La mortificación es una forma de participación en la muerte de Cristo

Bluebell Heaven - Spring Bluebell Woods in the Morning Mist by Ceri JonesEl amor se manifiesta sobre todo en el sacrificio: el amor supremo es la entrega de la vida por el amigo, la entrega de Jesús en la cruz. Este es el fundamento de la mortificación. En esencia, es una forma de participación en la muerte de Cristo: «Nuestro hombre viejo fue crucificado con Él, para que fuera destruido el cuerpo del pecado, a fin de que ya nunca más sirvamos al pecado. […] Por lo tanto, que no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus concupiscencias» (Rm 6, 6-12), dice san Pablo a propósito de esta participación en la muerte y resurrección de Cristo que es el bautismo. La mortificación manifiesta y actualiza nuestra vida en Cristo, que comenzó con el bautismo.

Jesús nuestro Señor no se limitó a sufrir su pasión. La deseó. Es una idea poco extendida por culpa de la ignorancia de las Escrituras: algunos se imaginan que Jesús fue víctima de toda una serie de torturas que no deseaba. Pero el Catecismo enseña lo contrario: «Aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: “Nadie me quita la vida, sino que yo la doy libremente (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte». Con la mortificación, nos unimos al amor de Jesús por su Padre y su común amor por los hombres. Pascal escribió que Jesús «en su agonía sufre los tormentos que se da a sí mismo», y le atribuye estas palabras: «En mi agonía, yo pensaba en ti; he derramado por ti esas gotas de sangre».

Algunas veces, san Gregorio de Nisa llama a la virginidad «mortificación de la carne» o «mortificación del cuerpo». Seguir leyendo “La mortificación es una forma de participación en la muerte de Cristo”

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