Sobre la ideología de género

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Dentro de poco tengo que dar una charla sobre ideología de género y voy a prepararla desde el blog. En primer lugar conviene captar de qué se está hablando y qué es lo que entiende el auditorio por ideología de género. Para explicar la transcendencia del tema:

  • Contar la anécdota del explorador que se dirige del polo norteEl deseo y búsqueda bien intencionada de la felicidad, de llegar al Polo Norte, no basta para alcanzarla; los planteamientos antroplógicos de fondo, la visión del hombre, del mundo y de Dios, la base sobre la que sustentar este proyecto es tanto o más importante.
  • Así que ¡ojo con el cambio de paradigma cultural que nos propone la modernidad versus el humanismo cristiano occidental! Cosas importantes están en juego: por ejemplo, ver los dos primeros minutos del vídeo de Ignacio Ibarzabal | President, Grupo Solido., Austral University. Donde se pregunta ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo que anula y destroza los anhelos más profundos de amor del corazón humano?

Pero ¿qué es exactamente la ideología de género? ¿cómo y donde se generó dicha ideología)? Esta es la parte más teórica de la charla pero es fundamental tener clara  la base marxista del planteamiento: lucha de clases entre el varón y la mujer. Para esto veremos los 10 primeros minutos de este vídeo:

  • Ideología de género Benigno Blanco 13 6 2012 – YouTube (dura 54 minutos y hace reflexiones sobre el caso español; ahora solo nos interesa ver los 10 primeros minutos). Tras ver el vídeo podemos concluir varias ideas:
    • Lo que está en juego es la maternidad (siglo XXI).
    • La conferencia del cardenal Sarah sobre el genero-y-familia. Deja claro cómo se ha lesionado durante el s. XX la figura paterna (Nietzsche, Freud y Marx) y ahora se pretende eliminar la maternidad. Es la identidad básica de la persona la que está en juego: todos tenemos como relación básica y primaria el ser hijos. El hombre como hijo de Dios, y la imagen de Dios creador quedaría así borrada (diabolico).
    • Pero también el hombre, en cuanto tal, quedaría ya solo, sin ese último refugio que es la familia, quedamos a merced del Poder. Es una ideología del Poder.
  • Conclusión: existen problemas de machismo, de homosexualidad, de reivindicación de la mujer, etc… Pero ¿es este el modo más adecuado de resolverlos? ¿Anular la maternidad? ¿No existen modos más adecuados y menos traumáticos? ¿No será el remedio peor que la enfermedad en este caso?

Ahora nos preguntamos algo que resulta muy esclarecedor sobre esta ideología: ¿cómo ha llegado a tener las dimensiones globales y poderosas actuales siendo algo de origen tan minoritario? Es importante ver otros diez minutos (del 30:26 ss) del mismo video anterior: Ideología de género Benigno Blanco 13 6 2012. Se explica sus dimensiones y desarrollo:

  1. Movimiento Gay (nace sin ideología)
  2. Control de población (sexo sin fecundidad: ejemplo de las tres islas)
  3. Centro de operaciones: ONU

Por último, conviene ver como se está aplicando ya el proceso ideológico a nivel de educación sexual infantil (vídeo)

Nota: es posible que en el coloquio surgan cuestiones sobre la Homosexualidad y AMS, y me ha parecido muy interesante esta página: Es posible el cambio, con el vídeo explicativo del proyecto: ¿Es posible salir de la AMS?. Tienen otros muchos vídeos sobre el tema en youtube. También acerca de los estudios que niegan el origen genético de la homoxeualidad y otros. Los patrones de conducta homoxesual de varones y mujeres son también distintos y conformes a su sexo natural.

 

 

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9 comentarios en “Sobre la ideología de género

  1. Hola he visto la entrada vaya tema complicado .Como estoy en esa fase que dice que me opongo insoportable dejo los comentarios una temporada ..tendría mi opinión pero seria opuesta seguro…..Seguiré la charla desde atrás .Saludos y gracias….(espero que la gente que va escuchar la charla ,no se le valla antes de empezar)es broma

  2. Como otras ideologías ésta tiene pretensiones totalitarias: imponerse como herramienta de dominio que configure la vida social e incluso a la familia y a la persona humana

    Desde hace ya bastantes años se viene difundiendo en todos los ambientes, a partir del llamado primer mundo una ideología que, junto con el relativismo, parece ser una característica de estos comienzos del siglo XXI. Es la llamada perspectiva, visión o ideología de género, que tiene poderosos patrocinadores a nivel mundial.

    El siglo XX padeció especialmente el influjo de dos ideologías: el nazismo de Hitler y el comunismo soviético. Con las características propias de toda ideología: una idea de fondo no demostrable, pero que se presenta como demostrada: la superioridad de la raza aria, o la lucha de clases como motor del progreso histórico. Esa idea de fondo se presenta como un imperativo radical, que ha de imponerse a todos.

    La ideología de género parte de la negación de la naturaleza humana. Al no existir esa naturaleza humana, todo se reduce a cultura, a creación humana. La naturaleza enseña que el género humano se realiza en dos sexos, varón y mujer. Y que no hay un tercer sexo. En cambio esta ideología pretende que el sexo biológico no tiene mayor importancia. Lo relevante es el género, una construcción cultural según la cual es el individuo el que decide su propio género, como un rol social.

    “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»” (Papa Francisco, Exhort. Apost. Amoris laetitia, n. 56).

    Como otras ideologías ésta tiene pretensiones totalitarias: imponerse como herramienta de dominio que configure la vida social e incluso a la familia y a la persona humana. “Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar»” (idem).

    Si la naturaleza humana y sus leyes propias, designio del Creador, no existe, todo es cultura, creación convencional del hombre. Nada impide entonces que la técnica sustituya a la Ética. “Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas»” (idem).

    El amor a la verdad no quiere decir intransigencia con las personas que se equivocan. Las personas han de ser respetadas siempre. “Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada” (idem).
    Rafael María de Balbín

  3. VATICANO, 27 Dic. 16 / 08:18 pm (ACI).- El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Ludwig Müller, denunció que los países de América Latina “se encuentran bajo presión de un totalitarismo ideológico”, que condiciona la ayuda para el desarrollo a la aceptación del aborto y la ideología de género.

    El Purpurado hizo esta denuncia durante una entrevista exclusiva a ACI Prensa con motivo de su libro “Benedicto y Francisco. Sucesores de Pedro al servicio de la Iglesia”.

    “Los Estados y la sociedad en América Latina, al igual que en Europa y en América del Norte, se encuentran bajo la presión de un nuevo totalitarismo ideológico que se quiere imponer a todos los países, condicionando la ayuda para el desarrollo en función de la aceptación de sus postulados, como ocurre con la ideología de género y el acceso libre al aborto, que es un homicidio que se trata de presentar como un derecho. Son amenazas que debilitan los cimientos de los Estados modernos”, advirtió el Cardenal Müller.

    Sin embargo, señaló que Europa y América Latina presentan diferentes características que les permite responder de manera distinta a este fenómeno.

    “En Europa se desarrolló mejor la democracia. En América Latina, en cambio, un presidente está considerado casi como un ídolo destinado a resolver todos los problemas. Es necesario ofrecer formación a la sociedad. Se necesitan personas capaces de interesarse por el bien común, no sólo por sus clientes”.

    “Por otro lado, incluso en Occidente a veces el clientelismo impide un buen desarrollo de la sociedad y la adecuada relación con el Estado. Es importante insistir en que no se puede identificar al Estado con la sociedad. Si esto sucede, significa que se está desarrollando un nuevo totalitarismo”, señaló.

    Durante la entrevista, el Cardenal Müller recordó que “corresponde a los Obispos y, sobre todo, al Papa, que tiene una misión específica por la unidad y salvaguarda de la fe, pero que también es el intérprete supremo de la ley moral natural, denunciar” las amenazas contra la sociedad de la pretensión de extender determinadas ideologías de corte totalitario, en concreto, ideologías como la de género.

    En el caso de América Latina, dijo que es necesario que la Iglesia ofrezca “un testimonio profético para un desarrollo digno de las estructuras de la sociedad y del Estado”.

    Traducido y adaptado por Miguel Pérez Pichel. Publicado

  4. VATICANO, 02 Oct. 16 / 04:56 pm (ACI).- En la habitual conferencia de prensa que ofreció a los periodistas a bordo del avión en el que regresó a Roma procedente de Georgia y Azerbaiyán, el Papa Francisco afirmó que el adoctrinamiento de los niños con la ideología de género es una maldad.

    El Santo Padre respondió a una pregunta sobre sus afirmaciones en Georgia el sábado 1 de octubre, cuando dijo que “un gran enemigo del matrimonio es la teoría de los géneros”.

    Al respecto, el Papa recordó lo que le dijo un padre de familia en Francia sobre algo que le había pasado cuando comía con su familia y esto fue lo que dijo sobre la ideología de género:

    “Antes que nada, yo he acompañado en mi vida como sacerdote, obispo y también como Papa, he acompañado personas con tendencia homosexual y también con prácticas homosexuales. He acompañado, los he acercado al Señor, algunos no podían, pero yo he acompañado y nunca he abandonado a nadie, esto que quede claro.

    Las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que tiene esta condición llega hasta Jesús, Jesús no le dirá seguramente vete porque eres homosexual. No. Lo que yo he dicho, es esa maldad que hoy se hace en el adoctrinamiento de la teoría del género.

    Me contaba un papá francés que en la mesa hablaba con los hijos, católicos ellos y la esposa, católicos no tan comprometidos, pero católicos; y le preguntaba al niño de 10 años, ‘¿Tú qué quieres ser cuando seas grande?’ ‘Una muchacha’.

    El papá se acordó que el libro del colegio enseñaba la teoría del género, y esto va contra las cosas naturales. Una cosa es que una persona tenga esta tendencia, esta opción, e incluso que cambie de sexo, y otra cosa es hacer la enseñanza en la escuela en esta línea para cambiar la mentalidad. A esto yo llamo colonizaciones ideológicas”.

  5. Los homosexuales tienen su lugar en la Iglesia

    «He encontrado una comunidad en la que Dios me dice que me quiere y me ama», dice uno de los chicos que participa en el Itinerario de Maduración que ofrece la Iglesia en España a las personas que sufren por su AMS. Lejos de descartarlos, la Iglesia les ofrece un camino de acompañamiento hacia la verdad de su vocación al amor

    «Al final, mi corazón estaba vacío. Siempre buscaba una relación tras otra, tras otra, tras otra… Pero mi corazón estaba muy triste. Compartíamos la misma herida, pero estábamos vacíos. En el fondo, me decía: Yo no soy así. Iba a los bares de ambiente gay, y veía a todo el mundo contento. Y pensaba: ¿Es que soy el único que sufre? Pero me he dado cuenta de que no era el único, y de que hay una comunidad en la que Dios me expresa que me quiere y me ama. Antes de eso, en la Iglesia, cuando pedía ayuda, me decían dos cosas: o me animaban a seguir caminando por un estilo de vida homosexual, o me espetaban: Tú te vas a ir al infierno».

    Este es el testimonio de un chico que sigue el Itinerario de Maduración de la masculinidad que ofrece el Grupo Juan Pablo II a través de Es posible la esperanza y el cambio (EPEC), la principal herramienta de ayuda de la Iglesia en España a las personas que sufren por su atracción hacia el mismo sexo (AMS). En la salida de la Iglesia hacia las heridas de la gente, se encuentran también quienes sufren por este motivo. Y si muchas veces no se ha sabido dar respuesta desde la Iglesia a los problemas específicos de las personas con AMS, las cosas están empezando a cambiar. Hoy, se les hace una propuesta de libertad, de autoconocimiento y, sobre todo, de amor y de verdad, desde la acogida, sin juicios ni condenas.

    El Grupo Juan Pablo II es el responsable en España y en Iberoamérica del Itinerario de Maduración Integral que ofrece a través de las web esposiblelaesperanza.com y esposibleelcambio.com. Lo forman un grupo de orientadores, educadores, psicólogos, psiquiatras, biólogos, sacerdotes, padres y madres… que ofrecen a estas personas un acompañamiento on line y también presencial.

    «Quiero dejar de sufrir»

    En primer lugar, sus responsables prefieren hablar de personas con AMS, y no homosexuales, para «no aceptar la homosexualidad como una identidad sexual más», pues «no existen personas homosexuales, sino varones y mujeres con AMS»; y también evitan la expresión terapia, para no clasificar a nadie como enfermo y hablar de una patología, pues «la AMS no es una enfermedad».

    «Todas las personas que han llamado y llaman a la puerta de EPEC lo hacen movidos por un deseo profundo del corazón: quieren dejar de sufrir; pues descubren que la AMS es la manifestación de una herida más profunda», explican.

    El Itinerario persigue una maduración integral de la masculinidad y de la feminidad, afrontando heridas, vacíos, traumas, ausencias o conflictos, generalmente con el padre o la madre, los hermanos, los compañeros… Se propone un trabajo con 120 fichas durante 45 minutos diarios a lo largo de tres o cuatro años y dialogadas semanalmente, personalmente o en grupo, con un orientador, para ayudar a madurar todos los aspectos de la personalidad y sanar las heridas del corazón.

    A medida que las heridas se van sanando, cambia la relación con uno mismo, con los demás (especialmente con la familia), con la realidad, con Dios. Hasta el punto de que hoy la mitad de los orientadores han realizado ellos mismos el Itinerario y acompañan a los recién llegados desde su propia experiencia. «Este es uno de los frutos más hermosos: el herido sanado se convierte en testigo y misionero de la sanación», explican.

    Evitar la discriminación

    En su atención a las personas que sufren por su AMS, la Iglesia pide una acogida «con respeto, compasión y delicadeza», señala la Congregación para la Doctrina de la Fe en una Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales. Y el mismo Catecismo pide «evitar, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta». Entre otras cosas, porque aquellos que llaman a sus puertas lo hacen después de «muchos años sufriendo en silencio unos sentimientos o emociones que no han elegido y que han ido surgiendo a lo largo de su vida con mayor o menor intensidad», afirma otro grupo de orientadores vinculados con los Centros de Orientación Familiar (COF) de la Iglesia en España. Estas personas «han experimentado insatisfacción y angustia, y buscan ayuda para madurar su masculinidad o feminidad y poder formar una familia. Otros han tenido durante muchos años experiencias con personas del mismo sexo en las que han comprobado que nada de ello ha colmado sus expectativas de realización personal», señalan.

    Por eso, la Iglesia les ofrece a través de estos orientadores «acogida, escucha, un espacio de encuentro donde pueden expresar sus sentimientos, sufrimientos y dudas», así como «argumentos desde la razón iluminada por la fe, para que puedan comprender sus vivencias y sanar sus heridas». Todo, en un planteamiento integral, que abarca «las tres dimensiones de la persona (física, psíquica y espiritual), porque la afectividad atraviesa estos tres ámbitos de la persona».

    La Iglesia, Madre que abraza

    Así, no se trata de presentarles simplemente el camino de la continencia –«La propuesta de una vida de castidad sin una maduración integral ha llevado al sufrimiento y a una doble vida a muchas personas», advierten desde el Grupo Juan Pablo II–; sino que, junto al acompañamiento personal, se les ofrece ayuda espiritual para que «puedan experimentar que son amados profundamente en su dignidad de hijos de Dios».

    «EPEC ha sido para muchos de nosotros el instrumento del que se ha servido Dios Padre para acercarnos, incluso a algunos muy alejados, a Cristo y a su Iglesia», reconoce uno de los chicos que participa en el Itinerario del Grupo Juan Pablo II.

    Hay historias preciosas de conversión y de vuelta a la casa del Padre, pero sus responsables subrayan que «es fundamental que esta acogida desde la misericordia sea una acogida también desde la verdad. Pues no hay misericordia sin verdad ni verdad sin misericordia». De este modo, este Itinerario se convierte en muchas ocasiones en un camino de conversión, de descubrir «el Amor de Dios como lo que verdaderamente sana, ilumina, purifica, libera, redime, reconcilia,… ¡y salva!»; y en descubrir a la Iglesia «como una Madre que abre sus brazos, acoge y abraza todas las soledades y sufrimientos del mundo».

    Siempre habrá sitio para ellos porque «en el centro del corazón de la Iglesia estará siempre el que sufre, el herido, el crucificado, rostro vivo y sacramental de Cristo crucificado, pobre y herido».

    Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

  6. El modo en el que la ideología de género ha conseguido tener gran primacía y éxito en el panorama socio-cultural, merece un análisis atento y circunstanciado; en estas reflexiones nos vamos a centrar en sus presupuestos teóricos planteando, a su vez, una alternativa

    Sumario: 1. Del feminismo a la ideología de género. 2. El concepto de naturaleza humana de la ideología de género. 3. Naturaleza, humana y persona. 4. La persona como ser sexuado.

    Una de las cuestiones más debatidas en la actualidad y que más repercusión tiene en la vida pública es el tema de la ideología de género[1]. Esta teoría, gracias a las reflexiones de sus seguidores y a su esfuerzo por conferirle un matiz público, ha pasado en pocas décadas de ser prácticamente desconocida a convertirse en una de las teorías culturales dominantes del panorama contemporáneo con una influencia tremenda en el ámbito público concretada en una abundante legislación que sigue, en ocasiones al pie de la letra, sus postulados. El modo en el que esta ideología ha conseguido tener tal primacía y éxito en el panorama sociocultural, merece, sin duda, un análisis atento y circunstanciado, pero, en estas reflexiones, nos vamos a centrar en sus presupuestos teóricos planteando, a su vez, una alternativa. Si bien, la ideología de género, como toda teoría, incluye factores atendibles, estimamos que, a diferencia del feminismo, sus premisas ideológicas son más bien negativas, por lo que resulta necesario propiciar alternativas que propongan un modo más sensato de fundamentar o explicar la identidad sexual.

    Para ello vamos a acudir a la filosofía personalista, pues entendemos que este planteamiento ofrece una alternativa antropológica suficientemente sólida y moderna[2]. Nuestra propuesta es una síntesis reelaborada de ideas y perspectivas que, sobre todo, se pueden encontrar en Julián Marías y Karol Wojtyla, si bien no planteadas de este modo. Tenemos claro, por otra parte, que requiere un desarrollo teórico más detallado y extenso, pero, aún así, estimamos que proporciona un marco general lo suficientemente preciso para proceder a esa elaboración a través de las líneas que aquí se indican.

    Abordaremos el tema, exponiendo la transición del feminismo a la ideología de género que tuvo lugar hace unas décadas en Estados Unidos, ya que es un buen modo de delinear los presupuestos antropológicos esenciales de los que depende esta ideología.

    1. Del feminismo a la idelogía de género

    Como es sabido, el movimiento feminista comenzó con las reivindicaciones de las sufragistas inglesas a finales del siglo XIX[3]. En esos momentos, las mujeres reivindicaban un derecho tan básico y evidente −a nuestros ojos del siglo XXI− como la posibilidad de votar. Sin embargo, como la historia nos muestra, no fue nada fácil conseguir ese derecho fundamental y debieron sucederse generaciones de mujeres hasta que la sociedad lo asumiera de manera generalizada. El movimiento sufragista supuso el pistoletazo de salida para el movimiento global de reivindicación de la mujer: el feminismo. Esta primera “aparición” de la mujer en el ámbito público a través de la reivindicación de un concreto derecho, condujo de una manera natural a la reivindicación de otros: educación superior, autonomía económica, capacidad jurídica, desempeño de algunas profesiones y, después, de cualquier profesión, asunción de posiciones de poder en las esferas económica y política, etc. La dirección y la meta, con el paso de las décadas, se hizo neta y precisa: alcanzar la igualdad total con el hombre.

    El feminismo tuvo siempre diferentes almas y, a medida que ese objetivo se fue haciendo más cercano, esas almas comenzaron a divergir. El feminismo más moderado que, en terminología europea, podríamos denominar liberal, estaba interesado fundamentalmente en la adquisición de derechos para las mujeres, pero no tanto en una identificación esencial con “el hombre” en cuanto tal, o en una crítica de lo masculino. Sin embargo, otro tipo de feminismo, con muchas facetas y variantes (marxista, psicoanalista, socialista, etc.), al que se ha descrito de modo común como feminismo “radical”, acompañó la reivindicación de lo femenino con un progresivo ataque a lo masculino[4]. La versión marxista del feminismo realizada por Firestone es un ejemplo muy conocido. Para el marxismo, la historia es una sucesión de luchas entre clases, en las que la clase explotada se enfrenta revolucionariamente con la explotadora, y la aniquila en busca de un mundo nuevo en el que ese antagonismo sea superado. La violencia, desde esta perspectiva, es un mal menor y necesario, porque es el único medio de acabar con la situación de explotación. Como las clases son el resultado de las estructuras de producción, solo destruyendo estas estructuras es posible cambiar las infraestructuras que generan las clases que conforman la sociedad. Por eso, adoptar una posición conciliadora, si bien, a primera vista, podría parecer más humano, en el fondo es acceder a la perpetuación de la explotación al renunciar a la destrucción de las estructuras configuradoras del sistema social.

    La aplicación al problema del feminismo es bastante directa. De hecho, ya el mismo Engels indicó que el sometimiento de la mujer al hombre era el resultado de la aparición de la propiedad privada y del consiguiente deseo del varón de controlar esa propiedad y transmitirla a sus descendientes[5]. Firestone, actualizando y generalizando esa perspectiva, estableció como clases generales la de los hombres y la de las mujeres, siendo esta última la clase explotada y la primera la explotadora y, el medio de salir de ella, la lucha revolucionaria contra la clase dominante. El icono negativo de las estructuras socioeconómicas existentes quedó representado idealmente en la figura de la autoridad patriarcal, que dominaba de modo tiránico-monárquico sobre la familia y, en concreto, sobre la mujer. Por ello, el objetivo prioritario de la mujer debía ser justamente la destrucción de la autoridad patriarcal y de todo lo que ella llevaba consigo.

    Lo que interesa destacar aquí es que esta teorización de la relación varón-mujer supone un cambio de vertiente decisivo en el movimiento feminista[6]. Este surgió, como hemos visto, no como un movimiento contra el varón, sino como un movimiento a favor de la mujer. Pretendía conseguir para la mujer todo aquello que, por derecho, le correspondía, pero no atacar al varón en cuanto tal y menos identificarlo de manera global como clase opresora. Si bien es claro que el mundo público ha sido configurado por los hombres y, en esa medida, se les puede achacar una cierta culpa colectiva por la situación de inferioridad de la mujer, también es cierto que la conciencia histórica de los derechos que se poseen está ligada al paso de los tiempos y, lo que en una época parece evidente, en otra no lo es en absoluto. Por eso, para el feminismo moderado, si a la creciente conciencia del valor de lo femenino, el hombre responde con un reconocimiento de ese dato, no le interesa entrar en una escalada de enfrentamiento ideológico, sino, más bien, centrarse en problemas concretos, en cómo ir resolviendo en cada caso malentendidos o injusticias históricas.

    Pero el feminismo radical −por ejemplo, el marxista− ve las cosas de manera diferente. Es el hombre en cuanto tal, la masculinidad en sí misma, la que ha causado las enormes injusticias históricas que la mujer ha sufrido a lo largo de siglos y milenios. Por eso, la única manera de superar y resolverlas es atacar la masculinidad en cuanto tal. Solo destruyendo la masculinidad, o deconstruyéndola, en la versión postmoderna, se abre el camino para una real liberación de la mujer, para que esta pueda desplegar todas sus potencialidades y alcanzar su plenitud como mujer. A partir de aquí, el proyecto −social y teórico cambia radicalmente de orientación, si bien en un primer instante se mantiene todavía conectado por una ligazón que se irá debilitando cada vez más con el tiempo. Pero las prioridades se modifican de modo sustancial. De reivindicar derechos para la mujer, de reivindicar los medios para desplegar sus posibilidades y potencialidades, se pasa a un ataque progresivo a la masculinidad entendida como fuente de opresión y explotación. El hombre pasa a ser el enemigo. Acostarse con un hombre, se llegará a decir, es acostarse con el enemigo.

    Aquí es donde, a mi juicio, hay que situar ideológicamente a la ideología de género porque el ataque directo a la masculinidad conduce inevitablemente a un autoataque a la feminidad. La razón es evidente: masculinidad y feminidad son conceptos interdependientes. Se quiera o no, se es hombre en relación a la mujer, y se es mujer en relación al hombre. El adolescente, una vez que ha superado su fase de autoafirmación como sujeto, empieza a descubrir que su modo de ser persona no es único, sino que se distingue profundamente de otro modo, que resulta diverso y complementario, que es el del sexo opuesto. El hombre-adolescente descubre que hay otro modo de enfrentarse con el mundo y con las personas, el femenino, y lo mismo descubre la mujer, generalmente antes. Y esos dos modos se requieren mutuamente. Por ello, destruir la masculinidad conduce, inevitablemente, y en un plazo más o menos corto, a la destrucción de la feminidad. Y, en un segundo momento, a la destrucción de la sexualidad. Si no hay ni feminidad ni masculinidad, no hay sexualidad.

    Este es, justamente, el camino que ha seguido la ideología de género a partir de las versiones más extremas del feminismo. La fijación negativa de la figura masculina deja sin referente a la figura femenina puesto que, relacionarse con el hombre, con lo masculino, sería, de algún modo, rendirse al opresor. Por ello, la mujer debe autoafirmarse como mujer independientemente del varón. Pero, esto −al igual que su opuesto− es sencillamente imposible, puesto que ambas figuras son autonecesitantes[7]. No es pues de extrañar que determinadas tendencias del feminismo radical acabaran reivindicado el lesbianismo como único modo de vivir un tipo de sexualidad independientemente de los hombres[8] y, en un segundo paso, se fuera configurando la posición general de la ideología de género tal como ha sido fijada hoy en día: la identidad sexual como elección personal sobre un fondo biológico dado[9].

    ¿Cómo superar los límites de la concreta identidad sexual? ¿Cómo superar el drama de pertenecer a una mitad del mundo que debe enfrentarse y oponerse a la otra? Siendo capaces de elegir libremente esa identidad. Siendo capaces de configurar la identidad sexual a partir de elecciones únicas e individuales. Es así como la deconstrucción del sexo, posterior a la deconstrucción de la masculinidad realizada por el feminismo radical, conduce a las premisas básicas de la ideología de género. El sexo, la sexualidad, deja de ser algo configurador de la identidad personal −varón, mujer− para convertirse en un rasgo determinable por la persona según sus gustos y cualidades. Pero es fácil comprender que aquí, la versión fuerte de la sexualidad, ha desaparecido. Ser varón o ser mujer no son rasgos modificables como lo puedan ser las características de los teléfonos móviles. Son rasgos antropológicos estables. Por eso, el hecho de que la ideología de género postule la elección de la sexualidad solo es posible entendiendo esta de una manera muy débil, superficial y meramente instrumental. Para ello se apoya en el concepto moderno de naturaleza humana.

    2. El concepto de naturaleza humana de la ideología de género

    El concepto de naturaleza humana es uno de los bastiones en los que se apoya la ideología de género para fundamentar teórica y filosóficamente su propuesta. Si bien podría parecer, en principio, que justamente el concepto de naturaleza debería echar por tierra la posición de la ideología de género, en cuanto que la naturaleza muestra lo que es inmutable en las personas frente a la supuesta movilidad de la identidad sexual que postula la ideología de género, las cosas no son tan sencillas. El problema, en efecto, consiste en establecer qué entendemos exactamente por naturaleza humana y cuáles son las características o rasgos de esta naturaleza, cuestión ciertamente compleja[10].

    Desde el punto de vista aristotélico, es decir, desde la posición hilemórfica, la naturaleza muestra la esencia del ente en cuanto principio de operaciones, y, en ese sentido representa justamente lo inmutable: aquello que es un determinado ente en sí mismo y que, precisamente por ello, no puede ser modificado. Aristóteles diseñó este concepto a partir del mundo natural mostrando que los elementos centrales de los seres vivos no cambian: los castaños, los tilos, las plantas, los diversos animales, tienen unas características esenciales que no se modifican con el tiempo; simplemente se desarrollan pasando de la potencia, cuando se encuentran en estado de semilla, al acto cuando han llegado a su madurez en una determinada especie. Por eso, la naturaleza, o un determinado tipo de ente natural, es lo que es, y no puede ser modificada[11]. La extensión (o ampliación) de este concepto al hombre conduce al concepto metafísico de naturaleza humana[12]. El hombre, al igual que los animales, tiene un modo de ser que no cambia y que constituye su naturaleza, humana en este caso. Si en su actividad libre se acuerda con lo que naturalmente es, desarrollará armónicamente sus cualidades, pero si se enfrenta a lo que es, actuará contra sí mismo y en perjuicio suyo.

    Este concepto de naturaleza, sin embargo, no ha sido aceptado pacíficamente por el pensamiento moderno por dos motivos diferentes. Un primer problema lo plantea la evolución. Si las especies no son estáticas y, por lo tanto, el fijismo ya no está justificado, ¿cabe hablar de esencias inmutables? El problema tiene mayor o menor valor para la antropología en la medida en que se acepte una visión más o menos radical del evolucionismo. Si se asume que este no se puede aplicar directamente al hombre, el problema sería secundario. En otro caso, cuestiona directamente la posibilidad de afirmar la existencia de una naturaleza humana inmutable.

    De todos modos, la problemática lanzada por la modernidad en torno al concepto de naturaleza humana se ha movido por otros derroteros de cariz más estrictamente antropológico, que se pueden resumir en torno a esta pregunta: ¿qué es lo propiamente humano, lo dado por la biología, o lo determinado por la inteligencia y libertad de la persona? Existen varias respuestas posibles pero el pensamiento moderno, en general, lo ha hecho de manera dicotómica, estableciendo una neta separación entre naturaleza (lo dado) y cultura (lo determinado por el hombre). Sirva por todos esta cita de Ortega: “Podéis llamar a la Naturaleza como gustéis; es la diosa que acude a una evocación de mil nombres: naturaleza es la materia, es lo fisiológico, es lo espontáneo. En una sinfonía de Beethoven pone la Naturaleza las tripas de cabra sobre el puente de los rubios violines, da la madera para los oboes, el metal para los clarines, el aire vibrátil para las ondas sonoras. Y todo lo que en una sinfonía de Beethoven no es tripas de cabra, ni madera, ni metal, ni aire inquieto, es cultura”[13].

    La naturaleza (physis), como su mismo nombre indica, se refiere al mundo de lo natural, es decir, de lo no humano: lo material, lo vegetal, lo animal. Y, justamente por ser no humano, es fijo, estable y definido. Está sujeto a las “leyes de la naturaleza” y no cambia. O, como mucho, lo hace en una escala temporal que no afecta a la vida cotidiana. Pero lo propio del hombre es la libertad; su esencia es su capacidad de construir su propia vida, de decidir qué quiere ser a través de sus decisiones libres y creativas. En este sentido su esencia es no tener naturaleza, o, dicho de otro modo, su naturaleza consiste en carecer de una. Como, por otra parte, es evidente que el hombre tiene unas características somáticas definidas, la descripción del hombre desde esta perspectiva acaba adoptando unas características dualistas que son las propias de la ideología de género. El hombre (la mujer) real se compone de dos dimensiones: una somático-vegetativa, que es la propiamente natural (es decir, fija) y otra cultural (la propiamente humana), es decir, libre y a disposición de la persona. Y esta última no sólo puede, sino que, en cierto sentido, debe poner la parte natural al servicio de la cultural o humana, puesto que lo inferior debe estar al servicio de lo superior. La sexualidad, para la ideología de género, se sitúa en el nivel natural porque se es hombre o mujer como resultado de la genética y de los cromosomas. Pero, justamente por ello, este dato “natural” no debe esclavizar al hombre si su parte cultural se siente a disgusto con ella. El hombre no está al servicio de la naturaleza, sino viceversa. Por eso, si alguien discrepa de su sexualidad de facto, no sólo puede sino que debe modificarla, adaptarla o ponerla al servicio de la sexualidad que libremente la persona decida asumir[14].

    La ideología de género, por tanto, conecta con buena parte de la tradición de la filosofía moderna y, en particular, con el concepto de naturaleza asumido por muchos de sus representantes (Kant, Marx, Sartre, etc.). Y conecta también, pues ambos conceptos coinciden, con el sentido más habitual de naturaleza en el lenguaje común: lo natural es lo no humano y, por eso mismo, lo no modificable. Lo humano se construye sobre ello pero, si es necesario, también a pesar de ello o en su contra.

    3. Naturaleza humana y persona

    La filosofía clásica ha respondido a la ideología de género rechazando su concepción del concepto de naturaleza y su visión de la teoría aristotélica, o, en otros términos, reivindicando la validez de la ampliación. Es cierto que, históricamente, Aristóteles desarrolló su concepto de naturaleza a partir del mundo físico (la physis), pero eso no obsta para que se puede ampliar a la persona si se integran en ella adecuadamente la libertad y la inteligencia. El auténtico concepto clásico de naturaleza no está limitado a lo biológico: nada más allá de la intención de Aristóteles o Tomás de Aquino. Incluye como elementos imprescindibles la inteligencia y la libertad. Por tanto, la naturaleza clásica no representa exclusivamente el mundo de lo dado, sino el mundo de lo dado y de lo libre entremezclados de manera unitaria a través de la forma sustancial.

    Esta reivindicación de la filosofía clásica tiene, sin duda, una parte importante de razón. La identificación de lo natural con lo dado realizada por una parte sustantiva de la filosofía moderna corresponde a una visión reduccionista y, en parte, deforme del pensamiento tradicional[15]. Este no es en absoluto biologicista, sino que apuesta −de manera más clara que algunas tradiciones modernas− por la espiritualidad del hombre y, por tanto, por la afirmación de su dinamismo libre. Por este motivo, sectores importantes de la filosofía clásica se han enfrentado con ideología de género acudiendo reiteradamente al concepto de naturaleza si bien intentando purificarlo de posibles límites o, más simplemente, procurando mostrar su auténtico significado.

    Sin embargo, esta postura, para el pensamiento personalista plantea dos tipos de problemas. El primero, y más débil, es de orden cultural. La noción actual de naturaleza más difundida es la que asume la ideología de género, no la filosofía tradicional. Esta responde a un concepto técnico, pero por naturaleza se entiende habitualmente la vida tal como es sin que sea afectada por la acción humana; por eso, resulta extraño que ese concepto se aplique al hombre, ya que da la impresión de que se le pretende identificar con un mundo del que él no forma parte. El segundo, más complejo, son las dudas que presente la validez filosófica de la ampliación, es decir, las dudas acerca de que la teoría hilemórfica sea realmente compatible con una antropología moderna. Justificar con algún detalle esta reflexión requeriría de un espacio del que aquí no disponemos. Por eso, me limitaré a apuntar algunas consideraciones.

    La primera, y más central, es puramente conceptual. La naturaleza, para Aristóteles y S. Tomás, es lo que está determinado “ad unum”. Pero entonces: ¿cómo puede ser esa naturaleza la sede de la libertad?[16] Este es, creo, el punto más difícil de resolver por parte de la teoría clásica de la naturaleza, y es también el punto en el que se ha apoyado el pensamiento moderno para rechazar (de manera exagerada) esta posición. Como confirmación de esos problemas, se podría añadir, desde un punto de vista histórico, que esa fuerza de la determinación “ad unum” ha tenido sin duda repercusiones dentro de la tradición clásica, limitando fuertemente su expansión en terrenos exteriores a los núcleos conceptuales básicos. En este sentido, no encontramos dentro del tomismo una filosofía de la cultura ni del arte ni del lenguaje ni del trabajo. Y estas carencias vendrían a confirmar tanto el rechazo (exagerado) de la posición moderna como la actitud personalista. En definitiva, el concepto clásico de naturaleza sería excesivamente rígido y pegado a lo natural o somático y no dejaría espacio para tematizar la dimensión cultural de la persona. Habría que buscar otra formulación.

    Ya hemos presentado la formulación moderna: la opción por un dualismo que separa y, con frecuencia, confronta naturaleza y cultura. La posición personalista es distinta y podríamos desdoblarla en dos aspectos[17]. El primero es una reticencia para emplear el término de naturaleza excepto en un sentido genérico. El personalismo asume que existe una esencia humana, es decir, que el hombre es algo concreto, un modo de ser determinado. Y, en este sentido, no tiene problema en afirmar que el hombre tiene una naturaleza determinada, es decir, que es de un modo concreto y específico que no se modifica esencialmente con el tiempo. Afirma, por ejemplo, Mounier: “Nuestro tiempo rechaza la idea de una naturaleza humana permanente, porque toma conciencia de las posibilidades aún inexploradas de nuestra condición. Reprocha al prejuicio de la ‘naturaleza humana’ limitada de antemano. En verdad, resultan a menudo tan sorprendentes que no se debe fijarles límites sino con extremada prudencia. Pero una cosa es negarse a la tiranía de las definiciones formales y otra negar al hombre, como a menudo lo hace el existencialismo, toda esencia y toda estructura. Si cada hombre no es sino lo que él se hace, no hay ni humanidad, ni historia, ni comunidad”[18]. Tiene perfecto sentido, por tanto, hablar de una naturaleza humana para el personalismo, pero el problema que se plantea es que intentar separar esta visión genérica de la naturaleza humana del concepto hilemórfico de naturaleza es prácticamente imposible. En una reflexión filosófica que se sitúe en el marco de una posición realista, hablar de naturaleza y entender por ello automáticamente la naturaleza aristotélica son acciones intelectuales prácticamente simultáneas.

    Pero el personalismo entiende que el hilemorfismo tiene límites significativos, de ahí que, en general, prefiera optar por lo que he denominado transición a la persona[19]. No hablemos (tanto) de naturaleza. Hablemos de persona porque con esta estrategia conceptual la mayor parte de los problemas desaparecen. Desaparecen directamente todos los asociados a las malinterpretaciones que genera el sentido más habitual hoy en día del término naturaleza[20]. Y desaparecen también todos los problemas que conlleva el concepto aristotélico de naturaleza porque el concepto de persona es capaz de incorporar todas las dimensiones que encontramos en el ser humano –corporalidad, psique y espiritualidad- sin generar al mismo tiempo una perspectiva dualista: lo fijo, lo determinado contra lo libre.

    Es evidente, por otra parte, que el recurso al concepto de persona no es para el personalismo un mero recurso estratégico para obviar dificultades, aunque también tenga este efecto. Se trata, más bien, de la opción arquitectónica fundamental de este tipo de antropología. Se parte de la persona porque se entiende que este es el concepto (moderno) más adecuado para reflejar qué, o mejor, quién es el hombre y quién es la mujer. Y parece, en efecto, que partiendo desde esta perspectiva se evitan algunos de los problemas que se han ido presentando.

    El más radical es el intenso dualismo que está en los fundamentos de la ideología de género: la oposición naturaleza-cultura que, una vez establecida, se alza como un obstáculo prácticamente insuperable. La naturaleza: lo dado (y, por tanto, rechazable) frente a la cultura, lo libre. La posición clásica, como hemos visto, intenta resolver el problema rehabilitando un concepto de naturaleza pulido y perfeccionado, pero no parece que esta solución resulte satisfactoria. A mi juicio, si no se es capaz de evitar una dualidad conceptual originaria, un cierto tipo de dualismo (mayor o menor) es inevitable. El modo de evitarlo es, justamente, partir del concepto de persona, que es capaz de integrar de modo no dualista todas las dimensiones del ser humano. Entiendo que no se trata de una mera afirmación sino de un hecho constatable. En efecto, el concepto de persona no genera inercias o sentimientos dualistas a pesar de reflejar tanto la corporalidad (que es algo dado) como otras dimensiones más elevadas: afectividad, inteligencia, etc. Y, por otra parte, no es un concepto vacío, sino, al contrario, mucho más específico que el de naturaleza. Existen innumerables tipos de naturaleza pero sólo el ser humano es persona.

    4. La persona como ser sexuado

    A partir de aquí el personalismo procede integrando la sexualidad en la persona o, de modo más preciso, mostrando a la persona como un ser sexuado[21]. Julián Marías ha expresado este punto con precisión al distinguir entre el carácter sexual y el carácter sexuado de la persona[22]. El carácter sexual remite al dato biológico, genético o somático. Desde este punto de vista se es hombre o mujer en el sentido que plantea la ideología de género, como algo dado por nacimiento y fuera no sólo del ámbito de libertad de la persona, sino también del de su identidad, puesto que remite a un aspecto exterior y secundario. Mi cuerpo es biológicamente – lo quiera yo o no- masculino o femenino. El carácter sexuado de la persona o, mejor, entender a la persona como ser sexuado remite a una concepción muy diferente de la integración de la sexualidad en la persona. Supone, de hecho, como es norma en el personalismo, partir de la persona como concepto inicial y, a partir de ella, entender la sexualidad, y no al revés.

    Desde este punto de vista, la consecuencia o, más bien, la premisa central es que el personalismo entiende que, en realidad, no existe “la persona” en cuanto tal, sino dos modos específicos de ser persona: la masculina y la femenina. La persona es una realidad estructuralmente sexuada y este dato afecta a toda su identidad: se es varón o mujer en todas y cada una de las dimensiones, capacidades y cualidades que configuran la estructura de la persona.

    Sintetizando diversas posiciones personalistas, he descrito a la persona como una red de tres niveles: cuerpo, psique y espiritualidad, surcada verticalmente por tres estructuras: conocimiento, dinamismo y afectividad, todas ellas unificadas por el yo[23].

    Pues bien, la comprensión de la persona como ser sexuado indica que, cada una de estas dimensiones es diferente en el caso de la persona femenina y de la persona masculina. En cuanto personas, varón y mujer comparten las mismas características esenciales; pero, en cuanto varón y mujer, difieren en las características concretas que adoptan cada una de ellas.

    Hasta fechas muy recientes, la diferenciación varón-mujer no ha sido un tema de profundización en la filosofía (tampoco en otros terrenos). Y, cuando esa reflexión se inició, la diferenciación hombre-mujer optó por la vía de la distribución de roles o de cualidades. Por ejemplo, al varón le corresponderían primariamente los roles externos e instrumentales, ligados a la inteligencia, y a la mujer los internos y vivenciales ligados a la actividad[24]. Sin descartar que esto corresponda a elementos no desatendibles de la persona, hoy en día, y es la posición también del personalismo, se tiende más bien a postular una diferencia basada en la modulación de las cualidades, más que en una adscripción de tinte exclusivo de determinadas cualidades[25].

    La adscripción de la inteligencia principalmente al varón, por ejemplo, es una postura que resulta claramente obsoleta y a-científica. Su cristalización en siglos pasados tuvo su origen en que la discriminación de la mujer le impidió el acceso a la educación superior, pero, una vez que esa discriminación ha desaparecido, se ha hecho evidente que la capacidad intelectual es similar[26]. Pero similar no quiere decir idéntica. Y aquí es donde aparece el carácter sexuado de la persona. Hombres y mujeres son diferentes y una de las manifestaciones es que piensan de modo diferente. La inteligencia masculina y la inteligencia femenina son diversas, hecho con el que nos enfrentamos cotidianamente y que está recibiendo, cada vez de modo más claro, una comprobación puramente experimental mediante instrumentos cada vez más sofisticados que permiten controlar la actividad de los procesos cerebrales. El modo y la cantidad en que se activan y relacionan las neuronas de los hombres y mujeres es diferente. Una constatación externa de esta diversidad interna sería, por ejemplo, la tendencia más unilateral del comportamiento masculino frente a la multilateralidad de la mente femenina, capaz de atender más cosas a la vez pero quizá no con la misma intensidad que el hombre[27].

    El ejemplo de la inteligencia es extensible a cualquier dimensión personal, con mayor o menor claridad según los casos. Nadie pondrá en duda que la afectividad masculina es distinta que la femenina, al igual que la sociabilidad, las capacidades lingüísticas, etc. Y otro tanto se puede decir de la corporalidad, pero no en el mero sentido somático-biológico, sino en la vivencia de la corporalidad, es decir, en lo que el cuerpo representa para el hombre y para la mujer. Ambos se relacionan con el cuerpo de manera distinta como se puede evidenciar, por ejemplo, en la actitud ante el deporte o ante la belleza.

    Todo ello conduce a la reafirmación de un dato experimental evidente que la presión socio-cultural de la ideología de género ha debilitado al introducir filtros ideológicos que alteran nuestra percepción original. Existen dos tipos de persona, hombres y mujeres; y ser hombre o ser mujer es un rasgo antropológico radical que afecta a todas las estructuras personales. No es una elección, del mismo modo que no se elige ser alto o bajo, fuerte o débil, de una raza o de otra, de una u otra época. Se nace estructuralmente hombre o mujer, como uno de los dos modos posibles de ser persona.

    Llegados a este punto, resulta ya evidente que la concepción de la sexualidad por parte del personalismo se opone radicalmente a la ideología de género. Para ésta, como hemos visto, remite a una estructura natural-biológica sobre la que se podría construir, al propio gusto, la identidad sexual. En este sentido, se habla de que, para la ideología de género existirían cinco tipos posibles de sexualidad (homo y heterosexual masculino y femenino, y transexual); pero realmente las posibilidades son infinitas, puesto que la creatividad humana no tiene límites. Pero desde el punto de vista del personalismo, este tipo de comportamientos sexuales, que son ciertamente posibles, no constituyen más que las excepciones a la regla general, que nos muestra dos tipos de sexualidades (en el sentido de comportamientos de personas sexuadas) básicas: la femenina y la masculina[28]. Las otras se entienden sólo con referencia a ellas, como excepciones, contraposiciones o deformaciones según los casos. Lo esencial, lo natural si se quiere, como muestran la historia y la cultura, es la existencia de hombres y mujeres con una tipología comportamental y caracterológica que se mantiene básicamente estable a lo largo de la historia.

    ¿Cómo explicar entonces la existencia de la homosexualidad o de otro tipo de comportamientos sexuales? Ante todo creo que hay que afirmar que tales comportamientos son excepcionales y que, por lo tanto, no deben configurar el foco de la comprensión de la sexualidad humana. Eso solo tiene sentido en una sociedad excesivamente influida por las vertientes más radicales de la ideología de género. El centro de la antropología sexual debería apuntar a la comprensión del hecho masculino y femenino en sí mismo, suficientemente complejo para justificar un buen número de investigaciones. En este marco, los comportamientos o personalidades homosexuales aparecen como entidades posibles resultantes de las múltiples configuraciones posibles de las complejas y numerosas estructuras que conforman a la persona pero que se estructuran básicamente en torno a la forma masculina o femenina.

    Añadiría dos observaciones para concluir. Me parece que se debe conceder a la ideología de género que ha insistido adecuadamente en la dimensión cultural de la sexualidad. Esta se modifica según las sociedades y las épocas. La masculinidad y la feminidad no tienen hoy el mismo sentido que hace 20 años, al igual que su vivencia difiere en una sociedad islámica y en una sociedad occidental. Pero esto no significa que sea completamente maleable. No es una “cosa” al servicio de la persona. Es la persona misma porque se es hombre o mujer. Otra cuestión es que, del mismo modo que, en cuanto personas debamos comprender qué significa ser persona y cuál es nuestro lugar en el mundo, debemos comprender qué significa ser hombre o mujer en general y, en concreto, para nosotros. Pero de ahí no se deduce que podamos elegirlo, de la misma manera que no podemos elegir ser o no ser personas. Por eso, el cuestionamiento de la identidad sexual es un modo de cuestionamiento de la identidad personal, por lo que sólo se da en un número muy limitado de personas. En la inmensa mayoría de los casos la sexualidad se presenta de una manera muy diversa, como una realidad maravillosa, tan evidente como enigmática, que nos muestra un modo radicalmente diferente de ser persona que nos atrae por su diversidad al mismo tiempo que nos enseña, por contraposición, lo que nosotros realmente somos.

    Juan Manuel Burgos

    Fuente: personalismo.org.

    Publicado en Angela Aparisi (ed.), Persona y género, Thomson Reuters-Aranzadi, Pamplona 2011, pp. 405-421.

    [1] Entiendo como ideología de género la perspectiva teórica de corte radical que concibe la sexualidad como una elección personal sobre un fondo biológico. No me detengo a precisar la relación, compleja, entre esta ideología y las “perspectivas o teorías de género” que enfatizan, en mayor o menor grado, la dimensión cultural y social de la sexualidad.

    [2] Sobre esta corriente cfr. Burgos, J.M., Introducción al personalismo, Palabra, Madrid, 2012; Reconstruir la persona. Ensayos personalistas, Palabra, Madrid 2009; Repensar la naturaleza humana, Eiunsa, Pamplona 2007; Mounier, E., El personalismo, PPC, Madrid, 2004; Mondin, B., Storia dell’Antropologia Filosofica, vol. 2, ESD, Bologna, 2002; Díaz, C., Treinta nombres del personalismo, Mounier, Salamanca, 2002; Burgos, J.M., Cañas, J.L. y Ferrer, U. (eds.), Hacia una definición de la filosofía personalista, Promesa, San José (Costa Rica), 2008; Bartnik, C., Personalism, KUL, Lublin, 1996; Studies in personalist system, KUL, Lublin, 2006; Domingo Moratalla, A., Un humanismo del siglo XX: el personalismo, Pedagógicas, Madrid, 1985; Rigobello, A., Il personalismo, Città Nuova, Roma, 1978.

    [3] Cfr. Solé, G., Historia del feminismo (siglos XIX y XX), Eunsa, Pamplona, 1995; Scanlon, G.M., “Orígenes y evolución del movimiento feminista contemporáneo”, en Folguera, P. (ed.), El feminismo en España: Dos siglos de Historia, Pablo Iglesias, Madrid, 1988, págs. 147-171.

    [4] La obra que proporcionó las claves ideológicas iniciales fue El segundo sexo de Simone de Beauvoir (1949), pero como movimiento públicamente reconocido se afianzó solo en los años 70 y especialmente en Estados Unidos. Tres obras emblemáticas son: Firestone, S., The dialectic of sex, Banthan, New York, 1972, Greer, G., The female eunuch, McGibbon & Kee, Londres, 1970 y Millet, K., Política sexual (1969), Cátedra, Madrid, 1995.

    [5] Cfr. Engels, F., El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado (1884) y Bachofen, J., El matriarcado. Investigación sobre la gineocracia del mundo antiguo según su naturaleza religiosa y jurídica (1861).

    [6] Una descripción detallada de esta transición y sus consecuencias en Trillo-Figueroa, J., Una revolución silenciosa, LibrosLibres, Madrid, 2007.

    [7] La necesidad biológica de cara a la procreación es sólo una de las múltiples dimensiones en las que hombre y mujer se necesitan mutuamente.

    [8] Cfr. Witting, M., El pensamiento homosexual y otros ensayos, Egales, Madrid, 2005.

    [9] Quién utilizó primero el concepto de género fue John Money, de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, pero su popularización se debe a los trabajos del psiquiatra Robert Stoller presentados en la famosa obra Sex and Gender, en 1968. En ella, Stoller afirmaba que “el vocablo género no tiene un significado biológico, sino psicológico y cultural. Los términos que mejor corresponden al sexo son macho y hembra, mientras que los que mejor califican al género son masculino y femenino, y estos pueden llegar a ser independientes del sexo biológico”.

    [10] He analizado con detalle esta cuestión en Burgos, J.M., Repensar la naturaleza humana, Eiunsa, Pamplona, 2007.

    [11] “Algunas cosas son por naturaleza, otras por otras causas. Por naturaleza, los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el fuego, el aire y el agua –pues decimos que éstas y otras cosas semejantes son por naturaleza. Todas estas cosas parecen diferenciarse de las que no están constituidas por naturaleza, porque cada una de ellas tiene en sí misma un principio de movimiento y de reposo, sea con respecto al lugar o al aumento o a la disminución o a la alteración. Por el contrario, una cama, una prenda de vestir o cualquier otra cosa de género semejante, en cuanto que las significamos por su nombre y en tanto que son productos del arte, no tiene en sí mismas ninguna tendencia natural al cambio” (Aristóteles, Física, II 192 b, 1-19, traducción de De Echandía, G.R., Gredos, Madrid).

    [12] “El concepto de naturaleza puede perder su connotación material, y extenderse así a todo ente. Desde esta perspectiva, naturaleza es la esencia en cuanto principio de operaciones” (Artigas, M., Sanguineti, J.J., Filosofía de la naturaleza (3ª ed.), Eunsa, Pamplona, 1993, págs. 118-119).

    [13] Ortega y Gasset, J., Renan, Obras Completas, I, Alianza, Madrid, pág. 459. Sobre el concepto de naturaleza en Ortega vid. Massa, F.J., El concepto de naturaleza en Ortega y Gasset, EditEuro Universitaria, Barcelona, 1966.

    [14] El rechazo de este culturalismo ha llevado a algunos, por contraposición, a afirmar la existencia de una naturaleza humana concreta, pero que sería mero producto de la evolución y se identificaría con los aspectos biológicos. Cfr. Pinker, S., La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, Paidós, Barcelona, 2003.

    [15] En ocasiones, el rechazo radical del concepto de naturaleza se debe a un no siempre explicitado fondo ideológico: “el existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre o, como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así, pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios que pueda concebirla”. Sartre, J.P., El existencialismo es un humanismo, Edhasa, Barcelona, 1989, págs. 16-17. La cuestión ha sido denunciada por Wojtyla, K., “La persona humana y el derecho natural”, en Mi visión del hombre (4ª ed.), Palabra, Madrid, 2003.

    [16] El mismo S. Tomás se plantea directamente esta cuestión en S. Th., I-II, q. 10, a. 1: “Si la voluntad se mueve naturalmente hacia algo”. Su respuesta es la siguiente: “la voluntad se divide contra la naturaleza como una causa contra otra: en efecto, unas cosas suceden naturalmente y otras voluntariamente. Pues el modo de causar propio de la voluntad, que es dueña de su acto, es distinto del modo que corresponde a la naturaleza, que está determinada ad unum. Pero como la voluntad se fundamenta en una naturaleza, es necesario que participe, de algún modo, del movimiento propio de la naturaleza, así como de lo propio de la causa anterior participa la posterior. Porque en cada cosa el ser mismo, que es por naturaleza, es anterior al querer, que es por voluntad. Por eso la voluntad naturalmente quiere algo”. Un análisis de la validez de esta repuesta se puede encontrar en Burgos, J. M., Repensar la naturaleza humana, op. cit.

    [17] Existe una tercera posibilidad que aquí no analizamos. Cfr. Burgos, J.M., “Tres propuestas para un concepto personalista de naturaleza humana”, Veritas, 21, 2009, págs. 245-265.

    [18] Mounier, E., El personalismo, ACC, Madrid, 1997, pág. 26.

    [19] Es, por ejemplo, la postura de Wojtyla, K., en Persona y acción, Palabra, Madrid, 2011 (ed. de J.M. Burgos y R. Mora).

    [20] Cfr. Burgos, J.M., “¿Es útil el concepto de naturaleza en el debate cultural?”,Scio, 3, 2008, págs. 69-87.

    [21] Cfr. Wojtyla, K., Amor y responsabilidad (3ª ed.), Palabra, Madrid, 2011. Es particularmente interesante para lo que nos ocupa la distinción entre instinto e impulso sexual.

    [22] Cfr. Marías, J., Antropología metafísica, Alianza Editorial, Madrid, 1987, págs. 120 y ss.

    [23] Cfr. Mollinedo, K., El diagrama de la persona según Burgos y su aplicación en la psicoterapia, Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad Galileo, Guatemala, 2008.

    [24] Esta es, por ejemplo, la caracterización que desarrolló Talcott Parsons en sus estudios sobre la familia americana de los años 50. Cfr. Parsons, T., Bales, R.F., Family, Socialization and Interaction Process, Free Press, Glencoe, 1955.

    [25] Julián Marías ha realizado un notable intento de caracterización de lo específico femenino y lo específico masculino. Ver, por ejemplo Marías, J., Antropología metafísica, especialmente los capítulos 17-21 y también La mujer y su sombra. Más recientemente, Di Nicola ha presentado una caracterización muy interesante de lo femenino y lo masculino como actitudes diversas ante los mismos problemas, situaciones o dificultades. Ver Di Nicola, G.P., “Yo masculino, yo femenino”, en Burgos, J.M. (ed.), El giro personalista: del qué al quién, Mounier, Salamanca, 2011.

    [26] Cfr. Marías, J., La mujer en el siglo XX, Alianza, Madrid, 1997.

    [27] Louann Brizendine, por ejemplo, afirma que, aunque el 99% del código genético de hombres y mujeres es idéntico, “esa diferencia influye en cualquier pequeña célula de nuestro cuerpo, desde los nervios que registran placer y sufrimientos, hasta las neuronas que trasmiten percepción, pensamiento, sentimientos y emociones” (Brizendine, L., El cerebro femenino, RBA Editores, Barcelona, 2006). En la misma línea, Rubia, F.J., El sexo del cerebro, Temas de Hoy, Madrid, 2007 y LópezMoratalla, N., Cerebro de mujer y cerebro de varón, Rialp, Madrid, 2007.

    [28] En este punto, el personalismo se acerca al denominado feminismo cultural o feminismo de la diferencia que mantiene que hay algo específicamente masculino y femenino que se mantiene a pesar de los cambios culturales. Un interesante análisis en esta perspectiva es el de Lipovetsky, La tercera mujer, Anagrama, Barcelona, 1999. Algunas versiones de este feminismo adoptan, sin embargo, un maniqueísmo que identifica lo femenino con lo bueno y lo masculino con lo malo. La ideología de género, por su parte, las ha tachado despectivamente de esencialistas por oponerse a su visión culturalista. Pero la existencia no solo de los sexos, sino de la diversidad varón-mujer es un hecho demasiado evidente como para que pueda desaparecer por la mera obstinación de una ideología. Cfr. Osborne, R., “Debates en torno al feminismo cultural”, en Amorós, C., De Miguel, A., Teoría feminista: De la ilustración a la globalización, Minerva Ediciones, Madrid, 2005.

  7. Bioética y pastoral de la vida

    IDEOLOGÍA DE GÉNERO

    ¿Qué es la ideología de género?
    Ideología del género

    La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, s

    Por: Anónimo | Fuente: http://www.conelpapa.com/ideologia/ideologia.htm
    ¿Qué es la ideología de género?

    Una amiga mía, profesora de instituto, me ha escrito esta carta:

    Estoy desconcertada. Resulta que el otro día la directora de mi instituto me propuso celebrar una fiesta con los niños. Le dije que encantada, porque sabes que a mí me encanta organizar fiestas. Entonces me enseñó unos carteles con unos corazoncitos preciosos, hasta que me di cuenta que dentro de los corazones había unos dibujitos pequeños con parejas de hombres y mujeres, de hombres y hombres, y de mujeres con mujeres. “Qué curioso”, le dije. ¿Y esto para qué es?

    -Son carteles para la fiesta. Vamos a hacer una fiesta sobre el género.

    Entonces recordé que había oido hablar algo de la ideología de género. ¿Podrías darme algunas ideas generales?

    Contesto a la carta de mi amiga, con algunas ideas generales sobre esta ideología.

    Pero antes de empezar, será bueno recordar unas afirmaciones del cardenal Ratzinger, actual Benedicto XVI, y algunos conceptos esenciales:

    Escribía Ratzinger:

    La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura.

    Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo.

    Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual.

    Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo.

    Antes de tratar específicamente de esa ideología, conviene recordar:

    Algunos conceptos básicos sobre la identidad sexual

    Los especialistas distinguen tres aspectos, entrelazados entre sí, que forman la identidad sexual de la persona.

    Estos tres aspectos son: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo sociológico.

    Es decir estos tres aspectos no son comportamientos estancos, porque en el hombre y en la mujer existe una profunda unidad entre las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales: una gran interdependencia entre lo biológico y lo cultural.

    ¿Qué es el sexo biológico?

    Es la corporeidad de una persona.

    El sexo biológico viene determinado por los cromosomas XX en la mujer y XY en el varón.

    Estas bases biológicas intervienen profundamente en el organismo, como se ve en las diferencias estructurales y funcionales del cerebro masculino y el femenino.

    ¿Qué es el sexo psicológico?

    Son las vivencias psíquicas como varón o como mujer.

    Esa conciencia psicológica se suele formar a los dos o tres años y coincide habitualmente con el sexo biológico, aunque haya excepciones a causa de la educación que se haya recibido.

    ¿Que es el llamado sexo sociológico o civil?

    Es la percepción del sexo por el entorno.

    En esto hay muchos cambios, ya que esa percepción social es fruto de procesos históricos y culturales: hace unos siglos no se concebía a una mujer como militar, por ejemplo.

    Además de esto, hay otros factores que conviene tener en cuenta. Hay que distinguir, por ejemplo, entre identidad sexual, orientación sexual y conducta sexual:

    Identidad sexual
    El hombre y la mujer sienten, experimentan y razonan de forma distinta, aunque sea difícil establecer lo “típicamente femenino” y lo “típicamente masculino”. Es una misma naturaleza humana que se posee de modo distinto.

    Eso significa que la unidad y la igualdad entre el varón y la mujer no anula las diferencias entre ellos.

    Orientación sexual: heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad.

    Conducta sexual: es otro asunto, muy ligado a lo anterior, pero no determinado, ya que no todas las conductas sexuales responden a las propias orientaciones sexuales.

    Y está, por último, el hecho biológico: sólo la mujer puede ser madre y sólo el varón puede ser padre.

    Una vez establecido esto, pasamos a las preguntas sobre la ideología de género.

    1. ¿Qué es la ideología de género?

    Es una ideología (es decir, es un sistema de pensamiento cerrado) que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.

    2. ¿Por qué se ha difundido tanto esta ideología?

    Porque desde muchos ámbitos de poder, y desde muchas universidades norteamericanas se ha intentado dar, desde los años 60, a los estudios de género un rango científico y ha tenido como plataforma de lanzamiento la Conferencia Mundial de Naciones Unidas.

    Esta ideología está presente en todas las Agencias de las Naciones Unidas desde los años 90: en concreto, en el Fondo para la Población, UNICEF, UNESCO y OMS que han elaborado muchos documentos con categorías propias de esta ideología.

    3. ¿Como se está difundiendo en el mundo?

    Desde las Naciones Unidas pasó a la Unión Europea, donde se difunde por medio de los medios de comunicación y en colegios, en concreto, por medio de actividades lúdicas: fiestas, celebraciones, etc., en las que se intenta que todos participen.

    4. ¿Porqué utilizan la palabra género en vez de sexo?

    Porque para la ideología de género el término sexo hace referencia a la naturaleza, e implica dos posibilidades –varón, mujer-, que son las únicas posibilidades derivadas de la dicotomía sexual biológica…

    …mientras que el término género procede de la lingüística y permite tres variaciones: masculino, femenino, neutro, y mucha más imaginación.

    Afirma una ideóloga de género, Judith Butler:

    “El género es una construcción cultural; por consiguiente, no es el resultado causal del sexo, ni tan aparentemente fijo como el sexo…

    Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras.

    En consecuencia varón y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino”.

    J. Butler. Gender Trouble: feminism and the Subversion of Identitiy (Routlege, New York 1990, pág. 6

    5. ¿Porqué no útilizan los términos hombre y mujer?

    Porque el gran enemigo, para la ideología de género, es la diferencia hombre-mujer.

    Esta ideología afirma que no existen sexos; sólo roles, orientaciones sexuales mudantes, que se pueden cambiar en la vida todas las veces que se quieran.

    6. Entonces, ¿qué sucede con la naturaleza humana?

    Los defensores de la ideología de género sostienen que no existe una naturaleza humana, que haga a unos seres humanos varones y a otros seres, mujeres.

    Los ideólogos de género afirman esto:

    “Cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es -femenino o masculino-.

    Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son una expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y del pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo.”

    (Lucy Gilber y Paula Wesbster “TheDanger of Feminity. Gender diferences: Sociology o Biology?)

    Partiendo de ese presupuesto, emprenden un proceso de-construcción, que consiste en mostrar cómo se ha construido un concepto cualquiera a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas, e intentan mostrar que lo claro y evidente -que existen hombres y mujeres, por ejemplo- dista de serlo.

    7. ¿Qué pretende esta ideología?

    Esta ideología propone la búsqueda de la “liberación total” del hombre en todos los órdenes, tras la de-construcción del lenguaje, de las relaciones familiares, de la reproducción, de la sexualidad, de la educación, de la religión, de la cultura, de la religión, de Cristo, etc.

    Cuando el hombre se libere de todo eso -dicen- será libre.

    8. ¿La ideología de género es lo mismo que feminismo?

    No.

    Para entender la ideología de género hay que prepararse para dar un salto mental.

    No hay que confundir esta ideología con el lenguaje que utiliza, tomado del feminismo radical.

    Los ideólogos de género no son feministas: sólo utilizan su lenguaje.

    8. ¿Cuándo se “lanzó” al mundo esta ideología?

    En 1995, en la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, que tuvo lugar en Pekín.

    Hubo una acción muy activa en esa Cumbre Mundial por parte de los defensores de esta ideología.

    Muchos países les apoyaron porque creyeron que se trataba de una lucha a favor de los derechos de la mujer.

    ¿Qué táctica utilizaron los defensores de esta ideología?

    Difundieron entre los delegados de la Conferencia de Pekín unos textos con las definiciones de sexualmente polimorfo, homofobia, etc. En esos textos se evitaba las palabras marido, mujer, esposa, padre, etc.

    Ante las reservas de algunos países ante esta ideología, hubo una reacción airada de Bella Abzug, de Estados Unidos, defensora de esta ideología, que explicó el término “género”: “El sentido del término género -dijo- ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambios”.

    Para conseguir su objetivo utilizó un discurso feminista radical, meramente táctico:

    “El concepto de género -dijo- está enclavado en el discurso social, político y legal contemporáneo… los intentos actuales de varios Estados Miembros de borrar el término género en la Plataforma de Acción y reemplazarlo por sexo es una tentativa insultante y degradante de revocar los logros de las mujeres, de intimidarnos y de bloquear el progreso futuro”.

    9. ¿En qué concluyó la Cumbre de Pekín?

    Entre la perplejidad de los asistentes, los defensores de esta ideología consiguieron que se aceptase el concepto de género, y la Cumbre emitió emitió la siguiente definición:

    “El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente, que se asignan a uno u otro sexo”.

    10. ¿Cuantos géneros hay para la ideología de género?

    Depende según los autores.

    Algunos autores de la ideología de género afirman que hay diversas formas de sexualidad -heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana, bisexual e indiferenciado- que son equivalentes a la heterosexualidad.

    Se habla de “cinco géneros” o “cinco sexos”. Otros no hablan de ninguno, ya que se trata de llegar a una situación sin “sexos fijos”, donde cada uno pueda elegir a su gusto, por el tiempo que quiera, el “rol” que más le guste.

    Defienden que cualquier tipo de unión y cualquier actividad sexual es justificable, porque abren un panorama “imaginativo”.

    Proponen que la heterosexualidad sea sólo un caso más de práctica sexual, tan válida como cualquier otra.

    Defienden que cada persona debe elegir libremente el género al que le gusta pertenecer según los momentos y etapas de la vida: ahora tengo el rol hetero, ahora tengo el rol bisexual; ahora, el homosexual, etc.

    11. ¿Qué terminos utilizan los defensores de la ideología de género?

    Utilizan unos términos con un significado muy específico, que a veces se entiende mal, porque se leen esos términos en clave feminista, cuando la ideología de género es algo muy diverso del feminismo.

    A. Hegemonía o hegemónico:

    La ideología de género afirma que se han aceptado en el pasado ideas y conceptos aceptados universalmente como naturales –varón, mujer- pero que en realidad son sólo construcciones sociales, culturales “para mantener la hegemonía el dominio masculino”.

    Es decir, de hecho no hay hombres ni mujeres.

    B. De-construcción:

    Es la tarea de denunciar las ideas y el lenguaje hegemónico.

    C. Patriarcado, Patriarcal:

    Para los ideólogos de género es la institucionalización del control masculino sobre la mujer, los hijos y la sociedad, que perpetúa la posición subordinada de la mujer.

    Pero al afirmar esto los ideólogos de género no intentan la promoción ni equiparación de la mujer con el hombre (como las feministas), sino que buscan la completa supresión de cualquier distinción entre la mujer y el hombre.

    D. Sexualmente polimorfo:

    La ideología de género parte de un principio inamovible: los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza.

    Dicen que eso es fruto sólo de un condicionamiento cultural de la sociedad.

    El deseo sexual –afirman- se puede dirigir a cualquiera.

    No demuestran esto: es un simple a priori, un punto de partida que hay que aceptar y ya está. Los ideologos de género afirman que es así, y punto.

    E. Heterosexualidad obligatoria:

    Estos ideólogos afirman que “se fuerza” a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente uno al otro.

    F. Preferencia u orientación sexual:

    Esta ideología afirma que existen diversas formas de sexualidad, que son equivalentes y son tan validas como la heterosexualidad. Por eso hablan de “preferencias”.

    G. Homofobia:

    Es el temor a relaciones con personas del mismo sexo. Suele entenderse este concepto en otro sentido, como rechazo a los homozexuales, pero este es el sentido propio que tiene este término dentro de esta ideología.

    H. Lo natural:

    Lo natural es un concepto que, para esta ideología, hay que superar.

    No hay nada “natural”, afirman.

    Shulamith Firestone decía: “Lo natural no es necesariamente un valor humano. La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza; ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la Naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella”.

    I. Rol

    Es un término tomado del ámbito teatral, que indica que una persona, vestida especialmente y maquillada, representa un papel de acuerdo a un libreto escrito. El uso del término rol o de la frase roles desempeñados indica que hay algo artificial que se impone a la persona.

    Para la ideología de género la maternidad sólo es un rol. Una mujer, cuando tiene un hijo, representa el papel de madre; no se es una madre.

    12. ¿Cuáles son los “roles” a deconstruir para la ideología de género?

    La ideología de género se plantea destruir con la máxima urgencia una serie de realidades que denominan “roles”.

    A. Roles de la masculinidad y feminidad.

    Los ideoólogos de género defienden que el ser humano nace sexualmente neutral y que luego es socializado en hombre o mujer. Por eso hay que educar a los niños sin juguetes o tareas “sexo-específicas”, sin “estereotipos”.

    En la opinión pública la cuestión de los juguetes se percibe en clave de “igualdad”, apoyado en la necesidad de quitarle a los niños juguetes violentos, pero para la ideología de género no se trata de eso, sino poner en práctica un postulado fundamental de esta ideología: sostiene que un niño es un niño porque su padre le da juguetes de niño, le ha puesto nombre de niño y le trata como un niño: lo que hay que hacer es dejarle en libertad: que elija ser niño o niña, o las dos cosas o ninguna.

    No importa la experiencia cotidiana: esto -sostienen los defensores de esta ideología- es así.

    Esta es una reflexión típica de la ideología de género, que quieren evitar cualquier distinción entre hombre y mujer:

    “En estos momentos las nenas piden libros de princesas o de hadas y los varones de dragones, magia, fútbol o terror”, diagnostica Karina Skidelsky, . ¿Qué hacen los padres, tíos o abuelos cuando van a comprar un libro de regalo? ¿Fomentan o disminuyen los estereotipos de género?

    “Los adultos piden libros de manualidades para las nenas, a excepción de Art Attack, que es pedido por chicas y chicos, y de piratas, dinosaurios y dragones para regalarles a los varones. Hay padres que no le llevan a su hijo varón un libro cuya tapa sea rosa o pastel, aunque el contenido sea de varón o unisex y tampoco le compran, por ejemplo, un libro de transportes a su hija”, cuenta Skidelsky.

    Aunque hay avances y miradas nuevas, la historia de las diferencias sexuales no se ha terminado de escribir. Ni de leer.

    B. Otros roles a deconstruir: los de las relaciones familiares: padre, madre, marido y mujer.

    Las feministas de género pretenden que se sustituyan estos términos “género-específicos” por palabras “género-neutrales”, y aspiran a que no haya diferencias de conducta ni responsabilidad entre el hombre y la mujer en la familia.

    Entienden por “familia” cualquier agrupación humana.

    Por eso, los cambios terminológicos son tan importantes para la ideología de género: el término “pareja”, sirve para todo.

    La ideología de género quiere quitar a la familia cualquier estructura (padres hijos) para cambiarla por cualquier solución “imaginativa”.

    C. Roles de las ocupaciones o profesiones.

    El tercer tipo de “roles socialmente construidos” que la ideología de género quiere deconstruir son las ocupaciones que una sociedad asigna a uno u otro sexo.

    Pero la ideología de género no batalla por la equiparación de la mujer -como hace el feminismo-, sino que lucha para que no haya distinción de sexos, que es algo distinto.

    No pretende que cualquier hombre o cualquier mujer pueda alcanzar un trabajo y ser remunerado igual (que son las conquistas del feminismo de igualdad), sino que desaparezcan las categorías “hombre” y “mujer”.

    13. ¿Se puede dialogar con esta ideología?

    No. La ideología de género es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar, ni de establecer un díalogo.

    No puede apelarse a la naturaleza humana, porque no creen en ella.

    No puede apelarse a la experiencia cotidiana (por ejemplo al ver como los niños y las niñas pequeñas presentan diferencias naturales y se manifiestan y acual de modo distinto) porque dicen que toda esa experiencia está manipulada. Y punto.

    No puede apelarse a las opiniones y deseos de las mujeres actuales, que ven como la lucha feminista ha logrado muchas conquistas de igualdad, porque según esta ideología esas mujeres esas mujeres están alienadas, ya que realmente lo que importa para un ideólogo de género no es que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre, sino que no existan ni hombres ni mujeres.

    Para las “feministas de género” todo es “socialmente construido”, desde la familia a la religión, y por lo tanto, hay que de-construirlo todo.

    14. ¿Por qué la ideología de género quiere de-construir todo lo religioso?

    Porque piensan que la “de-construcción” de la religión es el medio imprescindible para llegar a la sociedad sin sexos que proponen.

    Esta ideología considera la religión como un simple un invento humano y sostiene que las religiones principales fueron inventadas por los hombres para oprimir a las mujeres. (Esa es la tesis central de “El Código da Vinci”).

    Toda propuesta religiosa ajena a la ideología de género se tacha de fundamentalista.

    Para esto intentan de-construir la figura de Cristo, diciendo que es una pura construcción histórica, sin base real.

    15. ¿Qué postura sostienen los ideólogos de género ante el feminismo?

    Mantienen una postura opuesta a la lucha feminista de igualdad.

    Conviene recordar que el objetivo de los ideólogos de género no es mejorar la situación de la mujer, sino destruir la identificación de los intereses de la mujer con los de su familia.

    Durante la cumbre de Pekín Barbara Ledeen, Directora del Independent Women Forum, una organización feminista de defensa de la mujer, ampliamente reconocida en Estados Unidos, señaló al ver el documento escrito según los postulados de la ideología de género:

    “El documento está inspirado en teorías feministas ultra radicales, de viejo sello conflictivo, y representa un ataque directo a los valores de la familia, el matrimonio y la femineidad”.

    Por eso es conveniente distinguir entre el feminismo de equidad (nacido a comienzos de siglo XX) y el pseudo feminismo de la ideología de género (nacido en 1960) que utiliza el lenguaje del feminismo radical para algo muy distintos. Cfr. Christina Hoff Sommers “¿Quién robó el Feminismo?”

    16. ¿Qué postura sostienen los ideólogos de género ante la cuestión de la reproducción humana?

    La ideología de género plantea “otras vías de reproducción”: le gustaría que los heterosexuales se uniesen de vez en cuando para algún encuentro. De esa forma -dicen- irían naciendo seres que irían adoptando imaginativamente, el sexo que deseasen y adoptando los roles que quisieran.

    Heidi Hartmann afirma:

    “La forma en que se propaga la especie es determinada socialmente.

    Si biológicamente la gente es sexualmente polimorfa y la sociedad estuviera organizada de modo que se permitiera por igual toda forma de expresión sexual, la reproducción sería resultado sólo de algunos encuentros sexuales: los heterosexuales”.

    Para esta ideóloga de género la culpa de la situación actual la tienen los sexos:

    “La división estricta del trabajo por sexos, un invento social común a toda sociedad conocida, crea dos géneros muy separados y la necesidad de que el hombre y la mujer se junten por razones económicas.

    Se contribuye así a orientar sus exigencias sexuales hacia la realización heterosexual, y a asegurar la reproducción biológica.

    En sociedades más imaginativas, la reproducción biológica podría asegurarse con otras técnicas.”

    Dentro de esta ideología, el término libre elección de reproducción es la expresión clave para referirse al aborto.

    El térmimo estilo de vida puede significar muchas cosas: homosexualidad, lesbianismo y todo tipo de sexualidad fuera del matrimonio.

    17. ¿Qué raíces ideólogicas tiene la ideología de género?

    A. Materialismo y existencialismo ateo. Simone de Beauvoir (existencialista atea): “no naces mujer: ¡te hacen mujer!

    B. La antropología individualista del neoliberalismo radical.

    C. Los postulados de los representantes de la revolución sexual: Wilhen Reich y Herbert Marcuse.

    D. Marxismo. Por una parte, esta ideología es una interpretación neo-marxista de la historia.

    Para Marx toda la historia es una lucha de clases, de opresores contra oprimidos, en una batalla que se resolverá sólo cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos.

    De esa forma, dice Marx, la sociedad será totalmente reconstruida y emergerá una sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz y prosperidad utópicas para todos.

    Frederick Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo. En el libro “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado”, escrito en 1884, señalaba: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”.

    Los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada y la religión.

    Sin embargo, para la ideología de género los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas, sin atacar directamente a la familia, que es -para la ideología de género- la verdadera causa de las clases.

    En ese sentido, Shulamith Firestone afirma la necesidad de destruir no sólo la diferencia de clases, sino destruir la diferencia de sexos:

    Dice esta ideóloga:

    “asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños.

    “Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva (…) debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino acabar con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”.

    Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex, Bantam Books, New York, 1970, p. 12

    18. ¿Cómo se hace la de-construcción de la educación?

    La Presidenta de Islandia, Vigdis Finnbogadottir, lo planteó en una conferencia preparatoria para la Conferencia de Pekín organizada por el Consejo Europeo en febrero de 1995.

    Señaló que las niñas deben ser orientadas hacia áreas no tradicionales y no se las debe exponer a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni se les debe involucrar en actividades femeninas tradicionales: “La educación es una estrategia importante para cambiar los prejuicios sobre los roles del hombre y la mujer en la sociedad”.

    Para quitar el concepto “hombre” y “mujer”, la perspectiva del género -defienden- debe integrarse en los programas escolares”.

    Alison Jagger, autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en Universidades norteamericanas, lo explica así:

    Hacia la sociedad polimórfica natural

    El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual.

    La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán desde el prisma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal; en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá.

    La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimórfica natural”.

    19. ¿Cómo se acaba con el sentido de la maternidad?

    Muchas mujeres apoyan los postulados de la ideología de género porque piensan que son avances de carácter feminista. Y no es así. El feminismo defiende la igualdad entre la mujer y el hombre. La ideología de género va más allá: se trata de borrar esa distinción.

    La ideología de género sigue un esquema parecido al del marxismo, que pregona la necesidad de la igualación económica y la redistribución de la riqueza. Para el marxismo si se quiere llegar a la sociedad sin clases hay que pasar necesariamente por la dictadura del proletariado.

    Para la ideología de género ese paso necesario es impedir que la mujer se dedique a su hogar y al cuidado de sus hijos, porque eso la hace “desigual”.

    Dice una ideóloga de género: “La igualdad feminista radical significa, no simplemente una igualdad bajo la ley y ni siquiera una igual satisfacción de necesidades básicas, sino más bien que las mujeres -al igual que los hombres- no tengan que dar a luz”.

    La ideología de género propone la destrucción de la familia biológica que Freud no logró ver, y que permitirá -aseguran sus defensores- la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes a los que han existido anteriormente.

    Además, las “feministas de género” insisten en la de-construcción de la familia no sólo porque -según ellas- esclaviza a la mujer, sino porque condiciona socialmente a los hijos para que acepten la familia, el matrimonio y la maternidad como algo natural.

    Este es el momento cultural que atraviesan muchos paises del mundo.

    Explica Blanco, refiriéndose a España:

    ¿Por qué se regula en la nueva ley de identidad de género el derecho de los transexuales a inscribirse en el Registro Civil con el sexo que desean, al margen de cual sea su configuración cromosómica y morfológica?

    Porque la ideología de genero sostiene que yo puedo crear a mi voluntad mi propia identidad sexual; yo puedo elegir ser hombre y mujer.

    Y además tengo derecho -dicen- a que los demás lo reconozcan así en el Registro Civil.

    .

  8. Hola….si lla sé que esta mañana dije que dejaba los comentarios unos días y es verdad. …Pero creo porque me pesa y me duele dos cosas pedirle perdón a D Rafael por los comentarios en las últimas entradas en temas que no debería mi haber entrado. Cuando entre en el blog tenía otra intención y otro fin que era si podía volver a Dios ..pero creo que lo que empezó para buscar un fin..se a convertido en una critica fuera de lugar que encima no pienso(la verdad)…añado. a Rosa que le he hecho perder el tiempo .Gracias y perdón asique supere la vergüenza vuelvo…Adios

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