La moral es también el arte de conjugar bienes y deberes, de poner cada cosa en su sitio, de poner orden en los amores

Platero-Flores1Ya hemos hablado de la voz de lo bienes, ahora terminamos esta parte hablando de la voz de los deberes, esa otra voz que nos dirige la naturaleza; es la voz que nos llega de las cosas que nos rodean. La inteligencia descubre que no estamos solos en el mundo, que hay otros seres además de nosotros. Y nos permite ponernos en la situación de los otros seres y caer en la cuenta de que también tienen necesidades como nosotros.

  • Es una comparación elemental e inevitable. El objeto que mejor conocemos en el mundo somos nosotros mismos. Es lo primero que conocemos y lo que mejor conocemos. Por eso utilizamos nuestra experiencia para entender a las demás cosas y las comprendemos desde nuestra experiencia personal. Entonces, por un razonamiento elemental, que surge en cuanto tenemos uso de razón, deducimos que lo que es bueno para nosotros debe ser bueno para las demás cosas y al contrario: que lo que es malo para nosotros, debe ser malo para los demás.

Los animales que no tienen inteligencia, sólo sienten la voz de sus instintos, pero los hombres oímos también las voces de los seres que nos rodean. Esto distingue nuestra conducta del comportamiento animal: es propio del hombre sentirse obligado por esas voces. Precisamente porque estamos dotados de inteligencia, las oímos. La inteligencia rompe el cerco de la psicología instintiva. Por la misma razón por la que llegamos a conocer cómo son las cosas, nos sentimos obligados a tratarlas con respeto. Descubrimos que no existen sólo en relación a nuestras necesidades, sino que existen por sí mismas y tienen también necesidades.

  • A diferencia del animal, el hombre se siente obligado por las cosas que le rodean aunque esto no le sirva para nada, como no le sirve para nada la contemplación de la belleza. El mundo es así. Un hombre normal no puede comer tranquilo, mientras tiene al lado a otro hombre hambriento; sabe lo que siente y lo que necesita; su presencia allí, al lado, le condiciona y le obliga. Quizá no le apetezca ayudarle, ni saque ningún provecho de hacerlo, pero se siente obligado a compartir su comida. Es lo propio de un ser humano, y estaría embrutecido, no tendría sentimientos humanos, el que no le sucediera esto.

También aquí hemos de tener en cuenta el papel de la inteligencia. En la medida en que ampliamos nuestra experiencia personal y la que recibimos con la educación, se amplía también inmensamente el campo de los deberes: nos volvemos más sensibles para percibir las voces que nos dirige lo que nos rodea, para ver lo que se espera de nosotros. La inteligencia educada abre también inmensamente el panorama de los deberes.

  • Hay obligaciones que se sienten espontáneamente; por ejemplo, la queja de un hombre herido o incluso el lamento de un animal, nos obliga a ayudarlos. Otros muchos deberes los descubrimos a medida que ganamos en experiencia. Así llegamos a percibir, por ejemplo, que los hombres que nos rodean necesitan, además de comer, una palabra de aliento, una sonrisa o un rato de compañía. Nuestra experiencia razonada aumenta nuestra sensibilidad para los deberes, para caer en la cuenta de lo que se espera de nosotros…

Resumamos ahora brevemente lo que llevamos dicho: según hemos visto, la conducta humana está condicionada por estas dos voces de la naturaleza. La primera es la de los bienes; la segunda, la de los deberes. Los bienes nos atraen; los deberes nos obligan. El atractivo de los bienes se siente sobre todo en la sensibilidad; la obligación de los deberes, en cambio, se percibe sobre todo en la inteligencia. Nos sentimos atraídos por los bienes y nos sabemos obligados por los deberes.

La conducta humana está condicionada por bienes y deberes y hay que saberlos conjugar, porque a veces se limitan unos a otros. La moral, que es el arte de vivir bien, el arte de la conducta humana, es también el arte de conjugar bienes y deberes, de poner cada cosa en su sitio, de poner orden en los amores.

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5 comentarios en “La moral es también el arte de conjugar bienes y deberes, de poner cada cosa en su sitio, de poner orden en los amores

  1. Todo bien tiene un fin que requiere de un orden para que funcione en forma correcta, en aras de nuestro bienestar. Si no seguimos ese orden, se vuelve un mal .
    Aristóteles definía los bienes como algo que todos apetecen. El escritor Juan Luis Lorda, doctor en Teología, define los bienes y deberes como dos voces de la naturaleza que condicionan nuestro comportamiento.

    Comer y beber son algunos de los bienes naturales placenteros que consecuentemente nos atraen, pero que son, sobre todo, necesarios para nuestra supervivencia, por tanto, aunque instintivos, conllevan obligaciones, como es el deber de alimentarnos, hidratarnos o descansar para vivir. Todo bien tiene un fin que requiere de un orden para que funcione en forma correcta, en aras de nuestro bienestar. Si no seguimos ese orden, se vuelve un mal.

    El hombre posee, además de sus instintos, la inteligencia. Con ésta el hombre sabe, por ejemplo, que el dinero, aunque no es comestible, es un bien que puede proporcionarle comida. Esta relación dinero-comida, para un animal, es imposible de intuir, porque no posee esa inteligencia.
    Los deberes se descubren con la experiencia razonada que mueve la sensibilidad humana, como cuando el llanto de una persona o el lamento de un animal nos obliga a ayudarlos.

    Esta obligación hacia los deberes la percibimos por la inteligencia. En saber conjugar bienes y deberes, está el aprender a vivir una vida con moral, o sea la sabiduría con la que alcanzamos la felicidad que conduce al buen funcionamiento de las sociedades. Si sólo nos preocupamos por alcanzar los bienes por instinto, sin importar deberes, pasando encima de los derechos ajenos, eventualmente transitaremos por los caminos de nuestra propia desgracia y amargura.

  2. La inteligencia es lo que mos lleva a buscar lo bueno que nos ayude a vivir y a pensar lo que queremos y a ordenar los sentimientos. La experiencia te ayuda a afrontar los problemas y a cambiar la manera de enfocarlos. Por eso las personas nunca respondemos de la misma manera al mismo problema si no que la experiencia y la inteligencia mos ayuda a controlar y ir variando la respuesta de nuestros sentimientos y reacciones .”Se dice que la experiencia es un grado”Los deberes son obligaciones a los que toda persona esta sujeta .tanto los deberes impuestas por la sociedad.Como las familiares y sobre todo el deber del trabajar para vivir. Es decir la vida es eso deberes y obligaciones.(que aburrimiento)cuando le pomenos el arte de vivir la vida merece la pena…….en cuanto sigo pensando que mi perro es más inteligente que yo……..

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