¿Cómo vencer la murmuración?

murmurar.jpgOfrecemos a continuación algunas pistas que pueden ayudarnos a vencer la murmuración:
 —Nunca digas a espaldas de una persona nada que te avergüence decirle a la cara. Puesto que toda murmuración nace de una parte mezquina y egoísta del hombre, debemos controlarla cuanto sea posible. En el interior de todos existe cierta tendencia al chismorreo. Domina severamente esa inclinación y acabarás con mucha infelicidad y muchos conflictos en las relaciones humanas.
—Aprende a preocuparte solamente de tus asuntos. No te ocupas exclusivamente de lo tuyo si te metes en los asuntos privados de otros sin que te lo pidan y sin motivo ni intención de practicar una caridad auténtica; si eres un metomentodo que intenta interferir en negocios ajenos y en las relaciones humanas; o si te pasas la vida interrogando a la gente para descubrir su vida íntima. Por otra parte, está también quien se preocupa demasiado de sí mismo, hasta el punto de excluir toda misericordia y caridad, de no prestar ayuda a otros y de acabar llevando una existencia centrada solo en él.

—Evita la curiosidad que ofenda a los demás. No plantees preguntas embarazosas sobre temas personales, interesándote, por ejemplo, por el modo en que se ha zanjado una disputa o cuál es la situación económica de alguien, o por el daño recibido de un amigo desagradecido. No actúes como el entrometido que sigue la hebra del chisme que ha llegado a sus oídos procurando dar con quienes pueden conocer toda la historia, y proporciona detalles que hagan ver que sabe más de lo que sabe en realidad y reúne pruebas obtenidas de diferentes personas. No leas cartas ni documentos privados, lo que supone una invasión del derecho a la privacidad.
Si actúas de verdad con nobleza, sabrás dónde acaban la caridad, la misericordia y el deseo de ayudar, y dónde empiezan la intromisión, el fisgoneo y la interferencia en los asuntos ajenos. Siempre hay lugar para la caridad auténtica y la misericordia en la desgracia, y para una mano tendida en la aflicción. Pero que tu caridad sea discreta y prudente, y que no ofenda nunca; y, sobre todo, jamás te comprometas con el mal.
—Evita a los murmuradores. Si eres sensato, evitarás la compañía de quienes tienen el hábito de criticar con dureza a los demás. Huye del cotilla malintencionado y cegado por el orgullo y la suficiencia. Quizá te dé la impresión de que te ha demostrado su favor al confiarte un chisme, pero puede que en cuanto des media vuelta te conviertas en su víctima. Procura que los chismosos no sepan nada sobre ti. Y nunca les confíes tus secretos.

3 comentarios en “¿Cómo vencer la murmuración?

  1. Hola…En este tena me rindo .Si intentas hacer algo pensando qué lo que haces es lo mejor para no herir a nadie acabas faltando a la caridad si lo haces de otra manera faltas a otra cosa al final munca aciertas.Asi mejor no hacer mi decir nada ,eso no falla….Que dificil es acertar….Adios…muy buena la imagen me parece que es de una peli….

  2. Existe una expresión clásica castellana “cortar tela o paño” para significar la murmuración, la crítica injusta, la calumnia a flor de labios, el juicio negativo sin argumentos suficientes. Entre nosotros, ¿cuánta tela se corta? Apenas hay reunión, diálogo o fiesta en los que no se pase la mayor parte del tiempo interesándose del prójimo, pero no por amor, sino por envidia o antipatía.

    Hay personas que destruyen famas como quien deshoja pétalos de margaritas, hasta han convertido en deporte el hablar mal de los otros, si les falta censura, murmullo, reprobación, maledicencia o zaherimiento se aburren. Lo peor del todo es que muchas de estas personas son muy religiosas, figuran a la cabeza de las asociaciones religiosas.

    Un chismoso le estaba contando a una conocida actriz de Hollywood todo lo que sabía acerca de las dificultades matrimoniales de una pareja que se había mudado a la casa de al lado.
    “Todo el mundo lo comenta”, dijo el chismoso. “Algunos están de parte de ella, y otros de parte de él”.
    “Y supongo”, replicó la actriz, “que habrá unos cuantos excéntricos que no se meten en lo que no les importa”.

    Afirma el Padre Royo Marín:
    “Se entiende por tal la injusticia del que siembra cizaña entre los amigos con el fin de disolver su amistad. Es el pecado del que cuenta chismes y susurra habladurías al oído de un amigo para enfriar o disolver su amistad con otro o de unas familias con otras”.
    “Es un pecado de suyo grave contra la caridad, y muchas veces también contra la justicia, sobre todo si se vale de la detracción como procedimiento para conseguir sus perversos fines.

    “La Sagrada Escritura fustiga duramente este feo pecado. He aquí algunos textos:
    Maldice al murmurador y al de la lengua doble, porque han sido la perdición de muchos que vivían en paz (Eccli. 28, 15).
    Por falta de leña de apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda (Prov. 26, 20).
    Seis cosas aborrece Yahvé y aun siete abomina su alma: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que trama iniquidades, pies que corren presurosos al mal, testigo falso que difunde calumnias y al que siembra la discordia entre hermanos (Prov. 6, 16-19).
    San Pablo enumera entre los pecados dignos de muerte el de los “chismosos” o susurradores (cf. Rom. 1, 29)” (Teología moral, 810 y 811).

    ¿Quién no conoce la anécdota de San Felipe Neri? Confesor prudente y exigente. Una de sus clientes era famosa por su mala lengua, su crítica, su calumnia. El inteligente santo, le impuso este singular penitencial sacramental: “por haber calumniado y haber hablado mal de su prójimo, en penitencia, irá al mercado a comprar una gallina, luego la irá desplumando por el camino. Cuando termine de ponerle en cueritos, viene a visitarme”.
    Lo hizo la penitente, aunque le pareciera ridícula la resolución obedeció por respeto. Al visitar a San Felipe, éste le indicó: “ahora señora vaya a recoger todas las plumas de la gallina y me las trae”. Ella respondió: “pero Padre el viento las habrá esparcido, algunas serían recogidas por los niños para sus juegos, y ¿cómo quiere que le traiga todas, si es imposible recogerlas?”
    Y aquí llega la puntilla del santo: “si no puede recoger con facilidad las plumas de la gallina, ¿piensa que recogerá con más facilidad las palabras que ha esparcido, desplumando a su prójimo?”.

    Dice San Bernardo: “La lengua es una lanza que de un solo golpe atraviesa tres personas: la que murmura, la que escucha y aquella de quien se murmura”. Una honra perdida y dos almas condenadas.

    Dios castiga severamente la murmuración. En el caso de Miriam, la hermana de Moisés, que murmuró de su hermano, Yahvé se enojó con ellos: “Aarón y Miriam, ¿por qué se han atrevido ustedes a hablar contra mi siervo Moisés?” Cuando la nube desapareció Miriam se vio cubierta de lepra blanca como nieve. Intervino Moisés el bueno, y obtuvo de Dios el perdón y la curación, no sin antes ser expulsada del campamento durante 7 días (cf. Num. 12, 1-12).

    Es preocupante la conclusión, porque algo afectará también a mi conducta. ¿No habré desplumado algunas personas de un modo injusto? ¿Y dónde se hallan todas las plumas de defectos ajenos, existentes o no, que he esparcido con mi lengua? ¿Cómo hallarlas, y cómo recogerlas ahora tras tantos años? Y sin embargo la justicia de Dios me exigirá la reparación de dichas ofensas más o menos públicas, ya que me doy cuenta de que luego me será imposible recoger las plumas, ¿por qué no evito ahora cuidadosamente, de esparcirlas?

    Germán Mazuelo-Leytón

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