La fuerza del silencio

la-fuerza-del-silencio.jpgCada vez hay más libros que recomiendan cultivar el silencio o practicar algún tipo de meditación (ver Aceprensa, 23-11-2016). Lo curioso es que muchos de ellos se aproximan a costumbres religiosas lejanas a nuestra cultura para sanar el espíritu y pasan por alto la rica tradición de la espiritualidad monástica. El peligro es no diferenciar entre esos dos caminos: el primero pone como meta el silencio, la nada o apagar el ruido para oír con más nitidez las exigencias de nuestro propio yo; en el segundo caso, el silencio es el instrumento para descubrir la voz de Dios.

El cardenal Sarah explicó en Dios o nada la importancia que la oración silenciosa ha tenido en su vida. Ahora ofrece, también en una larga entrevista con el periodista francés Nicolas Diat, una reflexión sobre el misterio del silencio y los frutos de su práctica. Es en parte un texto de espiritualidad y en parte un ensayo teológico en el que denuncia, con la misma claridad de siempre, la superficialidad de las actitudes y las modas, y la sibilina invasión de ideologías anticristianas.

El silencio cristiano nace del compromiso ascético del creyente que anhela el encuentro con Dios y que se despoja de todo lo accesorio y mundano para madurar en su entrega. No se puede encontrar a Dios en el tumulto, ni en la agitación; no se puede oír su voz en medio de la trepidación del deseo y sin acallar los demonios interiores. Para Sarah, la actitud silenciosa es el preámbulo de la eternidad y la antesala de lo sagrado. No es casual que en aquellas situaciones trascendentales, en las que se vislumbra el sentido de la existencia, el hombre enmudezca ante el misterio que comparece; así ocurre en la muerte, la enfermedad o el amor.

Mediante el cuidado de los ratos de silencio, el hombre abre un espacio adecuado para la comunión con Dios. Exige esfuerzo acomodar el espíritu al sosegado tempo de lo sobrenatural. Recogiéndose y renunciando con firmeza al alboroto y la palabrería estéril de la sociedad del espectáculo, el alma madura premiosamente y alcanza su sazón. Frente a la tentación de la productividad y la prolífica actividad del yo, Sarah insiste en que antes que dar hay que recibir, y el silencio es imprescindible para acoger los dones de Dios.

En esta oportuna pedagogía del silencio, Sarah se explaya en sus dimensiones: no es callar, sino desarrollar una disposición interior; hay también un silencio de los ojos que permite atesorar nuestra intimidad y que hace fructificar el pudor y la discreción. Además, el silencio va más allá de lo individual: el silencio cristiano enfoca el alma a Dios, por lo que cultivarlo eclesialmente y, sobre todo, litúrgicamente, posibilita la fidelidad de la Iglesia a la misión que tiene encomendada. Cualquier tentación secularizadora –desde la promoción del folclore en los templos a la prioridad del bienestar material por encima de la conversión o bienestar espiritual en el apostolado– puede desdibujar la vocación de la Iglesia.

Sarah, africano, vuelve a recordar a Occidente las verdades sedimentadas en una de sus fuentes culturales, la tradición monástica. La última parte del libro, una conversación con Dysmas de Lassus, prior de la Gran Cartuja, reivindica la práctica de la lectio divina y el ejemplo de quienes deciden vivir en soledad con Dios para contrarrestar el peso de lo secular en la existencia cristiana. (Fuente: Aceprensa.org)

Anuncios

4 comentarios en “La fuerza del silencio

  1. Dios no quiere el mal. Por tanto, se queda asombrosamente en silencio ante nuestros sufrimientos. A pesar de todo, el sufrimiento, lejos de cuestionar la omnipotencia de Dios, nos la revela. Todavía oigo la voz de aquel niño que preguntaba llorando: «Por qué Dios no ha impedido que papá muera?» En su silencio misterioso, Dios se manifiesta en las lágrimas del niño y no en el orden del mundo que justificaría esas lágrimas. Es la misteriosa manera de Dios para estar cerca de nosotros en nuestras pruebas. Está intensamente presente en nuestras pruebas y sufrimientos. Su fuerza se hace silenciosa porque revela su infinita delicadeza, su ternura amorosa por los que sufren. Las manifestaciones exteriores no son necesariamente las mejores pruebas de proximidad. El silencio revela la compasión, la parte que Dios toma de nuestros sufrimientos. Dios no quiere el mal. Y cuanto más monstruoso es el mal, más aparece que Dios es la primera víctima en nosotros.

    La victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, se consuma en el gran silencio de la cruz. Dios manifiesta su omnipotencia en ese silencio que ninguna barbarie podrá manchar jamás. La oración silenciosa es el último tesoro de los que ya no tienen nada. El silencio es la última trinchera donde nada puede entrar, la única habitación donde vivir en paz, el lugar donde el sufrimiento baja por un instante las armas. En el sufrimiento, escondámonos en la fortaleza de la oración.

    Por tanto, el poder de los verdugos no tiene importancia; los criminales pueden destruirlo todo con furor, pero es imposible entrar a la fuerza en el silencio, en el corazón, en la conciencia de un hombre que reza y se acurruca en Dios. Los latidos de un corazón silencioso, la esperanza, la fe y la confianza en Dios no se pueden hundir. En el exterior, el mundo puede ser un campo de ruinas, pero en el interior de nuestras almas, en el gran silencio, Dios vela. La guerra y su comitiva de horrores nunca tendrán causa en Dios, presente en nosotros. Ante el mal y el silencio de Dios, siempre hay que seguir rezando y gritando silenciosamente, diciendo con fe y amor:

    ¡Te he buscado, Jesús!
    Te he oído llorar de alegría con el nacimiento de un niño.
    Te he visto buscar la libertad a través de los barrotes de una prisión.
    He pasado cerca de ti cuando pedías un pedazo de pan.
    Te he oído gritar de dolor cuando tus hijos eran arrasados por las bombas.
    Te he descubierto en las salas de un hospital, sometido a terapias sin amor.
    Ahora te he encontrado, y no quiero perderte más.
    Te lo ruego, enséñame a amarte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s