«Do as you can», dicen los ingleses: haz lo que puedas y quédate tranquilo

tranquilidad abandono.jpgLa verdad sobre uno mismo es la humildad. Por eso es importante amar esta virtud, tan valorada y buscada como el norte de una brújula. La pureza está muy ligada a esta humildad que es el conocimiento propio. Se trata de aceptarse a uno mismo tal como uno es, pero sin limitarse a subsistir, sino al contrario, con un permanente empeño para ser realmente uno mismo, es decir, para llegar a ser lo que Dios espera de nosotros, ni más ni menos. Consiste, pues, en arrancar de nosotros lo que no nos pertenece, lo que nos desfigura: en cada uno conviven al mismo tiempo el buen grano y la cizaña. Jesucristo habla del trigo y de la cizaña que crecen juntos (cf. Mt 13, 24-30); el Papa Francisco comenta que nuestro Dios es paciente: la misma cizaña, el corazón malo, con tantos pecados, puede al final transformarse en buen granoLa frontera entre el bien y el mal recorre el interior de cada persona. Tomar conciencia de esto nos permite evitar el grave error de confundir la vida con un western, donde se enfrentan buenos y malos.

Sin embargo, esta visión primaria del mundo está bastante extendida: el aislamiento de la persona en una especie de gueto familiar o cultural puede consolidar esa visión hasta formar un ser poco proclive a los matices. En tal caso, la falta de flexibilidad mental es lo peor que puede ocurrir; conduce a medir la veracidad de una idea por la certeza que se tiene de ella. Cualquier alejamiento de la realidad es peligroso para la pureza, como lo es trabajar sin red para el equilibrista. Es necesario saber sorprenderse y mantener un espíritu abierto: en el fondo, desear siempre aprender y mejorar.
La capacidad de asombro es muy distinta del perfeccionismo. Este último consiste en una especie de ensañamiento patológico que ignora la realidad de la condición humana: las cosas y las personas se encuentran proyectadas en un mundo imaginario. El perfeccionista padece una incapacidad para aceptar el mundo tal como es, para comprender sus dinamismos, para ubicarse. «A veces, desearíamos ser los mejores en cualquier aspecto y a cualquier nivel. Y como no es posible, se origina un estado de desorientación y de ansiedad, o incluso de desánimo y de tedio» [S. Josemaría, Conversaciones, 88]. Es bueno concretar modos prácticos de abandonarse en Dios, entender por ejemplo que el descanso es normal en la vida del hombre, hacer algo que nos guste, evitar la tensión de vivir todo de modo extremo.
De hecho, el perfeccionista suele ser molesto, porque rebaja los grandes horizontes de la fe a un moralismo artificial. En consecuencia, el concepto de amor no informa positivamente toda su conducta, sino que limita la vida, haciéndola deslizar hacia el puritanismo. Y el camino que va del puritanismo a las más burdas aberraciones morales es corto, simplemente porque se trata de una fachada, bien revocada quizá, pero parecida a esos edificios clasificados como monumentos históricos y mantenidos en pie de modo artificial sin el apoyo de construcción alguna. El perfeccionista también corre el riesgo de caer en el fanatismo, en la desesperación o en el pánico cuando las cosas van mal. Recientemente, un diario de Nueva York, bajo el título «La perfección no nos hace felices y puede arruinarnos la vida», daba cuenta de algunos estudios psicológicos que llegaban a distinguir tres tipos de perfeccionistas: los luchadores autoorientados, los fanáticos y los desesperados. Se hacía eco de esas patologías que consisten en llegar demasiado pronto a la oficina y permanecer ahí hasta muy tarde, en no saber dejar para el día siguiente el trabajo pendiente. «Do as you can», dicen los ingleses: haz lo que puedas y quédate tranquilo. (G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora)

4 comentarios en “«Do as you can», dicen los ingleses: haz lo que puedas y quédate tranquilo

  1. “Es muy difícil ser humilde cuando se es el mejor”.(Muhammad Alí)

    No es un rasgo que se desarrolle con los años. El gen del perfeccionismo viene de nacimiento. De ahí que muchos perfeccionistas asocien a su infancia un sentimiento de no haber sido considerados lo suficientemente buenos por sus padres. Con el paso del tiempo, interiorizan que no está bien cometer errores. Así es como desarrollan la rigidez y la inflexibilidad. Y acostumbran a creerse en posesión de la verdad, imponiendo su punto de vista entre quienes piensan de forma diferente. Una de sus máximas aspiraciones es tener la razón. Y suelen mostrarse intolerantes y prepotentes cuando se sienten inseguros, amenazados por opiniones que discrepan de las suyas.

    Uno de sus mecanismos de defensa consiste en evitar trabajar en equipo. Tienden a cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad de hacer lo que se tiene que hacer. Les cuesta muchísimo delegar en otras personas, pues no confían en nadie más que en sí mismos. ¿Cómo van a hacerlo si los demás no se esfuerzan tanto como ellos ni consiguen imprimir el nivel de calidad y excelencia que desean?

    Para compensar su sensación de insuficiencia tienen que aparentar ser perfectos a los ojos de la gente. De ahí que suelan ser muy susceptibles. Tienden a irritarse con facilidad cuando se sienten criticados. No soportan que nadie les diga cómo tienen que hacer las cosas. Sin embargo, esto es lo que acostumbran a decirles a las personas con las que interactúan.
    Debido a la autoexigencia, rigidez y susceptibilidad que se ocultan bajo la superficie del perfeccionismo, estas personas terminan cosechando una frustración permanente. Su emoción predominante es la ira, la cual se manifiesta como una bola de fuego en el estómago cada vez que las cosas no salen como ellos esperaban. Eso sí, debido a que enfadarse no es una conducta demasiado perfecta, tienden a reprimir su ira hacia dentro. No es ninguna casualidad que entre el colectivo de perfeccionistas muchos somaticen la rabia, el estrés y la tensión en forma de dolores de cabeza, espalda y bruxismo.

    “No eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el ser que escucha esa charla”.(Jiddu Krishnamurti)

    La clave para que el perfeccionismo no sea fuente de insatisfacción reside en el arte de cultivar la serenidad y la aceptación. Y para ello es necesario que se den cuenta de que en su interior oyen una voz que los critica por todo lo que podrían hacer mejor. También han de tomar consciencia de las consecuencias que les está reportando seguir los dictados de dicha vocecita. Comprender que ellos no son ese juez interno tan exigente es el primer paso para recuperar el equilibrio perdido en su afán de ser perfectos.

    Una práctica muy recomendable consiste en reírse de dicha vocecita cada vez que comience a resaltar lo que debería mejorarse. A la hora de concluir con alguna actividad, en vez de preguntarse si es intachable –lo cual nunca lo será a los ojos de un perfeccionista– pueden verificar si es “digna”, algo que sí está a su alcance. Más que nada porque el secreto de la serenidad consiste en aceptar cada situación tal y como es, en vez de esperar que sea como ellos quieren.

    Al recuperar el contacto con la serenidad, los perfeccionistas asumen que los errores que cometen no son buenos ni malos, sino necesarios para aprender y evolucionar. También comprenden que todo es perfecto –incluidos ellos–, porque todo lo que sucede está en su proceso hacia la perfección. Que, por cierto, es invisible a los ojos. No tiene tanto que ver con los acontecimientos externos como con lo que uno siente por dentro al relacionarse consigo mismo.

    En la medida que estas personas profundizan en aceptarse tal como son, comienzan a hacer lo mismo con los demás y sus circunstancias. Aceptar no es resignarse ni ser indiferente; es comprender que todo tiene su razón de ser y que de nada sirve luchar o tratar de cambiarlo. Lo paradójico es que cuando se aceptan de verdad, surge la transformación. Aparentemente nada ha cambiado. Pero al modificar su forma de mirar, cambia por completo su manera de vivir y de relacionarse. Y el único indicador fiable para saber si han conquistado dicha aceptación es la paz interior

  2. Hola a veces es mejor no saber la verdad sobre uno misno creo que está sobrevalorada .Ser el mejor no es malo y un poco de orgullo no hace daño si puedes ser el mejor porque ser menos. otra cosa es la tozudez ,el ir a piñon fijo. Con orejeras y antifaz para no ver mi escuchar solo lo que uno opina cree y piensa……él. texto me parece algo duro .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s