La amabilidad además del poder de ofrecer felicidad, tiene también el de generar santidad

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Si hablas con amabilidad, eres una persona cordial, y la cordialidad es una fuerza: no existe mejor modo de arreglar las cosas. Sin ella ningún cambio tiene fruto. El sarcasmo no logra enmendar a nadie: quizá le obligue a moverse, pero no a acercarse a Dios. El hombre cordial es el único que lo consigue: no se puede hacer nada para Dios sin cordialidad. Son más los planes que fracasan por falta de amabilidad que por cualquier otra causa. Las palabras amables pueden ejercer una influencia aún mayor que las obras. Disponen a los hombres a la conversión. Como los ángeles de la gracia, son los mensajeros salvadores de la misericordia divina. Abren la puerta del alma a los buenos consejos, y han convertido a más pecadores que el celo, la elocuencia o la sabiduría. Nunca ha existido un medio más eficaz de llevar a los hombres al camino de la conversión, la santificación y la salvación eterna que unas palabras inspiradas por el amor. Además del poder de ofrecer felicidad, tienen también el de generar santidad y, de ese modo, ganar a los hombres para Dios.

Las palabras amables te valen muchas gracias divinas y, sobre todo, el espíritu de contrición. Todo lo que te hace amable tiende al mismo tiempo a hacerte contrito. Hablar con amabilidad te hace veraz, porque lo que no es veraz tampoco es amable. Te hace veraz porque la amabilidad es la visión que tiene Dios de las cosas, y esa visión es siempre verdadera. La falta de sinceridad es una carga de cuyo peso te alivian las palabras amables. Cuanto más humilde seas, más amable serás al hablar; cuanto más amable seas al hablar, más crecerás en humildad. El aire de superioridad no es propio de la amabilidad.
Escuchar amablemente —igual que hablar amablemente— también es una gracia, un medio increíblemente eficaz de infundir aliento a los demás; y esa es una inmensa obra de caridad, que exige la disposición a guardar silencio y permitir que el otro cuente las cosas a su manera. Te darás cuenta de que esa persona sufre en su espíritu y que puedes aliviar su dolor limitándote a atender en silencio y con compasión. Escuchar así se convierte en una exquisita manifestación de amor.
Prestar una amable atención suele demostrar una delicada renuncia interior a uno mismo y es de mucha ayuda para hablar con amabilidad. Si tienes autoridad sobre otros, debes esforzarte en saber escuchar, no sea que ofendas a Dios y peques en secreto. Domina tu mal humor cuando te encuentres con gente cuyo carácter te resulta especialmente irritante: siempre llegan en el momento más inoportuno y dicen lo menos oportuno. Quizá alguien acuda a ti con un dolor imaginario cuando tú estás sufriendo uno real. Quizá hable muy alto y ría ruidosamente cuando tienes los nervios a flor de piel. Quizá vierta sobre ti su exuberante felicidad cuando estás preocupado o temeroso. Todo ello es excelente materia de santificación.
Aprende a escuchar. Anima a los demás a hablar de ellos. Es muy importante que dediques una atención exclusiva a quien te habla: no hay nada tan halagador. Interésate de verdad por la gente. Recuerda que quien te habla siente cien veces más interés por sí mismo, por sus necesidades y por sus problemas que por ti y por los tuyos. Puedes hacer más amigos en dos semanas mostrando interés por ellos que en dos meses intentando que se interesen por ti. Habla sobre aquello que atrae al otro. El atajo para llegar al corazón del hombre consiste en hablar de lo que más aprecia. Quien no se interesa por el prójimo le hace mucho daño y sufre mucho en esta vida. Por eso, hazle preguntas que disfrute contestando. Anímale a hablar de sí mismo y de sus logros y, además de buen conversador, serás un amigo.
Las palabras amables no cuestan nada y, sin embargo, a menudo dejamos de emplearlas. Aunque las oportunidades sean muchas, nos resistimos a aprovecharlas. Exigen cierto grado de sacrificio, pero prácticamente al instante recibimos cien veces más. Procura acostumbrarte a hablar con amabilidad. Con ayuda de la gracia divina podrás hacerlo. Una vez que se ha adquirido el hábito, no se pierde fácilmente. Cuanto más te conozcas a ti mismo y más unido estés a Dios, más gratificante será para tu alma la práctica de decir cosas amables. Por muy necesitado y débil que estés, decídete a hacer algún bien al mundo mientras te hallas en él. Las palabras amables son el principal instrumento con que cuentas para ello. (L. G. Lovasik en “El poder oculto de la amabilidad”)

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4 comentarios en “La amabilidad además del poder de ofrecer felicidad, tiene también el de generar santidad

  1. Hola a todos y gracias Rosa que no te las e dado…tened paciencia me suelo ir muchas veces, antes de irme de todo de esta vez espero aguantar……E subido él volumen de la música …Ayer me acorde de la entrada del blog IVA hacer un comentario sobre un villancico era negativo y al acordarme de las palabras amables di marcha atrás….pero me pregunto que diferencia hay entre palabras amables y mentir ???supongo que es la diferencia en decir lo misno sin herir o usar palabras amables que no te hagan decir lo que no piensas y a la vez no hagan daño…DRAfael “dicen que uno es responsable de lo que escribe pero no de lo que otro entienda”..Rosa (seguimos)

  2. La amabilidad es una cualidad muy propia del género humano, pues ser amable significa ser digno de ser amado, lo cual es un producto cultural del hombre exclusivamente.
    Ser amable es ser cariñoso, afectuoso, gentil, cortés, agradable, servicial, afable, incluso gracioso y risueño, cualidades todas que son imprescindibles formar en los niños desde la más temprana edad.

    También es ser atento, brindar atención y respeto, sobre todo a los menos aptos o desvalidos. La amabilidad no nace con el individuo, este es impulsivo por naturaleza, y a ser amable y cortés se aprende en las más diversas actividades de la vida cotidiana.

    La amabilidad es una virtud que facilita de tal modo las relaciones interpersonales, que cuando ella está presente todo se hace fácil, grato. La amabilidad es fruto de una buena educación, que consigue con el tiempo moldear el carácter haciéndolo sin aristas, capaz de conciliar lo que se le presenta como hostil. Hay que apostar por este valor, que no es propia de los débiles. La amabilidad se va extendiendo indistintamente entre los hombres y mujeres. No es fácil ser siempre amable. La amabilidad exige un autocontrol que no es fruto precisamente de una actitud débil, sino por el contrario de una decisión firme de no querer dejarse dominar por los estados de ánimo. Hay personas en que ese ámbito de amabilidad se circunscribe a las personas extrañas manteniendo con los suyos un comportamiento que, lejos de situarse en esta amable cortesía, muchas veces raya en la mala educación.

    Las características de la amabilidad son:
    •La amabilidad está acompañada por el dominio propio
    •La amabilidad está acompañada por una actitud pacificadora
    •La amabilidad está acompañada por el respeto.
    •La amabilidad está acompañada de honra
    •La amabilidad está acompañada por el gozo.
    •La amabilidad está acompañada por el servicio
    •La amabilidad está acompañada por la consideración de nosotros mismos.

    Amable es el que se comporta de un modo determinado, con el objetivo de inducir a que le amen. Que trata por tanto de una conducta que no se agota en si misma, sino que tiene como finalidad mover a los demás a comportarse con nosotros proporcionalmente.

    La amabilidad la podemos realzar cuando nos interesamos en el bienestar de la personas, cuando prestamos un servicio sin que se nos pida. Ser amable es ser respetuoso, cariñoso, tratable y siempre dispuesto a colaborar.

  3. Isabel, me has dado una grandísima alegría. En el fondo, fondo, sabía que no te ibas. Ya existe una amistad y un cariño, al que es difícil renunciar. La pregunta la contestas tu misma. Me encanta lo que hiciste con el villancico. Muchas veces tenemos que pararnos a pensar antes de hablar para no herirnos a nosotros mismos y a los demás con palabras que surgen pero no son conveniente decirlas, porque se puede dañar nuestra alma y la de los demás.
    Bueno, que encantada, y que te mando un abrazo.

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