Hay placeres que llevan al hastío y a la tristeza

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Hay placeres que llevan al vacío… Satisfacen por el momento, son a veces incluso de larga duración; pero conducen al hastío y a la tristeza. Es así porque los humanos estamos hechos para fines más grandes, para afrontar retos, superar dificultades: cuando nos enfangamos en placeres insanos, se cierran esos horizontes y abren paso a la tristeza y el cansancio de vivir.

Existen placeres saludables en los que hallamos valiosos beneficios que ayudan a vivir. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

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Un comentario en “Hay placeres que llevan al hastío y a la tristeza

  1. La escritora y divulgadora Elsa Punset cuenta con gran experiencia en la aplicación de la inteligencia emocional.

    ¿Cómo podría haber entrenado mi cerebro para que esta entrevista quede bien?
    – Para que los lectores puedan descubrir aquí algunas ideas útiles para su vida diaria, basta con hacer preguntas pertinentes. Imagino que se refiere a eso con lo de ‘quedar bien’.

    – Intentaré hacerlo. Por ejemplo, ¿no es un término poco emocionante hablar de gestión emocional? Suena a máster de Empresariales.
    – Ciertamente, estamos más acostumbrados a gestionar lo físico que lo mental y emocional. Pero si ese concepto de gestión y control le desagrada, podemos reemplazarlo por un concepto que ya toleramos muy bien en lo físico, que es el ejercicio o el entrenamiento, es decir: entrenar las emociones.

    El cerebro está programado para sobrevivir, eso le importa más que tu felicidad
    Nos hemos sobreprotegido en lo físico y nos hemos abandonado en lo emocional

    – ¿Cómo podemos entrenar al cerebro para gestionar las emociones?
    – Exactamente igual que hemos aprendido a entrenar el cuerpo: con paciencia, constancia y prevención. Aceptamos desde hace unas pocas décadas -básicamente desde mediados del siglo XX- que necesitamos alimentarnos bien, ir al médico, hacer ejercicio, no agredir al cuerpo innecesariamente, dormir lo suficiente… Ahora toca aprender a hacer lo mismo con la mente.

    – ¿Para ello debemos recordar solo lo positivo? ¿Hay que olvidar los sucesos negativos de nuestro pasado negativo?
    – Sería muy poco prudente. Nos tocaría aprender una y otra vez lo negativo. Pero como sabemos que las emociones negativas se generan y se almacenan en la memoria de nuestro cerebro programado para sobrevivir con mucha más facilidad que las positivas, basta con corregir conscientemente este sesgo negativo entrenando el cerebro en positivo, es decir, generando, almacenando y disfrutando conscientemente de las emociones positivas, tan necesarias para la salud física y mental de las personas. Las emociones positivas no son buenistas.

    – ¿Estamos obligados a ser felices? – ¿Quién nos obliga?- ¿Quizá los demás?
    – Los humanos tendemos a imitarnos y a compararnos los unos a los otros, eso forma parte de nuestros mecanismos sociales de convivencia. Tendemos a querer tener los mismos estándares de felicidad que los demás y a veces lo difícil es atreverse a pensar por uno mismo, a tomar decisiones de vida diferentes a los demás, pero no hay obligación.

    – ¿Una vida sin sufrimientos es una vida aburrida?
    – No lo creo en absoluto. Para mí, una vida aburrida sería una vida sin sentido. Y puedo aceptar una parte de sufrimiento si eso forma parte de una vida con sentido. Pero desde luego, el sufrimiento es un daño colateral, no es lo que da sentido a la vida.

    – ¿No es triste vivir sin tristezas?
    – La tristeza responde a un sentimiento de pérdida. Solo pierdes lo que tiene valor para ti, que en última instancia es tu propia vida. Por eso no existe una vida sin pérdidas. Y por ello, es importante tener recursos para gestionar, encajar y dar sentido a estas pérdidas.
    – Las grandes penas pueden hacer que nos sintamos vivos. Quizá de vez en cuando no nos viene mal un disgusto.
    – Lo que dicen los estudios es que las personas que encuentran un sentido a sus experiencias negativas son las que muestran mayor capacidad de superarlas y de aprender algo de ellas.

    – A veces los sufrimientos del pasado nos hacen suspirar con nostalgia en el futuro e incluso nos hacen sonreír. ¿No le ocurre a usted eso?
    – No, pero lo que si me ocurre con frecuencia es preguntarme por qué le habré dado tanta importancia a alguna cosa en el pasado.

    – ¿Las grandes pasiones son una invención del cerebro?
    – El cerebro humano es poético y creativo. Por eso escribimos novelas y sinfonías, nos enamoramos y renunciamos a la vida por algo que nos parece más importante que nosotros mismos.

    – ¿Eliminar nuestras emociones negativas no supone eliminar una parte de nosotros?
    – Aunque lo intente, no podrá hacerlo. Solo podrá aprender a gestionar sus emociones, no a eliminarlas. Estamos hechos de emociones.

    – ¿Hay emociones prescindibles?
    – Las emociones no son un capricho de la naturaleza o un lujo biológico. Están en la base de cada pensamiento racional. Todas tienen un mensaje y nos ayudan a responder de forma inteligente y flexible al entorno.

    – ¿Hay emociones sin las cuales nos sería imposible vivir?
    – Sin miedo no sobreviviríamos. Por eso es omnipresente en nuestras vidas. Al cerebro humano, programado para sobrevivir, no le importa tanto tu bienestar como tu supervivencia.

    – Al final una emoción es una reacción en el cerebro, es química. ¿Podemos cambiar las leyes de la química?
    – ¿Quién viene primero, la gallina o el huevo? Una emoción no es solo una reacción química, sino que la provoca. Efecto y causa están muy interrelacionados aquí. Y claro que podemos cambiar la química, hace siglos que sabemos hacerlo, aunque aún no hemos aprendido a hacerlo de forma sutil y segura. De hecho, neurocientíficos como Richard Wiseman aseguran, con razón, que ningún fármaco cambia tanto el cerebro como el pensamiento.

    – ¿Después de tantos miles de años no hemos sido capaces de aprender a gestionar nuestras emociones? ¿Se nos resiste el cerebro?
    – Yo diría dos cosas: la primera, que hasta hace relativamente poco tiempo estábamos aprendiendo a sobrevivir en lo físico. Esa era nuestra asignatura pendiente. Nos hemos sobreprotegido en lo físico y nos hemos abandonado en lo emocional. Y también recordaría que hasta que la revolución tecnológica no nos ha proporcionado los medios para abrir la caja negra del cerebro, nos era imposible comprender qué pasa por dentro.

    – ¿El cerebro es peligroso?
    – Claro, tenemos un arma de doble filo. Somos luz y oscuridad, capaces de hacer mucho bien y mucho mal.

    – ¿Nos pone trampas para que no seamos felices?
    – Como comentábamos antes, al cerebro le importa más tu supervivencia que tu felicidad.

    -¿Tiene celos de nuestra felicidad?
    – No, el cerebro está en su estado óptimo cuando se halla relajado y siente bienestar. Sube el cociente intelectual, se potencia la creatividad y disfrutamos mostrando empatía y generando emociones positivas. Pero le cuesta confiar en su entorno lo suficiente para relajarse y disfrutar de forma sostenida.

    – ¿Nos apropiamos de los pensamientos del cerebro y los colocamos en lugares como el corazón, en el caso del amor, o el pecho, en el caso de la angustia?
    – Más bien parece que la inteligencia y las emociones se manifiestan y viven en el cuerpo entero, no solo en el cerebro. Es un ámbito de la medicina que se empieza a estudiar y que es apasionante.

    – ¿Hasta ahora el cerebro nos ha entrenado a nosotros?
    – Bueno, es una forma interesante y útil de expresarlo. Ciertamente conformamos nuestros grandes patrones de emociones en la niñez, de forma inconsciente, aprendiendo por imitación y por reacciones viscerales al entorno. En este sentido, es el cerebro el que nos controla, a menos que logremos descifrar sus reacciones y transformarlas. La llave de libertad de las personas está en comprender para transformar.

    – ¿Existe un componente cultural en las emociones o son universales?
    – Las emociones son el único lenguaje universal que tenemos los humanos. Es curioso, porque se empieza a hablar de los emoticonos como de un lenguaje. Y lo veo muy acertado: es reconocerle a las emociones el papel fundamental que tienen en nuestras vidas. Por eso es tan importante que sepamos comprenderlas y entrenarlas. No tenemos otra forma de convivir y comunicarnos.

    – ¿Por qué nos da vergüenza mostrar en público algunas emociones?
    – Las emociones nos hacen vulnerables, y eso, al cerebro programado para sobrevivir, le da miedo. Por eso durante siglos las hemos reprimido.

    – ¿Cómo puedo entrenar a mi cerebro para no caer en la tristeza si cuando publique esta entrevista me queda mal?
    – Decía Samuel Beckett: ‘Fracasa, fracasa de nuevo, fracasa mejor’.

    – Lo intentaré.

    Me ha parecido una buena entrevista y que puede ayudarnos. Espero que así sea.

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