No reveles un secreto sino es por una razón grave

cara alegraUn secreto es una información oculta que no puede ser revelada sin faltar a la justicia y a la caridad. El derecho del hombre a la confidencialidad es uno de lo más fundamentales, necesarios y valiosos. Todos tenemos derecho a mantener oculta la información contenida en un secreto: en primer lugar, porque esa información concierne a pensamientos y acciones privados, en los cuales nadie puede fisgonear legítimamente; y, en segundo lugar, porque proteger la propia vida o los propios bienes exige ese secreto. Puesto que cualquier persona tiene derecho a su buen nombre, a nadie le está permitido, a no ser que exista una buena razón, indagar en los pecados ocultos de otros ni revelarlos, aun cuando sean ciertos.

A veces el bien común exige también guardar secreto si su violación suele conllevar disputas, sospechas, desconfianza y el fracaso de proyectos importantes. Si no existiera dicha obligación, quienes necesitan ayuda o consejo muchas veces no recibirían asistencia sin correr el riesgo de sufrir perjuicios mayores.
A nadie le está permitido intentar descubrir los secretos ajenos mediante engaño, artimañas, violencia u otros medios ilícitos. De ahí la inmoralidad de leer cartas u otros escritos de carácter privado, escuchar conversaciones telefónicas, interrogar a los niños para indagar en asuntos familiares o buscar información mediante preguntas capciosas.
El pecado que conlleva la violación de un secreto puede ser mortal o venial. La gravedad dependerá de la clase de secreto de que se trate, y de la seriedad del daño y las contrariedades causados a su poseedor mediante su quebrantamiento.
El secreto natural recibe este nombre porque el deber de mantenerlo deriva directamente de la ley natural, sin que sea necesaria la existencia de un acuerdo o una promesa para salvaguardarlo. Este secreto nos obliga bajo pena de pecado grave si revelar la información lesiona gravemente a la persona que lo ha confiado, y viene obligado siempre por la caridad y, en ocasiones, por la justicia.
El secreto prometido significa que el hombre a quien se le confía promete no revelarlo. Dicha promesa se considera de fidelidad, no de justicia. Sin embargo, si eres depositario de un secreto de este tipo y contraes una obligación grave porque consideras que el asunto en cuestión es de suma importancia, asumes la grave responsabilidad de guardar silencio. Es pecado confiar o guardar un secreto contrario a la ley de Dios.
Un secreto confiado es aquel cuya obligación de ser guardado procede de un acuerdo realizado antes de darlo a conocer. En el caso de secretos profesionales como el que existe entre el médico y el paciente, o el abogado y el cliente, dicho acuerdo es tácito. El secreto más sagrado de todos es el de confesión. El sigilo sacramental no se puede violar bajo ninguna circunstancia.
Escuchar a escondidas supone quebrantar el derecho de toda persona al secreto natural. En términos generales, pecamos cuando intentamos enterarnos de la conversación de otros escuchando subrepticiamente, bien escondiéndonos en algún lugar desde el cual podamos oír, bien empleando algún dispositivo mecánico. De ordinario, es pecado escuchar las conversaciones ajenas a menos que estemos seguros de que no se va a decir nada importante. (L. G. Lovasik en el poder oculto de la amabilidad)

5 comentarios en “No reveles un secreto sino es por una razón grave

  1. Hola si solo una cosa ..no era mi intención revelar nada mi hacer nada en contra que haga daño a nadie no sé igual interprete mal lo que lei en el sns(espero que se entienda lo q quiero explicar)………..Si algo no quieres que se sepa no lo cuentes …en boca cerrada no entren moscas.

  2. A la fidelidad de Dios debe corresponder la fidelidad del hombre, que se identifica con la rectitud moral. El Nuevo Testamento pone la fidelidad en relación explícita con el amor: es el amor de Dios el que pide como prueba y expresión de amor la fidelidad del hombre.

    El cristiano tiene que ser fiel, en primer lugar, a Dios, viviendo la vocación que ha recibido en el Bautismo, vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo, es decir, a identificarse con Cristo. Esta vocación se concreta después en caminos diversos: unos son llamados a santificarse en las realidades temporales y otros en la vida religiosa, unos en la vida matrimonial, otros en el celibato, etc.

    Respecto a los demás, el hombre debe cumplir fielmente la palabra dada o las promesas explícitas o implícitas que ha asumido: fidelidad conyugal, fidelidad a los amigos, a la empresa, a la Patria, etc. Un campo especial de la fidelidad a los demás es el que se refiere al deber de guardar los secretos, pues conllevan un compromiso implícito o explícito de no ser revelados. Algunos secretos, sin embargo, deben desvelarse en razón de la fidelidad debida a otra persona; otros, en razón de esta misma virtud, deben callarse.

    «Los secretos profesionales –que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas- o las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardadas, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad». En cambio, «el secreto del sacramento de la Reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto».

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