Acerca de la humanidad santísima del Señor

san-jose-y-jesusY el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). El Hijo de Dios se ha encarnado: Jesucristo…Verdadero Dios y verdadero hombre, trabajó con sus manos; sufrió y murió por nosotros en la Cruz… Por eso, la santidad es la plenitud de la filiación divina: Participamos de la gracia de Cristo (cfr. Jn 1,10). Y podemos Vivir su vida (cfr. Gal 2,20).

En efecto, el gran secreto de la santidad se reduce a parecerse más y más a Él, que es el único y amable Modelo (Forja, n. 752). Yo soy camino, verdad y vida (Jn 16,6). Jesucristo nos ha dejado en este mundo las huellas por donde podemos seguirle…

Hemos de amar su Humanidad Santísima: Sería lamentable que alguno concluyera, al ver desenvolverse a los católicos en la vida social, que se mueven con encogimiento y capitidisminución. No cabe olvidar que nuestro Maestro era ¡es! “perfectus Homo” perfecto Hombre. (Surco, n.421.). “Iesus Christus, perfectus Deus, perfectus Homo” Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre. Muchos son los cristianos que siguen a Cristo, pasmados ante su divinidad, pero le olvidan como Hombre…, y fracasan en el ejercicio de las virtudes sobrenaturales a pesar de todo el armatoste externo de piedad , porque no hacen nada por adquirir las virtudes humanas. (Surco 652)

Los beneficios de la meditación frecuente y amorosa de la vida del Señor: meternos como un personaje más, hasta llegar a tener el Evangelio en la cabeza como una película: La llamada del Señor la vocación se presenta siempre así: “si alguno quiere venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. * Sí: la vocación exige renuncia, sacrificio. Pero ¡qué gustoso resulta el sacrificio “gaudium cum pace”, alegría y paz, si la renuncia es completa! (Surco, n. 8). 

Como es el Espíritu Santo es el que nos identifica con Cristo, convirtiéndonos en otros Cristos, hemos de pedirle el don de piedad. Y pedirle también que nos aumente la fe: Jesucristo ayer y hoy y siempre! (Heb 13,8).

Necesidad de conocer muy bien a Jesús y de amarle profundamente para poder colaborar en la conformación de las almas con Cristo. Fundamentar nuestra vida en Cristo. (cfr. Homilía Hacia la santidad, en Amigos de Dios, nn. 294‑316).

Otras entradas del blog relacionadas con la humanidad santísima del Señor:

  • La fuerza de la carne del Señor se manifiesta en el don de la Eucaristía: «Para aprender a amar, que no se deje el hombre arrastrar por los impulsos de la carne. Y para que no le prenda la concupiscencia, que ponga todo su afecto en la dulce paciencia de la carne del Señor». Esta fuerza de la carne del Señor se manifiesta en el don misericordioso de la Eucaristía.
  • Ver la serie de entradas sobre el retrato del Señor según los evangelios (están tomados de la Vida de Cristo de Fillion).
  • “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su miserocidia”: Hemos besado, como Tomás, muchas veces sus llagas y hemos escuchado como si se nos dijera a cada uno de nostros: Mirad mis llagas“Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo” (Lc 24, 39). Juan Pablo II ponía en relación ese pasaje del Evangelio con otras palabras de San Juan en la primera Carta: “Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y nuestras manos palparon… os lo anunciamos” (Jn 1, 1-3).

  • Santa Teresa de Jesús y la gente sencillaEsta Doctora de la Iglesia, nos enseño que se podía usar de los sentidos en la aventura de la santidad, que los sentidos no son un enemigo sino alas que nos pueden llevar hasta Dios. Pero ¿cómo hacerlo si Dios se escapa a los sentidos? He aquí la gran respuesta que Teresa nos legó: ¡La imaginación! ¡La “loca de la casa” vuelta sensata por la gracia!. Así lo enseñó también otro santo: “Oración mental es ese diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad.” (san Josemaría, Es Cristo que pasa, 119).

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11 comentarios en “Acerca de la humanidad santísima del Señor

    1. Isabe, estoy buscando algo para este año que ha empezado. Voy a terminar el libro de Amor y desamor de G. Derville. Pero aún no he encontrado como seguir después. Hay un librito de Juan Luis Lorda sobre las virtudes que parece bueno, pero no estoy seguro aún. A ver si encuentro algo que sirva para todos; y que sirva también para hacer oración con las entradas del blog. Te encomiendo Isabel. Saludos y gracias por tus comentarios

    2. Isabel, dime si te parece bien esto, es del libro de Lorda. Gracias.
      “¿Se puede mejorar? ¿Se puede ser mejor, es decir, mejor persona? Es una buena pregunta. Y ¿quién se atrevería a responder que no, que él no puede mejorar?
      Una parte de nuestra cultura moderna diría que la cuestión no le interesa en absoluto, que ser bueno es un aburrimiento; y que le parece más interesante no serlo. Seguramente, tiene alguna razón.
      En una película suelen ser más interesantes los papeles de los malos que los de los buenos. Y si sólo hacemos una película con buenos, por así decir, nos saldría un aburrimiento insoportable. En cualquier argumento de la literatura o del cine, hay que poner algo de maldad. Si no, no tiene profundidad humana. Es verdad. La maldad pone emoción en el mundo. Pone retos que hay que superar, obstáculos que hay que vencer, injusticias que hay que arreglar. Sin esto, no hay emoción en la vida.
      Pero a nadie le gustaría tener un hijo, un esposo o una esposa, un jefe, y, no digamos, una madre o un padre que prefiere ser malo en lugar de bueno. El resultado sería bastante amargo, y puede hacernos la vida insoportable. Es mucho mejor tener alrededor gente buena, que procura cumplir con sus deberes, tratarnos bien y ayudarnos cuando nos hace falta. Cada persona buena es un tesoro, un descanso, un apoyo y, podríamos decir, un triunfo de la humanidad.
      Por eso, pese a lo que opinen sectores marginales, que sólo son capaces de complicarse la vida a sí mismos y a los demás, resulta bastante interesante intentar ser bueno. O, por lo menos intentar mejorar. Pero ¿realmente se puede mejorar?
      La experiencia de la vida dice que sí y que no. Por un lado, sabemos que se puede ser mejor; poniendo empeño e interés. Y, por otro, que no es fácil; que cada persona tiene límites, defectos y maneras de ser muy arraigados; que una vez y otra caemos en lo mismo; y que es difícil sacar la vida del raíl donde la hemos metido.
      El resultado, según la experiencia común, es que se puede, por lo menos en parte, aunque es difícil. Entonces la pregunta siguiente es: ¿vale la pena intentarlo?, ¿merece la pena en cualquier edad y circunstancia intentar mejorar?
      Los que nos rodean dirían que sí, que merece la pena que lo intentemos, porque ellos conocen y padecen nuestros defectos. Y nosotros diríamos lo mismo de los demás. Pero lo interesante es planteárselo uno mismo: ¿vale la pena intentar mejorar?
      En cuanto respondamos que sí, nos tropezaremos con la siguiente pregunta. Y ¿cómo mejorar? Y, en cuanto hagamos esta pregunta, tendremos delante la experiencia de la humanidad desde que empezó a pensar y a escribir: es la historia del humanismo.”

      1. NO puedo opinar .no tengo suficiente formación Rosa le daría mejor parecer ese prologo da para mucho. Se puede,se debe,y es obligatorio mejorar nadie puede permanecer parado hasta para ser malo (una persona para robar quiere ser el mejor ladrón ,asesino etc)aunque sea por egoísmo todos queremos ser mejores…….La vida es como uno la hace…..De todas maneras mi comentario IVA mas relacionado con vida interior y más. personal ……el libro en si esta bien…El de “moral el arte de vivir” .del mismo autor también……

  1. He encontrado este escrito de Mons. Ocáriz sobre la humanidad de Cristo que me ha parecido muy interesante.. Me he basado en él para hacer este comentario.

    En razón de la unión hipostática, Cristo era esencialmente impecable. También en razón de la unión hipostática y de su carencia de pecado, Cristo careció del fomes peccata, es decir, del desorden introducido en el hombre por el pecado original . En consecuencia, Cristo no experimentó la tentación ab intrinseco, desde dentro. Existe en esto unanimidad entre los teólogos, sólo rota por Teodoro de Mopsuestia, al aceptar la existencia en Cristo de pasiones desordenadas y concupiscencia de la carne . Las razones teológicas que avalan semejante unanimidad han sido ya citadas repetidamente: la infinita santidad de Cristo y su carencia de todo pecado, también del original, que es el que introduce el desorden en el hombre .

    Esto no quiere decir que no hubiese en el alma y en la carne de Cristo apetencia de lo que era bueno para ellas y rechazo de lo que les era nocivo, o que Cristo no tuviese las pasiones humanas. Decir que Cristo no padeció el desorden de la concupiscencia no equivale a decir que no tuvo sensibilidad. Al contrario, se encuentra adornado de una sensiblidad exquisita, como se muestra en sus reacciones, en su predicación, en sus parábolas. Jesús siente hambre y apetece el comer; tiene sed y sueño, y siente la apetencia de saciarlos; se indigna con ira santa; experimenta el gozo de la amistad; llora con auténtico dolor de hombre; siente miedo y angustia ante la muerte (cfr Mt 26,37-38). Recuérdese la ya tratada distinción, al hablar de la voluntad de Cristo, entre la voluntas ut ratio —la voluntad en cuanto acto libre y razonable—, y la voluntas ut natura, la voluntad en cuanto tendencia natural hacia el bien. Así lo pone Cristo de manifiesto, p.e, en la Oración en el Huerto, cuando dice al Padre: no se haga mi voluntad, sino la tuya (Lc 22,42). Su naturaleza humana, santa y rectamente ordenada, rechaza lo que le hace daño, como son los tormentos y la muerte, sin que ese rechazo sea desordenado, sino todo lo contrario. Esa misma naturaleza humana, con su acto libre, domina la repulsión que le provocan los tormentos, obedeciendo al Padre. Como escribe S. Tomás de Aquino, Cristo se dolió «también por la pérdida de la propia vida corporal, que es naturalmente horrible a la naturaleza humana» . Aquí se manifiesta la libertad de Cristo, siendo impecable: ni el mandato del Padre, ni la amorosa infalibilidad con que obedece a ese mandato, hacen que Cristo esté atraído directa e inevitablemente por la muerte que le sigue repugnando .

    La Sagrada Escritura habla en lugar destacado de las tentaciones de Cristo, sobre todo en la escena presentada por los sinópticos inmediatamente después del bautismo (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13). Cristo ha tenido la experiencia de la tentación. No se trata de una tentación ab intrinseco, que brota del propio desorden, sino de una tentación ab extrinseco, desde fuera. Pero esto no quiere decir que la tentación o la experiencia de Cristo no haya sido real, auténtica. Cristo sintió sobre sí la presión del demonio, de los hombres, de las mismas circunstancias, que le pedían que fuese infiel a su misión, que desnaturalizase su mesianismo. Se trata de tentaciones reales, que no implican desorden interior en quien las padece, pero que, para ser rechazadas, requieren fortaleza: no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que siendo como nosotros, fue probado en todo, menos en el pecado (Hebr 4,15).

    No es éste el lugar de entrar en el estudio exegético de los textos escriturísticos que relatan las tentaciones de Cristo, estudio que resulta verdaderamente sugestivo. Bástenos sencillamente recordar que las tentaciones de Cristo han de enmarcarse en el contexto más amplio de la lucha entre Satanás y Cristo, tan fuertemente subrayada en los Evangelios. Jesús es atacado por Satanás con todos los medios con que éste cuenta a su alcance, pero le vence siempre y en todo.

    En su materialidad, las tres tentaciones relatadas por los Sinópticos apuntan hacia el mesianismo de Cristo, y guardan un estrecho paralelismo con la interpretación terrena que el judaísmo daba al papel del Mesías. Satanás tienta a Jesús para que oriente su mesianismo en mezquino provecho propio y contra la voluntad del Padre. De hecho, Jesús tuvo que rechazar a lo largo de su vida las presiones de su ambiente, incluso de sus discípulos , contrarias al plan del Padre. Es la misma tentación que le propondrán los judíos, cuando está ya en la cruz: Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz, y creeremos (Mt 27,41-43; Mc 15,27-32).

    Se trata, pues, de tentaciones numerosas y reales, que Cristo vence con perseverancia, dándonos auténtico ejemplo de cómo luchar contra el mal. El gran tentador de Jesús es Satanás, pero la tentación brota también de sus enemigos, del ambiente, de sus mismos discípulos. Para que la experiencia de la tentación sea real, y su vencimiento una auténtica victoria, no es necesario que el corazón del hombre esté inclinado al mal, ni tenga el fomes peccata. En Jesucristo no hay ninguna connivencia con el mal; no reina en sus miembros ninguna ley del pecado (cfr Rom 7,21-25). Pero es tentado verdaderamente. Y da ejemplo real de cómo se ha de vencer al Maligno. Sus victorias sobre estas tentaciones forman parte de su victoria sobre el príncipe de este mundo (cfr Jn 12,31; 14,30; 16,11).

    En el plan divino, las tentaciones de Cristo no sólo tienen un sentido pedagógico, sino que forman parte de la lucha y victoria de Cristo sobre el Maligno . Como escribe San Hilario, comentando Mt 12,29: «Cristo reconoce públicamente que todo el poder del diablo fue liquidado por El en la primera tentación, dado que nadie puede entrar en casa del fuerte y robarle su hacienda, si previamente no ha maniatado al fuerte. Y es evidente que quien tal cosa puede hacer ha de ser aún más fuerte que el fuerte aquél. Satanás quedó atado cuando el Señor le llamó por su nombre; la declaración pública de su maldad lo encadenó. Y una vez que lo tuvo así atado, lo despojó de sus armas y de su casa, es decir, de nosotros, sus armas de antaño. Volvió a hacemos militar en las filas de su reino, y se ha hecho con nosotros una casa despejada por el vencido y encadenado» . La victoria de Cristo sobre el diablo se consumará en la cruz; pero ha comenzado ya —y en forma contundente— mucho antes. Uno de los momentos cruciales de esa lucha y victoria de Jesús han sido precisamente las tentaciones.

  2. Hola. D Rafael voy a dejar unos días el blog necesito “desenchufar” en general ..me daré de baja en la suscripción ..Suerte con las nuevas entradas seguro que le van muy bien…Adiós a los dos

  3. Hola ….he vuelto a esta entrada no es que sea nada especial está bien mejor.que bien…este es.el día en que dije que dejaba el blog desde ese día he cambiado no para mejor sino todo lo contrario .Ando de.mal humor ,enfadada con el mundo ,rebotada,hasta lo que había aprendido y estaba controlando tan bien mi poca paciencia se.ha vuelto a convertir en bufido..Asique voy marcha atrás sin freno supongo que ya me he estrellado. Dicen que la confianza es como una copa de cristal muy fino que si se rompe es muy difícil de recuperar.Espero que no este.rota del toda. con el que escribe las entradas y solo haya visto fantasmas donde no existen ..(espero que se entienda) adios

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