Debe crecer el número de los amigos

Happy-Hispanic-family-outdoors-in-country-000041061728_Large-1024x683Probablemente no seré amigo del barrendero al que veo algún día fugazmente mientras recoge las hojas muertas y yo cruzo la calle. Sin embargo, puedo tratarle con amabilidad y cordialidad y desearle un buen día. Quizá no volveré a ver a la persona que en la calle me pregunta por una dirección, pero mi respuesta debe brotar de situarme en su lugar y ser afable. Si alguien llama por teléfono, interrumpiendo mi trabajo, para hacer una consulta, podría responderle con poca cordialidad; no obstante, puedo hacerme cargo de su situación, y contener mi malestar y ser amable. Y con aquel que se ha equivocado de teléfono y me llama, cuando en realidad quería hablar con el frutero de la esquina.

Esta familiaridad y cercanía con quien solicita mi atención sin conocerme, reconforta, saca de apuros; y si la persona recibe una buena respuesta –quizá acompañada también de una sonrisa y una mirada amigable–, agradece, piensa así que no está sola y que la vida no es tan cruel, y se alegra. Reconoce en esta voz, en este rostro que seguramente olvidará, la parte buena de la humanidad. Y, quizá, vuelve a confiar en la vida. Seguir leyendo “Debe crecer el número de los amigos”

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