«Dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante»

generosidad.jpgDios siempre ayuda a quienes ayudan a otros a ayudarse a sí mismos. El Señor ha prometido que ni siquiera un vaso de agua ofrecido en su nombre quedará sin recompensa. Por eso, si eres amable con los hijos de Dios —que, en la familia divina, son hermanos tuyos—, Él será amable contigo. Cualquier cosa que hagas por los demás olvidándote de ti, en realidad la estás haciendo por ti. Como dice sabiamente el Antiguo Testamento, «echa tu pan sobre la superficie de las aguas, que al cabo del tiempo lo encontrarás de nuevo»El amor recibirá de manos de Dios la mejor y más preciada recompensa: Su amor. Si el amor nunca llegara a encontrar eco en este mundo, lo hallará sin duda en el cielo. «A Dios nadie le ha visto jamás», dice san Juan. «Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor alcanza en nosotros su perfección».Si nuestro Padre celestial ama a cada una de sus criaturas, incluso al mayor pecador, ciertamente ama más aún a quienes demuestran de un modo especial, con sus pensamientos y sus obras amables, que son hijos suyos. El Hijo de Dios debe amar de manera muy singular a quienes dan pleno cumplimiento a su anhelo más ferviente: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor». El Espíritu Santo, Espíritu de amor divino, se siente especialmente atraído hacia aquellos cuyas almas están animadas por su espíritu y arden con el fuego de su divino amor.
Si amas al prójimo y lo demuestras con obras amables, ocuparás un lugar especial en el corazón de la Santísima Trinidad, y las tres divinas Personas se complacerán en habitar en tu alma, como ha prometido Jesús: «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él». Dios te bendecirá exteriormente con sus bienes; pero, sobre todo, te bendecirá interiormente con su gracia. Si a lo largo de su vida los santos han conservado sus abundantes gracias y han merecido su constante crecimiento, ha sido sin duda a causa de su profundo amor al prójimo.
A veces Dios te dejará sentir apenas Su amor invisible en lo profundo de tu alma y, gracias a tu caridad con el prójimo, gustar la dulzura de su maravillosa compañía. Este sentimiento de la cercanía de Dios es el mayor y más intenso gozo que se puede experimentar en este mundo. En ese momento el Señor hace realidad su promesa: «El que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y yo mismo me manifestaré en él». No hay mejor modo de pasar de la oscuridad a la luz —del sentimiento de separación de Dios al de su cercanía— que cumplir el mandamiento divino de la caridad.
Si eres amable, Dios nunca se olvidará de ti. Su amor se hará visible en las copiosas bendiciones que recibas. «Dichoso el que se cuida del débil; el Señor lo librará el día de la desgracia, el Señor lo guarda y le dará vida, lo hará dichoso en la tierra, no lo entregará al deseo de sus enemigos. El Señor lo asiste sobre el lecho del dolor. Mulles todo su lecho cuando cae enfermo», dice el salmista. Nada hay tan cierto como que el amor de Dios recompensa con tanta generosidad como ha prometido: «Dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con que midáis se os medirá». (L. G. Lovasik en El poder oculto de la mabilidad)

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2 comentarios en “«Dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante»

  1. Dios ama con un amor tan grande que para nosotros parece imposible. Toda la historia de la salvación es una historia de misericordia, que alcanza su culmen en la donación de Jesús en la cruz. ¿Cómo alcanzar esta perfección? La respuesta estriba en que Jesús no pide cantidad, sino ser signo, canal, testimonio de su misericordia. Por eso los santos han encarnado el amor de Dios que les desbordaba en múltiples formas de caridad en favor de los necesitados.

    El Evangelio nos da dos pautas para ello: perdonar y dar. Jesús no busca alterar el curso de la justicia humana, pero manifiesta que en la comunidad cristiana hay que suspender juicios y condenas. El perdón es manifestación de la gratuidad del amor de Dios, que nunca da a un hijo por perdido. No podemos ponernos por encima del otro, al contrario, debemos llamarlo continuamente a la conversión. Del mismo modo, Jesús nos enseña que su voluntad de darse está muy por encima de nuestras expectativas y no depende de nuestros méritos, sino que la capacidad de acoger su amor, crece en la medida que nos damos a los demás, más amamos, más lleno de Dios estará nuestro corazón.

  2. Hola …Esto no me lo creo mucho tú puedes hacer mucho bien a los demás. Y Dios estar desaparecido en combate. …Sant Teresa de Calcuta se entregaba a los demás. Y sin embargo se quejaba de que Dios no la quería…..la gente hace apostolado pero lo hace por beneficio propio para conseguir vocaciones al final lo que tendría que ser que la gente buscase y encontrara a Dios se combierte en hacer crecer una organización sea de monjas o de otra cosa………..Asique él. Bien o mal que se hace poco tiene que ver con Dios simplemente hay gente que hace cosas buenas solo porque si porque son así. y hay otras que por educación forma de ser etc son puro egoísmo o cómodas. …(espero que se entienda)..adios

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