Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.18.40 p.m..pngHay tristezas que son, sencillamente, absurdas…. Las que proceden de la vanidad, del orgullo, no tienen fundamento real. Por estos senderos crecen malas hierbas, enredos virtuales que nada tienen que ver con la verdad.

Porque la vanidad, el amor propio y el orgullo crean fantasías acerca de uno mismo y de los demás. Quien se cree mejor que nadie se equivoca, y esto a pesar de que es bueno pensar bien de nosotros mismos, reconocer que hacemos bien muchas cosas, que somos muy valiosos para esto o para aquello, porque esto no es vanidad. El error empieza con las comparaciones y con los juicios peyorativos sobre los demás.

Al orgulloso le resulta difícil la gratitud e ignora favores que son evidentes; por eso no puede alegrarse de tantos bienes recibidos.

Desde estas actitudes, la tristeza sobreviene cuando consideramos que los otros no nos valoran, no nos halagan, no reconocen nuestra excelencia, no se dan cuenta de lo mucho que valemos, de lo mucho que trabajamos… Porque es muy fácil que la vanidad degenere en susceptibilidad. Las personas susceptibles, si no cambian, pueden volverse muy desgraciadas y rencorosas y permanecer eternamente carcomidas por hechos que no son como ellas los piensan. Un matrimonio fue invitado a comer en casa de unos amigos. Después del primer plato, comentó el marido: «¡qué buena estaba la paella!». Y su mujer le reprochó: «¿qué pasa?, ¿la que yo te pongo en casa no está buena?». La tristeza que deriva de la susceptibilidad tiene mal arreglo: a veces es suficiente con cambiar una rueda, pero otras es necesario cambiar de coche. Demasiado rencor contenido necesita ser reparado. Demasiado desajuste en el corazón se pone de manifiesto ante cosas menores que son irrelevantes. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

Anuncios

6 comentarios en “Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas

  1. Según los expertos en psiquiatría y psicología, el cerebro se encuentra más preparado para enfrentarse a esta emoción que a cualquier otra. Si nos damos cuenta es precisamente un rostro entristrecido el que más empatía provoca, lo reconocemos de inmediato y tendemos de algún modo a apoyar a esas personas que atraviesan dicha sensación.

    La tristeza se entiende y dispone de un lenguaje propio. Además, las lágrimas actúan también como un mecanismo de defensa y desahogo, es un modo de liberar la tensión que esa emoción en particular provoca en nuestro cerebro.

    Factores que lo determinan:
    -La tristeza afecta al cerebro: el organismo y el cerebro requieren más oxígeno y más glucosa durante estos procesos emocionales, se siente estresado y colapsado de sensaciones y emociones, de ahí que necesite más “combustible” para poder funcionar… un estado que a nosotros, dado ese gasto energético, nos provoca más cansancio. La tristeza agota, y cuando estamos muy cansados ni siquiera podemos dejar caer las lágrimas. Nadie puede llorar durante un día entero, es un acto que puede realizarse en pequeños episodios, pero no de modo continuado.

    -Pérdida de gusto por lo dulce. Es un hecho curioso, pero cuando atravesamos estos procesos de tristeza el cerebro deja de recibir en la misma intensidad la sensación del dulce, disminuye el número de receptores en la lengua y las personas no captamos del todo el sabor, de ahí que solamos comer más, qué busquemos más cosas dulces porque no acabamos de encontrar el mismo placer que antes.

    -Bajo nivel de serotonina. Cuando vivimos estos periodos de marcada tristeza, el cerebro deja de producir serotonina a un nivel que se considera adecuado, y un déficit en este neurotransmisor supone que puedan aparecer a medio o largo plazo las temidas depresiones, las obsesiones compulsivas e incluso pequeños ataques violentos. El cerebro es una máquina compleja que, ante situaciones de estrés, ansiedad, miedos…etc, altera su producción de neurotransmisores, y esto siempre afecta a nuestra conducta.

    La tristeza nos permite poder aprender de lo que hemos vivido, y ese es el principal valor.

    El cerebro es un órgano magnifico que a largo plazo es capaz de autorregularse por sí solo, dispone además de varios mecanismos de defensa mediante los cuales nos protege, guardando en nuestra memoria recuerdos mediante los que podemos aprender, situaciones a las que nos podemos anclar para ayudarnos a salir de las mareas de la tristeza.

    El poder llorar y saber buscar apoyo en nuestro exterior, son sin duda unos medios adecuados para superar estos estados tan comunes en la vida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s