Aprende a guardar silencio, sobre todo cuando estés enfadado o molesto por algo

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Si tomas la firme decisión de no pronunciar nunca una palabra desagradable, avanzarás rápidamente en el camino hacia la santidad. Que tu ejemplo sean las palabras del Señor en el Evangelio: jamás fueron hirientes. En esta vida, una palabra amable no lleva más que un momento, pero tendrá un alcance enorme en la eternidad que te espera: «Por tus palabras, pues, serás justificado, y por tus palabras serás condenado». He aquí algunos remedios contra las palabras desagradables:
—Aprende a guardar silencio, sobre todo cuando estés enfadado o molesto por algo. El silencio no es un fin en sí mismo, pero sí un medio importante para alcanzar un fin, y un medio lleno de gracia. Un gran amor al silencio ayuda a evitar el pecado, proteger la virtud y crecer en estrecha unión con Dios. El silencio es el lenguaje divino: la lengua materna de la santidad. Recuerda el ejemplo de Jesús: «Jesús permanecía en silencio». En inglés la expresión to hold one´s peace, «conservar la paz», significa «guardar silencio». Romper el silencio es romper la paz. Pídele a Dios que te ayude a conservar la paz, sobre todo cuando tus palabras puedan desagradarle a Él, ofender a otros y alterar el sosiego de tu alma. Sé un instrumento de su paz, ocupes el lugar que ocupes en el mundo. El silencio será tu ayuda más valiosa.
Hay personas incapaces de guardar un secreto, porque nunca han aprendido el noble arte de callar. No descansan hasta que no han revelado, primero a retazos y luego de una vez, cualquier información confidencial que les llega. No escarbes en los defectos del prójimo. Si por casualidad te enteras de la falta oculta de otro, que la caridad la recoja en tu corazón como en lo más hondo de una tumba, y nunca la abras a la vista de otro hombre sin una razón importante. Cuando sientas la tentación de comentar los secretos ajenos, pregúntate: «¿Por qué debo hacerlo?».

«Por encima de todo», dice santa Margarita María, «procuremos guardar silencio en las situaciones en que nos mortifique. Seamos caritativos y humildes, tanto en el pensamiento como en las palabras».
No repitas chismes ni calumnias. Si la pereza se considera «engendradora de todos los vicios», esto es particularmente cierto con los pecados de la lengua. Céntrate en tu trabajo y no tendrás tiempo ni sentirás la tentación de tomar parte en conversaciones maliciosas.
Hablar es barato, pero, como todo lo barato, al final puede salirte caro. El silencio es de oro; las palabras son de latón. No hay cosa que ocupe más tiempo que el chismorreo ocioso. Una lengua ociosa, además de trabajar todo el día, hace horas extraordinarias. «(zapatero a tus zapatos) Ocúpate de lo tuyo»: esta puede ser una buena pauta.
Filtra cuidadosamente cualquier conversación. Di lo que piensas si quieres, pero piensa lo que dices. El que va con cuentos obra tan mal como el que los inventa, si no peor. La persona que habla de alguien con malicia no es tan maliciosa como la que lo repite. Ten siempre presente la advertencia de san Juan Crisóstomo: «Huyamos, amados míos, huyamos de las conversaciones calumniosas, pues sabemos que este vicio es un abismo en el que impera el Demonio y urde sus más siniestros planes».
La religión del hombre que no domina su lengua es vana. Dios te ha dado una boca y dos oídos, lo que indica una proporción de dos a uno, que debe valer también para el hablar y el escuchar. La lengua bien equilibrada siempre va más lenta que la cabeza. La persona que repite la mitad de lo que oye ya habla demasiado. Que este sea tu lema: «En privado, vigila tus pensamientos; en familia, tu carácter; y en compañía, tu lengua». Dice el apóstol Santiago: «Si alguno no peca de palabra, ése es un hombre perfecto». No hables nunca ni siquiera de los pecados y faltas más leves de los demás. Si se da la circunstancia de que te esté permitido, coméntalos con contención y evita el resentimiento y el odio. Es una virtud respetar al ausente, pues está privado de la posibilidad de explicarse o defenderse.
—Muestra abiertamente tu oposición a las conversaciones contrarias a la caridad o contrarréstalas con un elocuente silencio. Muchos no hablarían con tanta facilidad de los defectos ajenos si no estuvieran seguros de que al que los escucha le agrada oírlos. Quien habla convierte a quien escucha en portador del mensaje del mal, y quien escucha induce al que habla prestándole oídos. Esto explica las palabras de san Bernardo: «Es difícil decir qué es peor: ofender a otro de palabra o escuchar al que ofende».
Si crees que no conseguirás nada defendiendo abiertamente a aquel de quien se habla, guarda silencio. Es una gran obra de caridad mostrar con tu conducta que las conversaciones maliciosas te disgustan tanto como las impuras. No te excuses diciendo: «¿Acaso puedo evitar que la gente hable?». Sí, claro que puedes hacerlo… cuando es contigo con quien hablan. Además de quejarte de los chismes y calumnias ¿por qué no cortas las habladurías o, por lo menos, no muestras interés por ellas? La forma más eficaz de detener una lengua descosida es taparse los oídos.
—Habla de las cosas, no de las personas. Todo el mundo tiene derecho a la fama, pero ¡qué débiles son los guardianes de nuestra reputación! Un desliz de la lengua puede hacer un daño que dura de por vida. Ni el arrepentimiento más amargo es capaz de reparar el mal una vez hecho. Si no puedes hablar bien de alguien, cállate.
Cuando estés hablando mal de una mujer, imagínate a tu madre o a tu hermana en su lugar. Cuando estés hablando mal de un hombre, imagínate a tu padre o a tu hermano en su lugar. Incluso cuando crees tener razón, puede que estés en un error: desconfía, pues, de las habladurías. Es tan cobarde juzgar al ausente como perverso golpear al indefenso. Solo chismorrean los ignorantes y los de mente estrecha, porque hablan de las personas y no de las cosas.
—No te engañes con falsas excusas para hablar mal de nadie. No pienses: «Lo que dije no era tan malo ni tan importante». Con demasiada frecuencia, las palabras maliciosas nacen de pasiones ocultas, de la animadversión personal, de la envidia, del deseo de venganza o de una mera hostilidad. Debes calibrar el daño cometido, que puede ser grave incluso en lo que a ti te parece insignificante.
No intentes acallar tus dudas diciendo: «Lo que dije es verdad». Eso convierte tu pecado en maledicencia y no en calumnia, pero no deja de ser pecado, y el daño cometido puede ser exactamente el mismo en ambos casos. Aunque el defecto del otro sea cierto y conocido, chismorrear de él no sirve de nada. Parecerse a Cristo significa ofrecer una palabra misericordiosa, de disculpa o de perdón.
No digas: «Le pedí a esa persona que guardara el secreto». Si al otro no le está permitido revelarlo ¿por qué a ti sí? ¿Cómo puedes esperar silencio y discreción de los demás si los descuidas tú? Con respecto a eso comenta san Juan Crisóstomo: «Es absurdo: me cuentan algo en secreto, suplicándome e implorando que guarde el secreto. Lo que significa claramente que han hecho algo reprochable, pues si el otro no está autorizado a divulgar el secreto, ¿por qué vas a estarlo tú? ¿Cómo puedes esperar silencio y discreción de los demás si los descuidas tú?».
—Evita las palabras desagradables. Hablar con aspereza hiere el corazón y quita la paz del alma. No faltes a la caridad con una actitud bravucona, intentando provocar la risa de los demás a costa del prójimo. Esos chistes no merecen la pena: su única utilidad es hacer daño, despertar rencor y engendrar odio. Huye de los comentarios personales y el sarcasmo hiriente. El comentario que hiere deja de ser una broma. Si quieres que tus seres queridos no se aparten de ti, ríete con ellos y no de ellos.
Es probable que las observaciones irreflexivas y malévolas acerca de otros hayan hecho más enemigos innecesarios que cualquier otra conducta humana. Pon un cuidado especial en emplear tu lengua para el bien, y nunca para el mal; para consolar, y no para condenar; para construir, y no para destruir; para alegrarte de la buena suerte de otros, y no para envidiar sus éxitos.
—Lleva con paciencia los defectos del prójimo. También tú tienes defectos que han de aguantar los demás. ¡Y con qué facilidad exageras las faltas ajenas, especialmente las de las personas que te inspiran una antipatía instintiva! Ignora sus defectos y pregúntate si es justo fijarse en la mota del ojo de tu hermano y no reparar en la viga del tuyo. Esta actitud amable te enseñará a valorar el bien que hay en los otros y a hablar de ellos con benevolencia. Este es el sabio consejo de santa Margarita María: «Sé humilde ante Dios y amable con el prójimo. Júzgate y acúsate solo a ti mismo y disculpa siempre a los demás. Habla siempre de Dios para alabarle y glorificarle; de tu enemigo habla solo con respeto. No hables para nada de ti, ni bien ni mal».
—Recuerda el castigo que merecen las palabras contrarias a la caridad. Las conversaciones maliciosas deberían ser para ti motivo de seria preocupación. No tienes más que pensar en el juicio de Dios y en las cuentas que deberás rendir sobre la observancia del octavo mandamiento. Recuerda la advertencia del Señor: «De toda palabra vana que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio».
Si te permites soltar la lengua sin pensarlo, o la conviertes en instrumento de la ira o el odio; si te dejas dominar por el mal humor, el egoísmo o la vanidad; si juzgas y condenas con severidad, estarás alzando ante Dios una montaña de maldad, cuya altura solo conocerás cuando te des cuenta del auténtico significado de las palabras de Cristo: «Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Empieza a examinar desde hoy cuál es tu conducta y haz el propósito de mejorar. Puede que mañana sea tarde. Como dice san Agustín, Dios ha prometido perdón a tu arrepentimiento, pero no te ha prometido el día de mañana.
—Imita la gentileza de Cristo. La gentileza es la cualidad de ser sinceramente amable y cariñoso con los demás de palabra y de obra; de hacer favores con cortesía; y de prestar ayuda voluntaria y afablemente. Las maneras cordiales y gentiles son lo que más poderosamente atrae al prójimo hacia la práctica de la virtud. Con su gentileza, Cristo arrebató a muchos al diablo, como a María Magdalena; y a otros, como a su Madre, los condujo a la santidad más elevada. «Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas», dice el Señor. Con estas palabras describe santa Margarita María la reacción del Sagrado Corazón ante la falta de amabilidad: «Él quiere que modeles tu corazón conforme a las virtudes del Suyo. ¡Si supieras cuánto le duelen tus faltas de caridad y de humildad, o cuando, por cobardía, dejas de prestar atención a las luces que te concede para que te apartes de la mundanidad!».
San Pablo aconseja: «Comportaos sabiamente ante los de fuera, redimiendo el tiempo. Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada con sal, de forma que sepáis responder a cada uno como conviene». La sal de la sabiduría debe sazonar tu conversación en todo momento. La sabiduría se demuestra callando, o diciendo la palabra oportuna en el momento oportuno. Si eres sobrenaturalmente sabio y amable, el Espíritu Santo te ayudará a dar la respuesta adecuada cuando te pregunten.
—Reza por el prójimo. Si rezaras por las personas antipáticas la mitad de lo que hablas de sus defectos, ¡cuántos pecados evitarías y cuánto más feliz sería tu vida! En el alma que reza no pueden entrar los venenosos vapores del pecado, porque un alma así está llena de Dios y de su gracia. Allí donde está Dios, están la luz, el amor y la paz… Reza también por ti, para que Dios te ayude a ser sobrenaturalmente gentil con los demás, añadiendo una sonrisa alentadora a la palabra que pronuncias, un tono reconfortador a tu voz tantas veces monótona, y una suavidad de tacto a tus obras, de otro modo demasiado severas.

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5 comentarios en “Aprende a guardar silencio, sobre todo cuando estés enfadado o molesto por algo

  1. Su lección maravillosa y completa. Puesto que me parecía que no podía añadir nada mas, para reflexionar, me he inclinado por lo que dicen grandes autores en las distintas frases:
    Cree en ti mismo y llegará un día en que otros no tendrán más remedio que creer en ti. (Cynthia Kersey) Tweet
    La mayor gloria en la vida no radica en nunca caer, sino en levantarnos cada vez que caemos. (Nelson Mandela) Tweet
    Nuestra actitud hacia la vida determina la actitud de la vida hacia nosotros. (Earl Nightingale) Tweet
    Todos nuestros sueños pueden hacerse realidad, si tenemos el coraje de perseguirlos. (Walt Disney) Tweet
    Hay dos opciones principales en la vida: Aceptar las condiciones existentes, o aceptar la responsabilidad de cambiarlas. (Denis Waitley) Tweet
    Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste. Así que suelta las amarras, navega lejos de puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora, sueña, descubre. (Mark Twain) Tweet
    La mejor manera de predecir el futuro es crearlo. (Peter Drucker) Tweet
    Este mundo no es sino un lienzo para nuestra imaginación. (Henry David Thoreau) Tweet
    Cuanto más dure el conflicto, más glorioso es el triunfo. (Thomas Paine) Tweet
    Las grandes obras se llevan a cabo, no por la fuerza, sino por la perseverancia. (Samuel Johnson) Tweet
    La única carencia o limitación está en su mente. (NH Moos) Tweet
    La gente puede decir que va por el camino equivocado, cuando no es más que el camino propio. (Anon) Tweet
    Todo lo que tu mente pueda concebir y creer, puede lograrse. (Napoleón Hill)
    No tengo ningún talento especial, solo soy apasionadamente curioso. -Albert Eintein
    Una inversión en conocimiento siempre paga el mejor interés. -Benjamin Franklin
    Ninguno ignora todo, ninguno lo sabe todo. Por eso aprendemos siempre.
    Aprender a estar en contacto con el silencio en tu interior, y saber que todo en la vida tiene un propósito. No hay errores, no hay coincidencias, todos los eventos son bendiciones para aprender. -Elisabeth Kubler-Ross
    Si una persona gasta al día una hora en el mismo tema durante cinco años, esa persona se convertirá en un experto del tema. – Earl Nightingale
    Tus clientes más descontentos son tu mayor fuente de aprendizaje-Bill Gate
    Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no. -Gabriel García Márquez
    La forma más rápida de convertirse en un perro viejo es dejar de aprender trucos nuevos. -John Rooney
    No hay nada nuevo bajo el sol, pero hay un montón de cosas viejas que no conocemos. -Ambroce Bierc
    Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás. -Voltaire
    Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro -Confucio
    Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir para siempre. -Mahatma Gandhi
    La vida es una serie de experiencias, cada una de las cuales nos hace más grandes, a pesar de que a veces es difícil darse cuenta de esto. El mundo fue construido para desarrollar el carácter, y tenemos que aprender que los reveses y aflicciones que soportamos nos ayudan a seguir hacia adelante. -Henry Ford
    La totalidad de la vida, desde el momento en que nacen hasta el momento de morir, es un proceso de aprendizaje. -Jiddu Krishnamurti.
    (EURORESIDENTES)

  2. !Ay Dios que difícil es ser bueno !!Cuando uno se enfada te sale de todo y no precisamente bueno y si te callas al proxino enfado con la misma persona te sale lo que te as callado y algo más y la bronca sera mas gorda……Hay gente que cae mal sólo. con verla a mi me pasa y mo ha hecho nada es instintivo es un rechazo natural y por mucho qué lo intentas siempre te caerá mal…..buena entrada…..

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