Del egoísmo al sentido del deber

sonidos-mar-conchaHasta que no se desarrolla la inteligencia, el hombre vive dominado por sus instintos, en busca de los bienes primarios. En la medida en que la inteligencia se desarrolla, comienza el conocimiento objetivo y comienza a notarse la llamada de las cosas: empieza la vida moral.

  • Mientras lo característico de la edad infantil es su inevitable egoismo, lo propio de la madurez es la aparición del sentido del deber. La conducta deja de estar guiada por los propios gustos, para dejar espacio a las exigencias que impone la realidad. Madurar supone que los deberes ocupan un lugar cada vez más importante. Por el contrario, es signo de inmadurez que se mantenga el egoísmo infantil, que la conducta siga centrada exclusivamente en la búsqueda de los propios bienes.
  • El egoísmo de los niños es inevitable y disculpable, pero el egoísmo de una persona físicamente madura supone un desajuste en su personalidad: ha madurado su cuerpo pero no ha madurado suficientemente su espíritu. Es como si la inteligencia no hubiera llegado a funcionar del todo bien, por lo menos en el campo de la conducta; como si se arrastrara una forma de conducta que pertenece a la edad infantil. Vivir centrado en uno mismo es vivir de un modo incoherente con la posición que le corresponde al hombre en el mundo.
  • Además, el egoísmo infantil comete errores. Se suele decir que los niños «tienen los ojos más grandes que la boca», porque fácilmente se dejan llevar por la glotonería: comen más de lo que les conviene y acaparan más comida de la que pueden consumir. La edad infantil es la edad de las indigestiones. El instinto, que acierta al señalarles un bien –la comida–, les engaña con respecto a la cantidad. Cuando el niño crece, y es capaz de pensar y de reunir experiencia, aprende a medir la cantidad de comida que le conviene (aunque no le sea fácil respetarla). El instinto no es infalible, sino bastante impreciso y necesita ser regulado por la razón. La inteligencia permite valorar si el bien que propone el instinto es realmente un bien (si debe ser deseado) y en qué medida.

La madurez requiere una auténtica conversión intelectual y moral. La conducta debe pasar de ser guiada por los impulsos a ser guiada por la razón. Hay que aprender a regular las tendencias instintivas, egoístas y egocéntricas –el mundo de los gustos y deseos– para dejar espacio a la realidad –el mundo de los deberes–. La madurez requiere y supone la capacidad de pensar las cosas en términos objetivos: requiere la costumbre de pensar en lo que nos rodea, especialmente, de pensar en nuestros semejantes, de pensar en los demás.

Mientras no se llega a esto, no se supera el egoísmo y la conducta queda prácticamente fuera del ámbito de la moral, que es lo mismo que decir que no es propiamente humana: en realidad, permanece con el modo de conducta propio de los animales. La pervivencia del egoísmo infantil no es fruto de una opción: en general, no es que alguien decida ser egoísta: el egoísmo pervive cuando no se introduce la costumbre de guiarse por el sentido del deber.

  • La psicología humana es de tal forma que vive absorbida por lo que considera en cada momento; no puede atender a muchas cosas a la vez. Si vive ocupada en las propias necesidades y gustos, no queda espacio para nada más. De ese modo, no se puede oír realmente la voz de las cosas, no se perciben los deberes. Y no se crea la costumbre de pensar en los demás. No es que se decida no pensar en los demás; es que sencillamente no se piensa y se vive como si no existieran. Todas las energías vitales están dedicadas al yo. (Cfr. Oír lo que no se oye)
  • Aprender a oír la voz de los deberes es una tarea para toda la vida; quizá la conversión más importante de todas, la que nos constituye en un ser moral. El egoísmo no se supera sin esfuerzo y tiende a reproducirse continuamente, aunque se haya superado en otras épocas de la vida. Tenemos una inclinación permanente a vivir centrados en nuestro yo, pendientes de los propios bienes. Si no se pone esfuerzo para situarse objetivamente en el mundo, fácilmente la conducta queda dominada por los propios intereses.

Parte importante de la educación moral consiste en ayudar a superar el egoísmo infantil: enseñar a pensar en los demás; enseñar a descubrir a los demás y a tratar a cada persona y a cada cosa con el respeto que merecen; llegar a situarse objetivamente en el mundo como uno más entre los muchos seres que lo forman. «La actitud fundamental de respeto –dice von Hildebrand– es la base de todos los modos de conducta moral ante nuestro prójimo y ante nosotros mismos» (Santidad y virtud en el mundo, 1972, 124). Hay que educar al niño para que la adquiera: fomentar su sensibilidad para apreciar la voz de los deberes; y enseñarle la belleza y la dignidad de una conducta que es capaz guiarse por la verdad de las cosas, superando el egoísmo: así la amará y la asumirá como modelo. (Auor: J.L. Lorda en Moral. El arte de vivir)

Dos ejemplos:

 

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7 comentarios en “Del egoísmo al sentido del deber

  1. Ofrezco tres proposiciones que pueden servir a modo de conclusión del estudio realizado. por D. Rafael

    1. El testimonio cristiano es la primera forma de la evangelización y una de las claves de la nueva evangelización.
    El testimonio de los fieles laicos en su vida familiar, profesional, cultural y política, etc., adquiere una importancia decisiva. Posee el testimonio en nuestro tiempo una fuerza especial, no sólo porque la ha tenido siempre durante la historia, sino, entre otras razones, porque hay una mayor sensibilidad por lo vivido.

    2. Cuando el testimonio es auténticamente cristiano, es siempre eficaz.
    El motivo es que la santidad emite un mensaje inequívoco, al mostrar el rostro concreto del amor en una persona o en una actuación determinada. La eficacia del testimonio cristiano es una eficacia a la vez humana y cristiana, temporal y escatológica. Se traduce en colaborar en la transformación de la sociedad a través del servicio al bien común; al mismo tiempo, es manifestación y comunicación de una salvación que no procede del hombre, sino que viene sólo de Dios.

    3. En último término, la fuerza del testimonio cristiano es la fuerza del amor.
    Esto se explica porque es una participación del testimonio que Cristo da del Padre en el Espíritu Santo. Una forma particularmente eficaz del testimonio cristiano es el amor por los pobres y los necesitados.
    Como esa participación se da de un modo pleno en la Iglesia, familia de Dios, el testimonio cristiano posee simultáneamente dos dimensiones: personal y eclesial. El testimonio cristiano es un testimonio de que es posible el amor y la paz en el mundo.

    Los cristianos deben ser testigos de Cristo en todas las circunstancias de su vida, pública o privada, si es necesario hasta el martirio, expresión privilegiada del testimonio.

  2. Da igual que las familias sean cristianas o no .tranquilidad¡¡ ahora me explico. El cristianismo a lo largo de la.historia ha.hecho mucho mal..Pero la evolución de las personas y el llegar a esa madurez humana no es tanto por ser católico si no por un crecimiento basado en experiencias. El hombre.se.desarrolla por hábitos si en sus familias hay.valores”buenos” esa sera la raíz de sus principios y luego vendrá la.evolución emocional y racional según las tragedias,y la.vida que tenga que afrontar sera más o menos maduro ,.porque solo las personas crecen según van viviendo.No se.porque a los cristianos más gusta apoderarnos de.todo lo bueno que tiene la humanidad??..para mi cristiano es.creer en Dios lo demás es evolución personal.no por ser ateo van a tener menos virtudes vivir en una inmoralidad perpetua.Lo único que es diferente es.el”creer”…

    1. ¿Sabes Isabel creo que hay varios errores en tu comentario.? A veces se presenta una imagen del Cristianismo como una propuesta de vida que oprime nuestra libertad, que va contra nuestro deseo de felicidad y alegría. Pero esto no corresponde a la verdad. Los cristianos son hombres y mujeres verdaderamente felices, porque saben que nunca están solos, sino que siempre están sostenidos por las manos de Dios. Sobre todo nosotras, jóvenes discípulas de Cristo, tenemos la tarea de mostrar al mundo que la fe trae una felicidad y alegría verdadera, plena y duradera. Y si el modo de vivir de los cristianos parece a veces cansado y aburrido, entonces sed vosotras las primeros en dar testimonio del rostro alegre y feliz de la fe. El Evangelio es la «buena noticia» de que Dios nos ama y que cada uno de nosotros es importante para Él. Mostrad al mundo que esto de verdad es así.

      Por lo tanto, hemos de ser misioneras entusiasmadas de la nueva evangelización. Llevad a los que sufren, a los que están buscando, la alegría que Jesús quiere regalar. Llevadla a vuestras familias, a vuestras escuelas y universidades, a vuestros lugares de trabajo y a vuestros grupos de amigos, allí donde vivís. Veréis que es contagiosa. Y recibiréis el ciento por uno: la alegría de la salvación para vosotras mismas, la alegría de ver la Misericordia de Dios que obra en los corazones. En el día de vuestro encuentro definitivo con el Señor, Él podrá deciros: «¡Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu señor!» (Mt 25,21).

      Que la Virgen María nos acompañe en este camino. Ella acogió al Señor dentro de sí y lo anunció con un canto de alabanza y alegría, el Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,46-47). María respondió plenamente al amor de Dios dedicando a Él su vida en un servicio humilde y total. Es llamada «causa de nuestra alegría» porque nos ha dado a Jesús. Que Ella nos introduzca en aquella alegría que nadie nos podrá quitar.

      Un abrazo.

      1. No creo mis comentarios nunca tienen varios errores suelen tener más. …igual me han faltado explicaderas…he querido explicar que hay gente buenísima con muchísimos valores ,que no son cristianos. Yo no soy misionera, mi santa,.Ni estoy en el blog para evangelizar .Creo que cada uno descubre a.Dios si quiere descubrirlo .Rosa puedes evangelizar lo que quieras .Yo soy como soy y pienso lo que pienso.Un abrazo y gracias

    1. Por encima de todo eres mi amiga, eso creo yo, No pretendía que te disgustaras y creo que no lo he conseguido. Perdóname si te has encontrado incómoda ante mi comentario. Somos personas que tenemos ideas distintas pero nada mas. Si te he faltado al respeto lo siento muchísimo. Un abrazo.

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