La amistad protege de la soledad

amor familiaLa soledad, en cierto modo, es parte de la condición humana y solo uno mismo puede sostener su existencia. Pero es difícil conducirse a uno mismo a través de las vicisitudes, no solo en medio de las cosas que ocurren, sino interiormente también, porque la fragilidad se nota por dentro, como el dolor, la incertidumbre, la espera.

Muchos hombres se encuentran con una soledad que parece irremediable. Quizá, han perdido la capacidad de escucha y de diálogo con Dios. Se encuentran peligrosamente solos y sin norte.

Probablemente, en ninguna época como en la nuestra se ha hablado tanto de soledad, de «muchedumbres solitarias», llamándose precisamente a nuestro tiempo la «era de las comunicaciones». Nos podemos comunicar con celeridad en cualquier parte del mundo con un gesto mínimo.

El mal terrible de la soledad solo se supera, en primer lugar, con la compañía de Aquel que nunca abandona y, como complemento, quizá inseparable y necesario, en la apertura generosa a los demás, que posibilita la amistad. Un viejo proverbio dice con gran sabiduría que «quien no tiene amigos solo vive a medias».

Esto es así porque la persona –cada uno, único en el mundo y para toda la eternidad– ha sido creada por Dios para cosas grandes y tiene sobre sí la tarea de llevarlas a cabo. Es más, el hombre está hecho para la donación de sí mismo, y cuando no se entrega, muere. Primero se empobrece y luego muere.

Sería formidable que pudiéramos llamar amigos a las personas con las que trabajamos o estudiamos, con las que convivimos, con aquellos que nos relacionamos más frecuentemente. Amigos, y no solo compañeros o colegas o vecinos. Esto significaría que nos hemos esforzado en las virtudes que fomentan y hacen posible la amistad.

Dentro de la propia familia la amistad tiene otra categoría con los hermanos, con los hijos, con los padres. La amistad resiste bien las diferencias de edades en este entorno íntimo.

La amistad protege de la soledad porque los amigos son los únicos que pueden entrar en esa esfera personal donde la vida pesa y donde duelen las cosas que nos ocurren. La comunicación que permite la amistad abre esa puerta, casi siempre cerrada, y deja pasar a los amigos al espacio interior donde existimos. Los amigos pueden entrar: les dejamos entrar. Necesitamos que entren para que rompan la soledad: esta soledad que es compatible con la atención a los demás, con nuestro interés por los otros y con las responsabilidades que hemos adoptado.

El gran Amigo que acompaña y comparte esta aventura de vivir es Jesucristo. Sin Él la adversidad nos hunde. Y los amigos verdaderos son otros buenos compañeros que ayudan a vivir la vida: «nadie resistiría estar sin amigos».

Cuentan de Alejandro Magno que, estando próximo a morir, sus parientes más cercanos le repetían insistentemente: «Alejandro, ¿dónde tienes tus tesoros?». «¿Mis tesoros? –respondió Alejandro–. En el bolsillo de mis amigos». Al final de nuestra vida también nuestros amigos deberían decir que les dimos a compartir siempre lo mejor que tuvimos.

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4 comentarios en “La amistad protege de la soledad

  1. Los lazos positivos y duraderos son clave para el bienestar general de los seres humanos. Estas relaciones sociales (por ejemplo, entre cónyuges, familiares y amigos) juegan un papel esencial en la sociedad humana ya que afectan a las funciones psicológicas, fisiológicas y de comportamiento. En particular, el apego estable parece tener un profundo impacto en el bienestar cognitivo, social, emocional y físico. Los vínculos sociales que proporcionan un sentido de pertenencia nos protegen contra los sentimientos de soledad, depresión e, incluso, la ansiedad.

    La amistad es un rasgo distintivo que impregna el paisaje social humano. Una canción del compositor uruguayo Jaime Roos grafica de modo sobresaliente este valor. Nos dice que todos, alguna vez, pasamos por la puerta de un bar donde unos “tipos” alrededor de una mesa discuten, se abrazan, recuerdan, sonríen. “Es simple juntarlos”, concluye la estrofa, “son viejos amigos.”

    Está demostrado que otras especies también desarrollan este tipo de vínculo, lo que sugiere que la amistad no es solo una “invención” humana sino que constituye un rasgo evolutivo. Estudios recientes evidencian que se involucran un conjunto compartido de circuitos y vías neurales en la formación y el mantenimiento de amistades en los seres humanos y en otros animales y, por otro lado, sugieren que la amistad trae aparejado un impacto beneficioso para la salud y ventajas reproductivas en mamíferos, lo que puede traducirse en beneficios adaptativos. Algunos investigadores sostienen que entender la amistad en nosotros y en otros animales lleva a conocer más plenamente lo que significa ser humanos.

    Las regiones neurales asociadas con el procesamiento de una amenaza fueron significativamente menos activas cuando los sujetos tenían la mano tomada a una persona cercana afectivamente

    En un estudio, investigadores analizaron cómo la presencia de seres queridos puede alterar la respuesta del cerebro a situaciones amenazantes. Encontraron que las regiones neurales asociadas con el procesamiento de una amenaza fueron significativamente menos activas cuando los sujetos tenían la mano tomada a una persona cercana afectivamente. Esta investigación indica que cuando nuestros seres queridos están cerca, somos menos propensos a activar estructuras cerebrales que regulan nuestra respuesta hormonal al estrés. Esto puede plantearse de manera más sencilla. Imaginemos a dos personas distintas que caminan por la vida y le hacen frente a los tipos habituales de pequeños factores de estrés, como por ejemplo ser despreciado por un compañero de trabajo, o a uno grande, como puede significar el despido laboral. Uno de los dos tiene pocos amigos, y la percepción es que debe hacer frente a estos factores de estrés por sí solo. El otro sabe que sus amigos “le cubren la espalda”. En cada amenaza, la persona sin amigos puede experimentar reacciones de estrés elevados en comparación a la persona con amigos.

    En otro estudio se investigó cómo nuestros cerebros responden cuando un amigo es amenazado por un extraño. Los cerebros de los participantes respondieron a las amenazas hacia ellos y a las amenazas a un amigo cercano de una manera muy similar. Estos datos sugieren algo revolucionario acerca de la amistad que evidencia una “confusión” entre uno mismo y un amigo en la forma en que el cerebro procesa la amenaza a ambos. Nuestra identidad incluye a las personas cercanas afectivamente.

    John Cacioppo, de la Universidad de Chicago, realizó una investigación en la que estudiaron la proporción de las interacciones con amigos en diferentes situaciones: cara a cara, en las redes sociales, en sitios de juegos o de citas. Cuanto mayor era el porcentaje de las interacciones “cara a cara”, esas personas manifestaban rasgos de menor soledad. Desde hace unos años, mucha gente utiliza las redes sociales para continuar en contacto con quienes ve cara a cara en forma seguida; pero algunos lo utilizan como un sustituto. Una analogía posible a esto es como cuando uno come patatas fritas. Si se tiene hambre, es mejor que nada; pero no sustituye a una nutrición suficiente.

    Sobrevivimos y prosperamos al unirnos para brindar protección y asistencia mutua

    Desde el comienzo de nuestra historia evolutiva como especie, sobrevivimos y prosperamos al unirnos para brindar protección y asistencia mutua. El carácter de solidaridad es inmanente a los seres humanos y se trata de una verdadera suma de genética, biología, ambiente y cultura.

    Cuando una persona se siente sola tiende a centrarse en su propio bienestar y en el instinto de conservación. Investigaciones sugieren que esto no es una decisión consciente. Más bien los estudios dan cuenta de que, cuando una persona se siente sola, su cerebro está sintonizado para detectar automáticamente mayor información social negativa que positiva. Por lo tanto, la persona aislada puede llegar a ser más hostil y defensiva al hablar con los otros y tener menos habilidades sociales. Se ha demostrado que los seres humanos que están socialmente aislados no solo poseen tasas más altas de depresión, sino que también se enferman más a menudo y viven menos tiempo.

    Muchas de las funciones del cerebro están involucradas en permitirnos tener interacciones humanas sanas. Una de esas funciones es la empatía. La empatía nos permite entender y responder a las experiencias emocionales de los demás. Estamos predeterminados a empatizar ya que, como dijimos, asociamos estrechamente a las personas cercanas con nosotros mismos. Cuando desarrollamos amistades, y contamos con gente en la que podemos confiar, nuestros recursos se expanden. Con “familiaridad”, otras personas se convierten en parte de nosotros mismos.

    En síntesis, pasar tiempo con los amigos causa una mayor actividad en los circuitos del cerebro que nos hacen sentir bien (los circuitos de recompensa). Aunque el entendimiento pleno de la contribución de las interacciones sociales humanas al cerebro es complejo y aún no se conoce completamente, se sabe que tener relaciones interpersonales valiosas, de larga duración y una vida social activa protege nuestro cerebro.

    Para finalizar no olvidarnos de nuestro Amigo Principal Jesús, que siempre está dispuesto a ayudarnos y nos da la paz que necesitamos y ¡que Alegría siente cuando le visitamos en el Altar de cualquier Iglesia¡.
    Yo, de pequeña-joven iba muchas veces a verle. Para mi era una verdadera necesidad y después hemos recordado esos encuentros de los que solo Él y yo sabemos….

  2. Si hay algo que no puedo evitar es oír hablar de amistad y familia ,alguna gente,se me revuelven las tripas.(me dan ganas de vomitar ).iva a escribir otra cosa ,pero iría en contra de lo que pienso y siento….”

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