La moral es como la “estética del espíritu”; el buen gusto en lo referente al comportamiento humano

1387054860774-paisajes-hermososSeguimos con la entrada de ayer.

El saber moral es difícil y delicado. Aunque es un saber difícil, hay modos de orientarse sobre lo que es bueno o malo. Vamos a verlo brevemente a continuación.

La naturaleza responde bien a lo que le conviene y responde mal a lo que no le conviene. Es lógico y puede servir para detectar lo que es bueno y lo que es malo. Esto sucede en todos los campos, aunque no de la misma manera. El que come un alimento que no le conviene, lo notará; incluso lo podremos percibir externamente: veremos su mala cara, sus espasmos o quizás le veremos revolcarse por el suelo. Las equivocaciones o los aciertos en el plano físico se notan físicamente: nos sentimos mal o bien según el alimento sea apropiado o no.

El campo de la moral es un poco distinto. Los errores y los aciertos en el uso de la libertad no se pueden sentir físicamente; pero se perciben de alguna manera. Por eso decimos que uno se siente bien cuando obra bien y que se siente mal cuando obra mal. No es un criterio muy preciso, porque la actividad humana es muy compleja, pero sirve de indicio. El obrar bien deja siempre una huella de felicidad, mientras que el obrar mal, deja un rastro de insatisfacción y disgusto.

Hay otro criterio externo muy importante. Las acciones buenas son percibidas como bellas y deseables. Y cuando son muy buenas, suscitan la admiración y el deseo de imitarlas. Producen gusto en el que las contempla, de modo semejante a como produce gusto la contemplación de un paisaje. Todos perciben, por ejemplo, la belleza del gesto del que arriesga su vida por salvar la de otro, y a cualquier persona normal le gustaría ser así, aunque quizás no se sienta con fuerzas. Al contemplar la acción muy buena –heroica– surge un impulso interior de aprobación, se intuye que ha habido algo digno de un hombre, y se siente la satisfacción de que el ser humano sea así de noble.

Las acciones malas, por el contrario, son percibidas como innobles, como inconvenientes y como feas. Suscitan el rechazo espontáneo. No es necesario ningún razonamiento para ver que hacer sufrir a un animal o, con mayor razón, a un ser humano, es malo. Produce repugnancia instintiva: es percibido como feo, como algo que desagrada a la vista, que sería mejor no haber visto, que sería mejor no haber hecho. Hay una estridencia estética en la acción mala: algo grita, aunque no se oiga físicamente su voz. Es la sensación de fealdad, De hecho, a los niños se les suele indicar que algo está mal diciéndoles que es feo. Se les educa moralmente enseñándoles a sentir repugnancia hacia las acciones malas.

Claro es que se puede perder el buen gusto. La experiencia enseña que hay gentes que llegan a ver como bonito, o por lo menos deseable, lo que al sentir natural de todos parece feo y odioso. Hay quien disfruta haciendo sufrir a un pobre conejo y quien disfruta torturando a un hombre. Esto no quiere decir que sea moralmente opinable esa acción y que la opinión del sádico valga lo mismo que la de todos los demás; quiere decir tan sólo que se puede deformar el buen gusto, el sentido moral natural. Nadie dudaría en calificar de degenerado al hombre que disfruta haciendo sufrir a otros. Y el argumento más fuerte no sería el utilitarista (tal costumbre puede llegar a ser molesta para la sociedad) sino la fealdad de la acción que se percibe espontáneamente: el sentido natural de lo que es conveniente o no al hombre.

La estética de las acciones humanas es muy importante en la educación moral. En cierto modo, se podría decir que la moral no es otra cosa que la estética del espíritu; el buen gusto en lo que se refiere al comportamiento humano. Para Aristóteles, educar a un hombre era enseñarle a tener buen gusto en el obrar: a amar lo bello y a odiar lo feo. Se trataba de orientar y reforzar las reacciones naturales ante las acciones nobles e innobles. Los griegos pensaban que la belleza era el mecanismo fundamental de la enseñanza moral. Por eso, querían que sus hijos admirasen y decidiesen imitar los gestos heroicos de su tradición patria, que les transmitía la literatura y la historia. De hecho, pensaban que la finalidad tanto de la literatura como de la historia debía ser ésta: educar moralmente a los más jóvenes.

Es evidente que esto supone una idea muy alta de lo que es el hombre. Supone también creer que hay un modo de vivir digno del hombre, y que educar consiste en ayudar al niño para que ame ese modo de vivir y adquiera las costumbres que le permitan comportarse así.

A veces, nuestra civilización duda de esto. No está segura de que haya un modo de vivir moral, digno del hombre. Y por eso no sabe educar: sabe instruir; es decir, informar al niño sobre muchas cuestiones: sabe informarle sobre las órbitas de los planetas, la función clorofílica o la revolución francesa. Pero no sabe decirle qué es lo que debe hacer con su vida.

Sin embargo, el lenguaje de la belleza que descubrieron los griegos sigue vigente, porque el hombre no ha dejado de ser hombre. Sigue siendo verdad que hay acciones bellas y nobles y acciones feas e innobles. Las primeras nos confirman que existe la dignidad humana y las segundas también, porque si podemos decir que algo es innoble e indigno de un hombre es precisamente porque tenemos alguna idea de lo que es noble y digno.

Y esto nos lleva a una conclusión: si existe un modo de vivir digno del hombre, vale la pena hacer todo lo posible para encontrarlo. Sería una pena dejar transcurrir la vida y no haberse enterado de lo más importante, aunque no sea fácil.

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5 comentarios en “La moral es como la “estética del espíritu”; el buen gusto en lo referente al comportamiento humano

  1. Buenas tardes a todos. Estoy un poquito mejor y pronto me reincorporaré al blog. Ya tengo muchas ganas. Ahora estoy intentando poner el ordenador “para mi uso”, porque “se ha puesto un poco loquillo” con tantas manos y el caso es que estoy intentando poner nuevas contraseñas, porque no recuerdo las antiguas.
    D. Rafael si puede ser, cuando tenga un ratito libre me pone los tres arcángeles como icono, pues representan para mi a S. Miguel, S. Rafael y S. Gabriel. Acepto de antemano el que no pueda. De todas las maneras muchas gracias.
    Anónimo no sé quien es., pero mando otro abrazo.
    Para todas y todos , seguidores del blog, mi cariñoso recuerdo. Para Vd, D. Rafael, un cordial saludo.

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