Saber amar con el cuerpo

amorokMe ha parecido genial este trabajo de una joven venezolana, Elisa Marcano, acerca del noviazgo y el matrimonio. Le he pedido permiso (por medio de su papá) para publicarlo en el blog y aquí va:

Siempre me ha apasionado entender este mundo: la ciencia, el cuerpo, la mente y comportamiento del ser humano y, sobre todo, siento la necesidad de entender por qué creo lo que creo. La fuerza del amor es definitivamente mi tema favorito y de un modo especial: el amor que puede surgir entre un hombre y una mujer.
Nací por casualidad (si las casualidades existen) en una familia católica donde me han inculcado una serie de principios que he arraigado dentro de mi ser, entre ellos el que las relaciones sexuales son sagradas y que por lo tanto deben ocurrir dentro del contexto del matrimonio. Sin embargo, vivo inmersa en una sociedad en la que esta idea es considerada un poco (por no decir muy) ridícula, patética; porque si es verdad que hay mucha gente que le da el valor suficiente al sexo como para saber que es algo íntimo que no se puede “andar teniendo por ahí con cualquiera”, también es cierto que la mayoría de esta personas opinan que dentro de un noviazgo estable tener relaciones sexuales no tiene nada de malo, más bien es bueno. La verdad es que nunca he dejado de pensar que lo mejor es esperar al matrimonio, sin embargo me parece razonable cuando alguien me dice que si lleva tiempo con su novia/o y se quieren ¿por qué no hacerlo? si más bien parece imposible no hacerlo. Todo esto me ha llevado a querer entender con profundidad y fundamentar lo que siempre he creído; debido a esto he escogido el libro “Saber Amar con El Cuerpo” para analizar la importancia del compromiso dentro de las relaciones sexuales.

Todos necesitamos amar, porque necesitamos decir y expresar nuestro interior1 y lo característico del amor entre un hombre y una mujer, que lo diferencia de una simple amistad, es la entrega: uno decide entregarle al otro toda su persona y su vida, su alma y su cuerpo2. Sin embargo amar es distinto a estar enamorado, porque el enamoramiento es involuntario, uno no escoge de quien enamorarse. No obstante, en el amor entra en juego un componente más importante: la libertad; dar un sí al principio y un sí día a día4. Las relaciones sexuales son la expresión corporal de ese amor, porque al final no tenemos un cuerpo y un alma, somos nuestro cuerpo y nuestra alma, son una sola cosa; por la atracción que se tiene por una persona que hace que se la busque con insistencia3, es involuntario, uno no escoge de quien enamorarse. No obstante, en el amor entra en juego un componente más importante: la libertad; dar un sí al principio y un sí día a día4. Las relaciones sexuales son la expresión corporal de ese amor, porque al final no tenemos un cuerpo y un alma, somos nuestro cuerpo y nuestra alma, son una sola cosa; por lo tanto si amo a una persona, amo tanto su alma como su cuerpo y a su vez cuando abro mi intimidad corporal se abre mi intimidad espiritual. 5Pero para amar a alguien debo ser dueño de mí mismo, debo saber purificar mis amores y de algún modo entrenar al cuerpo moderando la imaginación y los deseos 6 para que estos sean siempre expresión del amor generoso del alma y hagan crecer el amor auténtico7.

Amo, pero no amo de la noche a la mañana. Todos sabemos que antes del matrimonio viene el noviazgo, pero no son tan conocidos los componentes que normalmente deben surgir (unos en mayor medida que otros dependiendo del caso) para que dos personas decidan empezar a salir. Estos son tres: atractivo físico, enamoramiento afectivo y amor personal. El primero es el más básico y podría decirse el más “animal” pero es necesario para que se den los otros dos. El segundo hace referencia a esa sintonía entre las dos personas8, no obstante no toma en cuenta sus defectos y se tiende a idealizar a la otra persona. En el tercero ya interviene de un modo más activo la voluntad y se ve a la otra persona ya de forma más objetiva; es necesario para que se dé el paso de enamoramiento al amor. Este tercer componente se desarrolla sobre todo a partir del momento en que decides casarte, en el que el amor se convierte en una decisión, totalmente libre, de entregarse al otro, amándolo tal y como es y cómo será, en cualquier circunstancia.9

Conviene aclarar en este momento que casarse significa entregarse para siempre, dos voluntades que se han comprometido irrevocablemente.10 El enlace matrimonial se ve por fuera como dos personas que han celebrado una ceremonia, firmado un papel que dice que son marido y mujer, y por lo tanto empiezan a convivir juntos. Sin embargo esto es secundario, porque lo que de verdad forma el enlace es ese sí que se da con libertad, no las ceremonias, ni los papeles. Y una vez dado el sí, dado está para siempre.11

En el noviazgo uno puede querer mucho a la otra persona y hasta tenerse deseos de compartir la propia vida con él o ella, pero he aquí un matiz importante: son deseos, todavía no es una realidad. Como ya he mencionado antes, las relaciones sexuales son expresión de ese amor de entrega total y son una forma de que, de ese amor que nace de dos nazca alguien en quién volcar esa mutua entrega.12Aunque suene un poco fuerte, como en el noviazgo no me he entregado todavía estaría utilizando mi propia intimidad como objeto de cambio: dar el cuerpo en cambio de algo sin haber entregado la vida (aunque sea la sensación de estar enamorado lo que quiero a cambio13; el acto sexual sería una mentira porque la entrega total y para siempre, que ese acto debería expresar, no existe todavía14, agregando el hecho de que esas dos personas no están preparadas todavía para tener un hijo.

El matrimonio objetivamente es una locura ¿cómo me entrego a alguien si no sé lo que vaya a pasar en un futuro, sabiendo que esta persona probablemente me lastimará en algún momento? ¿Cómo me entrego sin una garantía de que, si esta persona no era como yo pensaba, puedo retractarme? Es verdad que hay casos en que se puede anular el matrimonio si se reconoce que, a pesar de la ceremonia externa, el compromiso no era verdadero.15 Pero en cualquier caso el casarse implica una hasta que la muerte nos separe: si me he casado, me he casado para siempre; si no me he casado para siempre entonces no me he casado de ninguna manera.16 Es realmente una locura y precisamente por eso “hacer el amor” expresa con una locura física y afectiva la locura personal de semejante entrega17, si me entrego antes de esto ¿Qué sentido tendría? ¿Qué expresaría este acto? ¿Cuál sería su fundamento?

Personalmente me asusta porque ¿Acaso es razonable pedir a nadie que comparta mi vida y someta su felicidad a mi capacidad de hacerle feliz? ¿Acaso puedo asegurar la felicidad del otro, y afirmar que, pase lo que pase, el otro deberá seguir atado a mí?18 Da miedo, pero ese miedo hay que saber transformarlo en una aceptación más sincera de la otra persona y por lo tanto un mayor amor y compromiso con ella, a pesar de los pesares. Sin embargo esto no puede venir solo de una de las personas involucradas, debe ser mutuo, y ¿cómo te aseguras que la otra persona responderá de esa manera ante la adversidad?, he aquí la importancia de un conocimiento realmente profundo de la otra persona en el noviazgo.

Lo que voy a expresar a continuación posiblemente mucha gente no lo comparta, porque se basa en cuestiones de fe. Ya lo he repetido varias veces: el matrimonio asusta, pero para mí es apasionante al mismo tiempo, porque qué grandeza la de un amor que lucha cada día por sobrevivir ante tantas dificultades (que la mayoría de veces parecen tener el poder de derribarnos, de vencernos). Somos muy pero muy débiles y un matrimonio desde el punto de vista humano es casi imposible mantenerlo, pero mientras más débiles somos más Dios nos ayuda. No seré capaz nunca de hacer plenamente feliz al otro porque pase lo que pase, incluido el dolor que es la prueba de toque del amor, el que va a hacerle feliz es Dios, muchas veces a través de mí.19 El amor de entrega, desde que nos tiramos del paracaídas, día a día nos transforma, día a día hay que hacerlo con obras, pero tirarse del paracaídas es razonable solo si tengo a Dios esperándome al final y a lo largo del camino.20

En conclusión, tener relaciones sexuales antes del matrimonio puede ser muy tentador, porque al final somos de carne, pero si las tenemos fuera del contexto del matrimonio pierden su sentido, porque éste expresa el amor de entrega para siempre, que en el noviazgo no está presente, no estamos aún comprometidos, y más bien este acto podría corromper el amor desviándolo de una búsqueda del bien y felicidad del otro a una búsqueda de mi placer, de mi egoísmo mucha veces disfrazado de enamoramiento. Al final, la entrega del cuerpo debe ayudarme a entregarme más a la otra persona y amar a otra persona debe llevarme a amar más a Dios, porque para el hombre casado el camino al cielo tiene el nombre de su mujer.21

Elisa Marcano

Notas

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3 comentarios en “Saber amar con el cuerpo

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