Las pequeñas peleas causan buena parte de la infelicidad que existe en este mundo

evita las peleas.jpgUna pelea es una discusión acalorada con la que no se pretende esclarecer algo, sino reivindicarse o defenderse a uno mismo. Las pequeñas peleas causan buena parte de la infelicidad que existe en este mundo, especialmente en las familias. Si sabes cómo evitarlas, serás capaz de llevar felicidad allí donde estés.
Las siguientes sugerencias quizá te sirvan de ayuda:

—No digas nada que pueda enfadar al otro. Las peleas siempre tienen que ver con el carácter y sus argumentos suelen estar inspirados por la ira y el orgullo antes que por la razón. Pelearse airadamente es inútil: nunca se convence a nadie de nada y tan solo queda un tenaz resentimientoFaltas a la caridad si cuando discutes sustituyes la claridad y la evidencia por el volumen de la voz. Pecas contra la caridad si criticas el carácter del otro. Demuestras lo débil que es tu personalidad si te enfrentas a los argumentos del contrario haciendo comentarios irónicos sobre su capacidad de raciocinio, o manifiestas tus sospechas acerca de los motivos que le llevan a mantener una opinión. El odio no se resuelve nunca con el odio, sino con el amor. Y los malentendidos no se resuelven nunca peleando, sino con tacto, espíritu conciliador y un afán de empatía que facilite la comprensión del otro punto de vista. Si tu caridad es auténtica, ofrecerás siempre y de buen grado la verdad al que yerra como si fuera uno de los dones más valiosos de este mundo, pero no intentarás imponérsela a la fuerza. Así debe ser sobre todo cuando se trata de temas insignificantes, que suelen constituir la manzana de la discordia en la mayoría de las discusiones. Si terminas una pelea intrascendente venciendo de ese modo, no le habrás hecho ningún favor al prójimo, a pesar de toda la información y las pruebas que le hayas expuesto. Solo habrás conseguido enfadarlo y humillarlo. La ira es responsable de muchas disputas enconadas. Si, sin quererlo, has dicho algo que ha enfadado a la otra persona, retira inmediatamente tu argumento. Para pelear hacen falta dos, pero basta con uno para acabar una pelea.
—Respeta la opinión del otro. Es un error intentar imponer tu opinión: denota más inteligencia hacer sugerencias y dejar que el otro extraiga sus propias conclusionesSi le dices que está equivocado, no conseguirás que desee coincidir contigo, porque habrás infligido una herida a su inteligencia, a su raciocinio, a su orgullo y su autoestima. Solo conseguirás que desee devolverte el golpe, pero nunca que cambie de parecer. Ni te ha pedido ni quiere tu opinión. No hay ninguna razón por la que debas discutir con él. La mayoría de nosotros cambiamos de criterio sin ofrecer resistencia; pero, si nos dicen que no tenemos razón, nos sentimos ofendidos. Puede que el otro esté completamente equivocado, pero él no lo ve así. Puesto que existe un motivo que le lleva a pensar y actuar como lo hace, intenta por todos los medios ponerte en su lugar. En lugar de condenarle, procura entenderle. Eso es señal de inteligencia y tolerancia. Si quieres ver las cosas desde su punto de vista, déjale hablar. Hazle preguntas. Puede que no estés de acuerdo con él y quizá te sientas tentado a interrumpirle, pero no lo hagas. No te prestará atención mientras sus ideas no dejen de exigir expresarse. Escucha pacientemente y abre tu mente.
Minimiza tus logros. Hasta los que son amigos tuyos prefieren hablar de sus éxitos antes que oírte presumir de los tuyos. Deja que tu amigo sea mejor que tú, porque eso le hace sentirse importante. Después de todo, desde un punto de vista humano tampoco tú eres tan importante: te irás y, dentro de un siglo, nadie se acordará de ti.
—Si estás equivocado, reconócelo enseguida y con rotundidad. En lugar de intentar defenderte, admite que la otra parte tiene razón: de ese modo, es probable que adopte una actitud generosa y magnánima. Cualquier necio es capaz de intentar defender sus errores —y la mayoría lo hace—, pero reconocerlos te hace sentir más noble. Cuando te peleas, nunca te quedas satisfecho; cuando cedes, sientes más satisfacción de la esperada.
—Si tienes razón, intenta convencer al otro con tacto y amabilidad. La gente puede ver reflejada la firmeza o la debilidad de tu carácter, y también tu caridad, en tu manera de debatir con los demás un tema controvertido. Es señal de caridad cristiana y de fortaleza de carácter defender un asunto con calma, amplitud de mente, objetividad y cortesía, pero con entusiasmo y firmeza. Una de las actividades del hombre más provechosas y entretenidas es una discusión seria y rigurosa. Pero una falta de caridad o cortesía acaba con todo el provecho y la diversión. Si quieres demostrar algo, hazlo con tanta serenidad que nadie se dé cuenta de que lo estás haciendo. Cuando hables con la gente, en lugar de empezar por aquello que os separa, insiste en lo que tenéis en común. Si alguien hace una afirmación que crees o estás seguro de que es equivocada, conviene empezar diciendo: «A mí me parece que no, pero puede que esté equivocado. Y, si me equivoco, corrígeme». Admitir que es posible que no tengas razón nunca te perjudicará, sino que frenará cualquier polémica y llevará a la otra persona a ser tan imparcial y tan abierta como tú; y a querer reconocer que también ella puede estar equivocada.
«Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario», aconseja Jesús. Si el corazón de alguien está lleno de resentimiento hacia ti, no puedes convencerle de nada por mucha lógica que emplees. No le puedes obligar ni forzar a que coincida contigo. Pero quizá seas capaz de conseguirlo mostrándote amable y amistoso. Si quieres ganarle para tu causa, convéncele primero de que eres buen amigo suyo. Así habrás conquistado su corazón, que es la autopista hacia la razón. La amabilidad, la cercanía de la amistad y el aprecio pueden hacer cambiar de opinión mucho antes que todas las palabras airadas y duras que seas capaz de emplear. Procura ser considerado, sobre todo cuando el asunto es intrascendente y no merece la pena que nadie se enfade por él. Si no siempre eres capaz de mostrar tu consideración, hazlo tan a menudo como te sea posible.
—Ten la habilidad de percibir cuándo alguien se ha sentido herido. Si estáis discutiendo sosegadamente y notas que el otro se ha tomado algo a pecho al pasar del terreno de la inteligencia al de los sentimientos, es el momento de dejar de discutir. No hay respuesta correcta a los sentimientos heridos. Si insistes en el tema, la discusión acabará en pelea. Cuando una persona está cansada, de mal humor o preocupada, tiende a dar importancia a cualquier cosa, por insignificante que sea. Ten cuidado con lo que dices si sabes que el otro no está en su mejor momento. Si percibes un estado de ánimo predispuesto a las malas contestaciones o al insulto, y no puedes hacer nada más, al menos cállate. También tú debes estar preparado para sentirte herido de vez en cuando, pero no permitas que tus emociones te lleven a la venganza. Una persona de carácter se traga la vanidad y domina los sentimientos heridos, evitando de ese modo una pelea.
—Sé comprensivo con las ideas y los deseos de los demás. Si te encuentras con alguien enfadado, con prejuicios y poco dispuesto a razonar, no se merece que lo desprecies por ser como es. Compadécelo. De haber compartido su entorno y sus experiencias, probablemente pensarías y obrarías igual que él. Tres cuartas partes de las personas a las que tratas tienen hambre y sed de comprensión: ofrécesela y te querrán.
—Supón los motivos más nobles. Cuando no dispongas de información sobre alguien, la única manera sensata de obrar será suponer que es una persona sincera, honesta, bienintencionada e incluso dispuesta a hacer el bien. Por lo general, la gente suele ser honrada y desea cumplir con su deber. Tienes tantas posibilidades de equivocarte como cualquier otra persona. Si insistes demasiado en un derecho sin importancia, este puede volverse contra ti y contra el prójimo. Tal vez la letra de la ley esté a tu favor, pero su espíritu no. Si existe alguna duda acerca de un «derecho» y se puede interpretar de dos maneras, pon siempre por delante de ese derecho cuestionable las concluyentes exigencias de la caridad. Este principio no perjudicará al sentido de la justicia; el único perjudicado será el amor desordenado a las cosas de este mundo que tú reclamas como un derecho y que te hace capaz de olvidar con tanta facilidad el derecho mayor y más sagrado: el de la caridad. El amor es más grande que el derecho. Recuérdalo no solo si se trata de simples opiniones, sino de temas importantes, cuando, por ejemplo, una persona obstinada, además de estar equivocada, intenta que te equivoques tú también. En el Huerto de Getsemaní, cuando Pedro salió en defensa de Cristo, Él le dijo: «Envaina tu espada. ¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?». Estaba poniendo por obra lo que enseñó en otra ocasión: «Si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra». Siempre que existan diferencias de opinión, y especialmente ante personas obstinadas, vive la caridad comportándote como lo hizo Cristo: guardando silencio. Con estas palabras describe el evangelista a Jesús mientras lo juzgaban: «Jesús permanecía en silencio». Cuando te encuentras con el error, el espíritu de Jesús no te pide responder con obstinación a la obstinación, por muy seguro que estés de tu opinión. 
Si sigues estas sugerencias, te hallarás en el buen camino de frenar una pelea, eliminar resentimientos y fomentar la buena voluntad. (L. G. LOvasik en “El poder oculto de la amabilidad”)

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3 comentarios en “Las pequeñas peleas causan buena parte de la infelicidad que existe en este mundo

  1. Hola….muy buena entrada …lo único bueno de las peleas es la reconciliación. …!!!
    Rosa si sigues el blog espero que estes mejor .y vuelve pronto que te hecho de menos …saludos. ……adiós

      1. No se preocupe no creo que pueda hacer mucho….Me parece que Dios hace mucho tiempo que me ha quitado todo..(Un chico con el que salía me dijo que no se pude obligar a nadie a que te quieran)y con Dios pasa lo mismo puedes pasar toda la vida intentando quererle ,que si el no te quiere no puedes hacer nada…..saludos

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