¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios?

Dios es nuestro origen y nuestro fin. Nos invita a cosas más grandes que nosotros. Pero la herida que ese desafío conlleva cuando no estamos a la altura abre, por así decir, una apertura a la gracia divina y a los demás. Todo hombre, toda mujer, es vulnerable. Somos vulnerables, sí, pero ¡somos capaces!: «Possumus» […]

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