Que si quieres arroz, Catalina!

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Solidaridad

The Swiss Alps - Brunnen, Morschach Alps, Switzerland by BesmirDesde un punto de vista cristiano, la mortificación solo es comprensible frente a la cruz de Cristo y desde una perspectiva apostólica: «Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24). Es también un acto simbólico de solidaridad con los que sufren.

La mortificación debe ser prudente y humilde, y la dirección espiritual tiene el papel de moderarla. Es útil para conservar la pureza o para lograrla, como demuestra esta confesión del Cura de Ars: «No he sentido nunca las tentaciones de la carne. Si las hubiera sentido, hubiera utilizado la disciplina». La mortificación, siempre indisociable de esos ambiciosos horizontes misioneros que unen la tierra con el cielo, adquiere a veces características excepcionales. Tomás Moro, patrón de los políticos, practicaba la mortificación corporal. En la pluma de santa Teresa de Lisieux, un poema alegre, aparentemente ingenuo, que habla de las mortificaciones de las carmelitas, tiene como ritornelo: «El premio es el cielo». La joven religiosa recuerda París, la naturaleza, los alimentos de la mesa y los instrumentos de penitencia. Aquello formaba parte de su unión con Cristo para la evangelización del mundo… [31]. San Juan Pablo II también utilizaba las disciplinas, y lo hacía con especial intensidad en la víspera de las ordenaciones sacerdotales…[32]. Cuando un día los discípulos preguntaron a Jesús el motivo de no haber podido echar a un demonio, el Señor les respondió que solo era posible «por la oración y el ayuno» (Mc 9, 29): el grano de trigo debe morir para dar fruto (cf. Jn 12, 24).

La mortificación es parte integrante del aprendizaje del dominio de sí. Seguir leyendo “Solidaridad”