Piensa bien y acertarás

Ni angelismos ni sensualismos

solomon_kane10.jpgA comienzos del siglo III, Tertuliano ponía en guardia a las mujeres de Cartago contra su excesiva coquetería, pero sus opiniones carecían de equilibrio cuando escribía: «La castidad perfecta, es decir cristiana, busca no solo no ser deseada, sino más aún, repeler». Entonces, la mujer ¿no debe ser atractiva para su marido? Tertuliano llama a la mujer, alternativamente, «puerta del diablo» y «templo de Dios». Esta dicotomía perduró a lo largo de los siglos. En el siglo XIX el poeta francés Albert Samain, popular en su tiempo, reconoce que «la mujer, tal como la hemos hecho, es a la vez esclava y ángel, sin término medio». Es una alternativa que falsea la realidad. Entre un angelismo desencarnado y un sensualismo empobrecedor, existe la persona humana. Seguir leyendo “Ni angelismos ni sensualismos”