Momento de la canonización de Jacinta y Francisco

Aquí te dejo con otros vídeos del viaje del Papa A Portugal. Ya está de regreso:

 

 

Francisco, como un peregrino más, despide a la Virgen de Fátima agitando el pañuelo blanco

 

 

 

 

 

 

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7 comentarios en “Momento de la canonización de Jacinta y Francisco

  1. Texto de la homilía del Papa*:

    «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.

    Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ―a menudo propuesta e impuesta― sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos –por no decir de todos–, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

    Queridos peregrinos, tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad –nuestra humanidad– que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.

    Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

    En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

    En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

    Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.

    1. Espero que te ayude. Un abrazo Isabel.

      El Santo Rosario es tan poderoso que desarma a satanás. Cambia los corazones tibios en corazones ardientes por el Amor de Jesucristo.
      El poder del Santo Rosario es la oración mas poderosa después del Santa Eucaristía “La Santa Misa”. En todas las apariciones, La Santísima Virgen Maria pide el rezo del Santo Rosario porque a través de esta oración la Santísima Virgen nos acompaña a rezar a Dios Padre y estamos reviviendo la vida de Jesucristo Nuestro Señor. La Santísima Virgen dice: “El Santo Rosario es tan poderoso como una bomba nuclear; pero en construcción”.
      La Santísima Virgen Revelo a una devota, que cuando se reza el Santo Rosario con devoción, el cielo se abre y se derraman las gracias sobre las personas que lo están rezando. Esta le pregunto: qué pasa si durante el rezo hay una o más personas que no rezan con devoción, no se derraman las gracias igual? La Santísima Virgen le contesto:

      “Las personas que están rezando sin devoción es como si se pusieran un paraguas rechazando las gracias, mientras que aquellos que rezan con devoción las reciben con plenitud.”
      El Santo Rosario se debe rezar pausadamente, recemos con amor, recordemos que los Misterios son la descripción grafica de la vida de nuestro Señor Jesucristo.
      Durante el rezo del Padrenuestro estamos Santificando al Padre Celestial y proclamando su Reino. En las Ave Marías, estamos recordándole a Maria Santísima la Anunciación del Verbo Divino y Santificando a Jesús en su Vientre Virginal. Durante el “Santa Maria” le estamos hacienda una súplica. En el Gloria, estamos glorificando a la Santísima Trinidad.

      Recen con amor el Santo Rosario de preferencia en familia y verán como se cumplen las quince promesas que la Virgen hizo a Santo Domingo de Guzmán.
      Las 15 promesas que la virgen Santísima hizo a santo Domingo de Guzmán a favor de los devotos del Santo Rosario:
      1. El que me sirva constantemente, recitando mi Rosario, recibirá una gracia especial.
      2. A cuantos recen devotamente el Rosario, les prometo mi singular protección y grandes favores.
      3. El Rosario será un arma potentísima contra el infierno, destruirá los vicios, disipara el pecado y abatirá la herejía.
      4. El Rosario hará florecer la virtud y la santidad, atraerá sobre las almas copiosas misericordias de Dios, retraerá el corazón de los hombres del vano amor del mundo, para llevarlo al amor de Dios y encenderlo en el deseo de las cosas eternas. Oh cuantas almas se santificarán por esta devoción!
      5. El que a Mi se encomienda por medio del Rosario, no perecerá.
      6. Todo el que rece devotamente el Santo Rosario, con la consideración de los Sagrados misterios, no será oprimido de la desgracia sino que se convertirá si es pecador, se conservara en gracia si es justo y se hará digno de la vida eterna.
      7. Los verdaderos devotos de mi Rosario, no morirán sin sacramentos.
      8. Quiero que los que recen mi Rosario, tengan en vida y en la hora de la muerte la plenitud de las gracias, y sean admitidos a participar de los meritos de los bienaventurados del Paraíso.
      9. A los devotos de mi Rosario yo los librare del purgatorio el mismo día de su muerte.
      10. Los verdaderos hijos de mi Rosario gozaran gran gloria en el cielo.
      11. Todo lo que pidas por mi Rosario lo alcanzaras.
      12. Los que propagan mi Rosario serán socorridos por Mí en toda necesidad.
      13. He obtenido de mi Divino Hijo que los miembros de la Cofradía del Rosario puedan obtener por hermanos a toda la corte celestial, en vida y después de la muerte.
      14. Los que rezan mi Rosario son mis hijos y hermanos de Jesucristo, mi Hijo Unigénito.
      15. La devoción a mi Rosario es una señal de predestinación.

      Afirma, su Santidad Juan Pablo II sobre el Santo Rosario
      Su Santidad Juan Pablo II, en su Carta apostólica del 16 de Octubre del ano 2002, dijo sobre el Santo Rosario:

      “Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes. El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado Consuelo.”

      El Papa, S. Juan Pablo II el día de su 24 aniversario como Sumo Pontífice, 16 de Octubre, 2002, nos presenta su maravillosa carta apostólica sobre el rosario en la que agrega 5 misterios, llamados “luminosos”. Es la primera reforma al rosario desde que Santo Domingo lo introdujo. Hace hincapié sobre la actualidad e importancia de rezar el rosario.

      Los nuevos misterios luminosos de la vida pública de Jesucristo:
      1- Su bautismo en el Jordán, (cf. Mt 3, 17 par)
      2- Su autorevelación en las bodas de Caná, (cf. Jn 2, 1-12)
      3- Su Anuncio del Reino de Dios, invitando a la conversión, (cf. Lc9,35)
      4- Su Transfiguración, (cf. Mc 1, 15)
      5- Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual. (cf. Mc 2. 3-13; Lc 47-48)

      Todo el misterio de Cristo es luz. Él es «la luz del mundo» (Jn 8, 12). El Papa nos ofrece la meditación de la vida de Jesucristo para que con El brillemos en este mundo tan necesitado de Su luz. ¡Gracias Santo Padre! ¡Le llevamos en nuestras oraciones y en nuestro corazón!

      Además el Papa declaró un Año del Rosario: de Octubre

      2002 – Octubre 2003. Carta apostólica
      Carta Apóstolica sobre el Santo Rosario: Conclusión.
      María, el poder de su nombre

      Dulce Nombre de María. Ricardo de San Lorenzo dice: “que no hay ayuda más poderosa en ningún nombre, ni hay ningún otro nombre dado a los hombres, después, del de Jesús, desde el cual se brinde tanta salvación a los hombres como desde el nombre de María.”
      Continúa diciendo “que la invocación con devoción de este dulce y sagrado nombre conduce a la adquisición de gracias superabundantes en esta vida y un muy alto estado de gloria en la próxima.”
      Luego del muy sagrado nombre de Jesús, el nombre de María es tan rico en bondades, que no hay otra forma de que las almas devotas reciban tanta gracia, esperanza y ternura el la tierra y en el cielo.
      Por eso Ricardo de San Lorenzo “invita a los pecadores a servirse de este gran nombre,” porque esto sólo bastará para curarlos de todos los males y “no hay trastorno, por malo que sea, que no se someta inmediatamente al poder del nombre de María.
      El beato Raimundo Jordano dice: “que no importa lo endurecido y falto de confianza que pueda estar un corazón, el nombre de esta Bendita Virgen tiene tanta eficacia que con tan sólo pronunciarlo ese corazón de ablandará maravillosamente.” Además se sabe muy bien y lo experimentan dia a dia los seguidores de María, que su nombre poderoso tiene la fortaleza particular que se necesita para superar las tentaciones contra la pureza.

      En suma, “Tu nombre, oh Madre de Dios, está lleno de gracias y bendiciones divinas.” como dice San Metodio. Tanto es así que San Buenaventura declara, “que tu nombre, Oh María, no puede pronunciarse sin traer alguna gracia a aquel que lo hace con devoción.. . . permitenos, oh Señora, que a menudo podamos acordamos de nombrarte con amor y confianza; ya que esta práctica muestra la posesión de la gratia divina, o bien es una petición para que la recobremos pronto.
      Por otro lado, Tomas a Kempis afirma: “que los demonios temen a la Reina del cielo a tal punto que sólo con oír pronunciar su gran nombre, huyen de la persona que lo dice como si se tratara del fuego ardiente.”
      La misma Virgen Bendita reveló a Santa Brigida “que no hay pecador en la tierra, por más apartado que pueda estar del amor de Dios, del cual el demonio no esté inmediatamente obligado a huir, si se invoca su sagrado nombre con la determinación de arrepentirse.”
      En otra ocasión repititó lo mismo al santo, diciendo “que todos los demonios veneran y temen su nombre hasta tal punto que al oirlo inmediatamente arrojan las garras con las cuales sujetan al alma cautiva.” Nuestra Señora Bendita también le dijo a Santa Brigida “que del mismo modo que los ángeles rebeldes huyen de los pecadores que invocan el nombre de María, los ángeles buenos se aproximan a las almas justas que pronuncian su nombre con devoción.”

      Promesas
      Las promesas de ayuda que hizo Jesucristo son un verdadero consuelo para aquellos que tienen devoción por el nombre de María; porque un dia según lo oyó Santa Brigida, El prometió a Su santisma Madre que concederia tres gracias especiales a quienes invocaran ese nombre sagrado con confianza:

      Primera, que El les concedería la contrición perfecta por sus pecados.
      Segunda, que sus pecados serian expiados y tercero, que El les daría la fortaleza para alcanzar la perfección y a la larga, la gloria del paraiso.
      Tercera, y luego nuestro Divino Salvador agregó “porque tus palabras, Oh Madre Mia, son tan dulces y agradables para Mi, que no puedo negarte lo que me pides.”

      San Efren llega a decir “que el nombre de María es la llave de las puertas del cielo” en las manos de aquellos que la invocan con devoción.
      Y por eso no es casualidad que San Buenaventura diga “que María es la salvación de todos los que recurren a ella.”

      “¡Oh Dulcisimo Nombre! Oh María, quién serás Tú que tu nombre sólo es tan amable y lleno de gracia,” exclama el beato Enrique Suso.
      Déjanos por lo tanto, aprovechar siempre los hermosos consejos que nos da San Bernardo en estas palabras:
      “En los peligros, en las perplejidades, en los casos dudosos, piensa en María, recurre a María, no dejes que abandone tus labios; no dejes que se aparte de tu corazón.”

      Los Nombres de Jesús y María
      Cuando haya peligro de perder la gracia divina, debemos pensar en María invocar su nombre junto con el de Jesús; PORQUE ESOS DOS NOMBRES SIEMPRE VAN JUNTOS. Oh, entonces nunca permitamos que esos dos nombres tan dulces abandonen nuestro corazón o se alejen de nuestros labios, porque nos darán la fortaleza, no sólo para no dejarnos vencer, sino también para conquistar todas nuestras tentaciones.
      “La invocación de los nombres sagrados de Jesús y María,” dice Tomas a Kempis, “es una oración breve que es tan dulce para la mente como poderosa para proteger a aquellos que la usan contra los enemigos de su salvación, así como también es fácil de recordar.”

      La hora de la muerte
      Así vemos que el santísimo nombre de María es tan dulce para sus sequidores durante la vida, debido a las abundantes gracias que Ella les consigue. Pero será aún más dulce para ellos en la muerte debido al final tranquilo y santo que les asegurará.
      Permítenos entonces, que le roguemos a Dios nos conceda que en la muerte, el nombre de María sea la última palabra en nuestros labios.

      Esta fue la oración de San Germano; “Que el último movimiento de mi lengua sea para pronunciar el nombre de la Madre de Dios;” qué dulce, qué segura es aquella muerte que está acompañada y protegida por la pronunciación de este nombre; ya que Dios sólo concede la gracia de invocarlo a aquellos a quienes El está por salvar.

      El Padre Sertorio Caputo, de la compañia de Jesús, exhortó a todos aquellos a punto de morir a que pronuncien el nombre de María frecuentemente; porque este nombre de vida y esperanza, cuando se repite a la hora de la muerte es suficiente para hacer huir a los demonios y para confortar a dichas personas en su sufrimiento.

      Bendito sea el hombre que ama Tu nombre, María,” exclama San Buenaventura. “¡Si, verdaderamente bendito es aquel que ama tu dulce nombre, Oh Madre de Dios! Ya que” continúa diciendo, “tu nombre es tan glorioso y admirable que nadie que lo recuerda tiene temor alguno a la hora de la muerte.” Tal es su poder, que ninguno de aquellos que lo invocan a la hora de la muerte temen los ataques de sus enemigos.

      San Camilo de Lellis instó a los miembros de su comunidad a recordarles a aquellos que están por morir que pronuncien a menudo los santos nombres de Jesús y María. Según era su costumbre al asistir a personas que estaban en su última hora.

      Oh, que podamos terminar nuestras vidas como lo hizo el Padre Capuchino, Fulgencio de Ascoli, quien expiró cantando, “¡Oh María, Oh María, la más bella de las criaturas! Permitenos ir juntos.”

      Permitenos concluir con la tierna oración de San Buenaventura: “Te Pido a Ti, oh María, por la gloria de tu nombre, que vengas y Te reúnas con mi alma cuando se vaya de este mundo y la lleves en tus brazos.”

      Ave María
      El Ave María El saludo del Ángel a la Santísima Virgen
      Se trata de la bellísima salutación del Ave María, repetida centenares de veces por todos los devotos de la Virgen, sobre todo durante el rezo del Santo Rosario.
      Y sabemos que esta plegaria tiene dos partes.

      La primera parte:
      Está formada por las palabras del ángel de la anunciación: “Ave, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc. 1,28) , a los que se han agregado las que pronunció Santa Isabel al recibir la visita de su prima María: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (Lc. 1,42) . La Iglesia ha añadido el nombre de “María” al principio y el de “Jesús” al final.
      ¡Es un himno de sublime alabanza, absolutamente desinteresado, pues no se le pide nada a María!

      La segunda parte:
      Comenzó a aparecer en la Iglesia en el siglo XIV, pero su uso no se hizo universal hasta que San Pío V, al promulgar el Breviario Romano en 1568, mandó que se rezase:
      “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”
      Una alabanza y una súplica sentida y humilde.

      • Ave: ¡Dios té salve! ¡La paz sea contigo! Así saludaba Cristo a los suyos.
      Hoy correspondería en lenguaje cristiano a estas expresiones populares y devotas: “Dios le guarde, buenos días nos dé Dios, vaya con Dios, quede con Dios, adiós” Es tener presente a Dios en todo, estar bajo su mirada y providencia.

      • María: la más bella música que han podido formar cinco letras (Pemán). Es una palabra dulcísima, la más tierna y entrañable para un cristiano.
      María significa: “Señora”, “Belleza”, “Estrella del mar”, con todo lo que significa “Estrella”: guía, amparo, refugio, esperanza, consuelo, socorro. María es Estrella.
      Así como la Estrella guía al navegante al puerto, así María nos guía al cielo.
      Así como la estrella da aliento y esperanza, así María nos da fuerza.
      Así como la estrella en medio de la tempestad consuela, así María nos alegra en nuestras luchas.
      La Virgen es nuestra Estrella del mar, que disipa las nubes de los engaños y errores con que nos seduce el demonio.
      Por eso, el nombre de “María” debemos tenerlo frecuentemente en los labios y en el corazón.
      También María significa “Mar amargo”, por la inmensidad de sus penas en la pasión de Su Hijo, por la ingratitud de los pecadores, por la tristeza de su condenación.

      • Llena de gracias: significa abundancia, posesión, permanencia, estado. Llena de gracias en el alma, para obrar de gracia, es decir, de santidad, llena de gracia porque fue habitada por Dios.

      • El Señor es contigo: indica la presencia de Dios activa y eficaz para la misión encomendada. Esta presencia llena de gozo y alegría. Dios está con Ella. Está invadida de Dios.

      • Bendita tú entre las mujeres: por ser la Madre de Dios, escogida y preferida… por ser madre y virgen, única entre todas las mujeres… por ser concebida sin pecado original… por ser más santa que todas las mujeres santas del mundo. Por eso, sólo a ella le han levantado en toso el mundo altares, templos y ermitas.

      • Y bendito el fruto de tu vientre: es Jesús ese fruto. Es un fruto hermoso, sabroso, suculento, suave. Quien lo come quedará saciado. El fruto que nos ofreció Eva fue un fruto de muerte. María nos ofrece el fruto de la Salvación. La fragancia de este bendito fruto, viene exhalada en la Eucaristía.

      • Jesús: palabra que añadió la Iglesia al final de la 1° parte del Ave María Jesús significa la salvación de Jahvé.

      • Santa María, Madre de Dios: Así comienza la 2° parte. Santa, Santa porque cumplió fidelisimamente la voluntad de Dios en todo. Ser santos, para eso vinimos a la tierra. Y es Madre de Dios, no madre de un serafín o de un querubín. Madre del Soberano Dios.

      • Ruega por nosotros: que estamos desterrados en este valle de lágrimas… que somos pecadores… que estamos tentados.

      • Pecadores: somos pecadores, lo contrario que ella. Pecamos con los ojos, por inmodestia; con el oído, por oír conversaciones vanas: con la lengua, por hablar mal; con el paladar, por gula en los manjares; con la fantasía, por imaginaciones peligrosas; con el entendimiento, por pensar mal, con la memoria, por recuerdos nocivos; con el corazón por malos deseos.

      • Ahora: en este día, en esta hora en este momento de luz o de oscuridad, de paz o desasosiego, de tentación o de calma. Ahora, cuando camino, cuando me subo al autobús, cuando voy al trabajo, cuando salgo de vacaciones, cuando descanso.

      • Y en la hora de nuestra muerte: que no sabemos cómo será, si cuándo será, ni cómo nos sorprenderá. Es ese momentos el demonio nos traerá el recuerdo de nuestros pecados pasados, el rigor de la justicia divina y la memoria del desprecio de tantas gracias. En la hora de nuestra muerte, cuando el dolor de la enfermedad no nos permita acudir a ti, que tengamos a nuestro lado a un sacerdote que nos absuelva, que nos administre el Viático y nos dé la Unción de enfermos y nos recomiende el alma, y así demos el último suspiro pronunciando tu santo nombre y el de tu Hijo Jesús.

      Quien reza fervorosamente el avemaría tendrá la gracia de una santa muerte. No olvidemos al acostarnos las tres Avemarías, prenda segura de una buena muerte.

      • Amén: así es. Así lo creo.

      ¡Qué hermosa oración!
      María, ruega por nosotros.
      (Fuente catholic net)

  2. Gracia Rosa:pero por ese motivo. Porque el Rosario sea una arma tan poderosa.no se puede llegar a pensar que con rezar él Rosario con devoción y contemplación no se.necesite mi de la confesión mi de ir a misa.Que se convierta en un sustituto.Si tienes un arma que puede ser tan perfecta por que perdeté en medios que no lo son. ..¿Sabes de donde nace el Primer Rosario .?

  3. Sería un error llegar a pensar que el Rosario sea un sustituto o que haga que no se necesite de la confesión ni de ir a Misa. Son medios complementarios.

    El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 cuando se creó el salterio de los laicos. En esa época los monjes rezaban los 150 salmos, pero como la mayoría de los laicos no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Padres nuestros. Después se formaron otros tres salterios que incluían 150 Aves Marías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María.

    En el año 1365 se combinaron los cuatro salterios. Se dividieron las 150 Aves Marías en 15 decenas y se puso un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios. En el año 2002 el Papa San Juan Pablo II introdujo los misterios luminosos. Con ello, se cuentan actualmente 20 misterios en el Santo Rosario.

    La palabra Rosario significa “Corona de Rosas”. La Virgen María ha revelado a muchas personas que cada vez que rezan un Ave María le entregan una rosa y por cada Rosario completo le entregan una corona de rosas. Así como la rosa es la reina de las flores, el Rosario es la rosa de todas las devociones y, por lo tanto, es la más importante.

    El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque se meditan los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. Estos están distribuidos en los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos.

    El Rosario está compuesto por dos elementos: oración mental y oración verbal. La primera consiste en la meditación de los cuatro misterios. La oración verbal consiste en recitar las veinte decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María encabezadas por un Padre Nuestro.

    Es una oración simple, humilde como María y que podemos rezar con ella. Con el Ave María la invitamos a que rece por nosotros. Al unir su oración a la nuestra, esta se hace más poderosa porque la Virgen siempre recibe lo que ella pide.

    Por otro lado en cada una de sus apariciones, nos invita a rezar el Rosario como un arma poderosa en contra del maligno, para traernos la verdadera paz.

    La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y se lo entregó como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Además, le encomendó la tarea de propagar su devoción.

    Esta cobró fuerza en la cristiandad tras la Batalla de Lepanto en 1571. Los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta de la amenaza inminente. El Papa Pío V pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión musulmana se hizo certera.

    El 17 de septiembre de 1569 el Papa pidió que se rezase el Santo Rosario. Para salvar a la cristiandad se formó la Liga Santa, conformada por los Estados Papales, el Reino de España, la República de Venecia, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta.

    El 7 de octubre de 1571 la Liga Cristiana, comandada por Don Juan de Austria, se enfrentó a la flota musulmana en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. Antes del combate las tropas cristianas rezaron devotamente el Santo Rosario para vencer a un enemigo superior en número y buques de guerra.

    La batalla de Lepanto duró muchas horas pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos. Mientras el combate naval transcurría, en Roma el Papa Pío V rezaba el Rosario en su capilla. De repente el Papa salió y, por aparente inspiración, anunció con gran calma a todos los presentes que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos.

    Semanas más tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quien, desde un principio, atribuyó el triunfo de la Liga Cristiana a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario.

    Como agradecimiento a la Virgen María, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de “Auxilio de los Cristianos”. Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra actualmente el 7 de octubre.

    La Batalla de Lepanto no fue la única vez donde la devoción al rezo del Santo Rosario se manifestó con poder. Un siglo más tarde, los turcos sitiaron Viena, la capital de Austria. Las fuerzas del enemigo eran superiores y si conquistaban la ciudad Europa caía. Ante esta posible desgracia, el emperador rogó a Nuestra Señora del Rosario que los protegiera.

    Hubo una sangrienta batalla y cuando todo parecía perdido, llegó el rey de Polonia, Jan Sobieski, el 12 de septiembre de 1716, día de la fiesta del Santo Nombre de María, al mando de un ejército cristiano y derrotó a los turcos.

    También el 5 de agosto de 1716, el príncipe Eugenio de Saboya, comandante de los ejércitos cristianos, venció a los turcos. En aquel entonces ese día se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves.

    El Papa Clemente atribuyó la victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por la Iglesia universal.

    Fuente: Aciprensa
    Un abrazo Isabel.

    1. Muchas gracias Rosa…….Que curioso a Jesús se le conocen milagros en vida(siendo hombre)la virgen pasa desapercibida en vida .Y ahora hace más milagros que Jesús.

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