Entre dos bandos

No sé, serán cosas mías, pero siempre acabo fijándome en la diferencia. Cada evangelista aporta, en el relato de la Pasión, pequeños detalles que no figuran en los demás relatos… Y, ante mis ojos, son esos pequeños detalles los que dan vida a la narración y me sitúan en Jerusalén con tal realismo, que no sé si estoy más allí a aquí, o si estoy allí viviendo aquí.

Durante la Pasión, el mundo se dividió en dos bandos, y aún anda dividido: de un lado, los verdugos, y, del otro, la Víctima. Escuchamos este año a San Mateo mientras sostenemos ramos de olivo en las manos. Toda una paradoja: los ramos nos sitúan en el bando de Jesús, porque muestran nuestro deseo de honrarlo. Pero, en cuanto la narración comienza, nuestros pecados nos llevan al otro bando: fueron ellos los que clavaron a Cristo al Madero.

“-«Amigo, ¿a qué vienes?»”… Judas ha saludado a Jesús con un beso mientras le clavaba en el alma un puñal… Lo ha besado de noche, para no ver sus ojos, porque también él, como nosotros, estaba entre dos bandos: el beso y el puñal, los ramos y las culpas… La respuesta de Jesús es también para mí: Amigo… “Yo no te engaño. No retiraré la cara cuando me beses, ni tampoco la retiraré cuando me escupas. Y, ya me beses o ya me escupas, te seguiré llamando «amigo»”.

“¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”… ¡Terrible grito! A eso hemos venido también nosotros: y mientras crucificamos al Señor, recibimos su Sangre redentora y quedamos limpios. Es sobrecogedor… Hoy te concede el Señor un plazo, y dentro de cinco días asistirás a su muerte. ¿Estarás ya, de cuerpo entero, en bando de Jesús, como María? (Fuente: Fernando Rey Ballesteros)

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7 comentarios en “Entre dos bandos

  1. Jesús siempre aparece en las escenas “dentro”, en las que hay un ambiente de diálogo y de serenidad. En las escenas “fuera”, en cambio, están los judíos. Y la atmósfera predominante es de odio, rechazo y confusión. Pilato sale y entra. Pasa de un ambiente a otro. Cambia una y otra vez de posición. Es él el que verdaderamente está siendo juzgado. Jesús se mantiene soberano y libre, dominando en todo momento la situación. Lo que está en juego en toda la sección no es lo que ocurrirá con Jesús sino cómo acabará ese Pilato vacilante y cobarde, que si en algún momento “trataba de librarle” (19,12), se dejaba manipular ante los gritos de la turba que amenazaba con acusarlo de no ser amigo del César (19,12). Es Pilato el que tiene miedo (19,8). Jesús aparece dueño del drama. Sereno y soberano. Aunque Pilato piense que él, el procurador romano, tiene poder sobre Jesús, Jesús le advierte que su autoridad sobre él es recibida y relativa: “No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba” (19,11). Jesús es el que tiene el poder. Como todo un rey. Con razón hablará de su reino.

    “Mi reino no es de este mundo”, (en griego: e basileia e eme, ouk estin ek tou kosmou toutou: 19,36; cf. Jn 3,3.5). La expresión “no es de este mundo” no indica lugar donde se realiza ese reino, como si el reino de Jesús no tuviera que ver nada con la historia humana. Indica más bien proveniencia (eso indica la partícula griega ek), cualidad. Es decir, el reino de Jesús no surge del mundo, no tiene su fundamento en las estructuras tenebrosas de pecado de este mundo. No es como los reinos de la historia. Su reino se basa en “la verdad” (19,37) (aletheia que en Juan indica siempre la palabra reveladora de Jesús). Para entrar en su reino hay que aceptar su Palabra. “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (18,37). Jesús, como Rey, no sufre las humillaciones y burlas que narran los otros evangelistas. Sólo habla de azotes (19,1) y bofetadas (19,3). En cambio, aparece la coronación de espinas y la colocación del manto, como a un rey auténtico (19,1-3). De hecho así es saludado por los soldados: “Salve, rey de los judíos” (19,3). Pilato presenta a Jesús a la turba como “el Hombre” (19,5). Probablemente el título refleje un antiguo título cristológico, como el de “Hijo del hombre”, pero en el drama joánico tiene la función de ofrecer al lector del evangelio en el rechazo de Jesús un ejemplo de acto “inhumano”. El poder romano comete un acto inhumano por excelencia y los judíos, al preferir al Cesar (19,15), se cierran a toda esperanza mesiánica. Ambos son juzgados.

    La crucifixión en el evangelio de Juan es narrada a través de una serie de escenas cortas, algunas de ellas similares a la de los otros evangelistas, pero conteniendo una teología muy peculiar. En primer lugar, no aparece Simón de Cirene. Es Jesús mismo quien carga con la cruz (19,17). “Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente” (10,18). Los cuatro evangelios mencionan el letrero sobre la cruz, pero en Juan es más que un simple letrero. Es una solemne proclamación. Pilato había presentado a Jesús a su pueblo como rey (19,14) y había sido rechazado (19,16). Ahora, en las tres lenguas del imperio, hebreo, latín y griego (19,20), Pilato reafirma la realeza de Jesús y lo hace con toda la precisión legal de la normativa del imperio romano: “Lo que he escrito, lo he escrito” (19,22). A pesar del rechazo de los jefes religiosos de Israel, un representante del más grande poder sobre la tierra, ha reconocido que Jesús es rey.

    Los otros evangelios hablan implícitamente del reparto de los vestidos de Jesús a partir del salmo 22,19. Juan lo hace citando explícitamente el salmo y anota una peculiaridad: la túnica era sin costura (19,23). Algunos han visto una alusión a la túnica sin costuras del Sumo Sacerdote, según la describe Flavio Josefo. Otros, y quizás sea esta la interpretación más acorde con la teología de Juan, han visto en ella un símbolo de unidad. Ya en el Antiguo Testamento el partir los vestidos simbolizaba división, como en 1Re 11,29-31 queda simbolizada la división de la monarquía. En Juan, la túnica sin costuras, simboliza al pueblo de Dios que en torno a Jesús está sin división alguna. De hecho, Juan había señalado antes de la crucifixión que “se originó una disensión entre la gente a causa de él” (7,43; cf. 9,16; 10,19) y nos da una clave interpretativa de su muerte: “Jesús iba a morir por la nación -y no sólo por la nación-, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. La túnica sin costuras es, pues, símbolo del Pueblo Nuevo congregado en torno a la cruz de Jesús. Y esto que aquí queda expresado simbólicamente, a continuación aparece encarnado en algunas personas concretas, pero que juegan también una función simbólica especial.

    Junto a la cruz de Jesús aparece congregada simbólicamente la Iglesia (19,25-27) sobre todo en la persona de “su Madre” y en “el discípulo a quien amaba”. Son personas reales, pero que interesan al evangelista principalmente no en su identidad histórica, sino como “personalidades corporativas”, a nivel simbólico. Su Madre es figura de Sión, lo mejor del pueblo de Dios (cf. Is 66,8-9 donde Sión-Jerusalén aparece engendrando a sus hijos). Y el discípulo es figura del creyente, “el discípulo a quien Jesús ama”. Al pie de la cruz nace la nueva familia de Jesús, “su Madre y sus hermanos” (cf. Mc 3,31-35), “aquellos que hacen la voluntad del Padre”. El discípulo acoge a la Madre de Jesús como algo suyo. “Desde aquella hora, el discípulo la acogió entre sus pertenencias” (literalmente en griego: en ta ídia, que es más que “en su casa”). La Madre del Señor pasa a ser parte del tesoro más preciado del discípulo creyente. Así, al pie de la cruz, asistimos al nacimiento de la Iglesia en Juan.

    La sepultura de Jesús es narrada también por los otros evangelistas pero en Juan, una vez más, lleva otros acentos con el fin de acentuar la soberanidad de Jesús. No es sólo el tradicional José de Arimatea el que aparece en escena sino un personaje propio del cuarto evangelio, Nicodemo, que había ido donde Jesús “de noche” (3,1-10). Nicodemo va ahora donde Jesús, abiertamente (19,39). Se cumplen de nuevo las palabras de Jesús: “Cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (12,32). Cristo glorificado es la meta de todo hombre sobre la tierra. Por otra parte, el cuerpo de Jesús, el nuevo y eterno santuario destruido por los hombres y levantado por Dios (2,19-22), en donde los hombres encontrarán la comunión plena y podrán adorar a Dios “en Espíritu y Verdad” (4,24), es venerado como tal. Es el cuerpo de un rey, santuario lleno de gloria. Por eso es “envuelto en vendas con aromas” (19,40) y con una cantidad inmensa de mirra y áloe (19,39). Su sepulcro no es cualquiera, “es un sepulcro nuevo” (19,41), acorde con la novedad absoluta de su gloria.

    De principio a fin la pasión de Jesús en el cuarto evangelio es la narración de una victoria. “Yo he vencido al mundo” (16,33). La realeza de Jesús ha quedado de manifiesto. “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron” (1,4). Cada creyente, cada comunidad, unida a Jesús, Verdad, Luz y Vida, vence al mundo. “A todos los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su Nombre” (1,12).
    (Basado en el evangelio de San Juan)

  2. Le escribí a Isabel:
    rosa garcia dice:
    Sábado, 8 abril, 2017 en 9:46 am
    Te echo de menos Isabel, ¿te pasa algo? ¿te encuentras bien?
    Dime algo. Estoy preocupada. Un abrazo.

    No he obtenido respuesta y me extraña su silencio.

    Isabel reitero mi preocupación, por favor, sigo interesada y también D. Rafael lo está. Un abrazo.

  3. Hola a todos siento que os hayáis preocupado.Estoy bien ,….Es que DRafael da Fuerte con las entradas .Asique volveré cuando pasé semana Santa….mientras estaré como judas buscando cambio de 50euros en monedas. Las puntas las tengo,el martillo también…….Así. El que escribe La entrada puede dar lo duro que quiera con toda la libertad de su blog….

      1. No se preocupe :a mi no me gusta verme cono judas ..Pero puede ser…No hace falta que cambie,nada es su blog. Estaré fuera una temporada …..gracias por todo

  4. Gracias por dar señales de vida. Creía que podías estar enferma. D. Rafael es muy comprensivo, y también habla muy claro y lo hace por nuestro bien. Para que avancemos en nuestra vida.
    Aunque no comentes, lee las entradas, así nos sentiremos mas cerca. Saludos.

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