Y verás qué contento

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Vanidad de vanidades

vanidad.jpgLa prudencia en las relaciones con los demás requiere renunciar a ofrecer una buena imagen de sí mismo a cualquier precio. El sentido del humor es un buen aliado: nos ayuda a tomar cierta distancia respecto a la impresión que se da, y a mantenerse libre y sereno, «cómodo con uno mismo».
Existe una especie de cosificación del varón, cuando se hace provocador y superficial. Hace fácilmente «el pavo» en presencia de la mujer, que a su vez puede caer en la obsesión de su propia imagen o comportarse de un modo gravemente irresponsable ignorando, o fingiendo ignorar, la reacción de la sensibilidad masculina ante determinados comportamientos. Por supuesto, que una mujer resulte atractiva en su juventud, es algo natural; también es positivo que procure presentarse bien cuando tiene más edad. El cuidado de sí y de su belleza es expresión de la dignidad femenina, propia de una persona humana creada a imagen y semejanza de Dios.
Pero el cuidado personal nada tiene que ver con la falta de modestia femenina, especialmente penosa cuando la mujer se comporta con frivolidad, tratando de seducir más o menos conscientemente. Seguir leyendo “Vanidad de vanidades”