La moral es, en definitiva, saber dar a cada realidad el trato que merece.

Rothenfluh, Schwyz - SwitzerlandTodas las cosas que nos rodean nos imponen deberes. La moral es, en definitiva, saber dar a cada cosa el trato que merece. Ahora estudiaremos los deberes que tenemos respecto a las distintas cosas que nos rodean. Podemos situar los distintos seres que nos rodean en tres planos: Dios; los hombres, incluyendo en este punto la sociedad y su cultura; y la naturaleza en su conjunto. Cada una de estas realidades externas nos impone deberes. Vamos a procurar definirlos sirviéndonos de las fórmulas en que la moral cristiana ha sabido condensarlos. Los enunciaremos brevemente, porque dedicaremos después un capítulo a cada uno de ellos.

Dios

A) El primer ser es Dios; y es un ser muy especial; es lógico que nuestros deberes hacia Él sean también muy especiales. Es lógico que si existe Dios –y los cristianos creemos que existe–, ocupe el primer lugar en nuestra vida. Esto está perfectamente expresado en el primero de los Diez Mandamientos: «Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas».

  • Hay que llamar la atención sobre esta fórmula tan simple y tan rotunda. Repite por tres veces la palabra todo. Es lógico. Si Dios es Dios, el Ser Supremo, requiere una atención absoluta: si Dios existe, sólo se le puede amar coherentemente, si se le quiere con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda la mente. Es el único modo de tratar a Dios como merece.
  • El orden de los amores exige poner a Dios por encima de todo. A un no creyente le puede parecer una dependencia excesiva. Pero sería no entender bien la cuestión: si Dios existe –y existe– esa dependencia no puede ser excesiva, ni arbitraria, ni esclavizante. Sería excesivo depender de otro hombre o de otra realidad así, pero de Dios no. Al contrario, depender así de Dios es depender del mejor de los seres, del más perfecto, del más comprensivo, del más amable, del más digno: del único del que vale la pena y es necesario depender absolutamente.

El hombre no puede dejar de depender de algo, porque es un ser limitado, débil y mortal, pero con una sed insaciable de plenitud y de absoluto. Cuando no depende de Dios busca sucedáneos. Lo triste sería depender de algo que no sea Dios como si fuera Dios. A esto se le llama idolatría.

  • Es idolatría (adorar a un ídolo, a un sucedáneo de Dios) adquirir respecto de otra cosa la dependencia que sólo Dios merece. Fuera de Dios, nada debe ser amado absolutamente, porque nada hay que sea absoluto: es una idolatría amarse a sí mismo hasta quedar completamente sometido a los propios gustos o a la propia ambición; es una idolatría estar sometido al dinero, a la ambición, al sexo, a la droga, o a cualquier otra cosa. Nada sobre la tierra merece una devoción absoluta, ni ningún tirano puede pretenderla.
  • Sólo Dios puede ser amado con un amor total. Puede parecer que ya no quedan lugar ni fuerzas para otros amores; pero no es así. Los cristianos creemos que el mundo ha salido de las manos de Dios. Todo lo que en él hay de bueno, Dios lo quiere. Y si Dios lo quiere, también nosotros lo hemos de querer. Así al querer las cosas en la medida en que son buenas, en la medida en que lo merecen, queremos también a Dios, que es el creador de las cosas. Y si queremos a Dios, nos vemos obligados a querer también todas las cosas, en la medida en que son buenas. Y no hay en esto contradicción ninguna. Al contrario, ése es precisamente el orden de la realidad.

Querer bien las cosas es quererlas según el orden que tienen, que es el orden querido por Dios. Si quisiéramos las cosas fuera de Dios o –lo que es peor– en lugar de Dios, las querríamos mal. El amor debe ser ordenado. El orden de los amores es el orden de la realidad. Lo mayor exige el mayor amor y detrás vienen todos los amores, ordenadamente.

Nuestros semejantes

B) En la escala de los seres, después de Dios, vienen nuestros semejantes. El amor que debemos a los hombres que nos rodean está espléndidamente expresado en un mandamiento, que resume el resto del Decálogo: «Amarás al prójimo como a ti mismo».

  • Este amor es diferente del anterior, porque los hombres no somos dioses. El amor a Dios tiene que ser absoluto, porque tenemos respecto a él una dependencia absoluta. En el amor a los hombres, en cambio, se nos pone una medida, aunque es una medida muy exigente: Hay que amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos.
  • No se puede negar que se trata de una comparación feliz, y que encierra una sabia pedagogía. Se trata de querer para los otros lo que queremos para nosotros y de evitarles lo que nosotros evitamos. Es lógico que tengamos que amar a los demás como a nosotros mismos, porque son seres de la misma categoría que nosotros, hombres como nosotros. A Dios todo; a los hombres, lo mismo que queremos para nosotros. La moral sigue la lógica de las cosas, el orden de la realidad.

Evidentemente, no podemos amar a todos los hombres a la vez con la misma intensidad. Esto excede completamente nuestras capacidades reales. Somos muchos millones de seres humanos sobre la tierra; a la mayor parte no los conocemos y no tenemos ninguna relación con ellos, ningún contacto. Por eso se nos da un criterio de orden: ama al prójimo; esto es: ama al próximo, al cercano. Hay que preocuparse de los que están más próximos por lazos de sangre, de amistad, de camaradería; también de proximidad física.

  • En definitiva se trata de un precepto realista para que no nos dejemos llevar por la imaginación. Amar a los demás se concreta en amar a todos los que tenemos cerca y en la medida en que los tenemos cerca. Puede ser más fácil ser simpáticos y tratar bien a las personas con las que convivimos esporádicamente. Pero esto no suele ser realmente amor. Donde se demuestra si hay o no amor a nuestros semejantes, es cuando amamos a las personas con las que convivimos. Es un desorden pensar que amamos a los que viven lejos de nosotros si maltratamos a los que viven cerca. En cambio, cuando nos esforzamos por amar a los que están cerca, somos capaces de amar también a los que están más lejos porque nos acostumbramos –nos educamos– a amar.

Dentro de este apartado de los deberes hacia nuestros semejantes hay que incluir también todas las realidades culturales y sociales, que son fruto de la historia y de la convivencia humana: por ejemplo, personas jurídicas y morales, instituciones, tradiciones, costumbres, etc.; en general, todo el patrimonio cultural humano que existe realmente y, por eso, nos impone también deberes. Tendremos ocasión de referirnos a esto en el capítulo correspondiente.

La naturaleza

C) Por último, en tercer lugar, después de Dios y de nuestros semejantes están las cosas que nos rodean: todas las cosas, naturales o artificiales. Todas tienen una dignidad que debemos respetar y nos imponen deberes, aunque no sean tan graves como los que nos imponen las personas. Pero muchas veces son graves y urgentes.

La relación del hombre con el mundo también viene expresada en la tradición cristiana con una fórmula feliz. El hombre es administrador del mundo. Se le ha dado el dominio del mundo material para que lo cuide, y se sirva de él para sus necesidades. Pero no es el dueño del mundo: es simplemente su administrador. Y como a todo administrador, se le pedirá cuenta de su administración. Puede usar de las cosas y servirse de ellas, pero no puede maltratarlas ni destruirlas a su antojo.

  • El derecho de propiedad, que es el derecho sobre las cosas, es un derecho limitado según la tradición cristiana. Aunque las cosas sean mías no puedo hacer con ellas lo que quiero: en primer lugar, porque hay otras personas en el mundo que pueden tener necesidad –y, en esa medida, también derecho– de ellas y, después, porque las cosas mismas tienen una dignidad que estoy obligado a respetar. Por eso, destruir un bien, sólo por capricho, es inmoral, aunque sea mío. También es inmoral destruir, sin motivo, la naturaleza y hacer sufrir a los animales; y hasta en no saber apreciar la belleza del mundo material hay algo de inmoralidad.

Dedicaremos la segunda parte del libro a estudiar con más detenimiento cada uno de estos deberes. De momento basta con que advirtamos que hay tres tipos de realidades externas que nos imponen deberes: Dios, nuestros semejantes y la naturaleza en general, las cosas materiales.

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3 comentarios en “La moral es, en definitiva, saber dar a cada realidad el trato que merece.

  1. Muchos todavía se preguntan si, ¿Dios existe? Y yo os pregunto. ¿Que son y para qué sirven los Mandamientos de la Ley de Dios y amarás a tus semejantes como a ti mismo? Dios existe y es un sentimiento y una emoción más racionalmente evolucionada y perfeccionada, y que puede, y debe, formar parte de la verdadera realidad, y no tan solo, de ensueños y utopías, imaginaciones, alucinaciones, quimeras, ilusiones, fantasías, ideales, etc., aunque muchas veces cuando nos falta fe en nosotros mismos y en nuestros semejantes, podamos echar mano de esta muletas para sentir muchas veces que estamos vivos y tenemos necesidad de vivir dignamente, o al menos desear vivir dignamente! ¡Porque os aseguro que Dios realmente existe, pero si manifiestamente la mayoría de la humanidad esta incapacitada para saber o sentir lo que es el verdadero amor! ¿Cómo va a estar capacitada para saber o sentir a Dios? puesto que para saber o sentir que Dios existe, se necesita tener desarrollados estos sentidos espirituales que son capaces de percibirlo, sentirlo, verlo, oírlo, etc. Y que no tengáis estos sentidos espirituales desarrollados, no quiere decir que no existan. Sino que necesitáis más tiempo para evolutivamente desarrollarlos. Por eso a muchos se les ha dicho a través de las Sagradas Escrituras que tan solo serían salvos por la fe.

    Desde luego que es bueno admirar amorosamente a la naturaleza, porque es obra de Dios. Una buena obra de Dios. Pero este amor, no debe ser más que un pequeño destello de nuestro amor, del amor, que tenemos que sentir por nuestros semejantes.

    Os aseguro que, tan claro como el cielo azul y la noche estrellada, que, yo siempre fui admiradora de la naturaleza, y me tengo pasado muchísimo tiempo observándolo todo, y os aseguro que descubrí más enseñanza en la sabiduría que Dios había puesto y ocultado en la naturaleza, que de mis semejantes, hasta que se terminaron de desarrollar en mi interior mis sentidos espirituales, por medio de los cuales, podía saber y sentir, y comprender, todo el mundo emocional y sentimental, de que estaban compuestos tanto los que me rodeaban, como los demás.

    Por lo que, aunque al sentimiento que se puede sentir por la naturaleza le llamemos amor, en la realidad más inteligentemente perfeccionada y evolucionada, esto se puede quedar en sentimientos elevados de admiración. Porque el amor, el verdadero amor, tan solo se puede sentir por nuestros semejantes y por Dios. Y resulta difícil comprender, y saber lo que es, “Amar a tus semejantes como a ti mismo”

  2. Nuestros hermanos separados dicen que sólo basta la fe para ser salvos, sin embargo, al revisar con un poco de detenimiento la Escritura, vemos que esto no es cierto. Si bien es verdad que Dios nos concede la salvación gratuitamente (por pura gracia), también debemos esforzarnos con buenas obras para alcanzar la salvación. En otras palabras, si decimos tener fe, pero no la traducimos en buenas obras, nuestra fe es inútil, como vemos claramente en los siguientes textos:
    Gn 22.16 ‘Juro por mí mismo – palabra de Yavé – que, ya que has hecho esto y no me has negado a tu hijo …, te colmaré de bendiciones… Y
    porque has obedecido mi voz, todos los pueblos de la tierra serán bendecidos a través de tu descendencia’.
    Mt 3.8 Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: ‘Abraham es nuestro padre’.
    Mt 3.10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.
    Mt 5.16 Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.
    Mt 19.17 Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.
    Mt 16.28 Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, …, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.
    Mt 25.29 Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene.
    Mt 25.40 El Rey responderá: “…les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”.
    Mc 10.17,19 Le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?. Jesús le dijo: …Ya conoces los mandamientos: No mates, …
    Lc 10.28,37 Jesús le dijo: ‘¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás’ … Y Jesús le dijo: ‘Vete y haz tú lo mismo’.
    Lc 18.18,20 Le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Jesús le dijo: ‘Ya sabes los mandamientos: no cometas adulterio’
    Hch 24.16 ‘Por eso yo también me esfuerzo por tener siempre la conciencia limpia ante Dios y ante los hombres’.
    Rom 2.6 El (Dios) pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
    Rom 2.10 La gloria, en cambio, el honor y la paz serán para todos los que han hecho el bien.
    Rom 2.13 Porque no son justos ante Dios los que escuchan la Ley, sino los que la cumplen.
    Rom 6.15 Díganme: el hecho de que ya no estemos bajo la Ley sino bajo la gracia, ¿nos autoriza a pecar?. Claro que no.
    Rom 6.22 Ahora, en cambio, siendo libres del pecado y sirviendo a Dios, trabajan para su propia santificación, y al final está la vida eterna.
    Rom 11.22 Fíjate que Dios es a la vez bondadoso y severo: … bondadoso contigo, siempre que perseveres en el bien.
    Rom 12.9,11,13 Aborrezcan el mal y procuren todo lo bueno … Sean diligentes y no flojos … Compartan con los hermanos necesitados…
    Rom 13.13 Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución y vicios, …
    1 Cor 6.9 ¿No saben que los injustos no heredarán el Reino de los Cielos? No se engañen: ni los que tienen relaciones sexuales prohibidas…
    1 Cor 15.58 Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo.
    2 Cor 5.10 Hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir …lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.
    2 Cor 11.15 Pero su fin será el que merecen sus obras.
    Gal 5.6 Solamente vale la fe que actúa mediante el amor.
    Gal 5.21 Les he dicho, y se lo repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
    Gal 6.9 Así, pues, hagamos el bien sin desanimarnos, que a su debido tiempo cosecharemos si somos constantes.
    Ef 5.5 Ni el corrompido, ni el impuro, ni el que se apega al dinero, que es servir a un dios falso, tendrán parte en el reino de Cristo y de Dios.
    Ef 6.8 El Señor retribuirá a cada uno según el bien que haya hecho, sea siervo o sea libre.
    Col 1.10 Que lleven una vida digna del Señor y de su total agrado, produciendo frutos en toda clase de buenas obras.
    Col 3.23 Cualquier trabajo que hagan, háganlo de buena gana, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres.
    Col 3.25 El que no cumple recibirá lo que merece su maldad, pues Dios no hará excepciones a favor de nadie.
    Flm 6 Ojalá esa fe se vea en las obras y manifieste todo lo bueno que tenemos en Cristo.
    1 Tes 1.3 Recordamos ante Dios, nuestro Padre, su fe que produce frutos, su amor que sabe actuar.
    2 Tes 1.11 Rogamos por ustedes: que nuestro Dios los haga dignos de su llamada, … haciendo que su fe sea activa y eficiente.
    1 Tim 6.18-19 Que practiquen el bien, que se hagan ricos en buenas obras, … De esta forma … conseguirán la vida eterna.
    Tit 3.8 Una cosa es cierta, y en ella debes insistir: los que creen en Dios han de destacarse en el bien que puedan hacer.
    Heb 10.24 Tratemos de superarnos el uno al otro en la forma de amar y hacer el bien.
    Heb 11.7 Por la fe Noé escuchó el anuncio de acontecimientos que no se podían anticipar, y construyó el arca en que iba a salvarse.
    Heb 11.17 Por la fe Abraham fue a sacrificar a Isaac cuando Dios quiso ponerlo a prueba.
    Heb 12.14 Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor.
    Heb 13.16 No se olviden de compartir y de hacer el bien, pues tales sacrificios son los que agradan a Dios.
    Stgo 1.22 Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos.
    Stgo 1.27 La religión verdadera y perfecta ante Dios, consiste en esto: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus necesidades…
    Stgo 2.10 Porque si alguien cumple toda la Ley, pero falla en un solo punto, es como si faltara en todo.
    Stgo 2.13 Habrá juicio sin misericordia para quien no ha sido misericordioso.
    Stgo 2.14 Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe?
    Stgo 2.17 Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita.
    Stgo 2.18 Y sería fácil decirle a uno: “Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras”.
    Stgo 2.20 ¿Será necesario demostrarte, si no lo sabes todavía, que la fe sin obras no tiene sentido?
    Stgo 2.24 Entiendan, pues, que uno llega a la verdadera rectitud a través de las obras y no sólo por la fe.
    Stgo 2.26 Porque así como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe que no produce obras está muerta.
    1 P 1.17 El Padre que invocan no hace diferencias entre personas, sino que juzga a cada uno según sus obras.
    1 P 2.12 De este modo, esos mismos que los calumnian y los tratatn de malhechores notarán sus buenas obras y darán gloria a Dios.
    1 Jn 3.18 Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios para afuera, sino de verdad y con hechos.
    2 Jn 8 Tengan cuidado, para que no pierdan el fruto de sus trabajos, sino que reciban el pleno salario.
    Ap 2.23 Así entenderán todas las Iglesias que yo soy el que escudriña el corazón y la mente, dando a cada uno según sus obras.
    Ap 20.12 Entonces fueron juzgados los muertos de acuerdo con lo que está escrito en esos libros, es decir, cada uno según sus obras.
    Ap 22.12 Voy a llegar pronto y llevo conmigo el salario para dar a cada uno conforme a su trabajo

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