Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.44.56 p.m..pngUna triple obligación… Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber. Primero, hacia Dios, porque existe y ha querido que existamos, nos ama con locura y nos ha concedido multitud de bienes y dones, la mayoría desconocidos para nosotros. También nos ha rodeado de una naturaleza magnífica de la que disfrutamos. Permanecer en la tristeza ante estos tesoros recibidos significa ingratitud, incluso desprecio: “guardaos de entristecer al Espíritu Santo de Dios, en el que habéis sido sellados para el día de la redención”. Dios ama nuestra alegría y no es amigo de las tristezas, por eso el reino de los cielos es la felicidad sin fin.

Nuestra familia, todos nuestros amigos, las personas con quienes trabajamos, incluso aquellos con quienes nos cruzamos por la calle, necesitan nuestra alegría. “Dios ama al que da con alegría”. Y cuando los otros se encuentran con nuestra tristeza les hacemos daño; además, tanto la alegría como la tristeza son contagiosas: ir con cara larga por la vida es, en cierto modo, una forma de agredir a las personas y a las cosas que encontramos por el camino; herimos sobre todo a nuestros seres queridos más débiles. ¿Tenemos derecho a ser sembradores de tristeza y de inquietud?

Y es un deber con nosotros mismos. La tristeza es un sendero tortuoso y sombrío. Afirma Tomás de Aquino que debilita nuestra capacidad de saber y conocer, suprime el uso de la razón, perjudica al cuerpo en sus funciones vitales. «Tener el espíritu consternado por el mal presente es contrario a la razón y, por tanto, incompatible con la virtud». La alegría es indispensable para un cristiano. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

Anuncios

8 comentarios en “Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber

  1. Yo como Isabel, hoy voy a ser crítico. Porque muchas veces uno siente o parece percibir que Dios le esquiva. O que es muy difícil aproximarse a Él, a pesar de la oración contínua, los sacrificios, la intención diaria,… Es decir, tengo claro que Dios es capaz de llenar y desbordar cualquier vacío con alegría y amor inmenso. Seguramente no podríamos afrontar la percepción del Amor infinito de Dios, porque al ser tan infinito, grande y poderoso, creo que moriríamos de tal dosis de Amor. Pero cuánto cuesta encontrarle y mantenerle de manera constante en nuestro corazón. Sé la respuesta, pues Él nos dijo con que nuestra fe fuera la de un grano de mostaza. Pero ¡córcholis! (exclamación en sentido de humor), cuántas veces parece que estamos jugando al escondite… Dios se escapa entre nuestros dedos como el agua cristalina de un manantial de montaña cuando pretendemos beber un buen trago y apenas conseguimos un sorbo y lamernos la palma de las manos,… Posiblemente, la culpa es mía, porque no sé hacerme un vaso para contener y guardar esa agua milagrosa o no sé administrar bien su santa y poderosa medicina. Y con esto recurriendo al tema médico: ¿será porque no cumplo bien con la receta? Oración tres veces al día, lectura del Evangelio, amar al prójimo como a uno mismo, ir a misa con frecuencia, confesarse con regularidad, ponerse en manos de un buen director espiritual,…. Habrá que seguir medicándose con perseverancia y la esperanza de que el tratamiento dé como resultado que inundados de su amor, no quede resquicio para la tristeza,…
    Buen día a todos!!

  2. En realidad, todas las alegrías auténticas, ya sean las pequeñas del día a día o las grandes de la vida, tienen su origen en Dios, aunque no lo parezca a primera vista, porque Dios es comunión de amor eterno, es alegría infinita que no se encierra en sí misma, sino que se difunde en aquellos que Él ama y que le aman. Dios nos ha creado a su imagen por amor y para derramar sobre nosotros su amor, para colmarnos de su presencia y su gracia. Dios quiere hacernos partícipes de su alegría, divina y eterna, haciendo que descubramos que el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina: yo soy amado, tengo un puesto en el mundo y en la historia, soy amado personalmente por Dios. Y si Dios me acepta, me ama y estoy seguro de ello, entonces sabré con claridad y certeza que es bueno que yo sea, que exista.

    Este amor infinito de Dios para con cada uno de nosotros se manifiesta de modo pleno en Jesucristo. En Él se encuentra la alegría que buscamos. En el Evangelio vemos cómo los hechos que marcan el inicio de la vida de Jesús se caracterizan por la alegría. Cuando el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será madre del Salvador, comienza con esta palabra: «¡Alégrate!» (Lc 1,28). En el nacimiento de Jesús, el Ángel del Señor dice a los pastores: «Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2,11). Y los Magos que buscaban al niño, «al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). El motivo de esta alegría es, por lo tanto, la cercanía de Dios, que se ha hecho uno de nosotros. Esto es lo que san Pablo quiso decir cuando escribía a los cristianos de Filipos: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca» (Flp 4,4-5). La primera causa de nuestra alegría es la cercanía del Señor, que me acoge y me ama.

    En efecto, el encuentro con Jesús produce siempre una gran alegría interior. Lo podemos ver en muchos episodios de los Evangelios. Recordemos la visita de Jesús a Zaqueo, un recaudador de impuestos deshonesto, un pecador público, a quien Jesús dice: «Es necesario que hoy me quede en tu casa». Y san Lucas dice que Zaqueo «lo recibió muy contento» (Lc 19,5-6). Es la alegría del encuentro con el Señor; es sentir el amor de Dios que puede transformar toda la existencia y traer la salvación. Zaqueo decide cambiar de vida y dar la mitad de sus bienes a los pobres.

    En la hora de la pasión de Jesús, este amor se manifiesta con toda su fuerza. Él, en los últimos momentos de su vida terrena, en la cena con sus amigos, dice: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud» (Jn 15,9.11). Jesús quiere introducir a sus discípulos y a cada uno de nosotros en la alegría plena, la que Él comparte con el Padre, para que el amor con que el Padre le ama esté en nosotros (cf. Jn 17,26). La alegría cristiana es abrirse a este amor de Dios y pertenecer a Él.

    Los Evangelios relatan que María Magdalena y otras mujeres fueron a visitar el sepulcro donde habían puesto a Jesús después de su muerte y recibieron de un Ángel una noticia desconcertante, la de su resurrección. Entonces, así escribe el Evangelista, abandonaron el sepulcro a toda prisa, «llenas de miedo y de alegría», y corrieron a anunciar la feliz noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y dijo: «Alegraos» (Mt 28,8-9). Es la alegría de la salvación que se les ofrece: Cristo es el viviente, es el que ha vencido el mal, el pecado y la muerte. Él está presente en medio de nosotros como el Resucitado, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,21). El mal no tiene la última palabra sobre nuestra vida, sino que la fe en Cristo Salvador nos dice que el amor de Dios es el que vence.

    Esta profunda alegría es fruto del Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios, capaces de vivir y gustar su bondad, de dirigirnos a Él con la expresión «Abba», Padre (cf. Rm 8,15). La alegría es signo de su presencia y su acción en nosotros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s