La virtud es el orden del amor

Conjugar bienes y deberes

hot-mr-darcy-gets-wet.jpgHemos dicho que la conducta humana queda condicionada por bienes y deberes. Bienes son las cosas que deseamos porque nos parecen convenientes o nos atraen instintivamente; deberes son las obligaciones que nos imponen las cosas que nos rodean. Ahora trataremos de estudiar un poco qué es lo que tiene prioridad: es decir, qué tenemos que amar antes. Esto es tan importante como difícil. Saber poner orden en la conducta es una gran cosa. San Agustín define la virtud simplemente como «el orden del amor» (De Civitate Dei, XV, 22).

Bienes y deberes no son dos voces opuestas como puede parecer en un primer momento, sino que se combinan: atender a los deberes es un bien, y atender a los bienes es un deber. Esto ayuda a situarse. Vamos a estudiarlo brevemente. Primero veremos lo más fácil: que es un deber oír la voz de los bienes (A); Luego veremos lo contrario: que oír la voz de los deberes es un bien (B). Seguir leyendo “La virtud es el orden del amor”

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La Santa Misa

PorqueiraMisaCristo permanece en su Iglesia: (recordar anécdota de: Voy al encuentro de mi amor…)

  • -En sus sacramentos, en su liturgia, en su predicación, en toda su actividad (Es Cristo que pasa, n. 102).
  • -De la Eucaristía, nacen para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias. Este es el sacrificio que profetizó Malaquías: desde la salida del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pura (Mal 1,11).
  • -En la última Cena, Jesús anticipa sacramentalmente el sacrificio de la Cruz e instituye la Eucaristía: Haced esto en conmemoración mía (Lc 22,19). A partir de ese momento, en cada Santa Misa se renueva y perpetúa incruentamente el único sacrificio de Cristo en el Calvario. Cristo se vuelve a ofrecer por ti (Forja, n. 83 1).

La Santa Misa nos ofrece la posibilidad de unirnos diariamente al ofrecimiento del sacrificio de la Cruz, fuente de nuestra Redención… Seguir leyendo “La Santa Misa”

Amor a la Iglesia: Omnes cum Petro ad lesum per Mariam!

iglesiaLa importancia de tener conciencia de pertenencia a la Iglesia: Un niño chino acude al catecismo de la misión, ignorante de que el sacerdote ha sido detenido. Unos agentes comunistas le salen al paso y le preguntan: —¿A dónde vas?—A la catequesis. —Ya no hay catequesis. —Entonces voy a ver al sacerdote. —Ya no hay sacerdote. —Entonces voy a la Iglesia. —Ya no hay Iglesia. Y el niño chino contesta: —Yo estoy bautizado… Yo soy la Iglesia. Aquel chico había aprovechado bien las clases de la catequesis. También nosotros podemos decir muchas veces: ¡Yo soy la Iglesia!… y los demás han de ver a Cristo en mí.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

1) Misión del Espíritu Santo: sentido de pertenencia, porque en la Iglesia por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, “no tiene Dios por Padre, quien no tiene a la Iglesia por Madre”(Tertuliano).

  • La Iglesia como lugar de salvación: El que creyere y se bautizare, se salvará; pero el que no creyere, será condenado (Mc 16,16).
  • La Iglesia como la acción del Esp. Santo en la Historia: Sacramento universal de Salvación…

2) Misión de Cristo. Porque Dios Padre ha puesto todas las cosas bajo los pies de Cristo y le ha constituido cabeza de toda la Iglesia, que es su cuerpo; en Él está la plenitud de quien llena todo en todas las cosas (Ef 1,22‑23).

  • La Iglesia es Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia, lugar del encuentro con Cristo y del desarrollo de la vida cristiana. (Anécdota: “voy al encuentro de mi amor…“). “El pan que partimos, ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo? Puesto que sólo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan” afirma en (1 Cor 10,16ss). Para Pablo, si Cristo nos da su cuerpo (en la mentalidad semita el cuerpo es el yo) es que se da a sí mismo. Comunión es fusión de existencias como en el alimento existe un proceso de asimilación igualmente mi yo es “asimilado” al mismo Jesús, hecho semejante a él: somos asimilados a este “pan”, haciéndonos un solo cuerpo. La eucaristía edifica la Iglesia así. Es el lugar del nacimiento continuo de la Iglesia. En la Eucaristía Jesús funda constantemente de nuevo la Iglesia.
  • Pero además está la unión esponsal de Cristo con su Iglesia. Una razón más para Amar a la Iglesia esposa como lo hace Cristo esposo… La Iglesia como “cuerpo de Cristo”implica la idea de relación esponsal. La teología eucarística es inseparable de la filosofía bíblica del amor. Si nos fijamos ya en Gen 2,24 se dice: “por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Una carne, una nueva única existencia. Lo dicho anteriormente sobre la eucaristía se hace ahora más claro en el lenguaje del amor. Esta idea esponsal de la eucaristía constituye el núcleo del concepto de Iglesia (esposa de Cristo) y de su definición mediante la fórmula “cuerpo de Cristo”. La Iglesia es cuerpo de Cristo a la manera en que la mujer con el marido es un solo cuerpo y una sola carne. Cristo y la Iglesia son un cuerpo en el sentido en que marido y mujer son una sola carne. (sentido del celibato apostólico)

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Afán apostólico: dar a conocer a Cristo

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El apostolado es participación en la misión de Cristo y de la Iglesia.

  • Es un derecho y un deber que deriva de la misma unión con Cristo Cabeza: viviendo la verdad con caridad, crezcamos en todo hacia Aquél que es la cabeza, Cristo, y de quien todo el cuerpo trabado y unido por todos los ligamentos que lo nutren, según la función correspondiente de cada miembro, va consiguiendo su crecimiento para su edificación en la caridad. (Ef 4,15‑16).
  • La vocación cristiana es por su misma naturaleza vocación al apostolado (cfr. Es Cristo que pasa, n. 120). Don y tarea. Encarnación y misión.

Toda la labor apostólica consiste en dar a conocer a Jesús: Seguir leyendo “Afán apostólico: dar a conocer a Cristo”

Humor: Es solo una intuición!

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Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí

deporte.jpgEl deporte es para muchas personas una gran ayuda en la formación de su equilibrio. Es sabido que disminuye el estrés, apacigua las tensiones interiores y hace más fácil el dominio de sí, especialmente para moderar las pasiones. Por ejemplo, sirve para aliviar el nerviosismo o la angustia profesional. Hay un período de la vida en el que es recomendable dedicarse a una práctica deportiva de modo habitual, por ejemplo una vez o dos a la semana. Algunas personas van más allá, hasta profesar un verdadero culto al deporte. Al margen de unas exageraciones que llegan a considerar la afición colectiva al fútbol como una «peste emocional», o de otros ejercicios físicos propensos a las patologías, el sentido del esfuerzo e incluso del dolor físico forma parte del aprendizaje que proporciona el deporte.
La vida cristiana se puede comparar con el deporte. Seguir leyendo “Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí”

Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar

sentiry consentir.jpg¿Cómo discernir lo que es pecado de lo que no lo es? En este tema hay que saber distinguir el sentir del consentir. Por ejemplo, cuando se dilata la pupila del ojo, se puede ver sin haberlo buscado: ha sido provocado automáticamente por una bajada en la intensidad luminosa del ambiente. Lo mismo ocurre con otros movimientos fisiológicos y con determinadas sensaciones. No hay pecado sin consentimiento, y por eso, las reacciones fisiológicas no tienen que turbar el espíritu. Si son provocadas por la tentación no hay que perder la paz, sino al contrario, vivirlas como una prueba que da la ocasión de demostrar el amor que se tiene a Dios. «Una cosa es sentir, y otra consentir. La tentación se puede rechazar fácilmente, con la ayuda de Dios. Lo que no conviene de ningún modo es dialogar» [18].
La tentación nos recuerda que necesitamos la ayuda de Dios, que «no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas» (1 Cor 10, 13); y aún más, nos demuestra que en la flaqueza es donde somos fuertes (cf. 2 Cor 12, 10). Por eso, el nerviosismo, la cólera o la angustia que pueden acompañar a una tentación, en el caso de una persona que trata de vivir su fe cristiana coherentemente, no deben inquietar sobremanera: puede tratarse de purificaciones que Dios permite para que nos acerquemos más a Él. Seguir leyendo “Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar”