra falta de confianza en nosotros mismos.

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