La mortificación no tiene sentido si no va unida a la cruz de Cristo como expresión del amor

Fog in morning hours in Elbe Sandstone Mountains, Saxony, Germany by Jens Böhme«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos» (Jn 15, 13). En el fondo, encontramos el modelo de nuestra elevación personal en la imitación de Cristo que, en su exaltación en la Cruz, manifiesta de modo supremo que Dios es Amor; todo bien superior exige renuncia, hasta el bien supremo que es el amor de Dios y del prójimo por Dios. De este modo, la repetición de actos virtuosos y de pequeños sacrificios fortalece la voluntad, del mismo modo que para ganar al tenis es indispensable el entrenamiento en el servicio, en el revés o en la volea.

La mortificación ayuda al dominio de sí, al éxtasis –salir de sí, pensar en Dios y en los demás, darse– y frena el repliegue en uno mismo que representa la falta de castidad. La mortificación no tiene sentido si no va unida a la cruz de Cristo como expresión del amor. Seguir leyendo “La mortificación no tiene sentido si no va unida a la cruz de Cristo como expresión del amor”

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