El cansancio no es tristeza

Ya vimos que había que distinguir entre el dolor y la tristeza. Igualmente conviene no confundir el cansancio con la tristeza.

Un padre de familia acudió al médico para consultarle: «tengo una tristeza enorme, voy a caer en una depresión». Y añadió: «antes me alegraba volver a casa, jugar con mis hijos; ahora me irritan, no los soporto». El médico le conocía bien desde años atrás. Se quedó mirándole y amablemente le dijo: «Juan, tú no estás triste; estás cansado, agotado».

Como a veces los síntomas se parecen, nos equivocamos. Conviene no confundirlo, porque las causas y los remedios son distintos, y un mal diagnóstico puede ser desastroso.

El médico será quien mejor aconseje, más que un amigo, qué remedios pueden ponerse para ese cansancio que no es tristeza.

Un pequeño recetario para estar siempre alegres

  • Servir a los demás lleva a ser humildes y alegres.
  • Es frecuente que la tristeza provenga de una contrariedad mal asimilada, no ofrecida a Dios, no olvidada.
  • Es necesario no despreciar las pequeñas obras de caridad que podemos hacer cada día. Son muchas. Sabemos que esto parece una pequeñez, pero produce un gozo inmediato. No espera.
  • Otros motivos para estar alegres: «la satisfacción del trabajo bien realizado, la alegría del deber cumplido, el gozo de la pureza, el servicio y la colaboración, la alegría exigente del sacrificio».

(F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

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