A los enfermos el amor de los demás les da la vida

visitar enfermos

Visitar al enfermo es una gran obra de misericordia corporal. Hay quienes son capaces de vivir sin el amor del prójimo, pero a los enfermos el amor de los demás les da la vida.
En ocasiones cuesta amar a los enfermos, necesitados de tanto afecto como los niños. Muchas veces están de mal humor, descontentos y susceptibles, y son exigentes y egoístasAun así, la enfermedad deja al descubierto rasgos de las personas dignos de recibir amor. El hombre enfermo, despojado de su atuendo formal y de los signos externos de su posición y honor, se hace aún más hombre. No importa lo que haya sido: en el lecho del dolor se convierte simplemente en un niño necesitado de ayuda. La enfermedad nos hace más sencillos y humildes.

Un resplandor divino ilumina los tristes rasgos del hombre enfermo, que se asemeja a Cristo doliente, tan desfigurado exteriormente que «no hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga nuestra mirada, ni belleza que nos agrade en él». Interiormente quizá esté triste, como Cristo cuando dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte». No hay nada que sufra un enfermo que no lo haya sufrido antes Él.
La caridad que reclama el enfermo es un derecho sagrado. Ni los ruidos ni las conversaciones, ni la falta de consideración ni la incomprensión deben incrementar su sufrimiento. No se le puede abandonar a su aflicción.
Visita al enfermo y sírvele como esté en tu mano: con una palabra de consuelo y aliento, con tu conversación, con tus cuidados, o con un obsequio o una grata sorpresa. La delicada finura del amor te permitirá evitar que note que acompañarle te exige un esfuerzo. Recuerda que visitar y atender al enfermo es una obra de misericordia con la que alivias una pequeña parte de su miseria compartiéndola con él. Cuando el sufrimiento le vuelva irritable y le lleve a perder el control, escúchale si siente deseos de hablar, y de ese modo podrás dar consuelo a su alma. Aunque se muestre desconsiderado y constantemente esté pidiendo esto o aquello, sírvele si así le confortas. Al entrar en su habitación, despliega todo el afecto, la serenidad y la paciencia de que seas capaz. Recuerda que el vaso de agua que le ofrezcas se lo ofreces a Aquel que clamó en la Cruz: «Tengo sed».
Cristo, modelo de quienes visitan y cuidan a los enfermos, no evitó el contacto con ellos. Tocó los ojos, la lengua y los oídos enfermos, e impuso sus manos sobre el leproso. Sabía bien cuánto les consuela que no pasemos de largo junto a ellos. Dice san Vicente de Paúl: «Visitar y dar consuelo a los enfermos y débiles es obra que agrada mucho a Dios, pues Él mismo aconsejó esta forma de misericordia. Pero, para practicarla con un celo y un mérito mayores, debes ver a Jesucristo en la persona del enfermo, ya que Cristo dice que lo que se hace por el pobre y el enfermo se le hace a Él». En cierta ocasión, san Juan de Dios se hallaba lavando los pies de un mendigo cuando aparecieron en ellos los estigmas de nuestro Señor. Sin perder el sosiego, san Juan miró al mendigo a los ojos y, con suma sencillez, exclamó: «¡Eres tú, Señor!».
Si no te queda tiempo para el enfermo, ¿no tendrá razones Jesús para mirarte con reproche el día de tu juicio y quejarse en nombre de todos aquellos a quienes ignoraste: «Estuve enfermo y en la cárcel y no me visitaste»?
La humanidad sufriente clama a ti, implorando un acto de amabilidad. Si hay un dolor que te resulte insoportable, que sea el dolor del prójimo. A imitación de Jesús, debes estar siempre dispuesto a obrar el bien, incluso cuando no tengas obligación de hacerlo. No obstante, debes practicar las obras de misericordia en nombre de Cristo, según tus posibilidades y las necesidades del prójimo. (L. G. Lovasik en “El poder oculto de la amabilidad”)

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8 comentarios en “A los enfermos el amor de los demás les da la vida

  1. En la antigüedad era común observar personas enfermas por los caminos y en las plazas de los pueblos. Durante la Edad Media, la caridad de los monjes en medio de guerras y epidemias fue convirtiendo algunos monasterios en lugares de hospedaje para gente herida o gravemente enferma. Hoy existen innumerables hospitales y clínicas para atender de la mejor forma posible a quien padece algún mal.

    Sin embargo, a pesar del progreso técnico y los avances sanitarios, los enfermos siguen existiendo y siguen sufriendo. Dice Marco Valerio Marcial que “el verdadero dolor es el que se sufre sin amigos”. Es evidente que los enfermos tienen constantes molestias físicas. Aun así, existe un dolor más profundo y más desgarrador que el físico. Es el dolor de la soledad y de la indiferencia.

    La Iglesia consciente de esto ha querido manifestar su cercanía a todas aquellas personas que de alguna u otra manera están enfermas. Por este motivo ha instituido las llamadas obras de misericordia corporales. Una de ellas es: visitar a los enfermos. Para ello los católicos tienen como modelo al mismo Jesucristo, que a lo largo de su vida pública mostró una especial predilección hacia quienes sufren. Ciegos, cojos, paralíticos, leprosos… a todos los recibe y los cura. Todos contemplan en Él, el rostro amable de un Dios, que al hacerse hombre, nos comprende mejor y se compadece de nuestras debilidades físicas.

    Movidos por este ejemplo los católicos, de acuerdo a sus posibilidades, se acercan a los hospitales de todo el mundo para ofrecer con su presencia un poco de aliento a quienes tanto lo necesitan. No es una misión exclusiva de los sacerdotes o religiosos que dedican su vida a la atención de enfermos. Es más bien un impulso del alma que nos lleva a salir de nosotros mismos, de nuestro pequeño mundo, para dedicar unos minutos a los demás.

    Cuántas veces experimentamos un gran alivio en medio de nuestra enfermedad cuando se acerca nuestra madre con una sonrisa o cuando un amigo viene a darnos un saludo. A veces basta una llamada, una simple palabra para hacer más ligero el peso de quien sufre.

    Además del acto solidario, a los católicos que visitan un enfermo les mueve algo mucho más profundo. Es la conciencia de servir a Cristo que se manifiesta en el rostro turbado, pálido y quizá desesperado de un enfermo en alguna habitación de un hospital.

    Qué hermosa ocasión se nos presenta en estos días para buscar a Cristo en los enfermos. En un mundo agitado por los gimnasios y las salas de estética, los cristianos demuestran su grandeza de alma pensando por unos momentos en quienes sufren.

    Este pequeño gesto de visitar a un enfermo es una gran voz que se levanta en el mundo de hoy para decirle que no somos indiferentes, que sí nos importan los demás. El dolor ajeno nos hace más humanos, más sensibles y nos enseña a valorar el precioso don de la salud y de la vida que Dios cada día nos regala.

  2. Hola preg : duda cómo se hace la confesión de una persona que esta apunto de morir y no sabe o no distingue lo que dice o hace aunque este consciente esa borra todo ,con esa se va al cielo?? adios

    1. El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano: por esto es tan importante la visita del sacerdote a los enfermos. Llamarlo: “hay un enfermo, venga, dele la unción, bendígalo”. Porque es Jesús que llega para aliviarlo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarlo. También para perdonarle los pecados. ¡Y esto es hermoso! Y no piensen que esto sea un tabú, porque siempre es hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad nosotros no estamos solos: el sacerdote y aquellos que están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo, con Jesús, se estrecha en torno a quien sufre y a los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza y apoyándolos con la oración y el calor fraterno.

      Pero el consuelo más grande deriva del hecho que, el que se hace presente en el Sacramento es el mismo Señor Jesús, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos, Él, y nos recuerda que ya le pertenecemos y que nada −ni siquiera el mal y la muerte− podrá nunca separarnos de Él. Pero tengamos esta costumbre de llamar al sacerdote, porque a nuestros enfermos , cuando es una enfermedad seria− y también a nuestros ancianos, venga y les dé este Sacramento, este consuelo, esta fuerza de Jesús para seguir adelante. ¡Hagámoslo!

      1. Rosa eso si ya lo se.Cuando mi padre un mes antes de norirse recibió la confesion Lla no hablaba mi reconocía a nadie por eso tengo curiosidad.de como se hace por ejem..mi tío lleva 7 años enfermo de demencia senil como se hace.No hay otra intención. Adios

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