Sin amor no se puede vivir, igual que una flor no puede brotar sin la luz del sol

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El amor es el corazón y el alma de la religión. Dios es amor, y cualquier obra amable representa un paso hacia Él. La vida es la escuela en la que aprendemos los medios para hacer feliz nuestra vida y la del prójimo. Esa enseñanza se fundamenta en el amor. Sin él no se puede vivir, igual que una flor no puede brotar sin la luz del sol. No existe poder mayor en este mundo que el del amor que no pierde nunca su fuerza, que no conoce edad y se renueva siempre. El amor filial, el amor fraterno, el amor conyugal, el amor a la patria: todos son retoños del amor divino, enraizado en el Corazón de Jesús, que la muerte hizo pedazos para poder llevar amor al mundo.

El amor busca afirmarse mediante las obras. Es una fuerza plenamente real que no se contenta con buenas palabras. Sus efectos son la disposición a obrar, a sanar, a servir, a dar, a acoger y consolar. Un amor que permanece inactivo, que es una fuerza dormida, es un amor muerto. Si no quieres dejar de amar, no dejes nunca de hacer el bien.
El pensamiento amable es una verdadera bendición, ya que inspira la obra amable. Para muchas almas agobiadas, la palabra amable que se ha pronunciado y la palabra áspera que se ha dejado de pronunciar se han traducido en felicidad. Adquirir la habilidad de no pensar ni hablar maliciosamente de otros supone una inmensa conquista. La costumbre de interpretar favorablemente la conducta de los demás es una de las cualidades más excelentes del amor, pero la caridad suprema se manifiesta haciendo el bien a los demás. Mayor aún que un pensamiento amable, y más vivificadora que una palabra amable, es la unión de ambos en la acción. San Agustín dice: «Somos lo que hacemos cada día. Se ha dicho: “No puede un árbol bueno producir malos frutos”, ni lo contrario. El árbol es el mismo hombre. Los frutos son las acciones del hombre. No puede, por lo tanto, un hombre malo hacer obras buenas, ni uno bueno hacerlas malas». La suma perfección de la caridad consiste en dar la vida por el prójimo, igual que Cristo ofreció su vida en sacrificio por la humanidad.
Nuestro Salvador ha dicho: «No todo el que dice: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos». Y nuestro Padre del cielo ha manifestado su voluntad en los dos grandes mandamientos: «Amarás al Señor tu Dios… Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El Señor quiere que tu vida, como la suya, sea amor hecho obras, pues ha dicho: «Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado». San Pablo resume la vida de Jesús con estas palabras: «Pasó haciendo el bien».
Santa Teresa del Niño Jesús decía: «No basta con dar a quien me pida; debo adelantarme a sus deseos, mostrarme muy agradecida y muy honrada de poder prestarle un servicio; y si me cogen una cosa que tengo a mi uso, no he de hacer ver que lo siento, sino, por el contrario, mostrarme contenta de que me hayan quitado de en medio ese estorbo…. Dejar que los pensamientos den vueltas alrededor de uno mismo hace estéril el alma; debemos volver enseguida a los trabajos de amor».
El amor es el corazón y el alma de las obras amables. Mientras que no existe caridad sin obras, sí puede haber obras de caridad sin amor. San Pablo lo expresa de este modo: «Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, no sería nada». Algunas personas utilizan la caridad como un manto eficaz con el que cubrir sus miserias humanas. La cobardía, por ejemplo, te lleva a temer lo que diga la gente. Hay quienes obran algún bien por pura cobardía, al tiempo que cubren su avaricia con el manto de la caridad. También el egoísmo, la codicia y la vanidad toman prestado ese manto. Como atraen la atención general, las obras de caridad te garantizan una magnífica publicidad. Si el pasado de un hombre entorpece su vida social, se apresura a vestir el manto de la caridad, que «cubre la multitud de los pecados». El orgullo y el afán de poder también se revisten con el manto de la caridad, el cual dota al hombre de una noble apariencia. Una vez, el demonio del orgullo estuvo dispuesto a entregar todos sus bienes a Cristo si, postrándose de rodillas, le adorabaOtros se toman el ejercicio de la caridad como un deporte. Buscan el sentimiento de euforia de haber obrado bien. Al rato se convertirán en el tema principal de su egocéntrica conversación.
Dios no se conforma simplemente con el manto de la caridad ni con las buenas obras. Quiere una bondad y un amor auténticos. Llegará el día en que nos despojará del manto que hemos tomado prestado. No desea tanto que colaboremos con Él en sus obras de misericordia como que participemos de su amor sincero y siempre diligente. Su ley del deber común no es «darás al prójimo», sino «darás amor al prójimo».

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12 comentarios en “Sin amor no se puede vivir, igual que una flor no puede brotar sin la luz del sol

  1. La experiencia del amor se nos presenta como una aventura, un riesgo que se corre, algo dinámico, que nos impulsa hacia adelante, hacia una plenitud nueva y desconocida

    La tarea que tenemos delante es la que nos indicaba Juan Pablo II: “enseñar a amar”, para que la persona y la sociedad pongan sus bases sobre la roca firme del amor auténtico y las familias sean hogares capaces de cultivar al hombre según su vocación originaria

    El Papa Benedicto XVI nos recordaba la idea fundamental que acompañó a Juan Pablo II durante toda su vida y su ministerio pastoral, y que constituye la herencia que nos ha dejado: es necesario «enseñar a los jóvenes a amar». Ahora bien, en esta expresión nos resulta difícil comprender qué significa “enseñar a amar”. ¿No es el amor la cosa más espontánea e incontrolable que se pueda imaginar? ¿No se trata de algo que ocurre y sobre lo que no tenemos ningún poder? ¿Qué es entonces el amor para que haya que decir que hay que aprender a amar? El amor no es una idea ni una decisión ética, nos ha recordado en su primera encíclica el Papa, sino que es, ante todo, una experiencia, « el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, n. 1). No se trata sólo de un mandamiento, sino de una respuesta al don del amor que viene a nuestro encuentro.

    De este modo, la experiencia del amor se nos presenta como una aventura, un riesgo que se corre, algo dinámico, que nos impulsa hacia adelante, hacia una plenitud nueva y desconocida. No se trata sólo de complacerse con una sensación que sentimos hacia alguien, sino de aprender a amar, es decir, de convertirnos en sujetos capaces de amar de verdad. La aventura del amor no es fácil. El amor nos desestabiliza porque nos saca de nuestro egocentrismo y nos pone de frente a la realidad de otra persona, que con su presencia irrumpe en nuestra vida, imprevisible, desconocida y, sin embargo, tan fascinante en su misterio irreductible. He aquí por qué el amor se nos presenta como un camino, a veces difícil y arduo, que implica aceptar entrar en la dimensión nueva del diálogo con la otra persona para construir juntos una comunión de vida.

    ¿Qué sería la vida sin amor? Juan Pablo II, en su encíclica inaugural Redemptor hominis, nos dijo: «El hombre no puede vivir sin amor. Permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido, si no le es revelado el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no participa en él vivamente » (n. 10). Su vida es un fracaso si no encuentra el amor y no aprende a amar. El paso que va del amor al ser capaces de amar es arduo, porque amar significa donarse; no dar cosas, sino darSE al prójimo, a los demás. Y esto no es algo inmediato ni que se pueda dar por descontado. Resuenan aquí las palabras de los Padres Conciliares: «el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás» (Gaudium et spes, n. 24). Y la paradoja evangélica: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si él mismo se pierde o se arruina? (Lc 9, 24-25).

    Hoy día, el recorrido que permite encontrar el amor y aprender a amar es particularmente difícil, especialmente para los jóvenes. Hay obstáculos nuevos e inéditos, que hay que saber reconocer con lucidez. La empresa de enseñar / aprender a amar se puede colocar entre los desafíos más grandes de nuestra época, con unas dimensiones verdaderamente imponentes. Se trata de reconstruir una cultura, es decir, un ambiente de formación de la persona, capaz de contrarrestar una anticultura que impide amar.

  2. Hola …El amor humano no existe el roce hace el cariño y aveces mi eso ….El otro día vi en la tele a un hombre que le hicieron un transplante de corazón por uno mecánico el primero en hacerse hasta que le puedan hacer el transplante mornal…..Supongo que el señor seguirá queriendo supongo que entonces eso de regalar corazones es una tontería y lo que rige a las personas es la inteligencia emocional que según e leído es parecido a las.virtudes cristianas…….no se porque mos gusta hacer del corazón el centro de todo si en cuanto a sentimientos no sirve de nada …¿que diferencia hay entre ser falsos/as y decir palabras amables no mos pueden hacer personas con doblez…..??quitó de ahí lo que es educación. ..adios

    1. ISABEL:

      ¡Renueva tus fuerzas, no te des por vencida, no te rindas! ¡Sé valiente!

      Todos cometemos errores, y al mismo tiempo todos tenemos oportunidades para corregirlos. ¡Sé valiente! ¡Esfuérzate y da más de ti!

      ¿Qué es lo que crees que no puedes lograr?

      ¿En qué momento se te olvidó que Dios es quien te da las fuerzas para alcanzar todo lo que te propongas en tu vida?

      Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que Él nos tiene. Nuestra fe no se basa en lo que vemos, sino en lo que no vemos, pero que sabemos que recibiremos ¡Vamos! Hoy te invito a renovar fuerzas ¡a no darte por vencida! ¡No te rindas! ¡Sé valiente! ¡Esfuérzate y da más de ti! No importa lo que haya pasado, o las veces que te equivocaste, todos cometemos errores, y al mismo tiempo todos tenemos oportunidades para corregirlos, y hoy, es el día que te ha regalado el Señor para que te lo desmuestres a ti misma.

      Jesús siempre quiere lo mejor para nuestras vidas. No debes rendirte aunque veas que todo el panorama se torne gris. Jesus no te defraudará.

      Durante este día ten presente esta Palabra de vida que te regala Dios: “Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti” (Isaías 54,10)

      ¡Ánimo entonces! Con Dios a tu lado no quedarás defraudada. Amén.

      Oración

      Señor mío, te doy gracias por este día que me has regalado y en el que puedo confiar en que te harás presente a lo largo de toda situación. Confío en que hoy abrirás caminos de bendición para mí. Quiero sentir tu alegría, que me abrazas en el viento que se desliza en mi rostro, que te escucho en cada canto de las aves. Hoy, me animo a decirte en este momento: “Me siento feliz, Señor, porque sé que me amas, porque sé que soy valiosa para Ti. Me siento feliz, Señor, porque sé que eres mi amigo.

      Te alabo con todas las fuerzas de mi corazón. Gracias, Señor, gracias. Todo lo pongo en tus manos, ¿quién me hará dudar en el camino? ¡Ninguno!…

      Sólo Tú, Jesús mío, eres mi fortaleza y mi refugio. Estoy contigo y ya con eso me basta para saber que hoy estaré bajo tu poderosa bendición.

      Gloria a tu santo nombre. Gloria a Ti por siempre Señor. Cuento contigo para superar todas las dificultades. Tú Palabra es como un escudo para mí que evita que me dañen los malos deseos, críticas destructivas y malas acciones de aquellos que sólo buscan dañarme. Tu presencia me protege y me ayuda a que todo salga bien. Confío en tu palabra que sana y que da vida. Amén.

      “Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas como en las alegrías”. (Santa Teresa de Liseaux)

      1. Rosa estoy bien tengo más cosas materiales de las que necesito y uso.tengo una familia estupenda y tengo buenos amigos…..Hoy sólo me a decepcionado una persona. que no debe de saber de palabras amables mejor centrémonos en comentar las entradas que es de lo que trata el blog gracias..adios

      2. Hola, Isabel, saludos. Llevo unos días un poco complicado. No es excusa, pero estuve de viajes y ayer de funeral. Y aunque vi los comentarios no disponía de wifi para contestarlos. Aprovecho para desearos a ti y tu familia una santa y feliz navidad

    1. Estás equivocada. D. Rafael dijo que venia a España y que iba a ir a clases de formación , que el cumpleaños de su madre era el día 20 y que no se había traido el ordenador. Cuando ha contestado supongo que no habría empezado el curso.. Estoy segura que está pidiendo mucho por nosotras y eso es de agradecer. Me parece que es buen Pastor y no se le escapa el rebaño. Ja, Ja, Ja.
      Hoy he tenido un día complicado y por eso no te he contestado antes. Tengo mucha correspondencia atrasada, que voy a intentar contestar.
      Hasta mañana, que descanses y un fuerte abrazo.

    2. No me he olvidado. Llevo con este blog más de 7 años. Sin descuidarlo ni un día. Y cada miércoles ofrezco la misa por los afanes nobles de tantas y tantos que entran en el blog, pues es una forma que he encontrado para transmitir la alegría del evangelio y estructurar y pensar mi predicación como sacerdote. Gracias Isabel por seguir ahí

  3. Cualquier oración en la que te dirijas a Dios con fe y buena disposición vale para que Dios haga milagros., como te comento en mi entrada de hoy.. Leela despacio te aclarará dudas si es que las tienes.

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