A veces, basta una única palabra de amor para hacer brotar la reconciliación

amabilidad.jpg

Imagina que, desde hace mucho tiempo, tienes prejuicios —según tú, sólidamente fundados— hacia una persona, y alguna circunstancia concreta te pone en contacto con ella. Cruzáis unas palabras amables y los prejuicios se desvanecen, porque lo cierto es que no ves nada en ella capaz de justificarlos. El poder de una simple palabra amable lo ha cambiado todo…. Quizá mires a otro con desconfianza, hasta el punto de que te parece imposible ser su amigo; quizá algún rumor os haya puesto mutuamente en contra; o quizá os consideráis rivales. Sin embargo, una palabra amable —o quizá la simple noticia de ella— es suficiente para aclarar las cosas y para que dé comienzo una amistad duradera….Otros pueden haber delatado el odio que te profesan solo porque esperan de ti crueldad. Cuando en su lugar reciben una palabra o un gesto amables, caen sus defensas y suelen devolver la amabilidad que les ofreces. 

Hasta las disputas sin contrario, que son las más difíciles de zanjar, se arreglan rindiéndose a las palabras amables. La mayoría de las peleas se inician por malentendidos; muchas disputas que viven en silencio no hacen sino acrecentarlos, y cualquier explicación se convierte en uno nuevo. Tu única esperanza son unas palabras amables pronunciadas con comprensión. No aclararán el malentendido, pero lograrán algo mucho más grande: harán innecesarias las explicaciones, evitando así el peligro de reabrir viejas heridas.
Otras palabras suelen crear enemistades y envenenan aún más antiguos malentendidos; pero, a veces, basta una única palabra de amor para hacer brotar la reconciliación. Palabras como esta pueden ser suficientes para acabar con una enemistad carente de motivos, o para disipar un equívoco. Frases sin importancia como «estoy orgulloso de ti», «¿tú qué opinas?», «si te parece» y «gracias» son detalles de cortesía que lubrican los engranajes de la monótona maquinaria de la vida diaria. Son el sello de la buena educación.
Comienza por aplicar este toque mágico de la deferencia en tu propia casa. No existe otro lugar donde sea más necesario… ni esté más olvidado. Seguro que tu familia tiene muchas cosas buenas. ¿Cuánto tiempo hace que no manifiestas tu admiración hacia alguna de ellas? (L. G. Lovasik en “El poder oculto de la amabilidad”)

Anuncios

6 comentarios en “A veces, basta una única palabra de amor para hacer brotar la reconciliación

  1. Hola ..he leído y releído esta entrada y me e estado preguntando porque solo se habla de palabras de educación, de quedar bien,con un gracias y un portador consigues que en una oficina de una administración consigues que te hagan un papel que de otra manera no te harían …Son palabras de educación de esas que dices para conseguir algo.Hay palabras que se dice aun amigó. pa conseguir que haga lo que tú quieras con el tiempo también se distinguen y hay palabras que le dices a un “rollo” de una noche..esas mejor no las pongo .y hay las que se dicen a los padres cuando quieres conseguir algo..Hay palabras para todo pero sólo una cosa las distingue que es la intención con que se dicen .Pero palabras sin obras son ….Creo que ninguna palabra puede sustituir un gesto de cariño un abrazo .Un beso .una caricia ……Hay una canción de mocedades ahora el consorcio que dice:
    Las palabras son tan malas
    Cuando no se dicen con él corazón. …

  2. Cristo ha introducido como emblema de sus discípulos sobre todo la ley del amor y del don de sí a los demás (cf. Mt 22,39; Jn 13,34), y lo hizo a través de un principio que un padre o una madre suelen testimoniar en su propia existencia: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Fruto del amor son también la misericordia y el perdón. En esta línea, es muy emblemática la escena que muestra a una adúltera en la explanada del templo de Jerusalén, rodeada de sus acusadores, y luego sola con Jesús que no la condena y la invita a una vida más digna (cf. Jn 8,1-11).

    En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura. Acudamos al dulce e intenso Salmo 131. Como se advierte también en otros textos (cf. Ex 4,22; Is 49,15; Sal 27,10), la unión entre el fiel y su Señor se expresa con rasgos del amor paterno o materno. Aquí aparece la delicada y tierna intimidad que existe entre la madre y su niño, un recién nacido que duerme en los brazos de su madre después de haber sido amamantado. Se trata −como lo expresa la palabra hebrea gamul− de un niño ya destetado, que se aferra conscientemente a la madre que lo lleva en su pecho. Es entonces una intimidad consciente y no meramente biológica. Por eso el salmista canta: «Tengo mi interior en paz y en silencio, como un niño destetado en el regazo de su madre» (Sal 131,2). De modo paralelo, podemos acudir a otra escena, donde el profeta Oseas coloca en boca de Dios como padre estas palabras conmovedoras: «Cuando Israel era joven, lo amé […] Yo enseñe a andar a Efraín, lo alzaba en brazos […] Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta a un niño contra su mejilla, me inclinaba y le daba de comer» (11,1.3-4).

    Con esta mirada, hecha de fe y de amor, de gracia y de compromiso, de familia humana y de Trinidad divina, contemplamos la familia que la Palabra de Dios confía en las manos del varón, de la mujer y de los hijos para que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La actividad generativa y educativa es, a su vez, un reflejo de la obra creadora del Padre. La familia está llamada a compartir la oración cotidiana, la lectura de la Palabra de Dios y la comunión eucarística para hacer crecer el amor y convertirse cada vez más en templo donde habita el Espíritu.

    Ante cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite trágicamente todavía hoy en tantas familias de prófugos desechados e inermes. Como los magos, las familias son invitadas a contemplar al Niño y a la Madre, a postrarse y a adorarlo (cf. Mt 2,11). Como María, son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios (cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de cada una de nuestras familias, que ella conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para reconocer en la historia familiar el mensaje de Dios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s